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Hechizo_de_pepa

IMG:  Meritxell Alterio  

Hechizo de pepa

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When you believe in things that you don’t understand,
then you suffer,
superstition ain’t the way
Stevie Wonder

Gatos negros, escaleras, espejos rotos: todos dan mala suerte. Salvo que los evalúes en un doble ciego, y ahí te das cuenta de que esto es superstición pura y dura, creencias sin base racional que se fundan en un realismo mágico en que lo sobrenatural domina nuestras vidas. Por suerte, la razón cae como un rayo a desterrar estas ideas oscuras: si se pasa por debajo de una escalera, sólo hay que fijarse de no tirarla, se puede caer con quien sea que esté laburando subido a ella. Si se rompe un espejo, hay que tratar de no clavarse los vidrios y terminar todo vendado. De los gatos no hay nada que decir, nadie los entiende. Simple.

La ciencia es la herramienta que tenemos para iluminar las habitaciones que la superstición deja en tinieblas, pero a veces la luz llega demasiado tarde y sólo sirve para descubrir los cadáveres que deja la ignorancia. Así pasó en 1976 cuando se descubrió, 284 años muy tarde, que las ocho niñas ‘embrujadas’ que fueron causa de la ejecución de 24 personas en el pueblo de Salem, Estados Unidos no estaban siendo poseídas por demonios sino por ergot: un hongo que crece en el centeno. Y como en esta aldea no nos gustan ni las brujas ni las intoxicaciones alimenticias leves: A LA HOGUERA.

Linda R. Caporael, psicóloga e investigadora de la Universidad de California, describió en un artículo para la revista Science la posible relación entre una enfermedad epidémica transmitida por el Claviceps purpurea y los casos de las ‘brujas de Salem’. El Claviceps, también llamado cornezuelo o ergot, es un hongo que crece en los cereales, particularmente en el centeno. ‘El ergotismo, o envenenamiento a largo plazo por cornezuelo es resultante de la ingesta de pan de centeno contaminado (vale aclarar que el pan de cada día de la época era básicamente el pan de centeno). Las mujeres, los niños y las embarazadas son los más susceptibles a contraer esta enfermedad. Los efectos son acumulativos y tardan hasta dos años en deteriorarse’, explica Caporael en su artículo. Los síntomas incluyen: alucinaciones, convulsiones, compresión arterial, sensación de quemazón aguda y gangrena en las extremidades. La investigadora agrega que uno de los alcaloides presentes en el cornezuelo es la isoergina (amida ácida lisérgica) y otro es la ergolina, de la cual deriva el ácido lisérgico o LSD-25, conocido también como pepa (en el mejor de los casos, ya que en general suele ser cualquier otra cosa). O sea que, hablando mal y pronto, el ergotismo es como tener un hongo liberando LSD (bah, ‘como’ es laxo, pero sí está liberando un psicotrópico parecido). Este compuesto está en tanta cantidad que te puede dar un mal viaje acompañado a veces con gangrena y otras veces con convulsiones (acá la gran diferencia con el LSD, que no tiene estos efectos secundarios). Horrible, sí. Brujería, no tanto.

Del compuesto responsable (la ergotamina), hoy sabemos que la usamos como uno de los pocos medicamentos efectivos contra la migraña y que de él deriva lo que conocemos como ácido lisérgico, que fue sintetizado en 1943 por el doctor en química Albert Hofmann, y tiene una relación directa con los síntomas que sufrían las niñas.

Mientras trabajaba cristalizando el primer lote de LSD-25 los dedos del doctor absorbieron la sustancia y lo obligaron a interrumpir su trabajo, según informó, por encontrarse con ‘una imaginación demasiado estimulada’ y ‘en un estado parecido al del sueño, con los ojos cerrados (encontraba la luz del día desagradablemente deslumbrante), percibí un flujo ininterrumpido de dibujos fantásticos, formas extraordinarias con intensos despliegues caleidoscópicos’. Luego de este (¿des?) afortunado incidente, el químico decidió poner a prueba su cuerpo.

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EEEEPA, CÓMO SE MUEVE ESTA FOTO

Su plan fue simple: empeparse por la ciencia. Hofmann consumió una dosis bastante elevada de ácido lisérgico. ¿Qué tan elevada? 250 microgramos. Y eso, ¿cuánto es? La dosis mínima psicoactiva del LSD es entre 10 y 25 microgramos, (lo normal en una pepa es entre 50 y 150 microgramos). ¿Qué ocurrió? Hofmann se fue de viaje (literalmente, se sintió tan mal que pidió que lo llevaran a su casa. Bicicleta con rueditas para uno) y cuando volvió describió que entre los efectos del ácido lisérgico se experimentaba: pérdida de la voluntad, incapacidad para hablar y moverse, alucinaciones, fotofobia y sensación de muerte. Lo que experimentó Hofmann duró apenas unas horas. Las chicas de Salem lo vivían constantemente, sumado a otros síntomas descriptos más arriba. Ahora la pregunta crucial: ¿estaba el doctor Hofmann embrujado? ¿Estaba poseído? Claro que no, pero volvamos del empepado voluntario a las poseídas por el champignon de Satán.

El caso de las brujas al que se refiere Caporael ocurrió en 1691, cuando los médicos del condado de Massachusetts se encontraron con ocho chicas del pueblo de Salem que presentaban estos síntomas de manera crónica: Betty Parris, Mercy Lewis, Mary Walcot, Ann Putnam, Elizabeth Hubbard, Susannah Sheldon y Mary Warren. Al no hallar la razón biológica de los males que aquejaban a las niñas, los médicos cedieron a la superstición.

Diagnóstico: embrujadas. Todo muy científico.

La ira que acompaña a la ignorancia no tardó en esparcirse por el pueblo y caer sobre una esclava que cuidaba a dos de las chicas: Tituba. Se acusó a Tituba de bruja y de paso también a dos ancianas del pueblo que nadie aguantaba. Lo peor es que la esclava confesó que poseía artes mágicas. No contentos con tres acusados, ya que las nenas seguían embrujadas, en febrero de 1692 se formó un jurado especial que detuvo a 200 personas del condado por el mismo cargo: brujería. Diagnóstico, cargo, es todo lo mismo.

FIUM, FIUMMM. CÓMETE MIS RAYOS, JUEZ

FIUM, FIUMMM. CÓMETE MIS RAYOS, JUEZ

El jurado usó para dictar sus sentencias a los acusados nada más y nada menos que la nunca faltante ‘evidencia espectral’ la opinión alucinada de las niñas sobre las declaraciones de los acusados y la mal remunerada pero efectiva ‘prueba del tacto’ el cese de las convulsiones al ser tocadas por una bruja o brujo. Aunque había registros de casos clínicos que describían la enfermedad incluso antes de 1692 y que los ministros de la Iglesia Católica se oponían a sentenciar sólo con esas evidencias a tantas personas, la caza de brujas siguió su curso. Los juicios duraron un año y en ese lapso diecinueve personas murieron en la horca, cuatro murieron en prisión esperando la sentencia y un hombre murió lapidado mientras era forzado a declarar si era inocente o culpable. Violencia pura y dura que no admite bromas.

A diferencia de estos juicios, la teoría de Caporael necesitó de pruebas sólidas y apoyo de la comunidad científica para ser aceptada. Algo que no consiguió al principio. Al tiempo de publicarlo, la misma revista tachó la propuesta de improbable con otro artículo de análisis que sentenciaba: ‘los síntomas presentados por las chicas en Salem no eran los de ergotismo convulsionante’. Sin embargo, no todos pateaban en contra. La teoría del cornezuelo de centeno encontró apoyo y fue reforzada por una investigación realizada por la historiadora Mary K. Matossian, profesora adjunta de la Universidad de Maryland, que estudió los efectos de la intoxicación alimenticia y sus consecuencias en el comportamiento social. En el caso de Salem, comparó la teoría de Caporael con las transcripciones de los juicios, los indicadores de clima de la época, los diarios personales de los acusados, mapas de distribución de la población afectada y otros reportes escritos de ese año y concluyó no sólo que la teoría del cornezuelo era cierta, sino que según declaró para The New York Times, ‘la mayor parte de las cacerías de brujas fueron parte de un gran problema de salud en los Estados Unidos que no fue reconocido’.

En ciencia nada es definitivo, las teorías se cuestionan constantemente y se comparan con otras para lograr acercarse lo más posible a la verdad. Explicar lo que sucedió detrás de los casos de Salem aporta al conocimiento del mundo y evita repetir errores en el futuro. Aceptar el encierro y la ejecución de los condenados por brujería sin más pruebas que la superstición de un pueblo y la opinión ignorante de las figuras de poder, en este caso los jueces, es alimentar la violencia y el temor frente a lo desconocido. La brujería sigue existiendo en nuestros días pero no se cura con fuego, ni con sogas apretadas al cuello. La brujería hoy viene en forma de superstición. La superstición es miedo, y el miedo sólo se vence con conocimiento.

 

ANÉCTODA SUPLEMENTARIA: Por si las brujas no eran suficiente, el pan de centeno es el que consumían los campesinos en Francia durante el siglo XVIII, y algunos autores asocian el consumo de centeno con ergot como uno de los elementos que terminaron en el caldo de cultivo que tomó la Bastilla.

Liberté, egalité, mempepé.

 

Ilustración:  Meritxell Alterio