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Vida y obra

Una de las preguntas más frecuentes y difíciles de encarar, tanto desde la ciencia como desde la filosofía, es qué es la vida. Como parte de toda la tormenta de enfoques razonables, quizás podamos encontrar una relación imprevista pero no menos válida entre la biología y la literatura, y entenderlas como un viaje hacia la complejidad, con múltiples escalas, transbordadores, atajos y dudas.

Arranquemos por nosotros, monos curiosos que se piensan a sí mismos. Está claro que somos una serie de sistemas, entendidos como conjuntos de partes y de relaciones: engranajes, tuercas, células, órganos, charlas químicas. Así podemos entender o clasificar cualquiera de los mundos que nos integran.

Veamos el caso  del sistema nervioso. Sí, tiene partes: cerebro, médula espinal, cerebelo; y también partecitas: las neuronas, sus moléculas, sus sueños empaquetados. Y, por supuesto, tiene relaciones: las sinapsis (esas animadas charlas químicas que se dan entre neuronas), los circuitos, las órdenes y contraórdenes de nuestro estado mayor conjunto. El tema es qué sucede cuando se juntan ejércitos de estas neuronas y se ponen de acuerdo en formar un órgano, una red, una telaraña cerebral; ¿cuándo dejan de ser una pandilla de neuronas individuales y se convierten en ‘otra cosa’, algo con vida propia que no merece llamarse, simplemente, pandilla de neuronas?

Porque, ¿es el cerebro una multitud de células? Sí, claro, pero también es más, mucho más que eso. El todo y las partes, que le dicen, pero con una salvedad: el todo no es más que la suma de las partes sino que también puede ser menos.


Podemos tener un montón de ladrillos en el patio de casa y son eso, un montón de ladrillos, hasta que un día despertamos hacendosos y responsables y decidimos levantar de una vez la pared que le debemos a la familia hace ya años. Claro que la pared –el todo– es más que la tribu de ladrillos –las partes–: tiene una altura, un espesor, una alcurnia de pared. Pero también es menos: por ejemplo, en la pared perdemos la posibilidad de la cara de arriba y la de debajo de los ladrillos, que quedan inevitablemente escondidas en esta nueva configuración. En definitiva, a lo máximo que podemos aspirar es a decir que el todo es diferente a la suma de las partes (lo cual, convengamos, tampoco es que requiere de un doctorado en astrofísica o ser un crack del MIT). En otras palabras, ese todo –cerebrum, paredum, achicorium– tiene propiedades que sólo aparecen cuando sus partes se ponen de acuerdo y se juntan en una configuración determinada: son las famosas propiedades emergentes de un sistema complejo. Así, un ecosistema, una comunidad, es la suma de los organismos que la habitan y del ambiente que los sostiene, pero tiene complejidades y simplicidades que no se pueden explicar solamente por esta suma.

Esa misma mirada se puede aplicar a uno de los Grandes Problemas de la biología y, en particular, de la neurociencia: entender qué cuernos es la conciencia, esa posibilidad que tenemos de saber que estamos vivos, que tenemos un cuerpo, que nos pinchamos con un alfiler y nos duele el dedo, que vemos un color rojo y experimentamos el rojismo como si fuera la primera vez. La conciencia es, posiblemente, la última frontera, nuestro viaje a las estrellas privado, la zanahoria siempre lejos; es más, hay quienes dicen que es un viaje sin límites a lo imposible, ya que no tenemos las herramientas para entender tal complejidad. Encima le ponen un nombre técnico y todo: El problema difícil de la conciencia, como si de verdad las leyes de la naturaleza no nos alcanzaran para comprenderlo, quizás porque estamos tratando de entender al cerebro… con otro cerebro. Pero en lo que (casi) todos estamos de acuerdo es en que la conciencia es un nivel de organización particular del cerebro, con sus propiedades emergentes: un todo que es más y que es menos que la suma de sus partes

Pero nosotros, en general embobados con el espacio, el tamaño y las escalas, podemos considerar también al tiempo como una posible fuente de complejidad. No al tiempo de los físicos (esa subespecie de Homo sapiens que suele entender de qué se trata la naturaleza) sino al tiempo del lado de adentro, el que tenemos puesto sin darnos cuenta, el pedacito de cerebro capaz de medir el tiempo y decirle al cuerpo qué hora es: un verdadero reloj biológico. Acá también hay niveles de organización y de complejidad que abarcan varios órdenes de magnitud: están los microsegundos, responsables, por ejemplo, de poder percibir si un sonido viene desde desde la derecha o desde la izquierda; los milisegundos, que nos permiten los movimientos finos o entender la cadencia de un chiste o una canción; y también tenemos los años, que no pasan en vano y dejan huella como un fantasma invisible. En el medio, tenemos quizás los dos tiempos más conocidos para este lado de la piel: por un lado, el de los segundos a minutos (¿hace cuánto les parece que están leyendo este texto? ¿Son capaces de una estimación certera? Es muy probable que sí), que conocemos de cerca, con sus circuitos cerebrales, las drogas que lo alteran, las emociones que convierten eternidades en instantes y viceversa. Por otro, los días, implacables sucesiones de luz y de sombra (no es luz ni es sombra, diría Octavio Paz, es tiempo) que nos condicionan la existencia de ser bichos diurnos o nocturnos, de marearnos de husos horarios y de soles, de perdernos en la siesta y los viajes transmeridianos.

¿Son, entonces, los días biológicos acumulaciones de horas y minutos, la suma de cientos de instantes? Sí… y no. Como a esta altura ya es de esperar, hay mucho más en el ritmo del día que lo que pueden sus momentos, Horacio.

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En otras palabras: los ritmos y relojes que nos marcan el paso son complejos, y representan niveles de organización con sus propiedades más allá de lo que suceda minuto a minuto. Somos un cuerpo lleno de tiempo y de tiempos, como en los jardines borgeanos en los que a veces existo yo, y no ustedes, a veces al revés, y a veces ninguno de los dos.

Así, de la mano de don Jorge Luis, llegamos a otra de las complejidades: la literatura. ¿Qué hace que un conjunto de letras se entrevere para generar palabras, y que esas palabras comploten sus diferentes significados? Y, sobre todo, ¿qué propiedades emergen de un cuento o de un poema que claramente no pueden derivarse de la suma, resta o raíz cuadrada de sus partes?

¿Dónde está el nivel de organización “hombre a una nariz pegado”, el tiempo en que “en el sueño del hombre que soñaba el soñado se despertó”, el barrio en donde “una calle nos separa, del amor que está en mis sueños”, el momento exacto en que “me exiliaste de vos y se me apagan los huesos”, o la propiedad emergente de que “me gusta cuando callas porque estás como ausente”?

Quizá esté ahí, justo en ese punto donde se cruzan las miradas, las vidas, los espacios, los tiempos y las letras. En otras palabras, nosotros mismos.

 




Hay 25 comentarios

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  1. Pau Hernández

    Me encantó la nota. Nada que ver esto pero… ¿hay alguna droga que acelere la percepción del tiempo en vez de desacelerarla? Justamente he estado pensando mucho en la percepción del tiempo “últimamente” badabum ts

    • Diego Golombek

      Gracias Pau! Hay mucho sobre la psicofarmacología de la percepción del tiempo, aunque una buena parte es anecdótico. En general los fármacos que alteran la señalización del neurotransmisor dopamina aceleran o retrasan, dependiendo de que sean activadores o bloqueantes de estas señales.

  2. Germán

    Buenísima la nota. Interesantísimo el tema. Me gusta el concepto de `propiedades emergentes` y que `el todo también es menos`.
    Ahora, me vuelvo a laburar con más preguntas, cómo y cuando emergen dichas propiedades?

    Lo bueno de éstas notas (y sus comentarios!), es que son una puerta abierta a profundizar en el tema, cuestionar y cuestionarse.

    Por mucho más tiempo dedicado a más ciencia 🙂

  3. Emiliano

    Excelente nota. Vengo trabajando un poco con esto. Sobretodo el concepto de emergencia, y como se “aporta” información al sistema o ecosistema.

    Creo que son importantes los trabajos de Gregory Chaitin como también las investigaciones de Giulio Tononi para arrojar luz sobre este campo. ¿Estas familiarizado con los mismos? A priori no parecen relacionados, pero te los recomiendo.

    • Diego Golombek

      Gracias Emiliano! A tononi lo tengo sobre todo por sus trabajos sobre el sueño – aunque del sueño a la conciencia – o su falta – hay solo un paso… Chaitin me supera en mucho!

      • Emiliano

        Buenisimo que los conozcas.

        A Tononi te lo nombro, por su teoria de la consciencia integrada. Si no la conoces, con una lectura rápida del concepto seguro captas por que te referi a ella.

        En el caso de Chaitin, que coincido con vo, es abrumador pero entre tanta niebla, no queda otra que aprovechar la luz de un faro, por mas que este cifrado 😛

        A este ultimo te lo menciono, entre muchas cosas, por su trabajo de meteorologista:
        Aca un articulo para tu información 🙂

        Metabiología: los orígenes de la creatividad biológica

        https://www.academia.edu/5793868/Metabiolog%C3%ADa_los_or%C3%ADgenes_de_la_creatividad_biol%C3%B3gica

  4. Ale Mazinger

    Me encanta que arranques diciendo “tenemos un cuerpo” y más adelante lo cambies por “somos un cuerpo”.
    A todos los lectores que les gusta como escribe Diego les recomiendo leer “Las neuronas de Dios” (sí de sus libros sienten la obligación de elegir sólo uno), no tiene desperdicio.
    Y sobre el problema difícil de la conciencia, me permito aportar con dos enlaces.
    Esta charla que dio Andrés Riesnik: https://www.youtube.com/watch?v=kC3LdxlDMKo
    Y si están duchos con el inglés, este ensayo: https://aeon.co/essays/the-hard-problem-of-consciousness-is-a-distraction-from-the-real-one

  5. Arídnere

    Excelente nota.
    Felicitaciones gatos por este invitado de honor. Siguen creciendo cada día más.

    PD: Me gustaría saber de dónde vino la cita “me exiliaste de vos y se me apagan los huesos” (Google no me sirvió esta vez).

    • Diego Golombek

      Es de Juan Gelman, Arídnere. Es un verso que siempre me impactó. Cité de memoria, de un poema sobre los exilios, donde dice que lo exiliaron de todos lados y se la bancó, pero cuando lo exiliaron de un cierto alguien… se le apagaron los huesos.

      • Arídnere

        A mí también me impactó. Por eso quería saber de dónde venía.
        Muchas gracias por responderme.
        Le mando un abrazo desde Mendoza. Un placer haberlo leído en este medio.

    • Gisele

      Creo que Diego hace referencia al poema “El expulsado”.. lo marqué en una vieja compilación que tengo de Gelman.

      Me echaron de palacio
      no me importó
      me desterraron de mi tierra
      caminé por la tierra
      me deportaron de mi lengua
      ella me acompañó
      Me apartaste de vos y
      se me apagan los huesos
      me abrasan llamas vivas
      estoy expulsado de mí

  6. Fede

    Somos 3.5 mil millones de años “zippeados” en 80…. 90 años, con una buena obra social.
    La vida coquetea con el factor tiempo todo el tiempo (Valga la redundancia)
    Diego atrae porque hace siempre las preguntas correctas.
    Genio.

  7. Ana

    Maravillosa nota!!
    El tema súper interesante, pero los dos últimos párrafos:
    ” ¿Dónde está el nivel de organización “hombre a una nariz pegado”, el tiempo en que “en el sueño del hombre que soñaba el soñado se despertó”, el barrio en donde “una calle nos separa, del amor que está en mis sueños”, el momento exacto en que “me exiliaste de vos y se me apagan los huesos”, o la propiedad emergente de que “me gusta cuando callas porque estás como ausente”?

    Quizá esté ahí, justo en ese punto donde se cruzan las miradas, las vidas, los espacios, los tiempos y las letras. En otras palabras, nosotros mismos.”; no tienen desperdicio, literatura y poesía.
    Gracias, Diego Golombek y gracias gatos por haberlo invitado a colaborar.
    Muy bella ilustración.
    Felicitaciones!!

  8. Rocio

    Gracias Gatos por traer a este genio a la mesa. Como siempre, sublime. Es un tema super interesante, y super rompedor de cabezas.
    Qué linda es la literatura.

  9. Manu Zeballos

    ¡Maestro! Por mentes como la tuya empecé a estudiar biología. Y por notas como esta y libros como “Las neuronas de Dios” cada vez tengo más ganas de tirarme para el lado de las neurociencias. Gracias por acercar la ciencia y espero en un futuro ser uno de los muchos que llevemos la posta.

  10. Mari

    Profe de Literatura pareja de un profe de Biología. Cada vez que suben este tipo de notas hay fiesta en casa.
    Gracias Diego, gracias Gatos.


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