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IMG:  Paula Monteagudo  

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La ciencia que no fue

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¿Quién determina qué debe investigar (y qué no) un científico? ¿Cómo distribuimos los recursos para hacer investigación?

Cine. Pochoclos. A un par de filas de distancia, el clásico desubicado que lleva caramelitos envueltos en ese papel que hace crrrch-crrrch cada vez que los abre. A tu lado, la persona que te gusta. ¿Hacés como que bostezás y la abrazás? Mmm, eso sólo pasa en las películas, no va a funcionar. Epa, te ganó de mano y te abrazó a vos. The plot thickens. Ahora prestá atención, que te estás perdiendo la peli y justo está pasando algo importante. El personaje es un científico (que no es Batman); seguramente un señor con un guardapolvo blanco, medio despeinado, sentado en una habitación con muchos aparatos complejos y escribiendo símbolos griegos en un pizarrón mientras abusa de la cafeína. Cada tanto le pinta hacer algún experimento, porque la curiosidad científica es así: de pronto se le ocurren grandes preguntas como ‘¿de dónde venimos?’, ‘¿cómo funciona nuestro cerebro?’ o ‘¿por qué Sibarita es tan rica?’, y acto seguido se pone a mezclar tubitos de colores y a mirar cosas en un microscopio para entender esos misterios del Universo. Al final seguro descubre la manera de viajar en el tiempo y decide volver al pasado para frenar el lanzamiento de la bomba atómica o avisarle a Palacio que era por abajo, pero se encuentra con otras versiones viajeras de sí mismo y empiezan las paradojas espaciotemporales, todo mientras vos te preguntás por qué no fuiste a ver la última de Rápido y Furioso.

En la realidad, la vida de los científicos no es tan espectacular como se muestra en las películas, al menos para la mayoría. Para empezar, en general nos peinamos, aunque capaz lo de la cafeína es bastante cierto. Tampoco todos los científicos son hombres (aunque serlo parecería ser una ventaja), ni todos usamos guardapolvo ni aparatos estrambóticos. Pero, yendo al meollo del asunto, ¿hasta qué punto un científico está aislado en su torre de marfil estudiando lo que le pinta? ¿Puede investigar lo que se le antoje? ¿Cómo se decide qué temas debe abordar la ciencia y quién lo hace?

¿Qué pasa si quiero dedicarme a investigar cómo construir robots que me alcancen la manteca?

Empecemos por decir que los científicos estamos inmersos en un sistema que tiene sus reglas y sus lógicas, en el cual de una u otra forma se determina la relevancia de lo que uno estudia. Y eso es importante por muchos motivos, pero especialmente porque hacer ciencia cuesta plata, incluso para quienes no usan aparatos de altísima tecnología. A diferencia de lo que vemos en las películas, en la realidad los investigadores necesitan invertir una gran parte de su tiempo en conseguir financiamiento. Como diría John Lennon PhD, ‘la vida es aquello que pasa mientras estás ocupado presentándote a un subsidio’. Esa parte es muy poco entretenida, así que es entendible por qué no suele ser de interés para el séptimo arte.

Por supuesto, hay temas que son considerados más importantes que otros y para los cuales es más sencillo conseguir financiamiento público o privado, mientras que otras líneas de investigación quedan sistemáticamente relegadas. A lo largo de la historia las prioridades estuvieron en torno al desarrollo militar e industrial, es decir, respondiendo a los intereses de élites económicas y políticas, y orientadas también hacia las necesidades de los países centrales. Hoy en día siguen siendo privilegiados ciertos temas que responden a intereses del mercado, es decir, los que resultan más rentables.

Por otro lado, no se puede negar que la ciencia es acumulativa: hacemos en base a lo que ya está hecho. La investigación descansa en todo lo que se hizo antes, y eso está buenísimo, pero por otra parte, algunos campos se desarrollan más que otros simplemente porque hay más información y más herramientas generadas a lo largo de la historia. Así es como terminamos sabiendo un montón sobre cierta mosquita sólo porque en una época fueron privilegiados sus cromosomas gigantes que se veían en microscopios rudimentarios, pero aún no entendemos tanto, por ejemplo, sobre las vinchucas que transmiten el Mal de Chagas que causa estragos en parte de nuestro país.

También los Estados pueden marcar agenda para promover ciertas investigaciones que resultan ‘estratégicas’. Y ahí surgen otros problemas: ¿cómo se decide qué es de importancia estratégica? Esos temas favorecidos, ¿implican restar presupuesto a investigaciones en temas libres? ¿Hay ‘ciencia útil’ y ‘ciencia inútil’?

Acá es donde aparece la otra posibilidad, que es que el financiamiento estatal sea distribuido sin marcar agenda, lo que de alguna manera es una agenda en sí misma; porque abre el campo a aquellos temas que no han conseguido ser considerados social, política o económicamente relevantes, beneficiando el desarrollo de ciencia básica o de temas no muy amigables para los intereses del capital o de la agenda política.

En Argentina esta cuestión es el nudo de un debate actual en la comunidad científica local porque, con el cambio de gestión, se reconfiguraron los criterios para asignar financiamiento a las investigaciones. Así, pasamos de un sistema principalmente ‘libre’ a uno en el que al menos la mitad de los recursos deben destinarse a temas considerados ‘estratégicos’. Y, de esta forma, de una lógica escasamente restrictiva respecto de los temas financiables, a una en la que se hace más difícil conseguir recursos para hacer ciencia básica o ciencias sociales, por ejemplo.

Además tenemos que pensar que, más allá del privilegio hacia ciertos temas, a la hora de asignar presupuesto se evalúan los antecedentes, y eso implica asignarles ‘puntaje’. En esa asignación tenemos otro problema: ¿Qué es lo que el sistema premia? ¿Es más ‘valorado’ hacer ciencia aplicada que básica? ¿Cuántos puntos vale un paper? ¿y una patente? ¿y una actividad de comunicación pública? ¿Hay disciplinas en las que es más fácil ‘juntar puntos’?

“Con este paper en Nature y mis últimas dos patentes sumé millas”

En definitiva, por estos y otros motivos, dentro del sistema terminan generándose círculos de feedback en los cuales se asigna más presupuesto para el tema X, se avanza más en X, hay más recursos, se percibe como más importante, más gente trabaja en eso, por lo tanto se asigna más presupuesto para X, y así. ¿Querés que te cuente el cuento del buen presupuesto para X?

Estas cuestiones funcionan como condicionamientos a la hora de hacerse preguntas y elegir líneas de investigación. Y si entendemos que ‘más ciencia es más libertad’, eso también significa que ante una desigualdad en el acceso a ésta, algunas personas serán ‘más libres’ que otras: hay conocimientos que nunca se persiguieron y podrían haber servido a alguien para fundamentar reclamos o para tomar decisiones informadas. Esas personas entonces se van a encontrar en una situación de desventaja.

El de esta ‘ciencia no hecha’ (undone science) es un tema que se viene estudiando en los últimos años desde el campo de la ‘sociología de la ignorancia’. ¿Qué hacen los sociólogos de la ignorancia? (además de no explotar el mejor nombre de la historia para una banda de metal progresivo introspectivo).

¿Por qué usamos estructuras rítmicas complejas? ¿Nos gusta el negro o simplemente nos hace sentir seguros vestirnos parecido?

La sociología de la ignorancia se pregunta acerca de los límites en la búsqueda del conocimiento y sus causas. ¿Cómo se pasa de no saber a saber algo? ¿Hay una intencionalidad en no estudiar ciertos temas? ¿A quién le conviene que no se estudien? ¿Quién se vería beneficiado por estudiar esos temas y qué se puede hacer al respecto?

En general, el déficit se detecta cuando aparecen grupos sociales exigiendo el estudio de algún tema que les serviría para poder fundamentar distintos reclamos. Por ejemplo, una organización ambientalista puede exigir que se determine si algún compuesto que una industria genera es peligroso, o incluso debatir acerca de los límites establecidos como tolerables para distintas sustancias. En algunos casos, con un poco de suerte y suficiente presión (cuánto es ‘suficiente’ dependerá en gran medida de los intereses que haya por no estudiar el tema), se pueden terminar modificando las agendas de la investigación científica. Acá es donde una vez más nos encontramos con que ‘la ciencia” y ‘la sociedad’ no son dos conjuntos mutuamente excluyentes ya que la ciencia es un proceso social que se ha modificado a lo largo de la historia, y resulta que las ideas tradicionales sobre su avance podrían competir con Heidi en un mundial de ingenuidad. Porque la ciencia es poder, y cuando algunos tienen la manija, andá a lograr que la suelten.

Un caso que ilustra el tema en Argentina es el de las Abuelas de Plaza de Mayo, un grupo de mujeres que buscan a sus nietos apropiados por la dictadura cívico-militar del ‘76-’83. En esa época, para determinar filiación ya se utilizaban los análisis de ADN, que se basan en que cada uno de nosotros tiene la mitad de su material genético heredado de cada uno de los padres. Sin embargo, hacer este análisis podía ser imposible, ya que muchas veces ambos progenitores estaban desaparecidos. Para colmo, la situación de la ciencia en Argentina distaba muchísimo de ser ideal y era difícil que laboratorios argentinos asumieran el riesgo de desarrollar la nueva técnica. Muchos investigadores les dijeron a las Abuelas que hacer análisis de ADN para encontrar a sus nietos era imposible. Las búsquedas avanzaron un poco con los escasos registros que había y mediante la comparación de características físicas con los padres desaparecidos (el famoso método que le costaría la cabeza al investigador amateur en genética Ned Stark). Pero no era suficiente.

Andá a buscarla al ángulo, Mendel.

Comenzó entonces un peregrinaje de las Abuelas junto con el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) en la búsqueda de investigadores que pudieran ayudarlas a desarrollar una nueva metodología para determinar filiación. La respuesta llegó cuando recibieron la colaboración de Víctor Penchaszadeh, Fred Allen, Mary Claire King, Cristian Orrego y la AAAS (American Association for the Advancement of Science).

Como dijimos, cada uno de nosotros recibe el 50% de su ADN de cada uno de los progenitores. Pero ellos, a su vez, recibieron el 50% de su ADN de cada uno de sus padres; es decir que cada uno de nosotros recibe en realidad un 25% de ADN de cada abuelo/a. Sí, somos una jarra loca de información genética de nuestros antepasados, y a estos investigadores se les ocurrió que eso podía aprovecharse para determinar filiación aun sin muestras de los progenitores. Y además, para esta aplicación el ADN mitocondrial es espectacular: este tipo de ADN se encuentra dentro de la estructura celular llamada ‘mitocondria’ que se hereda sólo por vía materna. Es decir que nuestro ADN mitocondrial lo heredamos únicamente de nuestra madre, que a su vez lo heredó de su madre, que a su vez lo heredó de su madre, que a su vez lo heredó de su madre, como en una matryoshka larguísima. En caso de contar con el ADN mitocondrial de la abuela materna, la identificación de un nieto debía ser sencilla.

Así se desarrolló el ‘Índice de Abuelidad’, que tenía en cuenta la falta de muestras de los padres y se basaba en la comparación con regiones del ADN de la potencial abuela (y otros parientes, de ser posible) elegidos especialmente para este uso.

Desde que en 1984 se restituyó por primera vez la identidad de una nieta gracias a la aplicación del índice de abuelidad, la tecnología fue avanzando, mejoraron las técnicas de biología de molecular y de análisis de grandes volúmenes de datos y el método es actualmente mucho más eficaz. Además, los análisis genéticos sobre familiares no progenitores fueron usados en muchos otros casos de supresión de identidad alrededor del mundo, y en la actualidad muchos laboratorios privados los ofrecen.

Gracias a la lucha de los organismos de Derechos Humanos, en 1986 se formó el Equipo Argentino de Antropología Forense y en 1987 se fundó el Banco Nacional de Datos Genéticos, que recopila y mantiene las muestras biológicas de familiares de desaparecidos para su eventual comparación con muestras de posibles nietos apropiados. Es decir que en función de la presión ejercida por las organizaciones sociales, no sólo se desarrollarían nuevas líneas de investigación sino que también podrían surgir organismos o instituciones públicas para trabajar específicamente sobre estos temas.

Por supuesto, hay otros casos en que existen intereses mucho más fuertes para no perseguir una determinada línea de investigación; por ejemplo, en estimaciones del impacto ambiental de distintas industrias o cuando no se recaban datos oficiales acerca de alguna problemática. En estos casos los movimientos sociales deben recurrir a distintas estrategias para ejercer presión e incluso pueden terminar desarrollando sus propias metodologías para documentar la situación y lidiar con los huecos en el conocimiento.

Pero el tema es que estamos ante un escenario que es desigual de forma sistemática. Porque hacer ciencia cuesta (mucha) plata, el acceso a los datos (cuando los hay) a veces también, y el que se ve obligado a hacer ciencia ‘desde afuera’ muchas veces es desacreditado por la comunidad científica misma por falta de rigurosidad, por no publicar en revistas de renombre o por usar métodos poco ortodoxos. Todo esto puede transformar al sistema científico en un engranajecito más de la gran maquinaria que mantiene el status quo.

Entonces, ante objeciones del tipo ‘dejen de politizar la ciencia’ o ‘saquen sus ideologías  de nuestros tubos de ensayo’ (?) la respuesta debería ser: la ciencia y la política son inseparables. No hay forma de eliminar los círculos viciosos mencionados si no es mediante cambios en la política científica. Tal vez es hora de que dejemos de pensar que estos problemas son independientes y empecemos a analizar los límites del conocimiento, si son esas fronteras intencionales, quién las fija y si contribuyen a maximizar las asimetrías de poder. Esto es especialmente importante cuando hacemos ciencia en un país en desarrollo. ¿Cómo determinamos nuestra agenda científica? ¿Cómo se evita que nos bajen líneas de investigación que no responden a nuestras necesidades como país? ¿Hace falta que haya espacio para temas libres o fuera de toda agenda? ¿Vamos a dejar que todo esto lo decida ‘la mano invisible del Mercado’ o estamos a favor de que el Estado regule? Y en ese caso ¿cómo vamos a construir la agenda para que se defiendan los intereses de todos? Porque eso queremos, ¿no?

 

Bonus: Hace un tiempito tuvimos la oportunidad de charlar largo y tendido con Alberto Kornblihtt sobre algunos de estos temas. Este fue el resultado: https://www.youtube.com/watch?v=qkLwziosZ6s

Bancá Gato.

Ilustración:  Paula Monteagudo  

Hay 27 comentarios

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  1. Any

    Muy buena nota!
    Hay un libro interesante de Nuccio Ordine titulado ‘La utilidad de lo inutil’ en que se dedica a revisar este tema y ejemplifica muchos casos en que el estudio de temas ‘inútiles’ dieron lugar a aplicaciones ampliamente usadas (e.g., el hoy imprescindible GPS). Si bien es una discusión compleja, porque es difícil justificar que ‘se destine dinero a algo que apartentemente sólo sirve para satisfacer la curiosidad de alguna investigadora por ahí’, no hacerlo nos expone al riesgo de perdernos avances espectaculares.
    Otro ejemplo es el eterno ninguneo a las ciencias sociales, que a los ojos del mercado son poco (o nada) útiles. Pero después resulta que aplicaciones diseñadas para la sociedad no funcionan, simplemente porque se crean sin entender a la sociedad a la cual se destinan. Así terminan muriendo proyectos que podrían haber representado una mejora en nuestra calidad de vida, y con ellos la inversión realizada (no sólo de dinero sino de tiempo y esfuerzo). Ejemplo de eso es la recolección diferenciada de residuos, que en muchas ciudades existe pero en general pocas personas conocen y le destinan tiempo (a separar los residuos) a pesar de que en general lo valoran de forma positiva y como algo necesario ¿por qué sucede eso y cómo podríamos modificarlo? Sólo las ciencias sociales tienen las herramientoas para responderlo.

    • ​María Alejandra Petino Zappala

      Gracias por el mensaje! Va a haber que buscar ese libro :)
      Y si, hay mucho desprecio a lo que no se ve como aplicable en lo inmediato, sobre todo en un país en el que los recursos no sobran, y lamentablemente el ninguneo a las sociales (que como bien decís, además también son en muchos casos “aplicables” a su manera) está bastante diseminado incluso en algunos sectores de la academia. Y si se da un mayor viraje hacia la ciencia bancada por el mercado, ni hablar. Por eso es importante resistir todo intento de sacar al Estado del medio, pero además no perder la capacidad de cuestionar las políticas estatales y sobre todo que se pueda dar un debate abierto sobre ello… Y mucha divulgación para que sea un debate informado. Mucho laburo por delante!

  2. Alejandro

    Excelente artículo. Lo único que quería aportar es “Por otro lado, no se puede negar que la ciencia es acumulativa” es una afirmación falaz. Primero porque es fácil, mira: “la ciencia no es acumulativa”. Lo logré! En solo 24 caracteres.
    Pero además está la obra de Thomas Kuhn “La Estructura de las Revoluciones Científicas”, fue su cuestionamiento de que el progreso científico fuera acumulativo.
    Solo un aporte para seguir pensando. Saludos.

    • Javi

      Tuve que releer tu comentario varias veces para entender lo que querías decir (es posible que yo sea un poco lento -meme de homero en la cocina de Lenny-) y finalmente entiendo que lo que es falaz es que “no se puede negar” que la ciencia sea acumulativa (porque si se lo puede negar) pero en el fondo, y sin tener idea de nada de Kuhn creo que pensas que en definitiva la ciencia no es acumulativa, o no del todo,
      en fin, tendré que leer mas pero me chocó el comentario…

    • ​María Alejandra Petino Zappala

      Bueno, es cierto que se puede decir que no es acumulativa xD. Igual no me refería a “acumulativa” en el sentido de que siempre se asiente sobre las mismas teorías o paradigmas, sino que incluso cuando se rompe con uno de ellos, uno se está basando hasta cierto Punto en lo hecho anteriormente. Incluso aunque sea por la negativa, hay una continuidad. En ese sentido me refería a que es “acumulativa”.

    • Facundo

      Incluso Thomas Kuhn plantea con sus famosos “paradigmas” que la ruptura con un paradigma anterior y la “revolución” que conlleva a un nuevo paradigma toma cosas útiles para explicar determinada parte del universo. Por lo tanto, aunque rompas con lo anterior, te estás basando en ello y tomando aunque sea un poco.

  3. Javi

    Muy buen artículo, un elemento más a sumar a la discusión del “a mi no me interesa/importa/no me meto/etc. en política” como si fuera que la politica es algo independiente del mundo del que uno puede andar por ahí sin que le afecte, TODO es político en algún punto, es más, la “apolítica” es una posición politica…

    • Javi

      por cierto, banco la investigación en general, pero mucho la investigación de ciencia básica y temas sin un fin practico visible inmediato, tambien ciencias sociales, (aunque claramente no son lo mío)

    • ​María Alejandra Petino Zappala

      Gracias! De hecho, la nota es basada en un trabajo práctico que hice para una materia que tenía mucho contenido de CTS, dictada por una profesora e investigadora de la UNSAM. la verdad es que viniendo del palo de las exactas todo eso me abrió mucho la cabeza, ojalá en las carreras de nuestra facultad se hablara más del tema :)

  4. R T

    Gran nota!

    Me parece un dato interesante para agregar a estos loops de retroalimentación de las publicaciones son los intereses de las editoriales. Las grandes revistas se basan en peer review ad honorem de grandes cientificos del area, con sueldos pagados por universidades (públicas, privadas, pagadas con fondos de proyectos -públicos o privados-) para que después estas vendan su contenido a las universidades porque para mandarlas firmaste una cesión de derechos de autor. Todo esto con la agenda de investigación de otros paises.

    Muchas gracias por las fuentes! Queria organizar una discusión y no sabia por donde arrancar.

    Saludos

  5. Maru

    Me interesa mucho esta problemática y, desde allí, sumo este comentario. Me parece más interesante la “Sociología de las Ausencias” que propone De Sousa que la “Sociología de la Ignorancia”, más que nada porque en la sociología propuesta por De Sousa la perspectiva política es parte del planteo “científico” mismo. En términos de la nota, se podría decir que lo “ignorado” por “la” ciencia tiene que ver con lo que no está presente porque se hace ausente; hay una operación de poder que lo oculta. Entonces, no se trata simplemente de “conocimiento” (ignorar) sino de política y de poder. Por otro lado, y también pensándolo desde la perspectiva de este autor, el asunto de cómo resolver este complejo problema de hacer presentes los “temas” ausentes, o ignorados, es más complicado que la cuestión de Estado o Mercado, más allá de que concuerdo que es a través de lo público que vamos a conseguir que se haga ciencia para todxs. Pero actualmente, por ejemplo, el Mercado ya ha atravesado al Estado o, en otras palabras, hay áreas del estado privatizadas, por ejemplo las universidades públicas que tienen negocios muy importantes con sectores del mercado y que a todas luces hacen ciencia para el mercado. Lamentablemente esto es así hoy en día. Te dejo mi mail por si da para seguir más allá de este marco! Soy una estudiante de Ciencias de la Comunicación en la UBA y estoy tratando de terminar mi tesina que trata, justamente, sobre geopolíticas del conocimiento. Abrazo y felicitaciones por el artículo!

    • ​María Alejandra Petino Zappala

      Gracias por el mensaje!
      Igual, el tema de sociología de la ignorancia, a pesar de que el nombre pareciera implicar algo no intencional, también incluye saberes que no se persiguen (o se pierden) a causa de una expresa intención. No es que plantee simplemente que las cosas no se sepan porque a nadie se le ocurrió estudiarlas sino que incluye conflictos de intereses, políticas e incluso la pérdida de saberes por cambios culturales.
      La verdad es que es un tema enorme y tratarlo en profundidad me excede un poco, pero por lo que sé en el país hay unos cuantos investigadores que están en eso

  6. Marcos

    A mí lo que me preocupa es que la ciencia, los científicos, no opinan nada sobre errores de problemática de género. Por ejemplo, algunos casos que cuando yo los veo me sacan de las casillas.

    Uno, se dice que las mujeres ganan en promedio un 35 % menos que los hombres, en los medios los periodistas lo repiten como que a la mujer se le paga el 35 % menos por cada hora trabajada. Esto es falso, la estadística es en bruto. Para que se entienda, por ejemplo, una mujer que trabaje 2 horas a la semana y gane 7 mil pesos al mes, y un hombre que trabaje 84 horas a la semana y le paguen 14 mil pesos. Así, en bruto, ambos son trabajadores, a la mujer, en este caso le pagan el 50% menos, pero si tomamos cuanto se le paga por hora trabajada vemos que en este caso, por hora trabajada se le paga más a la mujer. El tema del porcentaje es en bruto, no es por hora trabajada, ambos son trabajadores, no importa cuántas horas trabaja cada uno, no se divide cuánto ganan por las horas trabajadas.
    Otro caso, dicen que la infancia, lo juegos de la infancia condicionan las posibilidades de adulto. Un periodista, en un medio de comunicación, piensa que un hombre tiene más fuerza física que una mujer porque en la niñez tiene juegos distintos que una mujer. El periodista desconoce de biología, no tiene ni idea de lo que habla, y lo más grave que ningún científico haya salido a decir nada.

    Otro caso, es los títulos feministas como nos están matando, cada tantas horas muere una mujer. Bien, mueren el doble de hombres que de mujeres en hechos de violencia. Van a saltar a decir las feministas que a los hombres no los matan sus parejas. Bien, las mujeres son las que elijen, el hombre propone y la mujer dispone, cualquiera hay alguna vez fue a un boliche sabe quién es el que rebota, el hombre o la mujer, y quien es el que rechaza un encuentro, el hombre o la mujer.

    Hay un montón de casos como esto, hay para hacer dulce de los errores, por ignorancia o a propósito que se comenten en ideologías de género.

  7. Agus

    No concuerdo con la afirmación ‘la ciencia es poder’, la ciencia es apenas una herramienta, en todo caso ‘el conocimiento producido por la ciencia es poder’ (en oposición al conocimiento producido por otros métodos, como la adivinación, que es bastante inútil).
    La frase ‘la ciencia y la política son inseparables’, es probablemente correcta pero no sé si es la mejor manera de expresar esa idea. Así como está, remite más bien a Stalin cuando entronizó a Lysenko y condenó a Vavilov a morir en prisión. Es que el tío Josif consideraba que el darwinismo era ciencia burguesa, sólo el lysenkoísmo era genuina ‘ciencia socialista’. Eso es una deformación espantosa y de hecho, peligrosa. Que lo digan si no los campesinos ucranianos que intentaron producir trigo usando los métodos de Lysenko. Yo diría más bien que la política orienta, con pulso más o menos firme, las preguntas que los científicos buscan responder. El método científico en sí nunca deja de ser ‘neutro’. Parafraseando a Nietzsche, la ciencia nos muestra los hechos, después vienen las interpretaciones…

    Saludos

  8. ​María Alejandra Petino Zappala

    Cuando digo que la ciencia es inseparable de la política, no me refiero a “política” en el sentido partidario, sino a lo que implica en cuanto a las relaciones de poder dentro de la sociedad. Y tampoco me refiero al método científico en sí, sino a la orientación de las investigaciones (o a la elección de no intervenir en orientarlas, que también sería política).
    Saludos!

  9. Javier Dos Santos

    Q loco que al leer una nota sienta que podría haber sido yo el que la escribió… No xq yo sea realmente capaz de haberla escrito (aunque de tanto en tanto escribo alguna gilada x ahí), sino x lo identificado q me siento con lo que escribís. Tal vez x el lenguaje claro q usas, la bocha corta y al pie (nota algo larga pero re entendible para un tema en el q se necesita justificar cada afirmación), por los chistes muy bien colocados q hacen q la lectura sea muy amena (el de Ned se merece su mención especial), xq tmb se lo q son los burocráticos financiamientos y xq tmb anduve por algún laboratorio/aula cuestionando (y cuestionándome) qué y para qué se investiga . En fin… en aquellas ocaciones en que escribí x ahí recibí los comentarios con mucha alegría, así q paso a dejarte mis reconocimientos para darte un modesto refuerzo positivo q tan lindo se siente. Saludos, Javier

  10. Almafuerte

    Me gusto como trataste el tema. Es muy común recurrir al irracionalismo posmoderno en estos aspectos, que termina con puro blabla criptico, sandeces pseudocientificas, y chachara discursiva infalseable.
    Es cierto que la ciencia no se despega del sistema económico. El capitalismo vive de revoluciones tecnologícas que llevan cada tanto a crisis económicas y financieras. Como buen vampiro, le chupa la sangre a la sociedad, haciendo que las universidades produzcan a sus reproductores (los ingenieros en ciencias duras en general). La cuestión no es tanto en criticar la produccion de ciencia, sino el fin mediato de ella: la ganancia del capital. Cierto es que introducir ideas políticas, en si, a la ciencia conlleva peligros (el lysenkoismo como se cito, aunque el darwinismo social seria una prueba de que la derecha también politiza y no es desideologizada como dice ser) también es cierto que los científicos son gente que vota en su gremio, en las elecciones a cargos publicos etc, leen diarios, opinan sobre temas sociales polémicos (aborto, femicidios, inseguridad, etc). Es obvio que la ideología termina aflorando incluso en ciencias duras (o no era derecha vs izquierda el debate Dawkins c/ Lewontin?)
    Volviendo para concluir: El cientifico es hombre de su epoca, y conciente de la injusticia de la asignacion social de recursos, la mercantilizacion de la investigación (Bad Pharma), la logíca amarillista que viene teniendo la divulgación científica (estudios “cientificos” de dudosa verificabilidad sobre cosas de dudosa utilidad para el bienestar social) debería tener compromiso político para cambiarlo, y lograr un ámbito político y económico de libertad para investigar sin la presión de cagarse de hambre si no es rentable.
    Un abrazo che. Seguí escribiendo que lo haces muy bien.

  11. John

    Excelente nota! Me enamoré!

    Dímelo a mi que estudio Ing. Mecatronica (Tengo 31 años y empecé hace 2, rindo libre por cuestiones laborales y familiares)

    Cada 3 palabras de los profesores les sale un “Porque cuando entren en una fabrica” – “Recuerden que el mercado” – “Porque ustedes en una linea de producción”, etc, etc, etc. (Introducción a la Ingeniería UNSL-FICA)

    Una vez me levante y le dije al profesor:

    “Yo no quiero ir/estár o laburar en una fabrica, yo quiero dedicarme a investigar, desarrollar, inventar e innovar en todo lo referente a la Rebotica, Electrónica, Programación, Inteligencia Artificial y en cualquier otra área que pueda abarcar o ser útil mi conocimiento. Y si debo trabajar me gustaría hacerlo de profesor, porque me encanta enseñar, yo quiero ser ese típico científico loco al cual los niños miran por la ventana mientras hace sus cosas, al cual le llega la policía por denuncias de los vecinos que se quejan que les baja el voltaje, el que pregunta a cada rato que día y hora es porque está perdido de la realidad, el que puede enseñar lo que sabe con lo que sea que tenga a mano, porque conoce todo lo que sabe y muy bien, no quiero que me digan que debo hacer/pensar/sentir/inventar/investigar/innovar, porque para eso tienen a los del CONICET”.

    Aparte de recursar 2 veces la materia, me dijo que la “EDUCACIÓN LIBRE Y GRATUITA” no es tan libre ni tan gratuita, ya que el estado invierte en mis estudios, por ende voy a estudiar las carreras que ellos me den y dedicarme a lo que ellos quieran científicamente hablando, sino… Estudia en una privada y buena suerte consiguiendo financiación para tus investigaciones e inventos.

    Tiene toda la razón, al igual que yo. Pero eso no me desanimó / desalentó ni mucho menos frenó, hoy en día (Aparte de mis estudios en la universidad) estudio climatología, construcción, diseño 3D (Entre varios más) y estoy desarrollando un sistema Mecatrónico (Rebotica, Programación, Electrónica, Inteligencia Artificial, etc).

  12. SEO

    Hola Maria Alejandra, leí el articulo ya dos veces, varias cosas para destacar y recordar, va a favoritos y a recorrer mas textos tuyos, gracias por escribir pensando en que el mensaje sea un disparador de ideas propias, simplemente gracias.


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