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IMG:  Sil Chibi  

Un buen porte

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The fundamental concept in social science is Power, in the same sense that Energy is the fundamental concept in physics . . . The laws of social dynamics are laws which can only be stated in terms of power.

Bertrand Russell

Todo lo que un hombre puede hacer, sean proezas y hazañas o, simplemente, hechos destacables, lo hace por levantarse a una mina.

Alejandro Dolina

Estar vivo es un quilombo, para cualquiera. Todo lo que está vivo hace lo que puede. Desde la planta que se acomoda entre sus fitocompañeras para encontrar más luz hasta Miguel, el pibe de finanzas que quiere llegar a jefe, pasando por Laura, la jefa que, al igual que Gastón, pretende hace ya dos años la gerencia. Todos –algunos más y otros menos, claramente–, desde el gomón o desde el yate, la remamos de alguna manera. Los que tienen nada quieren algo, los que tienen algo quieren todavía más. Buscamos nuestro lugar en el mundo y muchas veces competimos, nos guste o no, con el resto de los todos que también quieren un lugar. Cada día es una tormenta de interacciones con otros seres humanos, cada uno con sus intereses, sus deseos, sus miedos, sus encantos y sus miserias. Todos jugando un juego que no eligieron jugar pero que ahora quieren ganar. El juego de la vida es, en definitiva, el juego del poder.

Para qué queremos y usamos ese poder puede variar. Si es económico irá desde tener la posibilidad de pagar la yerba en el chino hasta comprar una casita en Ituzaingó. Si es político, desde rosquear para que el consorcio pinte el frente del edificio del tono que a vos te gusta hasta conseguir más fondos para tu provincia. El poder viene en distintos colores y sabores y puede servir para lograr diferentes cosas. Pero hay un factor común que desde hace ya años sabemos suele venir de la mano del poder: la capacidad de conseguir pareja. Más poder es, en general, más poder arrimar el bochín.

No es loco pensar que, en términos evolutivos, este atractivo que tienen el poder o la dominancia pudo haber surgido de la ventaja que implica para un individuo asociarse a un otro con poder. Si vos sos más dominante es probable que estés mejor ubicado dentro de una comunidad, conseguís más recursos, más territorio, más cositas; y si yo estoy con vos, puede que me lleve una parte, así nuestra descendencia. Porque contigo pan y agua, pero si sushi y champán, mejor. O sea que el poder garpa siempre, sobre todo para pegar compañía. El problema es que en general no te lo regalan. Además, como sabemos, un gran poder conlleva una gran responsabilidad, y capaz que vos sólo sos una chica, delante de un chico, pidiéndole que la quiera, y cero ganas de arrancar todo un House of Cards en la oficina para ganarle la batalla a Gastón.

Queridos plebeyos y plebeyas, como siempre, la ciencia llega para empoderarnos.

En las últimas décadas tuvo su auge el estudio de la comunicación no verbal. A pesar de que pasó mucho humo bajo el puente y que hay chantas que por haber visto tres capítulos de Lie to Me piensan que analizando tu estornudo te sacan la ficha de que la semana pasada cruzaste un semáforo en rojo, también hay un montón de cosas serias al respecto. En cuanto a la sensación de poder, solemos catalogar como más poderosos a los individuos que tienden a ‘invadir’ más el espacio del otro, a sostener la mirada mientras hablan, a ser más abiertos, más expresivos y a realizar más movimientos con el cuerpo, y que tienen una postura corporal más erguida y expandida. Además, este tipo de actitud dominante es calificada como más atractiva. Y no estamos solos en ésta. Desde un pavo real tirando magia con todo el plumerío hasta un chimpancé lleno de ácido tratando de impresionar a la mona, una actitud corporal más expandida y abierta y una tendencia a ocupar más espacio y territorio es, en general, una demostración de dominancia que resulta atractiva para el sexo opuesto.

Chamullo basado en la evidencia y tips para mejorar el levante sobran, y hay una batería de herramientas de comunicación verbal y no verbal para el bolsillo de la dama y la cartera del caballero que pueden facilitar a veces la complejísima tarea de atraer a un otro. El problema es que hoy en día las personas ya no se conocen tanto en la milonga, en un boliche, en un bar, en un club o en el ascensor del laburo. En EE.UU, al menos, Internet se volvió el segundo medio más frecuente para conseguir pareja, después del amigo o amiga que te tira un hueso. Entonces, más que andar tratando de perfeccionar la estrategia para tener suerte en una interacción cuerpo a cuerpo, parecería crucial entender cuál es la posta para maximizar la atracción dentro del universo 2.0. Ahí los tiempos son absolutamente diferentes, y muchas veces el único tiro, la única posibilidad que nos da esa víctima potencial de nuestros besos (?) es un click en una foto y un mísero segundo de análisis que esperamos termine en un ‘Yo le doy’. ¿Cómo podemos maximizar entonces ese efímero changüí que nos da la posible mujer u hombre de nuestra noche o de nuestra vida? Ciencia, gente. CIEN CIA.

Cada vez hay más estudios modernos que nos tiran una soga en este asunto del levante virtual. Porque aprovechar la oportunidad que brinda Internet de obtener una cantidad imbécil de datos para hacer experimentos que nos permitan, por ejemplo, tomar mejores decisiones políticas, es igual de válido que usarla para saber cuál es la foto de perfil que mejor nos arrima a arrimar.

Tanya Vacharkulksemsuk (juro que es su apellido y no me senté sobre el teclado) y su equipo de investigación de la Universidad de California, se preguntaron si la postura de las personas en sus fotos de perfil tenía alguna influencia en su capacidad de atraer a otros y pegar pareja, y cómo se relacionaba esto con la percepción de poder y dominación social. Lo primero que hicieron fue agarrar 144 sesiones de videos de citas heterosexuales online y analizar diferentes aspectos de la comunicación no verbal (expresiones faciales, gestos, postura corporal). Al relacionar esa información con la calificación que había obtenido cada candidato o candidata, encontraron que las personas que más usaban sus manos y brazos durante las conversaciones habían sido consideradas más atractivas y prácticamente duplicaban sus chances de obtener un ‘sí’ del otro lado y llegar al ‘nos veamos y nos besemo’, dejando a los que tuvieron sus manos más quietas y sus brazos pegados al cuerpo más cerca del ‘no sos vos, es tu lenguaje corporal’. Además, quienes habían sido calificados como más atractivos en general también habían tenido buen puntaje con respecto a la percepción del grado de dominancia que generaban en el otro.

El tema es que esto no nos dice si usar más las manos y brazos y mostrar una postura más extendida nos hace tener todo lo que quieren lxs wachxs, o si quienes tienen más levante casualmente tienen esa actitud corporal. Para resolver esto, Tanya y cía. escalaron el experimento. Agarraron y crearon dos tipos de cuentas truchas en una app tipo Tinder o Happn, que son aplicaciones esencialmente creadas para ponerla (me contaron), en donde el usuario tiene que elegir por ‘sí’ o por ‘no’ al ver una foto de otro usuario. Hicieron esto para 6 ‘cómplices’: 3 hombres y 3 mujeres. En una, los falsos candidatos y candidatas tenían una foto de perfil en la que mostraban una postura más extendida (brazos y piernas descruzados, torso más erguido, etc.) y en su otra falsa cuenta, una más contraída o cerrada. Los soltaron en el mar de la conquista digital y aguantaron unos días.

 Mientras El Pensador reflexiona sobre su mala racha con las mujeres, El Fauno Barbieri no para de romperla en Tinder (foto de Léo Caillard).

Mientras El Pensador reflexiona sobre su mala racha con las mujeres, El Fauno Barbieri no para de romperla en Tinder (foto de Léo Caillard).

El resultado fue el que esperaban: los perfiles de usuarios con foto en una postura más abierta y extendida obtuvieron un 27% más de respuestas positivas que los que mostraban un porte más cerrado. Para sorpresa de nadie, a las mujeres cómplices les fue mucho mejor que a los cómplices nenes, más allá de la postura (cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia). Lo divertido es que tuvieron que descartar varios casos en los que los usuarios sospecharon por mensajes tipo ‘Che, ¿qué onda?¿Vos no sos la misma flaca de la otra cuenta? Y sí, alguno se iba a avivar, sobre todo si pasás bastante tiempo tiroteando online.

Lo interesante es que una postura más expandida tuvo más éxito tanto para los hombres como para las mujeres —lo que derriba un poco el mito de que una mujer con actitud dominante es menos atractiva—, aunque sí fue bastante más marcado cuando los candidatos eran varones. Por último, a partir de este y otros experimentos independientes que le tiraron a la Internet en donde los sujetos tenían que evaluar fotos de personas en distintas posturas, concluyen que las personas en posturas más extendidas son percibidas no sólo como más dominantes, sino muchas veces también como más abiertas y receptivas. O sea, dominante pero copado. Si volvemos a la idea de que uno de los factores clave para explicar la atracción por el poderoso es la posibilidad de acoplarse y copularse a alguien con capacidad de conseguir cosas, tiene cierto sentido evolutivo que además asociemos esa postura corporal a una actitud abierta. Porque por más que seas el más pistola de la cuadra, si te la vas a quedar toda para vos dejás de ser tan buen candidato.

Es decir que una postura más expandida termina siendo, incluso al primer vistazo de una foto, efectivamente un signo de dominancia que te hace más atractivo y te lleva a ligar más online. Pero ojo, porque ese poder aparente nos vuelve más atractivos para otros, sí, pero no necesariamente más poderosos de verdad. Hace unos años salió un trabajo que se hizo muy popular en el que encontraron que el sólo hecho de estar unos minutos simulando una actitud corporal de poder (cuerpo expandido y brazos extendidos, por ejemplo) provocaba en las personas que hacían esto cambios hormonales (aumento en niveles de testosterona y disminución en cortisol) y conductuales (mayor tendencia a tomar decisiones arriesgadas) típicas del dominante. Peeero, como ciencia mata ciencia (en realidad, la fortalece), cuando otros grupos trataron de replicar estos resultados, encontraron que sí, que ese ejercicio te hacía sentir más poderoso, pero eso no tenía una influencia significativa sobre tu fisiología o tu comportamiento.

Lio, poderoso con papeles.

Lio, poderoso con papeles.

O sea que vamo a calmarno con asumir siempre que no sólo la mente controla el cuerpo sino que también el cuerpo controla la mente, porque parece que a veces no es así, y poder no necesariamente es querer.

Lo que sí tenemos ahora es un nuevo datazo para la hora de tomar la difícil decisión de determinar la foto de perfil capaz de dar los mejores frutos en el mundo del cyberlevante. Porque uno es uno y hay cosas que no puede cambiar. No podés ser más alto, menos cabezón, tener ojos más color miel o la cara menos desordenada. Pero sí podés elegir una foto en la que no estés cerrado y de brazos y piernas cruzadas sino más bien erguido y con una postura expandida. Esa parece ser la clave para mostrar una actitud dominante y, por ende, sexualmente atractiva.

El único tema es que una vez que enganchaste algo por esa irresistible y superpoderosa foto de perfil con brazos extendidos que pegaste, la cosa recién empieza. Pero bueno, hoy el poder de la ciencia (o al menos de esta nota) nos acerca hasta ahí. De última, podés arrancar contándole la historia de cómo la foto de perfil que elegiste por una nota que leíste los llevó a estar ahí, acaramelados en un bar del mundo 3D. ¿Es una anécdota estúpida? Sin dudas, pero capaz las anécdotas estúpidas garpan. No lo sabemos. Pero, si hacés el experimento, contanos.


Ilustración:  Sil Chibi