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Qué es El Gato y La Caja

Por qué
comunicación

Una de nuestras características distintivas, de nuestros hitos como especie, es la de poder conectar de la manera que lo hacemos. La de gravitar los unos hacia los otros, armando estas redes donde el conocimiento fluye y se va convirtiendo en algo más grande, emergente de sus partes pero superior a ellas. Esto no quiere decir que las abejas no estén organizadas o los chimpancés no se enseñen cosas, pero ellos no construyen represas, escriben 1984 o imaginan modelos atómicos y arman Copenhagues para discutirlos.

Compartimos, no porque queremos, sino porque no podemos evitarlo, porque desde que somos capaces de decir al menos una palabra ya nunca estamos realmente solos, aunque tengamos que inventar en nosotros un interlocutor. Porque las palabras ordenan nuestra máquina de construir la realidad, tanto individual como colectiva. Tenemos, incluso, palabras para definir lo que no podemos definir, palabras hermosas y tristes como “inefable” para narrar lo que no se puede narrar, o “indescriptible” para describir lo que no sabemos cómo es.

Convertimos el diálogo interno en un puente y eso nos transforma en ideas, en libros, en papers, en canciones y furtivas pintadas de pared que, desde que existen, dejan de pertenecernos para convertirse en potestad de todos.

Aceptamos la imposibilidad de estar seguros de que la comunicación existe, que es más que una ilusión de entendimiento. Charlamos de cara al otro para descubrirlo, o mirando los dos para el mismo lado, para que descubramos juntos el Universo, y en ese intercambio generemos también comunidad, intimidad, vínculo.

Así construimos redes que comprometen nuestra soledad y nos permiten ser algo más. Inventamos formas de ampliar nuestro ancho de banda, creamos y habitamos Internet, la Biblioteca de Babilonia del que busca. La información nunca fue tanta ni tan heterogénea. La verdad nunca tan accesible ni tan esquiva.

Por primera vez nos toca enfrentarnos como especie a más voces de las que podemos contener, entender y asimilar, y quizá la única forma de inmunizarnos sea volviendo a las bases. Compartiendo ciencia y filosofía. Hablando de cómo hablamos y de qué buscamos en esa biblioteca inabarcable.

Queremos que más gente busque ciencia, pero para eso primero tienen que elegirla y no se puede elegir lo que no se conoce. Es entonces que aparece un proyecto de la ciencia que no tiene que ver con lo descriptivo, sino con lo persuasivo. Entendemos el compartir conocimiento científico como un acto político. Sólo a partir de una masa crítica consciente, informada y proactiva, vamos a lograr que quienes están a cargo de establecer las normas de convivencia dentro de una sociedad, los límites de las libertades personales y las decisiones fundamentales o cotidianas que nos afectan directa o indirectamente a todos, dejen de basarse en dogmas, suposiciones, inercia histórica y caprichos, y empiecen a usar los mejores métodos y evidencias que tengamos.

Esperamos que saber más nos lleve a tomar determinaciones de la manera más objetiva y eficiente posible (énfasis en posible), o que se desnuden en el trayecto las intenciones de no hacerlo. Tal vez una de las mejores herramientas para lograr una sociedad más justa, más libre y más gentil sea a través de la palabra. Una palabra firme, honesta, bienintencionada, clara y transparente.

Este año nos embarcamos en la tarea de identificar y pasar en limpio no sólo lo que hacemos (Comunicación, Investigación y Diseño), sino en la muchísimo más difícil hazaña de intentar encontrar la motivación última de cada uno de esos dominios: cada por qué.

En estas semanas vamos a estar compartiendo, entre otras cosas, las motivaciones detrás de lo que hacemos. Todo este contenido, junto con lo mejor del último año y mucho más contenido original, lo encuentran en el más reciente (y último) Anuario.

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