Carrito
El carrito está vacío.
La_dimensión_desconocida

IMG:  Pamela Barbieri  

La dimensión desconocida

TXT:

Es difícil escribir sobre ciertos temas, principalmente sobre aquellos que caen en el terreno de lo tabú o de lo banal. El pito cae en ambos, y como todos llevamos dentro un eterno adolescente, es difícil no ponerse en modo Beavis and Butt-Head con ‘el pito cae’. Jeje, jejeje, je. Pero no. Vamos a atacar la cuestión desde la seriedad que merece, tratando de hacer un análisis sobrio sobre diversos aspectos y mitos acerca del órgano genital masculino, un asunto que suele estar en boca de todos.

Podríamos pensar que la ciencia no tiene nada que decir respecto de un tema tan trillado y goma. Aún así, mujeres y hombres caen una y otra vez en discusiones sobre si el tamaño importa, si la regla de la L, si correlaciona con el tamaño del pie o de la mano, si chiquita pero juguetona, etc, etc. Pero la ciencia, además de ayudar a pensar de dónde venimos y hacia dónde vamos y llenarnos el botiquín de soluciones para casi todo, también puede encargarse de este tipo de cuestiones. A fin de cuentas, fueron el sexo y sus herramientas los que nos trajeron hasta acá, así que, técnicamente, una charla sobre el Big Bang no es mucho más existencialista que una charla sobre pitos.

Evidentemente, el tamaño importa, o por lo menos nos importa, porque es un tema bastante instalado en el imaginario colectivo. Y en el colectivo también, que no somos sordos nosotros, eh. Pero, ¿tiene sentido que nos importe? ¿Afecta el tamaño del susodicho la atracción y el desempeño sexual o la capacidad fértil de su dueño? Ahora vemos. Antes, voy a necesitar la participación del lector. Vamos a hacer un experimento y es muy importante su colaboración antes de seguir. Primero, es necesario que anoten qué tamaño piensan que tiene su miembro (para los chicos, claro), tanto en su estado flácido como erecto. Una vez obtenidos esos valores, pasamos a las mediciones. Se va a poner un poco raro, sí, pero todo sea por la ciencia. Los materiales y métodos a continuación fueron extraídos del trabajo que vamos a abordar dentro de unos renglones.

Si el lector es masculino, tenga a bien tomar una regla (soltá ese metro, no te hagas el canchero), dirigirse hacia un lugar en donde se encuentre solo (esto no es imperativo pero sí recomendable, dada la reacción que pueden llegar a tener algunos compañeros de trabajo), y medir el tamaño del asunto. Como en ciencia los procedimientos tienen que ser estandarizados y reproducibles, la medición debe hacerse como el estudio bien indica: por la parte dorsal —que para un hombre heterosexual sería el lado que ve más frecuentemente, o sea, el de arriba (del otro sabemos poco, es medio como el lado oscuro de la Luna). Y la medida se toma desde la base (o sea, desde el hueso púbico) hasta la punta del glande. No vale contar grasa ni piel excedente. Necesitamos una medición con el miembro tranca y otra en vigía. El trabajo no aclara cómo llegar a la segunda, así que queda librado a la imaginación o al Poringa del sujeto experimental. Las mujeres que estén leyendo esto pueden también participar si tienen un masculino a mano. Recomendamos notificar previamente al individuo acerca de la naturaleza del ensayo que está por practicarse. De nuevo, no queremos sobresaltos.

<No molestar. Experimento en curso>

Bien. Todos deberían tener cuatro valores en su poder (2 estimados y 2 medidos, para cada condición), y alguno probablemente la farmacia abierta (metáfora en desuso que jamás comprendí). De lo que se habrá dado cuenta la mayoría (si midieron bien y sin trampa), es que sobrestimaron en su declaración la longitud de su miembro. Considerando este sesgo típico a la hora de determinar con certeza el tamaño promedio del pene en una población, unos investigadores en Londres decidieron hacer un meta-análisis (un análisis estadístico que agrupa resultados de diferentes trabajos) en donde incluyeron las mediciones de un total de 15.521 penes (15.521 penes es una imagen que no se borra con facilidad).

Los resultados, muchachos, son más que alentadores. El largo promedio resultó ser de 9.16 cm para el miembro en reposo y 13.16 cm para el pene erecto, con una circunferencia de 9.31 y 11.66 cm, respectivamente. Sólo un 5% de los individuos escrutados (sí, todos leímos ‘escrotados’) portaban un miembro erecto de longitud menor a 10 cm o mayor a 16 cm. Parece entonces que el hombre suele tenerla más chica de lo que cree, pero más grande de lo que cree que debe tenerla.

Otro dato interesante del estudio es que no encontraron ninguna correlación entre el tamaño del pene y altura, peso, tamaño de la mano o tamaño del pie de los sujetos, así que pueden dejar de perder el tiempo mirando el bosque, chicas y chicos, y vos, petiso de Berisso, dejar de vender humo. Tampoco encontraron relación entre tamaño y etnia o raza, aunque hay que aclarar que el objetivo de este estudio no era atacar ese asunto y que los participantes eran en su mayoría blancos. Otros estudios, algunos compilados en este mapito, señalan que la cosa no es tan homogénea, con Centroamérica y África a la cabeza, una Argentina cómoda en mitad de tabla y Oriente y Medio Oriente bastante flojones. Pero lo importante es unirnos como humanidad y saber que el hombre es el primate con el órgano reproductor masculino de mayor magnitud, tanto absoluta como en relación al tamaño corporal (¡vamo’ especie!).

Ya tenemos una idea de las dimensiones objetivas, pero todavía no sabemos si hace alguna diferencia a la hora de elegir acompañante. En otras palabras, si existe selección sexual hacia el tamaño del pene. No es loco pensar que, cuando abandonamos la monada y empezamos andar erectos, el miembro pasó a estar más expuesto y bien podría haber sido un factor a la hora de elegir pareja. En épocas en las que la cosa rara vez llegaba a una tercera cita, un pene más largo podría haber significado un mayor alcance anatómico, por decirlo de alguna forma, y por ende una mayor eficiencia a la hora de competir con el semen de otros machos (sí, es un poco fuerte, pero quién no tuvo un antepasado bardo). Así, un pito más largo habría tenido mayor éxito para transmitir sus genes, incluyendo los genes que codificaban para ese respetable miembro.

Con respecto al placer podemos decir que, en términos de orgasmo y anatomía femenina, para la mayoría de las mujeres las cosas importantes suceden en la puerta principal y el hall, y no tanto en el patio del fondo. Lo interesante es que en un estudio encontraron que algunas mujeres tienen orgasmos vaginales más frecuentemente con penes de mayor tamaño. Algunas encuestas indican que en realidad es el hombre el que suele estar disconforme con su dimensión genital, mientras que a la mayoría de las mujeres les importa un pito, siempre y cuando ande en el barrio del promedio.

Pero las encuestas tienen sus cositas. En este caso, las sujetas podrían tener vergüenza en su declaración o intentar ser políticamente correctas. Un poco con el objetivo de eliminar este problema, en 2012 salió un estudio en la revista PNAS (posta) en donde se les presentaban diferentes imágenes de cuerpos masculinos artificiales en 3D a los que les iban variando las proporciones de distintas partes del cuerpo. El primer resultado fue el esperado: los hombrecitos construidos por computadora que eran más altos y tenían formas ‘más masculinas’ (mayor proporción hombros/cadera, por ejemplo), ranquearon mejor. La puntuación también aumentaba con el tamaño del pene, pero hasta cierto punto. Por encima de eso, la atracción dejaba de aumentar. Y ese punto dependía del tamaño del cuerpo. Es decir que no sería sólo un tema de tamaño sino de proporción, o sea, de la relación con respecto al resto de los parámetros. Lo mismo ocurre ocurre con otros aspectos típicos de la atracción sexual, como la simetría facial o la relación hombros/caderas. En definitiva, el tamaño suma, hasta un punto, y siempre y cuando estés bien ordenadito.

La nota quedó más larga de lo que creía. Lo importante es saber que hay un 95% de probabilidad de que estés ‘normalmente dotado’, y que el temita del tamaño importa, sí, pero te quita más el sueño a vos que a ella. Así que a preocuparse menos y a usarla más —siempre con responsabilidad, claro—, que para eso está.

Aclaración: los estudiosos y encuestas mencionados se hicieron principalmente en sujetos femeninos heterosexuales. Sería interesante evaluar estos parámetros en sujetos masculinos homosexuales, por ejemplo, y ver si ellos opinan lo mismo ;)

Ilustración:  Pamela Barbieri