LLORAR-Y-LLORAR_Camilo

La Hija de la Lágrima

Todo empezó la mañana del 24 de Mayo de 1984, 11 años después de la llegada Rodrigo, 43 años después de la aparición de Dylan y 6 años, 7 meses y 3 días después de que aquella misteriosa mezcla de bondiola de ángel y paté de unicornio diera lugar a lo que luego llamarían Julieta Cardinali. El mundo estaba lleno de bigotes horribles, democracias intermitentes, prototipos de neoliberalismo, virus modernos, cenizas de rock, cimientos de pop y una bocha de excesos. En ese contexto abandonaba yo el mejor lugar del planeta para afrontar el primer día de mi vida. La única reacción posible ante la expulsión del chapoteo en ese spa all inclusive diez estrellas hacia el dolor de dientes, el juguete denegado, los análisis sintácticos, el amor correspondido hacia otro, el final de Álgebra, los trámites, las bocinas y los alquileres es, indefectiblemente, el llanto.

Años después, Latinoamérica y yo sufriríamos la fortuna de escuchar permanente e involuntariamente aquél famoso tema en el que el cantante acusaba ‘en mis ojos no ha parado de llover’. Hace unas tardes, mientras caminaba a la vera de una vía, la caída de un níspero me iluminó y pude metabolizar la compleja y encriptadísima metáfora: EL CHABÓN ESTABA LLORANDO. Entonces me pregunté qué era esta reacción mojaojo que compartíamos mi yo 0 Km, el Vilma Palma mexicano y, seguramente, Julieta Cardinali. Porque, si existe una prueba contundente del flagelo de las drogas, es que a alguien se le ocurra hacer llorar a Julieta Cardinali.

Salvando alguna que otra alucinación empujada por el paco del delirio místico, quien llora, llora lágrimas. La lágrima, además de ser un café pechofrío, es básicamente una gota de agua llena de sales, lípidos y proteínas. Tenemos principalmente 3 tipos de lágrimas: las basales, que laburan día y noche para mantener al ojo lubricado; las de reflejo, que aparecen para proteger al ojo de sustancias irritantes cuando jugamos al cocinero o al tirapiedras; y las emocionales, típicas de cuando no sos vos, es ella o cuando una pareja se entera de que en unos meses recibirá 50 cm de una flamante y enojada vida. Hay otras lágrimas en el imaginario colectivo que no pertenecen a la lista oficial de lágrimas humanas, como las típicas ‘lágrimas de cocodrilo’. Las lágrimas de estos reptiles no son caretas ni beboteras, sino que aparecen cuando mastican a su presa. No se sabe bien a qué se debe esto, pero es poco probable que sea para expresar su compasión por el pichón de cebra que se están almorzando. Existe una patología rarísima en la que una mala reinervación nerviosa derivada de una parálisis facial lleva a que las personas afectadas lloren cuando comen o cuando huelen comida. Es difícil ponerse en el lugar de alguien con Síndrome de las lágrimas de cocodrilo; salvo cuando Paula, una amiga, trae su ‘Torta de Nube’, la torta más rica que pueda existir y que realmente hace llorar.

Y no me avergüenza confesar el llanto. Lloré cuando el pobre gato naufragaba en una caja, cuando el ratón desafinaba perdido por América, cuando le querían sacar la pibita al Sean Penn de cromosomas pegoteados, y hasta por alguna que otra ‘ella’. Porque, contrario a lo que dicta la famosa expresión bachacana y polemicaenelbarence ’Un macho no llora’, los hombres también lloramos. Aunque, hay que decirlo, las mujeres lloran unas cuatro o cinco veces más seguido, y parece que la cosa es hormonal. Antes de la adolescencia, donde la brecha hormonal entre nenes y nenas no es tan grande, ambos sexos lloran bastante parejo. Es recién a partir de esta etapa, donde la tormenta de testosterona, estrógeno y otras hormonas se vuelve bien asimétrica, cuando ellas se ponen a llorar más que ellos, e incluso más frecuentemente durante ‘esos días’. Ya de viejitos, a medida que la fiesta hormonal va mermando, el llanto-off vuelve a ser de igual a igual.

Es increíble que hubiera científicos que se dedicaran a juntar los tres tipos de lágrimas las basales, las de picar cebolla y las que surgen inevitablemente en el final de ‘Cadena de favores’ (¿Era necesario matar al pibito?¿Posta?) y las analizaran. Resulta que todas comparten distintas sustancias, entre las cuales está la lisozima, una enzima antibacteriana. Pero las lágrimas emocionales tienen además altos niveles de hormonas adrenocorticotrópicas, típicamente relacionadas con situaciones de estrés o dolor, y de endorfinas, unas sustancias que reducen el dolor y generan sensación de bienestar.

Lo decepcionante es enterarse de que a un Faivel real, por más perdido que se encontrara, jamás se le hubiera caído una lágrima. El llorisqueo emocional es, hasta donde está probado, propio de nuestra especie. Esto habla en cierto modo de la complejidad de esta conducta y de lo complicado que es asignarle un rol. Algunos piensan que es una manera de liberar toxinas del cuerpo. Otros proponen que es una forma no verbal de comunicar emociones, un cartel de ‘Pst. Ey. Sí, vos. Mirá, me pasa algo intenso’.

Quizás llorar sea un poco eso: decir algo sin hablar. Inmóvil, en su cuna y sin manejar todavía el idioma, es la única manera en la que un bebé puede contar que tiene hambre, sueño o dolor. De grandes todo se vuelve más complejo, así el llanto. Incluso a veces no tenemos del todo claro por qué lloramos. No podemos describirlo, no con palabras. Otras veces es más obvio: una canción hermosa, un momento inolvidable o un ex que no te merece, Juli. Lo cierto es que este comportamiento tan nuestro nos acompaña toda la vida, tal vez como una forma de que el otro empatice con nosotros, de comunicar al resto un estado emocional profundo. Que la vida no siempre es un carnaval.

 
http://www.chipwalter.com/why-do-we-cry-scientific-american-mind-december-2006/
http://en.wikipedia.org/wiki/Crying
http://science.howstuffworks.com/life/crying.htm
http://en.wikipedia.org/wiki/Tears
http://www.sciencedaily.com/releases/2007/10/071003151131.htm
http://neurowikia.es/content/s%C3%ADndrome-de-las-l%C3%A1grimas-de-cocodrilo



Hay 24 comentarios

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  1. Myriam

    Primero que nada, julieta Cardinali tiene bien merecidas sus lágrimas, lo dejó a Andrés Ciro, para irse con Andrés Calamaro, le dió una hija, y se casó con él, merece llorar!!
    Después, me hiciste acordar a cuando era una niña y jugabamos en Capitán Sarmiento, en la casa de mi tío, donde había un árbol de nísperos, pero no a la vera de la vía, ahí no había nada, y “robabamos” moras de la vereda de la vecina, y todavía mis hormonas estaban parejas con las de los nenes, así que no lloraba más que ellos, por eso, aprovecho a llorar ahora acordándome de aquellos días en que no tenía preocupaciones, ni Julietas que se “robaran” los Andreces del mundo musical, y lloro, antes que se me vuelvan a emparejar las lágrimas con las de los señores!!!
    Muy buena nota!

  2. Sebastián

    Disfrazaste tu declaración de amor a Julieta Cardinali en un post de ciencia. Eso es ser macho! Dan ganas de llorar de la emoción…

  3. Florencia

    Suelo colgarme en entrar a leer, pero cuando lo hago me mando varios artículos seguidos. Es muy bueno cómo juntás humor y ciencia. Esta página es una genialidad. Gracias :)

  4. Juan

    Muy bueno facu. De chico tenía un perro que cuando me recibía y se emocionaba haciendo fiesta (ladrando, saltando aullando) alguna lágrima se le escapaba humedeciendole el hocico. Y no tenía infecciones ni nada; estaba bien sano, marca perro (en experiencia personal son mas saludables q los de raza). Ese era el unico monento en que lagrimeaba. Era el perro de la anécdota del freezer… A ver cuando vamos a pescar a Ctes!

  5. Francisco

    Gran nota y me quedo con esto: “Y no me avergüenza confesar el llanto. Lloré cuando el pobre gato naufragaba en una caja, cuando el ratón desafinaba perdido por América, cuando le querían sacar la pibita al Sean Penn de cromosomas pegoteados, y hasta por alguna que otra ‘ella’.”

    Sobretodo el ‘ella’, si vos. Estas porquerías que me salen de los ojos es por vos.


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