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Eclipse-01

IMG:  Juama  

Pídeme la Luna y te la taparé

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No vamos a hablar en esta reseña sobre novelas adolescentoides de vampiros y hombres lobo (aunque debo reconocer con bastante vergüenza que podríamos). Seguramente con menos récord de ventas, pero no por ello menos menciones a lo largo de la historia de la humanidad, el fenómeno astronómico conocido como Eclipse es, sin dudas, uno de los TT favoritos de todas las culturas, de todos los tiempos.

La cosa es que, desde que el hombre es hombre, esa jodita de que un cuerpo celeste tape a otro y el cielo se ponga recontra loco siempre nos generó la necesidad de contar una historia que lo explicase. Aunque, antes, las historias se basaban más en la imaginación que en la observación, medición y deducción sustentada con evidencia; es decir, más en TODOS MORIREMOS LA LUNA SE PUSO ROJA. Mis historias locas preferidas son sorprendentemente poco difundidas: en la cultura hindú se cuenta que uno de los demonios,  al que en el barrio le decían Rahu, se quiso colar en una repartija de néctar de la inmortalidad, pero que el resto de las divinidades no se copó y el pedido derivó en que le cortaran la cabeza. Como mejor pedir perdón que permiso, Rahu ya le había dado un besito a la copa, tanto así que su cabeza se volvió inmortal y quedó colgada de la bóveda celeste. El tema es que en el cielo no hay papitas ni chizitos; así que, cada tanto, Rahu se come a la Luna en venganza.

Para los guaraníes, el Sol y la Luna eran dos hermanos (ambos varoncitos) que vivían en la Tierra y un día se cruzaron con Charia, un espíritu maligno que estaba pescando en el río, al que les pintó ir a fastidiar. Les cabió por giles y el viejo se llevó a la Luna en el azuelo. Cuando estaban cocinando a la Luna, el Sol llegó y fue invitado por Charia para comerse el supuesto pez. El pibito, que no era un comehermanos (te hablo a vos, Cersei Lannister), dijo “paso” y pidió que no tiraran los huesos del pez, que se los quería llevar, y después de la cenita los usó para, con sus poderes power de deidad autóctona, revivir a su hermano (¡En tu cara, Jebús! ¿O te pensabas que eras el único que resucitaba gente? Lazaro, LTA). Así, un eclipse lunar representa para los guaraníes la Luna siendo devorada por Charia, por eso el color rojizo que es su propia sangre que la oculta. La Luna resurge, entonces, en toda su plenitud, como Luna Llena, porque su hermano la resucita, la salva y felicidad.

Ahora, al margen de los cuentos y especulaciones, cada dos por tres escuchamos en la tele o leemos en Twitter que va a haber un eclipse de Luna, que la Luna se va a poner roja, que se viene el caos, la muerte y la desesperación. Sin embargo un grupo grande de personas dormimos tranqui panchi igual, porque sabemos que lo que pasa es algo que más o menos tiene que ver con la Tierra tapando la Luna o algo así. Ponele que se puede traducir de esta forma: Un Eclipse es un fenómeno que se produce al quedar alineados Sol, Tierra y Luna, de forma que se ocultan o se ensombrecen entre sí. Cuando la disposición es tal que la Tierra queda entre la Luna y el Sol, el eclipse es de Luna. Como cuando la yegua de Viviana se paró entre Juan y yo, y fue eclipse de Juan, y que la metáfora sea mersa no la hace menos verdadera (o menos yegua a Viviana).

Una característica copada que aparece mencionada en el mito guaraní es que el Eclipse de Luna se produce solamente cuando ésta está llena. La pregunta al toque es: ¿por qué no siempre que hay Luna llena hay eclipse?

Resulta que esto pasa porque, mal que le pese al querido Kepler, la simetría cósmica no es TAN simétrica. Por un lado tenemos que la órbita de la Luna tiene una leve inclinación (5°) respecto a la de la Tierra; y por otro lado que los tamaños angulares del Sol y la Luna son AMBOS de 0,5°, dato que suena a cosaemandinga, pero es menos amenazador de lo que parece. El tamaño angular de un cuerpo celeste nos da idea del pedacito de cielo que ocupa medido en grados (cómo los ángulos y el transportador y todo eso que caso todos hemos olvidado), y se relaciona, geométricamente, con el tamaño lineal (su radio posta en kilómetros) y la distancia. En el caso de Sol y la Luna esa relación es tal que sus tamaños angulares son más o menos iguales a pesar de que sus diámetros posta son RECONTRA diferentes, por efecto de la perspectiva: la Luna está más cerca, la vemos re grande (chicas atenti desde dónde miran las cosas, que la perspectiva engaña).

Como los planos de sus órbitas no coinciden, a pesar de que sus tamaños angulares son casi casi iguales, normalmente no llegan a taparse uno al otro, es decir: no hay eclipse. Cuando sí se tapan, lo que está pasando es que los vemos superpuestos, coincidiendo en el plano de nuestra visual. Este fenómeno se da cuando los planos de las órbitas se cruzan en unos puntitos geométricos que los astrónomos llaman ‘nodos’.

Y acá es cuando, después de la insoportable levedad de los hechos, fatalistas y pronosticadores del fin del mundo, apelan: ‘¡Y pero se va a ver roja! ¡Esta vez se va a ver roja! ¡Sangrienta, muerte, gente llorando!’. Y sí, capo, capitán de la Oh La Lá, editor de portal conspiranóico (o diario, que a veces no se diferencian): EN TODOS LOS ECLIPSES LA LUNA SE VE ROJA. Eso es porque, de la poquita poquísima luz que refleja (la que se escapa por los costaditos de la figura esbelta de nuestra amadísima gorda: la Tierra), nuestra atmósfera dispersa mucho el azul y el verde, haciendo que pase mayormente la longitud de onda correspondiente al rojo, lo que resulta en que la Luna tome un color rojizo.

Así que tranqui, amiguitos y amiguitas fans de que el cielo se caiga, que este Domingo a partir de las 21:12 y hasta las 02:22 del Lunes, ya tienen un plan. Uno que incluye una luna que sangra a partir de las 23:47, cosa de 50º por encima de la línea del horizonte y que no incluye ninguna catástrofe, ni el fin de nada, salvo el fin del fin de semana, que garrón, si recursivo, dos veces garrón.

Ilustración:  Juama