Carrito
El carrito está vacío.
Tiempo_de_milanesas

IMG:  Dano Marello  

Tiempo de Milanesas

TXT:

Nunca estás con los pantalones más abajo que cuando te enfrentás a las preguntas más simples. ¿Me querés?, ¿Le acabás de mirar el culo a mi hermana? o ¿Estoy más gorda? Parecerían ser preguntas imposibles de responder como el otro espera que se respondan, pero uno va desarrollando estrategias para evitarlas, neutralizarlas o, en un acto desesperado, hacerlo con honestidad. Distinto es cuando te encontrás con una pregunta sencilla, clara y concisa, pero que no tenés ni el código postal de por dónde empezar a replicar/responder. Ahí está el problema, el principio. Cuando no podés ni siquiera encontrarle la punta al iceberg de bardo que implicaría tratar de responder.

 El chancho enjabonado de mi día fue ¿Qué es el tiempo?, y después de abarajarle la bañera durante horas a pensamientos recursivos y despabilados como ‘El tiempo es tiempo’, lo que descubrí es que no tenía idea, pero que no era el único.

Como cualquier aventura que se precie, empezó macheteando el pajonal que une la filosofía, la religión y la ciencia (la física, en este caso), y lo que más recuerdo son las medias mojadas y los bichos.

Esta vez, la primera caricia de verdad la encontré en la religión. Cuando pasó la confusión de sentirme cálido en brazos de un individuo tan peligroso, me encontré con un primer esbozo de respuesta y dos opciones, una más hermosa que la otra, pero mutuamente excluyentes. Parece que la religión, como la ciencia, no gusta de reconciliar ese trío, y que seamos vos y yo, quiere decir que no podemos ser vos, ella y yo.

Entonces, la religión me ofreció dos nociones de tiempo. En esta esquina, un tiempo lineal, el tiempo judeocristiano: de pe a pa, parando en todas pero no volviendo a pasar por ninguna; en la otra, la Rueda del Tiempo, la repetición cíclica, el empezar que le sigue al terminar, el argumento griego, babilonio, hindú, budista, nativo americano. Todo muy panderético y de vestir anaranjado.

Cansado de la dicotomía, me refugié en la ciencia, y ahí vino nomás la física y me explicó, a las trompadas, que capaz la línea es finita, o que simplemente me quería joder la vida, porque parece que la física también acarició dos conceptos para el Universo y la forma en que se mueve, esta vez, en un tiempo que siempre se mueve para adelante, pero un Universo que hace medio cualquiera.

Todos escuchamos hablar del Big Bang (cuidado al googlear, porque hay como un tema de homonimia estructural porno), esa explosión inicial de hace unos 13700 millones de años, sospechada por el desplazamiento hacia el rojo de las estrellas más lejanas (TKM efecto Doppler, el mismo que hace que el tren se acerque agudo y se aleje grave), y confirmado años más tarde por Mirtha Legrand, único testigo presencial del evento.

Ahora, si bien todos los científicos estaban contentos y conformes y a los abrazos con un principio basado en el Big Bang, algunos se imaginaron un universo que se expandía hasta el infinito, y otros, que se expandía hasta un punto y después se empezaba a contraer. Time is a flat circle, y el Universo un globo que llega a tope y después empieza a desinflarse para volver a empezar. Una rueda de tiempo pelada, enyoguizada y, seguramente, vegetariana.

La verdad de la milanesa vino con Sean Carroll, una estrella de rock de la física teórica (como Brian May, pero no), que solucionó el problema tirando nafta al fuego y diciendo que, básicamente, existen múltiples universos y que cada uno se expande hasta que se enfría, para después brotar de nuevo en otro Big Bang y empezar de nuevo. Un ciclo que no es ciclo, un tiempo que atropella para adelante, y una verdad de milanesa que no sabés si es de soja o de verdad.

Enfermo de duda, probé una última estación: la filosofía, el membrillo de quien no encontró dulce ni en la ciencia ni en la religión. Lo bueno es que esta vez no había dos posturas encontradas y de ninguna manera esto termina en sostener un clima tenso para después decir que sí había dos posturas encontradas. De ninguna manera.

Ok, sí había dos posturas encontradas.

Esta vez, el Mar Rojo se partió en el bando de Sir Isaac, gladiador de rulos firmes, que establecía al tiempo como algo real, tangible, permanente y verdadero. Un eje cierto de física, objetivo y, se podría decir, un poco manoseado por Einstein en una noche de bar que terminó en amor y plasticidad, pero no por eso menos real.

Del lado de enfrente, elongando y ya sin las remeras, Kant y Liebnitz, que un poco la tunicaanaranjeraron con una idea de tiempo subjetivo, interno imposible de existir por fuera del humano, un árbol que solamente hace ruido cuando estamos para escucharlo.

La física se entregó de cuerpo y alma a Sir Isaac y el tiempo fue y es real, pero la biología (como es medio romanticona y sonsa, y por eso la queremos), decidió que había que aceptarlos a los dos y entendió tiempos externos, objetivos y reales, y tiempos internos y subjetivos. Así que nos tocó a nosotros, al Sur del ecuador, tener a un investigador capaz de darle viagra a un hámster para entender la forma en la que el tiempo nace, crece y pasa adentro nuestro (#DATAZO: Además resultó que Golombek tenía razón, la investigación es un gol y ahora podés solucionar el jetlag jugando farmacológicamente y yendo darwinistamente para adelante)

Acompañar una pregunta, atravesarla en disciplinas, encontrar respuestas parciales, absolutas, emparchadas, mágicas, lógicas, físicas, fisicológicomágicas. Escribir, reescribir, ordenar, masticar lo complejo hasta hacerlo simple, entenderlo insuficiente o no entenderlo. Ahí encontré al tiempo, y ahí me encontré chiquito, perdido y con miedo, como quien nada de noche sin saber qué certeza te va a chupar al fondo, pero con la garantía de que ésta sí, es one milanesa to rule them all. Pocas veces leí tanto, pocos cabezazos contra la pared fueron más contundentes, y pocas frustraciones fueron más dulces que las que encontré tratando de ordenar algo ordenado, de pensar algo evidente o explicar eso que tenía adentro, arriba, abajo, alrededor y enfrente.

Ilustración:  Dano Marello