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Barbas

IMG:  Filigrana de Ideas  

Nemo Hipster

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En mayor o menor medida, todos nos parecemos a nuestros padres. Generalmente y por obvias razones de género, ellas se parecen más a mamá y ellos se parecen más a papá (siempre que papá sea papá). Esto es fácil de comprobar cuando, en una sobremesa de domingo, tu hermana no tiene mejor idea que sacar de un cajón recóndito el enorme álbum de fotos de cuando eran chicos. Una vez que todos terminaron de estornudar, empieza el clásico intento de reconstruir la historia. Lo bueno es que de grande ya no preguntás ‘¿Y yo dónde estaba?’, porque ahora sabés qué significa el ‘Vos todavía no existías’, y no está bueno.

Más allá de no entender cómo seres tan tiernos y hermosos derivaron en nosotros, lo más loco de repasar esas fotos es, sin duda, tratar de explicar cómo, con ese bigote que usaba tu viejo, tu vieja accedió a que vos dejaras de dejar de existir.

La barba, casi nuestra única arma. Ellas tienen un arsenal de recursos: plancharse el pelo, ondularse el pelo, cosas con el pelo que no entendemos; pintarse los labios y los ojos; ponerse tacos, pushups, calzas, vestiditos, aros, colgantes, parrillas y pterodáctilos. Nosotros, en cambio, sólo podemos especular la distribución del tupido facial. Una cara, un espejo y una afeitadora contra un armario de 3 pisos y un container de cosméticos. Algo así como que EE.UU y China se aliaran para invadir Berazategui.

Entonces llega el sábado y vos tenés que salir a probar suerte. Porque no da hacerlo un martes a las 10 de la mañana en una parada de bondi. Ahí es demasiado fácil. No hay competencia, casi no hay humo, no hay gente que los pise ni música que no los deje hablar. Mejor pagar un montón de plata para hacer cola en el baño mientras te recuperás del principio de epilepsia que te regaló la luz estroboscópica.

Así que ‘hoy se sale fuerte’. Lista la camisa, el jean y los zapatos (porque si no la piñata de anabólicos no te deja entrar al coliseo del ruido). Pero todavía no resolviste lo más importante. Te apostás frente al espejo y empezás a repasar los antecedentes. Recordás que una vez tiraste baby face y mal no te fue, pero también está aquella otra ocasión en la que te pintó el Náufrago y ganaste. Y medio que pará de contar. Los resultados son ambiguos y no sabés qué hacer. Entonces te enojás. Porque cómo puede ser que haya subsidios para estudiar si las pulgas del perro saltan más alto que las del gato o el comportamiento necrófilo heteroflexible del pato, pero que ningún académico te tire la posta sobre el vello para estar bello.

Tranquilo, dandy. Here comes the ciencia.

Lo primero que sabemos es que sí, la barba importa, y podrías tunearla según tus deseos de encontrar compañía para toda la noche o para toda la vida. Porque parece ser que una barba intermedia, de un par días, resulta más atractiva y viril que un rostro afeitado; mientras que curtir una onda frondosa te deja más cerca de ser un potencial re buen padre. El propio Papá Noel, en sus numerosas denuncias por cosificación, revela que el piropo navideño más frecuentemente recibido suele ser ‘Haceme pibitos, Santa’.

Toda esta información nos viene al pelo, pero la cosa no termina acá. Porque uno no sale a la calle y simplemente ve losers lampiños, barbetas ganadores y barbudos Botana. Allá afuera hay un mar de estilos que van y vienen; que salen y entran por la puerta giratoria de la moda, cargados de triunfos y derrotas. Y cuestionarnos de dónde venimos y hacia dónde vamos es mucho más existencialista pero bastante menos pragmático que preguntarnos si existe algún patrón afeitístico que nos arrime a arrimar.

Quién iba a pensar que la respuesta vendría de la mano de los guppies, unos pececitos de colores divinos cuya evolución genética sigue lo que se conoce como ‘dependencia de la frecuencia negativa’ (NFD, en inglés). Básicamente, lo que ocurre es que los individuos con motivos más raros son menos propensos a ser almorzados por sus predadores y además tienen mejor suerte con las hembras. Esto lleva a que los peces con ese motivo empiecen a reproducirse cada vez más y que entonces, por herencia genética, ese motivo deje de ser hipster para pasar a ser la nueva moda. Ahora son otros los motivos del under que empezarán a tener más suerte, hasta volverse populares, y así. Cuando dejás Cemento, tu motivo tiene las generaciones contadas.

Según un estudio reciente, la dinámica de barbas vendría por ese lado. Lo que hicieron fue agarrar unos 1600 participantes (mujeres en su mayoría) y presentarles fotos de hombres con 4 estilos de barba distintos. Pero cada estilo era presentado en un contexto diferente. Por ejemplo, les mostraban muchas fotos de hombres barbudos y al final algunas fotos de los mismos hombres, pero afeitados. También probaban la combinación inversa, es decir, les mostraban varias fotos de hombres afeitados y después unas pocas fotos de esos hombres, antes de afeitarse. El resultado fue claro: lo que garpa es la vanguardia. Los rostros afeitados eran considerados más atractivos cuando se enseñaban en un contexto de peludos, mientras que a las barbas tupidas les iba mejor cuando eran presentadas después de caras afeitadas.

La conclusión general es que no hay un estilo to rule them all, sino que depende, de manera análoga a los motivos de los guppies, de su frecuencia en la población con respecto a la onda colectiva del momento. La barba estaría siguiendo entonces una dinámica de NFD. Un estilo extraño, poco frecuente, al principio gana. Como la está pegando, de a poco todos van avivándose y subiéndose a la moda. Entonces se vuelve común, deja de ser novedoso y un nuevo estilo, raro al principio, empieza a acaparar las miradas. Esto podría explicar un poco por qué varía tanto el uso de barbas, bigotes, patillas y chivas a lo largo de las épocas. Salvo el típico caso de la barba candado que, como todos sabemos, siempre es de garca.

La naturaleza está llena de patrones, o al menos eso pretendemos. Es poco probable que Gillette contrate a Nemo para sus publicidades —aunque suele convocar famosos con capacidades dramatúrgicas no muy superiores a las de un pez— pero es interesante ver cómo un elemento cultural tan complejo como la moda puede pasarle bastante cerca al proceso de selección natural de un simpático y remoto pez caribeño.

La ciencia nunca te deja a pata. A veces te salva la vida, a veces te salva la noche. Y a veces te muestra que en la variedad, además del gusto, está la evolución.

Ilustración:  Filigrana de Ideas