81.-Bajón

Un bajón

‘No puedo evitar, que vengan hacia mí, los sandwiches de miga’
Norberto Napolitano ft Snoop Dog

 Salir de un recital de reggae y ver a un jipi vendedor de pan relleno es entender, entre rastas y transpiración, la naturaleza salvaje del capitalismo, encarnada en ese profesional vestido de cordero que entendió la ley de oferta y demanda como pocos (por lo menos hasta que OCB saque su propia línea de alfajores).

Más allá de la discusión sobre los potenciales riesgos asociados al consumo de marihuana y la comparativa respecto de otras sustancias igualmente sustancias donde conviven algunas demonizadas y otras arbitrariamente presentadas como simpáticas, uno de los efectos secundarios más estereotipados del consumo recurrente de cannabis es convertir un jean 34 en un 30 sin siquiera tocarlo (aunque todavía lo que podemos probar sobre ese estereotipo no está del todo claro).

Pot works in mysterious ways.

Lejos de ser trivial, estudiar cómo la marihuana puede abrirle al usuario la puerta a otras sustancias peligrosas como eso que quedó de comida china y que ni vas a recalentar, es entender un poco más cómo se integran procesos de los niveles más diversos en nuestro organismo. Esto implica el reconocimiento químico de moléculas volátiles, pasando por algunos de nuestros sistemas cerebrales más primitivos y llegando a convertir esos efectos en comportamiento. Levántate y anda, que quedaron dos porciones de pizza.

Si bien faltan unas cuantas piezas para comprender la historia evolutiva del THC, lo que sí sabemos, entre otras cosas, es que sería tóxico para algunos insectos. Esto constituye una forma de defensa de la planta frente a la depredación, y desarma la lógica antiintuitiva que supone que una planta se defiende de los depredadores generando un compuesto que hace que esos depredadores tengan bocha de hambre. Pero nosotros no somos lepidópteros y al bicháceo, lejos de agarrarle hambre, le agarra de todo menos felicidad. Igual, la cosa no es con Cocomiel sino con nosotros y, donde hubo fuego, bajones quedan.

Cuando el THC inunda un cerebro de mamífero, se pegotea contra receptores que están ahí y que ya tienen su propio socio local, los endocanabinoides. Dependiendo del mamífero en cuestión, este THC va a pegar más y menos en diferentes partes del cerebro (desde ratones en los que los receptores están muy presentes en el cerebelo, complicando particularmente la función motora, a Walter de Lanús, que tiene el bulbo olfatorio tapizado de moléculas capaces de reconocer el THC y convertirlo en la urgencia de clavarse un sánguche). Lo más interesante es percibir cómo una sola molécula puede actuar a varios niveles, generando una sensación compleja como el hambre.

Por un lado, el THC puede interactuar con receptores que se encuentran en el hipotálamo, el pedacito de cerebro que conecta lo nervioso con lo endócrino y que participa de controlar factores como la temperatura del cuerpo, la sed, los ciclos de sueño y, SORPRESA, el hambre. Cuando un hipotálamo se tropieza con un recital, se estimula la producción de la hormona ghrelina, la responsable de dar una señal generalizada de hambre. De la misma manera, la exposición a THC resulta en la disminución de los niveles de leptina en sangre, que viene a ser una de las sustancias más importantes en la sensación de saciedad.

Una de las acciones de la ghrelina es interactuar con neuronas dopaminérgicas en el núcleo accumbens (área que ya denominamos de entrecasa como Cuartel General de la Manija, dada su importancia en procesos de motivación y recompensa). O sea que ahora no solamente tengo más hambre, sino que la comida me enfiesta más la cabeza, para usar términos académicos estrictos.

Pero todavía hay media sorpresa más, (aunque te odie, Julián Weich, a vos y a todo lo que representás). Este extra tiene que ver con la capacidad del THC de unirse al bulbo olfatorio y convertir a Laura, la amiga de la novia de Nico que te presentaron y que a vos te parecía un 6, en el mejor sánguche de todos los tiempos.

El olfato es un determinante recontra clave de nuestra capacidad de reconocer alimentos, y es donde la última punta del triángulo del bajón se constituye. Cuando estamos expuestos a olores, nuestro sistema olfatorio se va adecuando hasta generar una inhibición. O sea que, mal y pronto, nos acostumbramos hasta suprimir los olores, a menos que finito. El efecto de la marihuana en el bulbo olfatorio se probó muy claramente en la versión recitalera de Faivel, donde expusieron a ratones a THC y después les midieron tanto la sensibilidad ante olores como la cantidad de comida que consumían. El resultado fue claro: un bicho expuesto a THC tiene un bulbo olfatorio que no se calma, que no se inhibe y que sigue respondiendo ante ese último alfajor de la caja de 12 con la misma intensidad que tenía para con el primero. Parecería que por ahí viene la pieza más nueva del cocktail glotón, por evitar que nuestro organismo se regule a sí mismo y nos genere la posibilidad de dejar de disfrutar el dulce de leche cuando el pote se empieza a poner liviano.

Integrar estos sistemas diversos implica entender que una sola sustancia puede desencadenar una respuesta compleja y musical en un sistema tan desquiciadamente intrincado como es un cerebro, donde una sola señal molecular se convierte en bandera para un estado concertado complejo que se parece al hambre. Un sólo interruptor que pega en el lugar correcto y que resulta en ‘Sinfonía nº8, en La menor, para 4 cuerdas y dos docenas de carne cortada a cuchillo’.

http://www.smithsonianmag.com/science-nature/scientific-explanation-how-marijuana-causes-munchies-180949660/?no-ist
http://pcp.oxfordjournals.org/content/46/9/1578.full
http://www.nature.com/neuro/journal/v17/n3/full/nn.3647.html
Malenka RC, Nestler EJ, Hyman SE (2009). “Chapter 10:Neural and Neuroendocrine Control of the Internal Milieu”. In Sydor A, Brown RY. Molecular Neuropharmacology: A Foundation for Clinical Neuroscience (2nd ed.). New York: McGraw-Hill Medical. pp. 265–266. ISBN 9780071481274.

http://www.nature.com/nature/journal/vaop/ncurrent/full/nature14260.html




Hay 25 comentarios

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  1. Manuel

    Muy pero muy copado, me interesaria conocer mas sobre porque el alcohol logra el mismo efecto en mi, cuanto mas todo mucha mas hambre tengo, por ahi es solamente locura mia , sin embargo el bajon post boliche existe popularmente.

  2. Pablo Allocco

    Si llego a armar una nueva banda algún día, es fija que se va a llamar “HQ de la Manija”, y el primer disco conceptual va a ser “Mesolímbico-Dopaminérgico”. Tendríamos que debatir entre todos qué tipo de música tendría que ser.

    Muy buena nota, pá.

  3. Carla

    En jerga nutricional, aumenta el “wanting”, es decir, el deseo de comer, y aumenta el “liking”, haciendo que la comida sepa aún mejor. Y no paras de lastrar.

  4. Fer

    Muy buen artículo.

    Al margen del montón de dudas respecto al bajón, lo que más me intriga, Pablo, es
    ¿por qué odiás a Julián Weich y qué es todo lo que representa?

    • Pablo A. González

      Creo que una de las patas principales es que un programa que se llama ‘Mi mamá cocina mejor que tu mamá’ establece como común y simpático un modelo que relega a la mujer a una artífice de lo doméstico en lugar de una parte mágica y maravillosa de una especie que contiene un degradé de capacidades diferentes para entender la realidad con cierta asociación al sexo y que, a través de una maquinaria perceptual ajustada por diferentes presiones evolutivas, se nos hace imprescindible para empujar nuestra comprensión del universo y de nosotros mismos como parte de él.

      En noticias relacionadas, yo cocino mejor que mi mamá.

      • Fer

        Me parece un buen motivo, no sé si para “odiarlo”, pero…

        Pensé que quizás habría participado en publicidades de productos o empresas cuestionables, o habría hecho declaraciones polémicas, o tendría un muerto en algún placard, o algo por el estilo.

        Ahora, si odiás a Julian Weich por eso ¿qué te generan Marcelo y Gerardo “Mirtha Wins, you loose!” Sofovich?

  5. Sergio Rodriguez

    Muy buena nota! Si no fuera por el lenguaje simpático y por expresiones que leí en otras notas como “un buen dedo de momia que te deje sanamente del ojete”; sería perfectamente objetiva (cuestión de gusto mío nomás). Me parece de lo más genial de EG&LC que se encaren las cosas hacia un conocimiento más profundo del por qué, nos hace más libres a la hora de tomar decisiones, cualesquiera que éstas sean.
    Duda: ¿Un circuito parecido motiva la verborragia o la facilidad para la risa?. Intuitivamente pienso que no, pero tampoco leí algo claro al respecto.
    Gracias, Ciudad Gótica siempre te estará en deuda.

    • Pablo A. González

      En primer término, si no fuese por el lenguaje y las expresiones no sería Gato. En otras noticias, la verborragia y la hilaridad claramente son interesantes, hasta ahora no me puse a investigar, pero entendería que cualquier proceso tan elaborado como el habla y la risa (dos construcciones maravillosamente sociales) deben tener mecanismos todavía más complejos y hermosos. Creo que entender eso implicaría sentarme a leer un rato, cosa que no es un impedimento, si partimos de la base de que cualquier nota del Gato nos supone sentarnos a leer un buen rato, pero sí me impide disparar una respuesta en este momento. Creo que es más coherente con lo que hacemos decirte que no tengo idea que abarajar una bañera equivocada.

      Siempre estamos trabajando para ser lo más cercano al héroe que Ciudad Gótica se merece.

      • Sergio Rodriguez

        Ya fue, la facu empieza en 10 días, me pongo a leer más yo también. Si encuentro algo copado, chiflo (puedo decir orgulloso que mi chiflido se escucha a 200 m en ciudad y 600 en aguas abiertas, lo comprobé porque zoi azí, ezpezial).

        • Paula

          Voz que tajaí, chiflando en aguaz abiertaz, zabelo:
          En aguas abiertas no se chifla porque se espantan los peces.

          Y en ciudad… ¡ay! ¡Noooo!
          ¿¿¿¿Vos sos el que chifla a las dos de la mañana cada vez que encuentra algo copado… y se escucha a doscientos metros???? Me cago en los circuitos de la chiflorragia.

          • SERGIO RODRIGUEZ

            Gracias por el dato de los peces, mis frustraciones como pescador tienen una explicación más certera ahora.
            En cuanto a chiflar a las 2 de la madrugada, el que viste y calza; cuando se encuentra algo copado se chifla a los colegas, es lo más lindo de la ciencia moderna.
            Larga vida al chiflido y a nosotros los ezpezialez. Corta vida a la campaña de mi tocayo con apellido sinónimo infantil de plastilina.
            :)

  6. Lourdes

    Fantástico como siempre. Pablo te cuento que estoy proponiendo en mi colegio dar alguna charla sobre neuromitos ya que todos los años llevamos a cabo el proyecto de Educación Sexual entre pares, estaría buena poner el práctica alguna charla sobre neurociencias. Un abrazo y sigan así OwO

      • Lourdes

        Sí, he estado viendo sus charlas en Educando Al Cerebro y en otros lugares más por Youtube y es re interesante, verdaderamente me encanta pero gracias a eso me surge mucho la duda de si estudiar Medicina o Biología ya que ambas me apasionan. Ustedes siempre mejoran, unos genios!


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