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301.-Carne

Larga vida a la carne

Todo estudiante de biología se enfrenta, inevitablemente, con una enorme cantidad de preguntas. Y ojo, las preguntas son todo: nos guían, nos permiten explorar; un poco nos hacen lo que somos. El problema es que, cuando te preguntan 10 veces en una misma cena de dónde sale un tumor, cómo bajar el ‘colesterol malo’ y por qué se me está muriendo el potus que compré en Calamuchita, se pone un poco intenso. Capaz tiene que ver con mi certeza sobre esas preguntas. Conozco algunas cosas sobre los tumores, tengo una idea de cómo ‘bajar el colesterol malo’ (y de los problemas de acomodar así la pregunta), y definitivamente no me molesta saber nada sobre potus o como sea el plural de ese vegetal omnipresente (¿potuses?, ¿poti?). Lo que me picó un poco más fue mi propio Dunning-Kruger, cuando mi abuela de 86 me preguntó ´Oíme, nene, ¿qué es todo esto de la radiación y la carne?´. Como mi abuela sabe perfectamente qué es la carne, tuve que explicarle qué era lo otro. Que no tenía sentido, que claramente la radiación no puede generar nada negativo en la comida, y listo. El problema fue que la abuela, ahora entrenada en la fantástica costumbre de exigir evidencia en las discusiones, me pidió los papeles de esa afirmación, y yo no supe bien qué decirle. Así que tuve que tener mi propio viaje argumentativo, en una aventura más sobre las personas, la radiación y el miedo.

Abuelas basadas en evidencia.

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Radiación es la manera que tenemos de llamar a la propagación de energía en forma de ondas electromagnéticas o partículas subatómicas. Existen distintos tipos, pero básicamente está por todos lados. Y cuando digo por todos lados me refiero a que el celular que tenés en la mano o la compu frente a vos están emitiendo radiación sin parar.

Las ondas electromagnéticas como la luz visible, los rayos X, rayos gamma, entre otros, son todas emisiones radiactivas. Es totalmente cierto que algunos tipos y cantidades de radiación son dañinos. La luz UV, de distintas maneras, genera cambios en el ADN, lo daña. Por ejemplo, la razón por la que usamos crema solar es para protegernos de los rayos UVB del sol, que si nos pegan por un rato largo, pueden dañar el ADN y aumentar la probabilidad de generar un tumor.

Estamos muy habituados al uso de radiación porque aprendimos a tener cuidado (salvo Marie). Los radiólogos tienen un número máximo de horas que pueden trabajar antes de que sea riesgoso, sabemos que los microondas tienen que estar hechos de maneras específicas y podemos inyectarnos Yodo radiactivo para hacer un centellograma.


No se si el gato está vivo o muerto pero seguro está irradiado. Bah, mentira, está muerto.

Para dejarlo un poco más claro: Estar expuestos a la luz del Sol o de un semáforo implica que estamos siendo atravesados por radiaciones. Sin embargo, después no somos un objeto emisor que brilla como Mr. Burns. Para serlo hay que bombardear con tipos y cantidades de radiación específicos, que existen y pueden ser realmente peligrosos.

En 1895, Wilhelm Röntgen empezó a jugar con algunos materiales y tipos de luces y encontró ‘un nuevo tipo de rayo’. En 1896, Henri Becquerel lo reorganizó y llevó a un mejor entendimiento de la radiactividad. No tardaron mucho en encontrar aplicaciones prácticas para todo este caos de ondas; de hecho la patente británica N°1609 fue dada en 1905 a J. Appleby y A. J. Banks por su invento ‘para proveer de una mejora en la condición de la comida’ y en ‘conservar la calidad en general’. Los tipos propusieron que el tratamiento de la comida principalmente de los cereales con sustancias radiactivas tenía ‘la excepcional ventaja de no tener que usar compuestos químicos’. Durante el resto de los años hubo otro montón de personas que vieron lo mismo: cuando le aplicás a algo vivo una determinada cantidad de radiación, deja de estar vivo.

Así como hay cosas radiactivas por todos lados, también hay cosas vivas por todos lados: un cuerpo sano tiene aproximadamente 100 billones de células bacterianas, la baranda de la escalera, el asiento del subte, el celular, la cama, las manos; todo está lleno de bacterias. Como no podemos eliminarlas (ni queremos, porque a algunas las necesitamos muchísimo), tenemos que encontrar la mejor forma de convivir con ellas. Hay miles de tipos distintos, pero las que mejor pueden vivir dentro nuestro (aunque ahora sabemos que es normal que ‘nuestro’ incluya células ‘no propias’) necesitan determinadas temperaturas y condiciones del ambiente. Poner comida en el freezer, por ejemplo, no es una de esas condiciones que las benefician para crecer; el frío no les gusta mucho y frenan su desarrollo. Por esto si dejamos el queso, la leche o la carne fuera de la heladera a temperatura ambiente, el crecimiento se descontrola y empezamos a tener sopas bacterianas que pueden generar varios problemas si se las ingiere.

Cocinar va en el mismo sentido. No sólo es hermosa la polenta calentita en invierno sino que elevar la temperatura rompe (desnaturaliza) moléculas que las células tienen y que les permiten funcionar de la forma en que lo hacen. Poner algo al fuego hace que las moléculas que les sirven a las bacterias y hongos vivir y luego colonizarte, entre otras, ya no sean funcionales. Comer ceviche mal hecho, sushi no fresco o una hamburguesa de dudosa procedencia no sólo es feo sino también peligroso (o, Evolución mediante, nos resulta feo probablemente por ser peligroso).

Con el objetivo compartido que persiguen cocinar o refrigerar, domesticar lo biológico, desde principios de 1900 hasta mediados de siglo surgieron algunas empresas que usaron la irradiación para fines comerciales, pero terminaron quebrando porque las maneras de hacerlo no eran posibles a nivel industrial. No era escalable.

Todo siguió más o menos igual hasta que llegó Estados Unidos. La preservación de la comida por radiación ganó mucha fuerza cuando, en diciembre de 1953, Eisenhower se paró frente a la ONU y les tiró la idea de hacer un programa que se llame Atoms for peace. La OMS y la FDA crearon un comité específico para estos asuntos que consideró que, si se iban a irradiar alimentos con rayos gamma, había que mirar dos cosas: no debería haber microorganismos patógenos y no debería haber cantidades significativas de productos tóxicos generados como resultado de la irradiación. Esto resultó, para sorpresa de nadie, en muchísimos estudios alimenticios con animales de laboratorio, donde se chequearon efectos mutagénicos, carcinogénicos, genéticos y toxicológicos.

Los experimentos que se miraron para llegar a esa decisión consistían de dos partes fundamentales. En primer lugar, irradiaban alimentos con determinados dosajes y medían cómo estaban las bacterias y virus que andaban por ahí (in vitro). En segundo lugar, agarraban la comida irradiada y se la daban a animales durante un determinado tiempo, luego se fijaban si había afectado su capacidad de reproducirse, de dejar descendencia fértil y viable y la incidencia de muertes por tumores (in vivo). Hay muchos trabajos hechos de esta manera. El tema era encontrar un equilibrio entre aquellas dosis radiactivas que maten la mayor cantidad de virus y bacterias pero que no maten al ratoncito de laboratorio y menos a la tía Norma mientras se come un chori en el asado del domingo.

Para dar un caso específico, los gráficos de abajo muestran la abundancia de bacterias en un pedazo de carne en función de la intensidad de radiación que recibe. Las curvas van todas para abajo, es decir que a medida que aumenta la dosis absorbida, mayor es la proporción de bacterias que mueren.

Es importante decir que no hay muchos trabajos como estos hechos en humanos, y los que existen muestran que no hay efecto de la comida irradiada sobre el consumidor, pero suelen ser experimentos de semanas de duración. Lo ideal sería analizar un gran número de humanos durante mucho tiempo y ver qué pasa, pero como no tenemos tanto tiempo y, por suerte, hay comités de ética, tomamos como válido lo que pasa con animales de laboratorio.

Después de todos estos papers, en 1980 el Comité sobre la inocuidad de los alimentos irradiados dijo:

‘La irradiación de cualquier producto alimenticio con una dosis de hasta 1Mrad (10KGy) no presenta riesgo toxicológico y no introduce cambios nutricionales ni microbiológicos especiales, por lo que no es necesario chequear los alimentos irradiados’.

Este recorrido histórico termina con la OMS fundando un comité que recomienda y asesora a distintos países en el uso de alimentos previamente irradiados. En ‘Reglas doradas de la OMS para preparar comida segura’ (esto existe de verdad) dicen:
Regla N°1: ‘…siempre comprá pasteurizado en vez de leche cruda, y si tenés la posibilidad, elegí carne tratada con radiación ionizante‘. Hasta crearon un símbolo obligatorio para poner en las comidas; esto permite que, a diferencia de otras cosas, sea el consumidor el que elige entre comer irradiado o no.

¿Por qué larga vida?

Todos los alimentos tienen millones de bacterias, el tema es tenerlas a raya y que no crezcan sin parar hasta que la carne tenga un sabor horrible y el inodoro se convierta en tu mejor amigo. El valor comercial de todo esto está en que hasta ahora también podías tener carne por un tiempo prolongado sin comerla, siempre y cuando esta se encontrara en el freezer. La bacteria Escherichia coli, por ejemplo, es capaz de reproducirse cada 20 minutos. Eso significa que si ahora tengo una bacteria, en 20 minutos voy a tener dos, en dos horas 64 y en 6 horas casi un millón. Meter comida en el freezer cumple la función de frenar el crecimiento de estas cosas vivas, que necesitan una temperatura más cercana a la de nuestro cuerpo para crecer; el frío no las mata pero las frena. La carne se empaqueta al vacío, que es un concepto delicado aunque, a los fines prácticos, podemos decir que es un paquete donde no hay aire. La irradiación se puede hacer una vez que la carne está empaquetada, proceso que matará muchos de los organismos vivos que hubiera. A los que queden les va a resultar MUY difícil reproducirse y crecer en esas condiciones. Esto es así porque casi todos los procesos celulares necesitan energía y para generarla utilizan algunas cosas del aire. Sin aire no hay energía, sin energía las células no pueden hacer mucho.

La manera de llevar a cabo el proceso de irradiación de carnes es utilizando un isótopo del Cobalto capaz de emitir rayos gamma. Por más que suene increíblemente genial, el bife de chorizo no va a estar expuesto a rayos gamma en un accidente trágico como Hulk, que por cierto hubiese sido muy sancionado por higiene y seguridad. Es tan simple como un pedazo de carne andando por una cinta transportadora que da vueltitas en un cuarto que está irradiado por la fuente de Cobalto 60 y listo el pollo (cuac).

Como el fordismo pero con más Cobalto.

Tenemos entonces suficientes evidencias para decir que, con la dosis correcta, la carne irradiada no nos va a dar superpoderes (una pena) pero sí va a disminuir la cantidad de patógenos que haya en los alimentos.

Pero ¿qué onda el gusto la bondiola irradiada? ¿Tiene sabor a cerdo o a Kryptonita? Al igual que lo que ocurre con los efectos sobre la salud del consumidor, la cantidad de radiación utilizada también impacta sobre el sabor y el olor de los alimentos, dos sentidos que van de la mano. Irradiar algo genera especies moleculares de mucha energía; algunas de estas se llaman especies reactivas de Oxígeno (ROS) y son muy peligrosas para las células, tanto que son unas de las culpables de que mueran las células patógenas en la colita de cuadril. Pero también afectan a proteínas y lípidos: aparecen moléculas volátiles que antes no estaban, por ejemplo, lo cual puede generar olores distintos. ¿Esto significa que si como carne irradiada va a tener sabor y olor a ladrillo? No. Hay maneras de evitar los malos olores y esto no es una propaganda de desodorante de ambiente. La forma de hacerlo es sumar un par de pasos al proceso: congelar la carne y agregarle alguna cosita que cambie la atmósfera del empaquetado (nada raro) antes de irradiar. De esta forma, el sabor y olor de la carne irradiada es más tentador o igual que el de la carne normal.

Pero queda un último punto por revisar; quizá la carne no cambie su sabor ni me convierta en Hulk (ABURRIDO), pero sí cambie su composición nutricional. La tabla de abajo muestra los estados de elementos claves en la alimentación como porcentaje de proteínas funcionales y de grasas. No hay diferencias significativas entre irradiar con rayos gamma y congelar. Es cierto que el proceso puede modificar el estado de algunas vitaminas, pero ese cambio es muy parecido al que se genera al cocinar.

Medición Número de muestras Pollo congelado Pollo irradiado con Cobalto 60 (rayos gamma)
% Agua 12 65,4 65,1
% Proteico 12 20,2 20,0
% Grasa 12 12,4 13,0
% Cenizas 12 1,9 1,9
% Cloruro de Sodio 12 0,85 0,85
% Fósforo 12 0,265 0,260
% Nitrógeno no proteico 8 0,36 0,38
pH 8 6,39 6,40

Sacado de ‘Irradiation of poultry meat and its products. A compilation of technical data for its authorization and control.’

En definitiva, todo (o por lo menos todo lo que la evidencia muestra) parecería indicar que no corremos peligro con la movida de la carne irradiada; algo que yo creía evidente pero que no tenía idea de por qué, sino más bien la sensación de gentepreocupadaporalgomásbienobvio. Hasta que la bobe Nina me dio un bife hermoso de humildad, recordándome que la sensación de que algo es obvio está siempre ahí, agazapada, esperando que nos confiemos y dejemos de cuestionarnos a nosotros mismos, a menos que una abuela inquisitiva decida ir por la repregunta.

 

Dempster, J. F. (1985). Radiation Preservation of Meat and Meat Products : A Review, 12, 61–89.
Diehl, J. F. (2002). Food irradiation F past , present and future, 63, 211–215.
Brewer, M. S. (2009). Irradiation effects on meat flavor : A review. Meat Science, 81(1), 1–14.
WHO, 1981.Wholesomeness of Irradiated Food. Technical Report Series 659, World Health Organization , Geneva.
Farkas, J. (1998). Irradiation as a method for decontaminating food A review, 44, 189–204.
Moha, C. (2011). History and future of food irradiation, 22, 121–126.

Rahimi, E. et al. Effects of gamma irradiation on microbial load and quality characteristics of veal Ashley, B. C., Birchfield, P. T., Chamberlain, B. V, Kotwal, R. S., Mcclellan, S. F., Moynihan, S., … Au, W. W. (2004). Health Concerns Regarding Consumption of Irradiated Food.
http://ccr.ucdavis.edu/irr/how_food_irr.shtml
International Consultative Group on Food Irradiation established under the aegis of FAO, IAEA, WHO. ‘Irradiation of poultry meat and its products. A compilation of technical data for its authorization and control.’

https://www.fda.gov/food/resourcesforyou/consumers/ucm261680.htm




Hay 38 comentarios

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  1. Francisco

    Hace tiempo leí sobre Chernobyl, en donde llevaron la irradición de alimentos a otro nivel. Y sé que no tiene nada que ver los niveles de radiación liberados, ni los elementos radiactivos involucrados, entre las dos cosas, pero me surge la pregunta de si la radiación aplicada a los alimentos permanece durante una cantidad de tiempo determinada o se disipa (si es que uno puede referirse a la radiación en esos términos) en cuanto termina el proceso. No digo que despachen paquetes de bife ancho que brillen a lo oscuro, pero sí me pregunto si habrá alguna cantidad de tiempo de espera.

    • Nahuel

      Para interacciones con rayos Gamma lo que podés tener es fluorescencia del material, es un proceso que toma del orden de nanosegundos en emitir. No necesitás esperar más que eso desde la irradiación hasta la ingesta.

      • Nahuel

        Y agrego si alguna vez viajaste en avión la valija y la campera que viajaba adentro fueron irradiadas. Después te pusiste esa campera ¿No te preguntaste si había quedado radiactiva mucho tiempo?

          • Nahuel

            Silvia, arriba de un avión la capa de atmósfera que te protege de la radiación espacial es mucho menor. Por viajar en avión estás expuesta a dosis de radiación ionizante mucho mayores a las que te exponés en tierra. La gente que trabaja en la industria aeronáutica está expuesta a radiación mayor muchas veces que la gente que trabaja en la industria nuclear.

        • Nahuel

          Irradiando con neutrones podés tener vidas medias largas, pero no con gamma y no depende de la dosis, porque la interacción es fotón átomo. Cada fotón interactúa de a uno.

  2. Ana

    Me resultó muy interesante e instructivo. También yo me preguntaba qué era esto de la radiación y qué pasaría con los alimentos irradiados.
    Muy claro y sencillo de entender.
    Gracias por responder a las preguntas de la abuela.

  3. Marcos Tacca

    Hola, vengo a molestar un poco. Me la voy a agarrar con las gráficas:

    – El enlace a “Rahimi, E. et al. Effects of gamma irradiation on microbial load and quality characteristics of veal” esta caído, pero se puede encontrar fácil con el nombre.

    – Las gráficas NO están en escala logarítmica. SI cambia la escala de cada una, cosa que es altamente no recomendable porque hace más difícil la comparación. El cambio de escala entre algunas es un factor 10, quizás de ahí viene lo de poner que están en escala logarítmica.

    – En el texto justo arriba de las gráficas habla de “mayor intensidad”, aca hay que tener cuidado: aparentemente todas las muestras recibieron la misma intensidad de radiación, pero estuvieron expuestas por diferentes intervalos de tiempo. En el trabajo que citas los dan: 96, 240, 335 y 480 minutos para dar 2, 5, 7 y 10 Gy totales.

    – Creo que también sería bueno aclarar que es el Gy, la unidad de dosis absorbida. Otra cosa, es un poco confuso que pongan un subtítulo con la cantidad total de dosis absorbida y la escala sea la misma magnitud. Lo que interpreto que se muestra en las gráficas son mediciones parciales, para muestras irradiadas durante los diferentes tiempos totales.

    – Quizás estaría bueno levantar los puntos que muestran y ponerlos en una sola gráfica (es lo que hice antes de largarme a escribir).

    Va con onda la observación, de hecho creo el problema está en la fuente.

    Abrazo!

    • Ezequiel Calvo Roitberg

      Buenas, AL FIN ALGUIEN QUE SABE VIEJO. Contesto desordenado porque soy rebelde:

      -Cambiado lo de escala logarítmica, me hago cargo de editar cosas a último minuto y en horarios en los que no debería hacerlo.

      -Mi plan siempre fue poner los puntos en la misma figura pero esto de trabajar con diseñadores….

      -Tenés muchísima razón con lo de “mayor intensidad”, no me di cuenta. La terminología correcta es decir “Mayor dosis absorbida”, no?

      -Sí, totalmente.

      Fue todo un gran error de arrastre. Cambié las cositas en el texto y pedí la figura sin los subtítulos.
      Gracias, posta.

      Abrazo

  4. Diego A

    Hola. No me termina de quedar claro el para qué de todo esto. Es simplemente para bajar el número de bacterias nocivas o tiene otras implicancias como que la cadena de frío tanto en transporte como en almacenamiento y distribución/venta ya no sea necesaria?

    • Ezequiel Calvo Roitberg

      Buenas, no estoy seguro de haber entendido la pregunta, principalmente porque creo que las opciones no son excluyentes:

      Imaginate que tenés dos pedazos de bondiola exactamente iguales, con la misma cantidad de patógenos inicial, digamos 10 bacterias.
      Irradiás uno de los pedazos, ahora ese tiene 1 bacteria y el otro sigue teniendo 10. Dejar los pedazos fuera de la heladera va a hacer que las bacterias en ambos crezcan, solo que uno va a tener más aguante porque parte de un número menor de patógenos. Si dejás pasar la misma cantidad de tiempo y te fijás cuántas bacterias hay en cada pedazo, el no irradiado va a tener más porque tenía más inicialmente.

      La explicación viene a que bajar el número de bacterias hace que la carne pueda estar mucho más tiempo fuera de la heladera, porque va a tardar más en llegar a un número crítico de bacterias que te hagan pomada. Ponerlas en la heladera SIEMPRE va a hacer que la carne dure más (haya o no sido irradiada) porque frena el crecimiento de los bichitos.

  5. Lucas

    Mi abuela disiente con esto. “Poner algo al fuego hace que las moléculas que les sirven a las bacterias y hongos para colonizarte, entre otras, ya no sean funcionales”. Dice que si bien (por ejemplo) las moléculas de almidón de la polenta se gelifican con el calor o que la proteína del huevo se desnaturaliza al fritarlo… Eso no es lo que impide a los bichos crecer y multiplicarse en la comida, sino más bien el efecto del calor sobre el alimento es el de matar a los propios bichos.

    • Ezequiel Calvo Roitberg

      Tu abuela tiene total razón. Esa parte la había metido en “entre otras” por como venía la nota, pero sip, es mejor si cambia un cacho. Editado ;)

  6. Bernabé

    “que no maten al ratoncito de laboratorio y menos a la tía Norma mientras se come un chori en el asado del domingo.” Casi me caigo de la silla de tanto que me reí cuando leí esto. Excelente artículo, me parece bárbaro que mezclen el humor con los conocimientos científicos, creo que es una de las mejores maneras de enseñar, y evitar que haya tanto pelotudo dando vueltas y dicendo pavadas. Abrazo grande!

  7. Adriana

    Ezequiel. Me pareció muy didáctica la nota y muy atinados tus comentarios en general, pero lamento no estar de acuerdo en cuanto a la seguridad que ofrecen estos productos. En los “vastos” estudios publicados no se alcanza a demostrar que el proceso es inocuo en cuanto a la toxicidad crónica y subcrónica, carcinogenicidad o mutagénesis. Si mirás informes de la FAO y OMS te encontrarás con muchos “probablemente” – “podrían”, etc, demasiados condicionales para quedar tranquila. Es cierto que a las dosis permitidas por el Código Alimentario Argentino (CAA) no se transforma al alimento en un elemento ” radiativo”, pero eso no significa que sea inocuo. Hay muchos compuestos que se generan por degradación de los distintos ácidos grasos de las grasas (típicos subproductos de la irradiación) y demás compuestos cuya toxicidad en animales no fue estudiada. Además de la discusión de por qué y a quién beneficia la aplicación de esta tecnología. Y qué impacto sobre la economía nacional o sobre el ambiente puede ocasionar. Si te interesa profundizar pasame tu mail y te adjunto tantos o más papers publicados que te darán ” la otra versión”. Saludos respetuosos.

  8. Mili

    Pero la generación de grandes cantidades de especies reactivas del oxígeno y radicales libres son dos factores que generan mutaciones del ADN, fallas en la diferenciación, neoplasias, cáncer ¿no? Difícil de ver en ensayos en animales a corto plazo. ¿Alguna info para eso?

    • Mili

      “Irradiar algo genera especies moleculares de mucha energía; algunas de estas se llaman especies reactivas de Oxígeno (ROS) y son muy peligrosas para las células, tanto que son unas de las culpables de que mueran las células patógenas en la colita de cuadril”
      jaja o comerlos no es tan grave como generarlos?

  9. Ayelén

    Gracias a mi vieja que trabajó muchos años en irradiación de alimentos y otras cosas, pude probar desde chiquita comida irradiada (frutillas, pescados, y otros que no recuerdo). Lo último fueron los arándanos hace unos años. Lo que recuerdo es que los arándanos irradiados perdían un poco de turgencia, como si hubieran madurado unos días más, pero el gusto y dulzor eran indistinguibles. Después de 35 años sigo sana y no emito radiación jaja :P
    Muy buena nota, y admiro la capacidad de explicar algo tan complejo de forma simple. Como trabajadora en el área nuclear muchas veces me cuesta explicarle a gente que no es científica en términos que no sean técnicos.

  10. Adriana

    La irradiación puede conducir a la formación de productos radiolíticos únicos (URP’s, en su sigla en inglés). Una familia de estos productos son las 2- alquilciclobutanonas encontradas exclusivamente en alimentos irradiados (Marchioni y colab., 2009) y cuyos efectos potencialmente dañinos en humanos no ha sido estudiado.
    Las Alkyl-ciclo-butanonas (2-dDCB) son compuestos derivados de los ácidos grasos presentes en alimentos que solamente se producen como efecto de la irradiación. Knoll y colab. (2006) encontraron que el 2-dDCB fue claramente genotóxico en células sanas del colon humano, como asimismo en células pre-cancerosas.
    Estos autores concluyen que es poco probable (subrayar) que la ingesta de 2-dACB a través de alimentos irradiados afecte la salud. Sin embargo admiten que debe evaluarse la toxicidad crónica por exposiciones prolongadas a bajas concentraciones de 2-dDCB para determinar fehacientemente si estos compuestos son seguros para el ser humano.

  11. Adriana

    La irradiación lleva a la formación de radicales libres que pueden desatar una cadena de reacciones en el cuerpo humano destruyendo antioxidantes y afectando las membranas celulares (Kannat y colab., 2004; Wong y colab., 1995; Branka y colab., 1992; Papuc y colab, 2017).
    La irradiación puede conducir a la formación de productos radiolíticos únicos (URP’s, en su sigla en inglés). Una familia de estos productos son las 2- alquilciclobutanonas encontradas exclusivamente en alimentos irradiados (Marchioni y colab., 2009) y cuyos efectos potencialmente dañinos en humanos no ha sido estudiado.
    Las Alkyl-ciclo-butanonas (2-dDCB) son compuestos derivados de los ácidos grasos presentes en alimentos que solamente se producen como efecto de la irradiación. Knoll y colab. (2006) encontraron que el 2-dDCB fue claramente genotóxico en células sanas del colon humano, como asimismo en células pre-cancerosas.
    Estos y otros autores concluyen que es poco probable ( subrayar)que la ingesta de 2-dACB a través de alimentos irradiados afecte la salud. Sin embargo admiten que debe evaluarse la toxicidad crónica por exposiciones prolongadas a bajas concentraciones de 2-dDCB para determinar fehacientemente si estos compuestos son seguros para el ser humano.
    No se sabe, hay que seguir estudiando alimento por alimento. Es un tema muy complejo y, hasta ahora el CAA era protector de la salud de la población. Cambiar para parecernos más a Brasil no sé si es una buena idea.

  12. Favio

    Me interesa esa bacteria que quedó viva solita… Me pregunto si de este individuo que recibe este tipo de presión evolutiva no puede surgir una cepa resitente a la radiación, o al menos a esa cantidad de radiación y tengamos la misma historia que con los antibióticos.


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