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Pensar con Otros

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¿Cómo conectamos con personas que piensan dramáticamente distinto de nosotros? ¿Cómo se relaciona la evidencia que tenemos del mundo y nuestras actitudes y posturas respeto de él?

A lo largo de las tres entregas anteriores, discutimos algunas de las cuestiones que influyen en la generación de posverdad a distintos niveles e incluimos sugerencias concretas para enfrentarlas. En la primera entrega hablamos de la necesidad de contar con evidencias para identificar cuál es la verdad. En la segunda entrega analizamos la posverdad arquitecturada, intencional, a través de lo que hicieron las industrias del tabaco y del azúcar. Por último, en la tercera entrega redirigimos la atención a nosotros mismos y vimos que, de manera involuntaria, nuestro comportamiento tribal podría estar colaborando con el surgimiento de una posverdad casual.

Falta tocar, sin embargo, un tema más complicado. A veces conocemos la verdad, tenemos razón en algún tema. Y vemos que, a pesar de que hay información correcta disponible al alcance de cualquiera, muchas veces hay personas que siguen sosteniendo posturas erróneas. ¿Qué hacemos en ese caso? ¿Cómo nos comunicamos con ellos?

La búsqueda de la verdad toma muchas formas. Desde una forma privada y personal hasta una compartida, vincular y práctica, en la que buscamos descubrir y habitar esa verdad con y gracias a la ayuda de otras personas.

En nuestra lucha contra la posverdad, vista como imposibilidad de habitar el mismo espacio que otras personas, uno de los aspectos que deberemos comprender mejor es cómo ayudar a encontrar ese terreno común. Es decir, cómo lograr que las personas acepten la verdad, la incorporen y la utilicen para construir su postura y decidir sobre sus acciones. Todo esto sin olvidar que muchas veces somos nosotros mismos esas personas que necesitan aceptar la verdad, incorporarla y utilizarla para cambiar nuestra postura.

Hablaremos acá exclusivamente de temas fácticos que permiten hablar de verdad en el sentido práctico o de los aspectos fácticos de temas complejos que los incluyen pero que también tienen otros ejes, y haremos a un lado lo relacionado con valores o tradiciones, en donde hay otras miradas en juego.

Si creemos que algo es verdad es decir, lo consideramos un hecho, pero esto no es compartido por otra persona, ¿qué hacemos? Es en este punto que la pregunta más difícil se hace pertinente: ¿vamos a conformarnos con tener razón ante ese otro equivocado, aun con el costo de saber que habitamos realidades no superpuestas, espacios que no podemos compartir? ¿O vamos a buscar conectar con ese otro de manera sincera, pidiéndole que esté dispuesto a considerar información nueva? ¿Puede esa conexión existir si no estamos nosotros mismos dispuestos a considerar su punto de vista? Y dado que podría ser que el territorio mal cartografiado sea nuestra versión de la verdad y no la del otro, ¿somos capaces de modificar nuestras posturas si la información nueva nos muestra que estábamos equivocados?

Para compartir con otros nuestra perspectiva de ese territorio que entendemos como verdad, lo más sencillo sería hacerlo intuitivamente y simplemente hablar, compartiendo la información que tenemos. Esta ‘táctica’ equivaldría a subirnos a un banquito en la plaza y predicar nuestra verdad a los cuatro vientos. Pero eso, además de satisfacer nuestras ganas, ¿funciona? Si lo que nos motiva es alimentar nuestro propio ego y mostrar lo inteligentes que somos, lo bien que conocemos el terreno, para eso va a funcionar, y nos sentiremos muy bien con nosotros mismos. Si queremos hablarles a las personas que ya piensan como nosotros, también va a funcionar, y como una clara señal para la tribu. Pero si lo que nos importa es que nuestro mensaje llegue a todos, y particularmente a aquellos que no piensan como nosotros, ¿qué hacemos? ¿Cómo construimos una forma efectiva de compartir nuestra perspectiva de manera que un otro que ve distinto logre acercar e incluso solapar, aunque sea parcialmente su visión del territorio que lo rodea con la nuestra?

Lo bueno es que, así como estuvimos hablando de cómo las evidencias nos permiten averiguar cómo son las cosas, lo mismo aplica a la comunicación. Podemos estudiar con la metodología de la ciencia qué maneras de comunicar funcionan y qué maneras no, y cuando hacemos eso nos encontramos con varias sorpresas porque, de todos los territorios de la verdad, el de la comunicación de esa cartografía parece ser uno de los que tenemos todavía en desarrollo.

Vayamos a eso.

A veces la información existe, los hechos se conocen, pero eso no logra permear a todas las personas, lo cual favorece que las dudas se sigan instalando y la posverdad crezca. Intuitivamente, puede parecer que si una persona no acepta algo como verdadero es porque es ignorante en ese tema, porque le falta información. A eso se lo suele conocer como ‘modelo de déficit de información’ (information deficit model). En temas fácticos, para los que podemos tener evidencias y llegar a una verdad aproximadamente objetiva, este modelo sugiere que las personas que desconfían de esos hechos lo hacen porque no los conocen. Pero ¿la idea intuitiva es realmente así?

Si esto fuera cierto, esperaríamos que darles la información que les falta fuera suficiente para que cambien su postura sobre ese tema. Lo que ocurre en la realidad es más complicado. A veces, efectivamente una persona no sabe algo, se le da información correcta y la incorpora sin mayor inconveniente. Así aprendemos muchos temas.

Pero otras veces no es que la persona no sabe, sino que cree que sabe. Sostiene una versión errónea del tema y no una ausencia de postura sobre él. Y este espejismo de territorio, esta versión errónea, una vez instalada es muy difícil de corregir.

Empiezan las cuestiones delicadas. Al leer la palabra ‘errónea’ algunos pensarán que es muy fuerte, muy contundente. ¿No era que, cuando pensamos en términos de evidencias, no podemos tener certeza absoluta? Entonces, ¿cuán correcto es hablar de algo correcto y algo equivocado? Y, en otro eje, ¿no es agresivo, políticamente incorrecto, e incluso de malos modales, decir que alguien está sosteniendo una idea errónea? En esto quiero ser clara: podemos no saber, pero si sabemos −porque estamos considerando el peso de la evidencia−, entonces es importante que defendamos esa verdad. Mirar para otro lado, o decir que cada uno puede tener su opinión sobre un tema, nos hace correr el riesgo de caer en el relativismo y así permitir que la posverdad casual surja y se afiance.

Mi postura es esta: 1) se defiende la verdad, cuando se la conoce, y siendo explícitos y honestos respecto de cuánto se la conoce. 2) A priori, las personas merecen respeto y tienen derecho a expresar sus ideas. 3) Pero con las ideas es distinto: con ellas parto de no respetarlas, y tienen que ganarse ese respeto. Si una idea se refiere a temas fácticos para los que hay evidencias, pero las ignora, debe ser desafiada.

Al criticar las ideas, separándolas de las personas que las sostienen, las ponemos a prueba y les permitimos pulirse y mejorar, donde mejorar es que se vuelvan más correspondientes con la realidad.

Así que sí, defiendo el hablar de correcto vs. incorrecto en los casos en los que tenemos tantas evidencias que podemos estar prácticamente seguros de qué es lo correcto y qué lo equivocado. Lo defiendo también porque, cuando algo no se conoce mucho todavía, simplemente me abstengo de asignarle esas categorías: en ese caso no diría que hay una verdad evidente, sino que todavía no está muy claro cuál es. La ventaja de esta perspectiva es, además, que en lugar de poner a dos personas una frente a la otra, discutiendo, podemos poner a dos personas, juntas, observando un fenómeno y tratando de describirlo acertadamente. Donde antes había un juego de suma cero en el que una persona ‘ganaba’ y la otra ‘perdía’ defendiendo una postura, ahora tenemos una situación cooperativa de dos subjetividades, en equipo, en busca de algo que se parezca más a la verdad. Un solo equipo que gana, junto, mapeando bien el terreno de lo que es.

Muchas veces se observa que, si alguien ya tiene una postura sobre un tema, y esta postura está equivocada, tratar de corregirla dándole la información correcta no logra que cambie de opinión. Uno de los trabajos pioneros que mostraron esto fue un experimento de 1994 en el que se les decía a las personas que había habido un incendio en un depósito por un cortocircuito que había ocurrido cerca de un armario que tenía latas de pintura. Poco después se les daba información de que en realidad el armario estaba vacío, corrigiendo así lo que se les había dicho antes. Al evaluarlos, los participantes recordaban y aceptaban la corrección decían que al final no había latas de pintura pero si se les preguntaba por qué creían que había tanto humo, decían que era debido a que se estaba quemando la pintura. Respondían usando la información equivocada a pesar de recordar la correcta, posiblemente porque les permitía armar una narrativa en la que el humo era consecuencia de la pintura quemándose: preferimos explicaciones incorrectas antes que no tener explicaciones.   

En otros casos, sostener una creencia equivocada probablemente tiene más que ver con la pasión que despierta esa creencia en la persona. Importan acá la emoción, los valores y la desconfianza hacia el sistema, las elites, o los expertos. Cuando hoy, con toda la información que tenemos acerca de que la Tierra es un planeta, algunos sostienen que es plana, no es que no sepan que la ‘versión oficial’ es que la idea de una Tierra plana es incorrecta. Es más, casi con seguridad aprendieron en la escuela que la Tierra es un planeta prácticamente esférico que gira alrededor del Sol como otros planetas, etc. Sin embargo, en algún momento, pasaron a creer en la Tierra plana, y una vez que están ahí, les es muy difícil salir. Como la narrativa que arman es la de que hay una conspiración de la NASA para ocultar información, aunque tratemos de mostrarles las evidencias que contradicen la idea de ellos, todo será reinterpretado como una prueba más del complot.

Y acá creo que tenemos que tener cuidado y diferenciar la persona de su idea, como antes. Quizá las personas llegamos a esa creencia, o a otras similares, como una respuesta defensiva a situaciones personales críticas. Quizás encontramos en esas ideas, y en la nueva tribu con la cual compartimos esas ideas, algo que nos reconforta, que nos da sensación de control, de confianza, de que se nos escucha. Si entendemos que esa persona que cree en la Tierra plana no es un tercero sino que de algún modo somos todos, que podemos haber comenzado a creer en esa idea equivocada por razones que tienen mucho más que ver con la ‘emoción’ que con la ‘razón’, nos resultará más sencillo aceptar que no es que seamos tontos o ignorantes, como algunos pueden considerar, sino simplemente personas siendo víctima de nuestros sesgos.

Cuando en un tema fáctico hay información disponible, abrumadora, coherente, que nos permite distinguir entre una afirmación correcta y una incorrecta y, aun así, hay quienes hacen esa información a un lado y siguen sosteniendo una postura equivocada, estamos en el terreno de la posverdad.  

La existencia de estas situaciones nos muestran que el modelo de déficit de información no es correcto o, al menos, no es aplicable a todos los casos. Creemos que el camino que seguimos es conocer los hechos y con ellos formar nuestra opinión. No nos damos cuenta de que muchas veces hacemos lo contrario: tenemos una opinión y aceptamos o rechazamos los hechos según si concuerdan o no con esa opinión. Opinión basada en hechos vs. hechos basados en opinión.

Entonces, hay al menos dos grandes situaciones en las que vemos que el modelo de déficit de información no es necesariamente correcto: cuando ya tenemos una postura tomada y cambiarla nos resulta difícil, o cuando por algún motivo el tema despierta en nosotros cuestiones emocionales, o toca creencias, valores, y otros aspectos que no necesariamente se basan en evidencias y que constituyen el núcleo de nuestra identidad.

Cuando desde ‘afuera’ vienen hechos que ponen en crisis estos núcleos identitarios, tanto personales como tribales, intentaremos defendernos sin darnos cuenta ni de que lo estamos haciendo ni de cómo lo estamos haciendo. Porque, además, si lo que está siendo amenazado por los hechos es una de nuestras posturas más arraigadas, sentimos que sin ellas se cae nuestro mundo: un ataque a la postura es un ataque a nosotros, a nuestra construcción, a lo que somos. No es fácil salir. Así, rechazamos la información que nos contradice y nos quedamos preferentemente con la que nos apoya.

Cuando hacemos esto se habla de que hacemos un ‘razonamiento motivado’ (motivated reasoning), que consiste en un conjunto de estrategias cognitivas que nos permiten disminuir la incomodidad que nos produce que haya evidencias que nos contradicen. Para eso, seleccionamos los hechos que concuerdan con nuestra postura (caemos en el sesgo de confirmación), no nos damos cuenta de que las creencias y emociones están interfiriendo en lo que consideramos que es una postura racional, o creemos que estamos adoptando una postura moral inapelable cuando en realidad no es el caso.

Más información no necesariamente lleva a entender mejor, y mucho menos a cambiar de postura. En un trabajo muy interesante de Dan Kahan y su equipo se investigó este tema de la siguiente manera: presentaron números a los participantes y ellos debían sacar conclusiones, pero en un contexto de esos números se referían a si una crema mejoraba o empeoraba un sarpullido, y en otro contexto los mismos números hacían referencia a si permitir armas en una ciudad aumentaba o disminuía el crimen. Lo que observaron los investigadores fue que, en este último caso, las respuestas se distorsionaban según la orientación política de los participantes, lo que muestra un tipo de razonamiento motivado.

Como dijo Jonathan Haidt, un psicólogo social que estudia el razonamiento motivado, ‘el proceso de razonar es más parecido a un abogado que defiende a un cliente, que a un juez o un científico que busca la verdad’.

¡¡¡Información que desafía mis posturas preexistentes!!!

A veces, cuando intentamos comunicarnos con alguien que sostiene una postura equivocada, lo que en realidad terminamos generando es un ‘efecto rebote’ (también conocido como ‘tiro por la culata’ o ‘efecto boomerang’, en inglés backfire effect) en el que la persona afianza todavía más su postura previa equivocada. Las personas que creen algo que es incorrecto se vuelven más seguras de que tienen razón debido a que alguien trata de corregirlos. Y, así, están más lejos que antes de cambiar de postura.

Uno de los trabajos pioneros sobre el tema es ‘Cuando las correcciones fallan: la persistencia de la información política equivocada’ (‘When Corrections Fail: The Persistence of Political Misperceptions’), de Brendan Nyhan y Jason Reifler (2010). En los experimentos que aparecen en ese trabajo, los investigadores les dieron textos ficticios a los participantes con una afirmación equivocada de un político, o con esa misma afirmación acompañada de una corrección, y luego les hicieron preguntas. A modo de ejemplo, en uno de los experimentos la información era que Bush decía que había que entrar en guerra con Irak porque tenían armas de destrucción masiva, y en la corrección se aclaraba que Irak no tenía esas armas. Lo que Nyhan y Rifler vieron es que muchas veces no solo no se redujo la persistencia de la información equivocada, sino que a veces aparecía un efecto rebote. En particular, los conservadores que recibían la corrección eran más propensos a no considerarla y seguir sosteniendo que Irak tenía ese tipo de armas.

Cuando la información amenaza de algún modo la manera en la que vemos el mundo es decir, nuestra ideología, valores o creencias, aunque estemos equivocados nuestras mentes las reinterpretan para fortalecer nuestra postura previa, y así terminamos más lejos que antes de darnos cuenta de nuestra equivocación. Nos resistimos a incorporar la información a lo que pensamos previamente y, si alguien trata de que la incorporemos, lo que termina haciendo es que nos atrincheremos todavía más en nuestra postura equivocada. Este tipo de efecto rebote es más fuerte en las personas que sostienen posturas más extremas, con lo cual el camino hacia la equivocación se va fortaleciendo.

Hace unos años, los científicos John Cook y Stephan Lewandowsky escribieron un ‘Manual para refutar mitos’ (Debunking Handbook) en el que, a partir de investigaciones que se habían hecho, describieron distintas maneras en las que puede surgir el efecto rebote y propusieron sencillas líneas de acción para evitarlo. Allí, además del efecto rebote que mencionamos antes y que ellos llaman ‘efecto rebote de la visión del mundo’, mencionan dos más que pueden surgir si, al intentar refutar un mito, se cometen algunos errores concretos.

Uno de ellos es el ‘efecto rebote por exceso’ (‘overkill backfire effect’). En este caso, se pretende refutar el mito con una explicación correcta que es muy compleja, extensa y llena de detalles. Esto abruma a la persona que, entonces, prefiere quedarse con la explicación que le provee el mito, que suele ser de estructura más sencilla. Para evitar que ocurra esto, Cook y Lewandowsky proponen la estrategia ‘KISS’, por ‘keep it simple, stupid!’ (‘¡mantenelo simple, estúpido!’), es decir, realizar explicaciones sencillas para intentar corregir la información equivocada, y no ‘pecar’ por exceso.

Generalmente, los mitos son exitosos como tales porque tienen narrativas seductoras que explican de manera sencilla algunas observaciones o concuerdan con creencias previas de las personas. Cuando se intenta refutarlos, los hechos a veces no tienen ese mismo poder de seducción con lo que, un tiempo después, los detalles se van olvidando y lo que perdura es la explicación que provee el mito que, como ahora fue discutido, está más presente y se afianza. A esto Cook y Lewandowsky lo llaman el ‘efecto rebote de familiaridad’ (‘familiarity backfire effect’), y es algo con lo que quizá todos estamos colaborando cada vez que tratamos de ‘explicarle’ a alguien por qué su postura es equivocada.

Duty Calls

-¿Venís a la cama? -No puedo, es importante. -¿Qué pasa? -Alguien está equivocado en internet.

Teniendo todo esto en cuenta, en el manual para refutar mitos los autores sugieren que, para evitar el efecto rebote, la refutación se debe enfocar en los hechos más relevantes y no en el mito, de modo de impedir que se vuelva más familiar para las personas. Además, conviene tener en cuenta que al destruir el mito la persona se queda sin una explicación, aunque sea equivocada, que le permita acomodar observaciones y creencias. Eso genera una incomodidad que, si no es solucionada, propicia que la persona vuelva al mito. Para evitar esto, no alcanza con destruir el mito sino que es conveniente ofrecer una explicación alternativa y correcta, una nueva narrativa, y esto ayuda a que la persona acepte la refutación y no la rechace.

Así, básicamente cualquier nota en un medio de comunicación que se titula ‘los 10 mitos más frecuentes respecto de…’ (complete los puntos suspensivos), y en la que luego se enumera el mito y se acompaña con su refutación, quizás esté ayudando a difundir los mitos entre personas que todavía no los habían escuchado y a reforzarlos en la mente de quienes sí. Recordemos que los mitos perduran porque generalmente son atractivos per se, así que hacer esto sería básicamente comunicar desinformación, en vez de información.

Podemos ver cómo lo único que falta en la foto es el riñón PORQUE SE LO ROBARON LOS REPTILIANOS.

Una de las características de la ciencia es su naturaleza anti-intuitiva. La ciencia de la comunicación de la ciencia no es una excepción, y nos muestra que hay maneras más efectivas que otras de comunicarnos. En el peor de los casos, nos dice qué maneras no son efectivas, pero incluso eso es una información valiosa, porque nos permite evitar equivocarnos y terminar generando con nuestra acción algo peor que lo que se genera con nuestra inacción. A veces, ni la buena voluntad ni la intuición alcanzan. No solo no alcanzan sino que podrían estar haciendo que generemos más daño.

Se pueden hacer experimentos para evaluar qué comunicaciones funcionan mejor y qué comunicaciones peor. Además del efecto rebote que comentamos antes, ¿qué dicen las evidencias respecto de la comunicación sobre temas inundados de posverdad, como por ejemplo los mitos, totalmente refutados, de que las vacunas generan autismo, o de que el cambio climático antropogénico no existe?

Si estamos comunicando en temas que tienen que ver con la salud, como es el caso de la seguridad de las vacunas, tenemos una enorme responsabilidad en tratar de que nuestro mensaje llegue y sea aceptado, y en evitar que genere un efecto rebote. En este contexto, un enfoque basado en evidencias se vuelve esencial, no un lujo. ¿Que parece funcionar, cuando se investiga la efectividad de distintos mensajes?

Algo que parece efectivo en el caso de las vacunas es volver más presente el riesgo de la enfermedad, como muestra un trabajo de 2015 en el que se vio que imágenes de niños enfermos funcionan para que las personas cambien su actitud hacia las vacunas, mientras que un mensaje informativo que refuta la conexión entre el autismo y la vacunación no funciona. Quien no vacuna a sus hijos cree que al no vacunarlos evita el supuesto riesgo de ‘generarles’ autismo, por ejemplo, pero no ve que entonces está eligiendo, a la vez, el riesgo de que se enfermen de la enfermedad que la vacuna previene. Si una persona piensa que las vacunas pueden producir autismo tiene dos opciones: o vacuna o no vacuna. Cuando hacemos, sentimos que lo que ocurre después tuvo que ver con nuestra acción. Cuando no hacemos, nos parece que lo que ocurre después no tiene que ver con nuestra inacción. En ambos casos, podemos equivocarnos. De hecho, una de las principales razones por las que el mito de las vacunas y el autismo ‘prendió’ tanto en algunas personas tiene que ver con que el autismo se suele diagnosticar por la misma época en la que los niños reciben vacunas, en la primera infancia. En este caso, no es cierto que nuestra acción de vacunar ‘generó’ el autismo, así que la supuesta relación causal entre ‘acción’ y lo que ocurre es incorrecta. Del mismo modo, si alguien no vacuna, y el niño se enferma después de la enfermedad que podría haberse prevenido con la vacunación, la persona no ve que fue su inacción, su no vacunar, lo que generó el riesgo de la enfermedad, y atribuye eso al destino o la casualidad. Otra equivocación, porque aquí hay una relación causal entre la ‘inacción’ y lo que ocurre.  

Como las vacunas evitan que nos enfermemos, no nos resulta evidente la cantidad de vidas salvadas, producto de toda la gente que no se enfermó. Esto también es un ‘problema’ para las vacunas y la medicina preventiva en general, que siempre está en desventaja respecto de la que trata enfermedades ya instaladas. Una cura ‘milagrosa’ de alguien enfermo siempre es más llamativa que el ‘no enfermarse’ de una persona que está tan sana antes como ‘después’. Lo que no pasó (la muerte o la enfermedad) no lo vemos, y no logramos ni siquiera intuirlo.

Otro mensaje que parece haber sido efectivo en contrarrestar la actitud negativa hacia las vacunas fue no discutir evidencias individuales, que quizá requieren que la persona comprenda algunas sutilezas de la ciencia y de la medicina, sino hablar del consenso científico. En una investigación mostraron que funcionó muy bien decir que el 90% de los científicos concuerdan en que las vacunas son seguras y en que todos los padres deberían vacunar a sus hijos.

También parece haber sido efectivo apelar a la empatía, a la emoción, al explicar que la vacunación de la población protege a los más vulnerables, que quizá no pueden ser vacunados.

El enfoque de comunicación basada en evidencias también se investigó en relación con el cambio climático antropogénico. Dan Kahan considera que, en un tema tan polarizado según la orientación político-partidaria, ‘necesitamos estrategias de comunicación de la ciencia que reconozcan la mejor evidencia disponible que sea a su vez compatible con la pertenencia a los distintos grupos culturales’. Sostiene que tratar de despojar a los temas de sus ‘banderas identitarias’, intentar despolarizarlos, podría ayudar, aunque no da sugerencias concretas.

Como con el caso de vacunas, algo que sí parece funcionar es recalcar que el consenso científico alrededor del tema del cambio climático antropogénico es enorme, con un 97% de expertos que coinciden en que el cambio climático antropogénico es un hecho. Incluso, hablar del consenso sería importante para ‘inocular’ a las personas que todavía no tuvieron contacto con la desinformación (¡como hace una vacuna!): si primero se enfatiza el consenso, cuando llega luego el mito de que el cambio climático antropogénico no existe es rechazado con más facilidad que si el mito llega sin que la persona tenga previamente la información acerca del consenso.

No todos están tan convencidos de las evidencias que dan los experimentos en comunicación efectiva, y por varios motivos. Para empezar, el efecto rebote que se describió en algunos casos, y que discutimos más arriba, no aparece siempre. Hay incluso quienes están sugiriendo, en los últimos meses, que el efecto rebote podría directamente no existir en prácticamente ningún caso. Además, Nyhan y Lewandowsky, dos de los grandes propulsores de la existencia del efecto rebote, están aparentemente revisando sus posiciones a la luz de las nuevas evidencias.

Hay razones metodológicas que pueden explicar por qué el efecto rebote aparece y desaparece según la situación. Por ejemplo, la comunicación depende mucho de las personas que participan del estudio: ¿son voluntarios o no?, ¿son los estudiantes universitarios del científico a cargo del estudio, o personas a las que se llega con una encuesta online, o los que completan un formulario en papel?, ¿son representativos de la población general? Y, en estos temas particularmente complejos como mitos sobre la vacunación o el cambio climático antropogénico, lo que parece funcionar en una persona que tiene una duda leve, ¿funciona en quien tiene una duda más intensa, o una postura extrema totalmente tomada? Posiblemente el efecto rebote se vea preferentemente en las personas que ya tienen una postura tan fuerte que no la van a cambiar. Estas personas están de algún modo ‘radicalizadas’, pero son muy pocas. En vacunación, se estima que hay aproximadamente 10 personas que dudan de las vacunas por cada antivacunas extremista.

También, claramente, depende del contexto alrededor de cómo se hacen las intervenciones y las preguntas posteriores: ¿de qué manera se hacen?, ¿es lo mismo un texto que una imagen?, lo que parece funcionar a determinado tiempo, ¿funciona a largo plazo?, ¿cuánta confianza inspira la investigación, o los investigadores a cargo, en la persona?

Y, por supuesto, también depende de los investigadores y de cómo diseñan los experimentos: ¿pueden estar influyendo sus propios sesgos personales en el diseño experimental o el análisis de los resultados?, ¿pueden estar influyendo sus redes de contacto entre científicos del mismo tema, tanto colaboradores como competidores?

Como si esto fuera poco, una cosa son los experimentos hechos en laboratorio y una muy diferente lo que ocurre en la vida real, mucho más compleja, menos controlada por los investigadores y en la que lograr que la opinión pública vire sobre un tema puede llevar muchísimo tiempo, especialmente si el tema se asocia a cuestiones identitarias tribales polarizadas.

En este resistir la información que nos contradice, y que incluso quizá podría generar efecto rebote, unos investigadores observaron algo que también da una luz de esperanza. Si se insiste con la información correcta, la incomodidad que nos produce va aumentando, hasta que se llega a una especie de ‘punto de quiebre’, que es personal para cada uno, en el que se empieza a revisar la postura propia llegando, a veces, a cambiarla.

Como un ‘Miente, miente, que algo queda’, pero al revés.

En comunicación basada en evidencias nos falta recorrer mucho más camino del que ya recorrimos. Estamos todavía en una situación ‘pre-consenso’, y por eso se ven tropiezos y algunas idas y vueltas. Esto, más que una debilidad, muestra la fortaleza del mecanismo propio de la ciencia, que revisa siempre lo anterior y lo pone a prueba. Tenemos que seguir.

Si nos incomoda no tener todavía respuestas claras y nos tienta mucho explicar las cosas suponiendo que los demás adoptan posturas equivocadas porque no saben suficiente y nuestra explicación les dará la información que necesitan, estamos en problemas. Primero y principal, es una incomodidad producto de no tener una explicación clara y sencilla, lo que nos hace preferir una explicación alternativa clara, sencilla, y quizá también equivocada, como puede ser la de que supone que las personas no saben y solo necesitan ser informadas.

Pizca de introspección acá para reconocer las trampas, las mismas trampas… Quizás preferimos el mito del modelo de déficit de información, ignorando las evidencias sólidas de que no funciona, sencillamente por lo mismo que decíamos antes. Los mitos tienen narrativas especialmente seductoras. Meta-mito al ataque, otra vez.

Entonces, la comunicación basada en evidencias nos dio hasta ahora algunas respuestas. Ni completas ni inapelables, pero no es cierto tampoco que no sabemos nada. ¿Por qué, a pesar de que hay evidencias, aunque no sean tantas ni sean definitivas, se sigue viendo una comunicación de la ciencia que considera que a las personas les falta información? ¿Qué está fallando? ¿Por qué el modelo de déficit de información parece un zombie que nunca muere?

En la práctica, las estrategias de comunicación que se llevan adelante no parecen estar cambiando mucho. Ni los estados las modifican al comunicar sus políticas públicas, ni los científicos o comunicadores de la ciencia (en su mayoría) tienen en cuenta estas evidencias para cambiar la manera en la que abordan los temas. Ni los médicos con sus pacientes, ni los docentes con sus estudiantes. Nada. Pero así como fue importante conseguir las evidencias de que fumar causa cáncer de pulmón, también es importante averiguar cuál es la mejor manera de comunicar que fumar causa cáncer de pulmón, con el objetivo de lograr que menos personas se conviertan en fumadores y que, quienes ya lo son, dejen ese hábito. Todavía muchos comunicadores, de muchos ámbitos distintos, siguen suponiendo que la audiencia no sabe, y explican las evidencias una por una, siempre con el mismo formato y el mismo tono. Esto está muy bien para los temas que no ‘generan posverdad’, es decir, para los que no son tomados como una bandera identitaria, o no entran en contradicción con creencias propias, o no despiertan emociones negativas. Pero cuando tenemos temas que polarizan, y delante hay personas que pueden estar bajo esa polarización, ¿no deberíamos intentar usar las evidencias sobre comunicación efectiva con las que contamos, ahora que sabemos que el enfoque tradicional, como mínimo, no sirve? Si, a pesar de todo, el comunicador sigue como siempre, lo que está haciendo es, lamentablemente, emitir señales para su tribu, para nuclear a los ‘buenos’ (los que concuerdan con él) y alejar a los ‘malos’. Y después nos sorprende que estas personas se sientan fuera de la conversación, que sientan que nadie los escucha, que se definan por la distancia respecto de las elites ilustradas que se las saben todas. Incluso, a veces los comunicadores se burlan de estas personas o hablan de ellos de manera despectiva, lo que genera que quienes los siguen (los ‘buenos’) tomen la señal y la reemitan, amplificada, en redes sociales, comentarios de blogs o conversaciones en general. Por ejemplo, en tema vacunas un error frecuente es estereotipar a una persona que solo tiene algunas dudas como si fuera un fanático anti-vacunas. Pero si tratamos a alguien que duda de las vacunas como si fuera un extremista, la comunicación no solo no funcionará sino que corremos el riesgo de colaborar con que se convierta en uno. Todo esto es lo contrario de comunicar, es como si el otro no importara. Es profundizar la grieta y alejar más a los que queremos cerca. Es tribalismo, y entre personas supuestamente ‘racionales’.

-Ugh, la gente se enoja conmigo porque no me leen cuidadosamente. Estoy siendo perfectamente claro. No es mi culpa si todo el mundo me malinterpreta. -Wow, por como suena, debés ser buenísimo en comunicación, esa actividad que es famosa por involucrar solamente a una persona.

Algunos científicos identifican varios problemas en por qué sigue presente el modelo de déficit de información, como la formación de los científicos, que comunican de la manera en la que aprendieron y como pueden (otra vez, intuición y tradición), y no tienen generalmente formación específica en comunicación. Además, la comunicación ocurre en un contexto de tradiciones institucionales que establecen una cultura difícil de cambiar. Particularmente, en ese estudio observaron que los científicos que menos reconocen el valor de las ciencias sociales serían los más propensos a basar su comunicación en el modelo de déficit de información.

Puede que lo que las investigaciones están averiguando sobre comunicación efectiva todavía no haya llegado a estos interlocutores, a la sociedad, y se conserve todavía dentro del mundo académico. Después de todo, no se cambian culturas de un día para el otro. Puede también que esté llegando pero que esta información no esté siendo aceptada y se prefieran las explicaciones de siempre, más sencillas.

Momento. ¿A qué recuerda esto? ¿La información no alcanza para cambiar posturas? ¿Quienes comunican podrían estar haciendo a un lado la ciencia, para seguir basándose en creencias, intuiciones y tradiciones?

Igualmente, el enfoque de comunicación basada en evidencias es relativamente reciente, y los avances más relevantes estuvieron ocurriendo en la última década.

En el caso de la medicina, hablamos de medicina basada en evidencias pero eso no significa que con evidencia de que un tratamiento o un medicamento funcionan ya alcanza. La práctica médica toma eso como base, pero le agrega la experiencia del médico, el contexto de lo que ocurre, los valores y situación particular del paciente, etc. Quizá sería más apropiado hablar de medicina influenciada por evidencias, en vez de basada. Podemos trazar un paralelismo entre esto y la comunicación: cimientos de evidencias, y capas arriba de otra categoría.

En la Retórica, Aristóteles discute el arte de la persuasión, que para él está sostenido por tres pilares: logos, ethos y pathos. El logos es el conocimiento, lo que estuvimos llamando evidencias. El ethos son los valores: una persona que tiene un ethos bueno y luce irreprochable tiene más credibilidad. Por último, el pathos es el aspecto que busca convencer a través de la emoción. Con estos tres ejes, se podía lograr, según él, que las personas cambiaran sus posturas.

En estos tiempos de posverdad, parecería que el logos no importa, y se logra persuadir solo con el ethos, muchas veces aparente y no real, y el pathos. Es el pathos el que explica por qué una buena narrativa emotiva, refleje o no hechos reales, a veces alcanza para persuadir.

Por ejemplo, el mito de la relación de las vacunas con el autismo perdura a través de relatos muy emotivos (pathos) y también porque sigue siendo fogoneado por algunas personas que aparentan ser referentes y que a veces incluso son médicos (ethos): lucen como fuentes confiables, aunque no lo son.

 

Otra vez, nuestro amigo Donald ejemplificando posverdad al incorporar un médico devenido en vendedor de terapias alternativas al consejo de medicina y nutrición de los Estados Unidos.

Cuando se pretende refutar estos mitos solo usando el logos y, a lo sumo, el ethos, no se llega a mucho: esto es verdad y vos lo vas a aceptar porque mi información es buena y yo soy un experto. Los hechos ‘no hablan solos’. No son evidentes. Y es por eso que algunos comunicadores intentan incluir una narrativa que sume pathos.

HNecesitamos también entender el punto de partida de la audiencia y, en lo posible, de cada una de las personas de la audiencia por separado. Aristóteles tenía esto en cuenta, tanto como parte del ethos como del pathos, bajo lo que hoy llamaríamos empatía. Pero para enfatizar este aspecto podríamos hablar de ‘empathos’, palabra inventada pero que nos puede ser útil para enfatizar la importancia de contener el ‘entender lo que entiende el otro’ para la construcción comunicacional. Un camino que está ajustado a la perspectiva del otro. Un puente que se construye sabiendo dónde está el punto final, el territorio que el otro habita actualmente.

Con lo que sabemos hasta ahora podemos decir que no existe el ‘mensaje perfecto’ que va a funcionar con todas las personas. Lo que existe claramente son algunos ‘mensajes imperfectos’ que sabemos que no funcionan con algunas personas y, en menor medida, ‘mensajes perfectos’ para algunas personas particulares en contextos particulares y con temas particulares. Necesitamos que la comunicación efectiva se sostenga en el logos (si no, sería una manipulación deshonesta) y que incluya también los otros tres componentes.

En particular, la emoción es muy poderosa, tanto la posibilidad de expresar la propia como la de conectar con la ajena. Si quien nos cuenta un hecho lo hace de manera apasionada, convencida y amable, nos dará más confianza que si el mismo hecho nos lo cuenta una persona apática o con modos desagradables. Si lo que dice está envuelto en una narrativa que apela a emociones, eso suma. Seguramente es cierto que muchas veces no es que falte información, pero quizá sí falta emoción. Pero claro, la emoción sobra también en quienes sostienen posturas equivocadas, así que apelar a la emoción es visto, por muchos comunicadores, como una especie de ‘tiro en el pie’, algo que, aun si es efectivo a corto plazo, a la larga puede generar mayor desconfianza en las evidencias. ¿Qué conviene hacer? ¿Qué enfoque seguir? No lo sabemos. La realidad es que, hoy por hoy, no está claro todavía.

En temas políticos, en donde la posverdad parece estar haciendo estragos, muchas veces lo central es el razonamiento motivado, y no importa tanto si la información es correcta o no. Esto implica entonces que intentar corregir la información de una persona no tiene mucho efecto en su comportamiento. Podemos ver el papel de la emoción en la reciente elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, algo que suele ser mencionado como ejemplo de posverdad en la política reciente. Su comunicación de campaña prácticamente no tenía contenido, hablaba con un logos vacío. Aun así, generó un ethos propio: se mostró como ‘anti-sistema’, como quien viene de afuera del mundo de la política y no tiene los defectos de los políticos profesionales. Eso resultó creíble particularmente para un grupo de personas que hacía tiempo que sentían que los políticos no les estaban hablando a ellos, quienes confiaron en él y lo votaron. Hoy, ya muchos meses después de la elección, su porcentaje de aprobación ronda el 40% y se mantiene estable en ese valor, aunque con leves fluctuaciones. Por último, dominó magistralmente el pathos: un discurso que apelaba a emociones negativas preexistentes en sus votantes, resonaba en ellos, crecía y se hacía carne y eco en su miedo a los inmigrantes, en el odio a los musulmanes, o en la amenaza de China a la hegemonía estadounidense. Además, usaba un lenguaje poco concreto en el que decía acusaciones no probadas −o probadas como falsas pero que eran lo que sus votantes quizás querían escuchar. Trump supo identificar que había una parte importante de la población norteamericana que no se estaba sintiendo escuchada acá se mostró como maestro del empathos que inventamos recién y redirigió todo su discurso hacia ellos. Logró generar la sensación de que lo que decía era verdadero, aunque no lo fuera. Y así se agrandaba progresivamente la brecha entre lo que ‘parecía’ ser verdad, y lo que realmente lo era. Si se le decía que estaba dando noticias falsas (fake news), él respondía que lo que los demás hacían era fake news.

En una conferencia de prensa reciente, un periodista hace una pregunta y Trump le pregunta quién es. Cuando el periodista responde que es de la cadena CNN, Trump replica ‘Me parecía. CNN noticias falsas. Lo peor’.

Pero esa es la posverdad de Trump, a quien la mayoría de los medios de comunicación masivos desprecian (medios que, por otra parte, no suelen ser vistos con credibilidad por los votantes de Trump, logrando que ese ethos pobre de los medios lo beneficie). ¿Cuál fue la respuesta de los demócratas durante la campaña, y cuál sigue siendo? Muchas veces fue, y sigue siendo, burlarse de Trump y de sus votantes, hacer comentarios ofensivos contra ellos, atacarlos. ¿Algo de esto sirve para persuadir? Por supuesto que no. Solo son señales para la tribu propia. Y la polarización aumenta. En sí misma, la polarización no tiene por qué ser necesariamente un problema. Quizá refleja posturas que no podrán ser conciliadas. Pero el problema aparece cuando esa polarización surge no tanto por diferencias de fondo sino por la imposibilidad de los extremos de habitar una realidad compartida, imposibilidad que proviene de la posverdad.

La comunicación tiene más oportunidades de ser efectiva si se hace con amabilidad, con respeto por la otra persona, aun si no se respeta la idea que esta persona sostiene. Más allá de que eso, ayuda a que la otra persona no se sienta amenazada y se ponga, por lo tanto, a la defensiva.

Modales. Se atacan las ideas, no las personas, como decíamos al principio. Atacar ideas es una manera de fortalecerlas, distinguiéndolas así de las malas: estamos todos juntos en el mismo equipo, tratando de ganar todos mediante la generación de ideas poderosas. Si tratamos a la persona como si fuera estúpida, eso es en realidad alimentar el mito de que lo son. Es un mito nuestro, que tenemos que intentar refutar.

‘Ahora, más que nunca, las ilusiones de lo que nos separa amenazan nuestra existencia. Todos conocemos la verdad: hay más de lo que nos une que de lo que nos separa. Pero, en tiempos de crisis, los sabios construyen puentes, mientras que los tontos levantan muros. Tenemos que encontrar una manera de cuidarnos entre nosotros, como si fuéramos de una sola tribu’. T’Challa, Rey de Wakanda.

Una vez que definimos que seremos amables, ¿qué decimos? Sabemos muy poco acerca de cómo lograr que una persona acepte hechos que contradicen su postura. Pero menos sabemos todavía sobre cómo favorecer que, una vez aceptada la información nueva, sea utilizada para efectivamente cambiar la actitud. Una cosa es aceptar que las vacunas no causan autismo, y una muy distinta es llevar a los hijos a que los vacunen. Una cosa es reconocer que un político ‘propio’ mintió, y una muy distinta tomar eso en cuenta para decidir dejar de votarlo. Se acepta la mentira, la incompetencia o lo que sea, pero eso no modifica las cuestiones emocionales que nos hacen seguir prefiriendo a ese político. Una cosa es saber qué hábitos son saludables y qué comportamientos son riesgosos, y una muy distinta es usar ese conocimiento para cambiar nuestro propio comportamiento.Al menos en medicina, las cosas no parecen estar andando muy bien en este sentido: el comportamiento de las personas no parece modificarse por la información que tienen. El logos no alcanza. Por otra parte, muchas prácticas médicas alternativas, que no se sabe si son efectivas o no, o que directamente se sabe que no lo son, siguen gozando de alta popularidad entre muchas personas. ¿Por qué? Uno de los motivos es que estas personas se sienten rechazadas o no escuchadas por los médicos, se sienten deshumanizadas por un sistema que no se toma el tiempo de conocerlas y entenderlas. Lo que las prácticas alternativas suelen ofrecer, aunque no sean tratamientos que médicamente funcionen, es la posibilidad de un vínculo entre el paciente y quien realiza esa práctica. El paciente es escuchado y siente que alguien está teniendo en cuenta su dolor y su punto de vista. De ahí en más, que la supuesta terapia no esté basada en evidencias pasa a ser información que no modifica una postura, porque la postura fue generada gracias a componentes totalmente distintos: emoción, atención, empatía. Comunicación efectiva, si la hay.

En ‘Construir al Enemigo’, Umberto Eco menciona esta anti-intuitiva forma en la que construimos aquello en lo que creemos: ‘en un monasterio del monte Athos, hablando con el monje bibliotecario, descubrí que había sido alumno de Roland Barthes en París y había participado en el mayo del ‘68. Entonces, sabiendo que era un hombre de cultura, le pregunté si creía en la autenticidad de las reliquias que besaba devotamente cada mañana al alba, durante una interminable y sublime fusión religiosa. El monje me sonrió con dulzura, con cierta maliciosa complicidad, y me dijo que el problema no residía en la autenticidad sino en la fe y que él, al besar las reliquias, percibía su perfume místico. En fin, no es la reliquia la que hace la fe, sino la fe la que hace la reliquia.’

Quizás es acá donde tenemos el verdadero ultimate myth, el mito más mito de todos, el Thanos de los mitos: creemos que las personas basamos nuestras posturas en los hechos, como si el camino fuera primero hechos, y luego postura respecto del tema. La realidad parece ser bien distinta, como si tuviéramos primero las posturas, a las que llegamos por caminos ‘irracionales’ (valores, creencias, emociones), y luego nuestro razonamiento motivado nos ayudará a protegerlas de los hechos que puedan amenazarlas. Como decíamos antes, ‘opinión basada en hechos’ vs. ‘hechos basados en opinión’. Si esto es así, al menos en algunos casos parece claro que contarle la información a una persona le puede provocar rechazo y que, con suerte, la terminará aceptando. Pero que, a menos que sus valores, creencias o emociones sean modificados, no pasará mucho más.

Las cosas parecen ser más complicadas que lo que parecían al principio, ¿no? Y es peor. Tenemos que plantearnos preguntas difíciles, pero mejor plantearlas y no tener respuesta, que barrerlas debajo de la alfombra. Por ejemplo, solemos suponer que la educación nos salvará y, muy posiblemente, en la mayor parte de los casos sea así. Sin embargo, claramente encuentra un borde en las situaciones en las que, por el motivo que fuere, descartamos la información si no concuerda con nuestras posturas previas. ¿Quizá tendríamos que complementar la educación tradicional con este enfoque de comunicación efectiva?

Para comunicarnos mejor con otros, necesitamos un poco de introspección para entender nuestras motivaciones y nuestros sesgos, otro poco de empatía con el otro, y mucho de información.

A continuación, una guía de supervivencia de bolsillo que puede ayudarnos a comunicarnos mejor con otros, en estos tiempos de posverdad:

GUÍA DE SUPERVIVENCIA DE BOLSILLO
Preguntas para tener en cuenta a la hora de comunicarnos mejor

Nuestro comportamiento tribal puede estar colaborando con que generemos involuntariamente una situación de posverdad. Para ayudarnos a identificarlo y combatirlo, podemos probar con preguntarnos esto:

1. ¿Nos motiva la verdad? Si la respuesta es sí, nos interesará que el otro la conozca, y también considerar que quizá nosotros no la conocemos y estamos equivocados.

2. ¿Nos motiva desarrollar un vínculo significativo con el otro? Si la respuesta es sí, recordar que compartir un territorio al que ambos entiendan como real es el único lugar donde ese vínculo puede existir y florecer.

3. ¿Estamos tratando al otro con empatía y respeto por su persona, aunque no haya respeto por sus ideas? Momento de analizar si estamos discutiendo uno frente al otro (en un juego de suma cero) o ambos, en equipo, buscando la verdad (un juego cooperativo, de no suma cero).

4. ¿Quién es el otro? ¿Qué ideas sostiene? ¿Qué lo motiva? ¿Cuáles son sus creencias? ¿De qué manera ve el mundo? ¿Qué podemos aprender de esa perspectiva que no tenemos en la nuestra?

5. ¿Estamos razonando de manera motivada? ¿Cuáles son nuestros sesgos? ¿Estamos poniendo nosotros el carro delante del caballo?
¿Podemos contextualizar el tema de manera que no sea tan amenazante para el otro? ¿Despolarizarlo, sacarle las marcas identitarias, reconocernos de una misma tribu que el otro?

6. ¿Cuáles son las mejores evidencias disponibles sobre comunicación efectiva en el tema y contexto que nos convoca? ¿Estamos dispuestos a tenerlas en cuenta? ¿Queremos hablar con o hablarle a alguien?

7. ¿Tratamos de adaptar nuestra comunicación a quién es el otro? (empathos).

8. ¿Conocemos los hechos (logos)? ¿Tenemos credibilidad ante los demás (ethos)? ¿Queremos sumar pathos a nuestra comunicación?

9. ¿Nos cuidamos de no generar efecto rebote en el otro centrándonos en los hechos y no en los mitos, usando la estrategia KISS y no abrumando con exceso de información?

10. ¿Nos importa ‘educar’ al otro, es decir, que acepte la información correcta? ¿O que cambie de postura y comportamiento, es decir, persuadirlo?

11. ¿Pueden mis posturas estar siendo afectadas por tribalismo? ¿En qué medida? − Si la respuesta es sí: entrenar la introspección. Si es no, entrenar más la introspección porque lo tribal nos afecta a todos.

No se trata de una discusión abstracta sobre la naturaleza de la realidad, sino que, una vez visualizadas sus consecuencias prácticas, permitir que crezca se puede ver como un problema de salud pública.  Se trata de evitar la posverdad para sobrevivir, y es en ese punto que debemos preguntarnos si preferimos tener razón o ganar, recordando que es un ganar que se define como acercarnos juntos a la verdad, un ganar que nos incluye a todos.

En este texto abordamos uno de los aspectos más complicados en la lucha contra la posverdad: cómo comunicarnos con alguien que hace a un lado la verdad, sea por el motivo que fuere. Lo que comenzó con una sencilla pregunta acerca de si funciona o no ‘tratar de educar’ a esa persona, dando por sentado que si rechaza la verdad es porque no sabe del tema, fue cambiando a cuál es la manera que sí funciona para comunicarnos con esa persona. Y ahí vimos que, al menos por ahora, no lo sabemos del todo. Este ‘no lo sabemos’ es lo que vemos al analizar la mejor evidencia disponible sobre comunicación basada en evidencias, y reconocer que todavía no estamos en una situación de consenso claro. Es decir, miramos lo que nos dice la ciencia de la comunicación de la ciencia, y lo que notamos es que no nos da todavía una respuesta contundente. En el camino, fuimos marcando lo fácil que es para todos nosotros preferir un mito, de estructura simple y contenido seductor, antes que una realidad confusa y compleja.

No tenemos todavía una respuesta acerca de cuál es la comunicación efectiva para cada situación, pero sí sabemos que basarnos en evidencias a la hora de intentar comunicar seguramente nos dará respuestas poco a poco. No ofrecemos respuestas definitivas pero sí esta propuesta: seguir investigando en comunicación.

Pero hay algo que no estamos abordando y es realmente complicado: es extremadamente desgastante estar todo el tiempo atentos a cómo conocer al otro para entenderlo mejor, a ver si nosotros mismos no estamos cometiendo errores, si tenemos la información correcta y la comprendemos bien. Es difícil, y tenemos que ocuparnos de eso mientras tratamos de vivir nuestras vidas, en medio de todas nuestras preocupaciones y alegrías. Pero, como siempre, necesitamos preguntarnos cuáles son las alternativas. No ocuparnos de esto es ceder el control a otros, es seguir hundiéndonos progresivamente en algo que parece verdad y no lo es, es permitir que nos dé más o menos lo mismo lo que nos rodea, con tal de que no nos moleste demasiado, con tal de que se asemeje a nuestras expectativas de la realidad aunque no la refleje adecuadamente.

En una cita del siglo XVIII, Edmund Burke dice que ‘lo único que se necesita para que triunfe el mal en el mundo es que las buenas personas no hagan nada’. La pelea por un territorio compartido de verdad puede ser agotadora, pero eso no implica que podamos darnos el lujo de no darla.

Bancá Gato.

Hay 12 comentarios

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  1. Carla

    Hay algo que se pueda hacer para intentar establecer una comunicación con alguien que basa su discurso sólo en creencias religiosas, o es una batalla perdida desde el vamos? Intento approachear a mi vieja desde distintos ángulos sobre distintos temas y su religión (absolutamente sectaria) es la base de sus razonamientos, y siento que nada de lo que diga puede llegar a hacerla moverse de esa base falsa para poder siquiera considerar otras visiones. Porque además todo para ella es conspiración . Me frustro de sólo pensarlo.

    • Pablo A. González

      Carla, buenas. Yo tuve el mismo desafío con mi viejo (no es religioso, pero es antiperonista, que es un axioma indistinguible del religioso), hablando sobre drogas.

      Mi estrategia empezó por decirle que no buscaba confrontar con él, que lo que quería era que los dos, juntos, buscaramos encontrar una postura que representara el bien común. La segunda fue decirle explícitamente que yo entraba a esa conversación dispuesto a cambir de idea, que lo que le pedía era, a él, hacer lo mismo. En tercer lugar, le hice notar cada vez que repetía discurso televisivo, le pedía las fuentes, le preguntaba quién era la persona que había articulado esa idea, qué tan checkeadas estaban las fuentes y si le parecía que las personas que lo decían podían tener intereses en el tema (entrega 2 de Posverdad).

      Pocas veces tuvimos una charla tan fructífera. Los dos ajustamos nuestras posiciones y, por sobre todo, pudimos charlar. Unos días después, ya estaba leyendo Un Libro Sobre Drogas con re buena predisposición, ajustando sus posturas a la evidencia y no al revés.

      Paciencia y perseverancia. <3

        • Pablo A. González

          No te creas (aunque gracias por la chicana, me sirve para profundizar). Mi viejo es una persona desencantada por la política en general, con un perfil másbiendeizquierda, así que no es estrictamente antiperonista como identificador principal, sino que lo correcto sería decir ‘anti’ como identificador principal. Lo que puedo decirte es que a medida que conversamos, se reconfiguró ese antiperonismo en algo más cercano a esa psotura de anti generalizado, donde el peronismo ya no se lleva más un lugar particular respecto del cual ordenarse sino que ahora observa la posibilidad de oponerse a múltiples fuerzas políticas y también a apoyar ideas que antes hubiese rechazado por su procedencia. Enorme avance.

  2. Marcos

    Muy bueno, excelente, ahora, un ejemplo practico, a mi me parece que esta lleno de falsedades lo que dice este video que quiere demostrar que las falsedades son del otro

  3. Fede

    Es muy difícil entrarle a un texto tan largo, enrevesado y con tan pocos ejemplos, ni hablar que usan el rojo, la cursiva y la negrita demasiado, pierde relevancia lo destacado cuando es tanto, incluso hay partes con diferente tamaño de tipografía. Como sugerencia, ya que la idea es comunicarnos mejor, pondría bien adelante la guía de bolsillo y, encolumnaría el resto del contenido para quien quiera profundizar más sobre cada tópico. Saludos!

  4. Francisco Germán

    Muy interesante, como todas las entregas de Posverdad hasta ahora.
    Como crítica, si se me permite, me resulta un poco demasiado abstracto. Si la idea es que se transforme en libro le vendría bien algún ejemplo más, y concreto, de manera de bajar los conceptos, o más conceptos, a tierra.
    Un ejemplo de algun tema de actualidad para ilustrar esos conceptos agregaría pathos al logos.

  5. Pela

    Tengo tantas cosas que preguntar y cuestionar que no sé por dónde empezar. Lo que hace del texto una maravilla. Me encanta.

    Somos varios los que hoy por hoy estamos lidiando con un problema no de una posverdad, sino una red de posverdades. Hay ciertos individuos que repiten incesantemente una serie de argumentos posverdaderos, en el sentido de que son comprobadas mentiras que sostienen como patas una postura que no se cae aunque le hayamos quebrado todas las patas. ¿Qué hacemos en este caso, cuando hay tantas patas?

    Quizás podríamos aplicar la estrategia de plantear que Trump ganó explotando la posverdad y esperar que al serle relativamente libre de prejuicios, el otro lo acepte, y esperar que eventualmente se de cuenta de que la cuestión es isomorfa a la local. Esto parecería ser un camino más corto y sin embargo lo he visto fracasar (pero tampoco puedo hacer inducción con n=1). ¿Alguna idea?

  6. Facu

    Hola! La verdad que cada vez que leo un artículo de ustedes,me lleva a largos procesos de introspección,de los cuales considero que aprendo muchísimo. Gracias por eso!
    Algunas críticas constructivas:

    Creo que lo comentaron ya,pero me parece que son bastante largos los artículos,lo leí encantado,pero a la vez me agotó un poco acompañar la lectura de un pensamiento crítico-introspectivo,e intentando además deconstruir todas aquellas cosas que suman o no a un intercambio de ideas y a una construcción o búsqueda de”la verdad”.Se me ocurre que podría ser más en etapas o procesos,que sean más asimilables para el lector.

    Creo que quienes leemos,ya sea esta tanda de artículos,o el futuro libro,lo hacemos por que de alguna forma queremos mejorar nuestra forma de comunicarnos,y de aprender a construir con los demás.Por eso me parece que estaría bueno tratar más en profundidad y ejemplificar aquellos tópicos con los que muchos de nosotros nos topamos,y nos resultan tan ajenos a nuestro pensamiento que no sabemos ni por donde empezar.En mi caso,se me ocurren: Pro-vida, tierra-planismo y anti-vacunación.
    Eso es todo por hoy jeje. Espero con ansias la publicación del libro!!

  7. Pablo

    Me pareció excelente el capítulo. Igual comparto un poco lo de algunos comentarios que dicen que la lectura es un poco enrevesada, y quizás no sea accesible o atractiva para gente que no está ya metida en el tema, como los que comentamos :p
    Otra cosa que me parece interesante es que usan en general ejemplos con Trump en vez de con temas locales. Se podría incluir algo de eso o es a propósito para no polarizar y perder el foco?

  8. Francisco M. Gómez S.

    Excelente! Como siempre.
    Algo que me quedó pendiente es cómo hacer cuando la postura del otro lado es parte de la identidad de la persona. ¿Hay algo que podamos hacer ahí?
    Más arriba Pablo responde una pregunta con un muy buen método que pudo usar con su papá para llegar a tener charlas más abiertas, aunque es una bendición cuando hay un vínculo tan fuerte como padres e hijos donde el pathos viene gratis y por montones. ¿Alguna idea que pueda dar resultados con gente donde no hay tanta empatía? (Más allá de lo obvio de que hay que generar empatía, la pregunta iría más bien por el “cómo”, partiendo de la idea de que la otra persona incluso nos puede ver como un enemigo desquiciado que amenaza atacar la base de todo lo conocido)

  9. Arbitrario las boubas | El Gato y La Caja

    […] muerto y otros niegan que las vacunas tengan un efecto extremadamente positivo sobre la salud. Estar convencido de que algo es de una manera hace mucho más fácil encontrar evidencias a favor de…. A este problema se suma que la cantidad de lenguas que una persona puede conocer con cierta […]


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