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Haciendo_a_Nemo

IMG:  Juanmiguelisimo  

Haciendo a Nemo

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Cuando le pregunté cómo estaba, me respondió ‘unicogiendo’, con la honestidad que sólo puede venir de alguien que no puede manejar el miedo primitivo a estar de novio. Miedo justificado, si los hay; más sabiendo que solamente el 3% de los mamíferos es monógamo, incluyendo, ahora, a mi amigo y no, a tu novio no, mamina, que todos lo vimos de cadena suelta, tirándole chiguaguas y fox terriers a medio mundo después de la segunda cerveza.

Pero, más allá de las conductas reprobables de tu novio que vamos a sugerir pero no explicitar en el medio de una nota de casi ciencia, la monogamia es una conducta evolutivamente deleznable. En serio, ¿a quién se le viene a ocurrir meter todos los huevos en la misma canasta? Porque, si la evolución se rige por generación de variabilidad seguida de selección por presión del ambiente (aparte de un par de bardos, derivas génicas, eventos cataclísmicos y otras formas que tiene Dios de jugar a los dados con el Universo), al final del día, estás barajando pocas veces porque, por lo menos para el hombre, el potencial reproductivo es ENORME.

Entonces, ¿por qué insistimos con la monogamia? Claro, ahora vamos a entrar en el factor cultural y me van a tirar a las rodillas, y sí, las Naciones Unidas te cuentan que aproximadamente el 93.1 % de las mujeres y el 91.8 % de los hombres se casaba para los 49, por lo menos en datos que van del año 1947 a 1992.

PERO.

Una cosa es hablar de monogamia, de papeles, y otra de monogamia, de posta, de no andar cascoteando afuera de casa. Así como la monogamia está muy distribuida en nuestras sociedades, la infidelidad también. Se estima que en los hombres, la infidelidad tiene un grueso de entre 20 y 40% y entre las minas, de un 20 a 25%. Es hasta divertido ver cómo la estadística se pone poco confiable, porque el ‘Dígame Sr. Ramírez, de cero a catorce, ¿cuánto cagó a su mujer en los últimos 35 años de casados?’ puede ser bastante difícil de transformar en dato sólido.

El tema es que, en una de esas, la monogamia podría ser una estrategia para tener muchos menos huevos (?) en muchas menos canastas (ahora sí), pero lograr que los pollitos (border) lleguen mejor a pollos (108% de abuso de analogía, completado). El humano se encuentra excepcionalmente en el borde de una estrategia reproductiva: tenemos animales que se reproducen muchísimo pero cuidan poco a la cría (como los peces, que fertilizan miles de huevos pero no  tienen ningún tipo de cuidado paternal, salvo Nemo, pero Nemo era especial.  Especial no por su leve discapacidad (no diría que alguien con una discapacidad es especial, digo especial porque es Nemo. Es un pez. Es Pixar.). Ahora bien, por otro lado, tenemos a los mamíferos que tienen pocas crías, pero a las que le dedican gran cuidado, llegando muchas a la adultez.

A esto le agregamos que el humano nace incompleto. Nace crudo, digamos (acá va el chiste de ‘pibes crudos’, que cada uno haga la versión que más le guste). Cualquiera que haya visto nacer un ternero, una oveja o un caballo, sabe que lo primero que hace el bicho es pararse, y que no tarda mucho en desarrollar independencia de la madre.

Ahora, el humano, siempre especial, como Nemo, nace dependiente. El humano no puede alimentarse solo, no puede moverse solo, no puede hacer básicamente nada de lo necesario para sobrevivir solo hasta que pasa de bebé a nene. Llegar a este punto le demanda aproximadamente unos 5, 6 años, dependiendo de a quién le vayas a preguntar, si antropólogo, psicólogo, psicopedagogo, pediatra o a Mirta (55) que le sigue lavando la ropa a Marcos (35) porque éltodavíaeschicoytienequedescubrirquéquierehacerdesuvida.

Pero, ¿cómo mantenemos al nene vivo? ¿Cómo cuidamos los genes que tanta cena, cine y ver a una persona que le grita autista a una tele porque la defensa de Boca no se ordena nos costó transferir a la generación siguiente? Oxitocina.

Existe un amor, aparte del amor. Un amor que trasciende al enamoramiento, y es el apego. El apego se basa en la relación de una hormona, la tirana oxitocina, con el equilibrio de todo nuestro cerebro, cuando esa persona que nos enamoró tan enfermizamente se vuelve cotidiana. Hoy sabemos tanto de la relación entre esta hormona y la conducta social que ya se logró aislar una variante del receptor celular que interactúa con esa hormona, y que correlaciona con la infidelidad. Algo de vos, tu novia, un hisopo, una PCR, secuenciación y listo, como GATTACA, pero peor.

La oxitocina hace que ese enamoramiento, esa adicción, se vuelva soportable, constante, práctica inclusive. ¿Práctica para qué? Para criar a Nemo. El apego es la forma de constituir un núcleo, una pareja que pueda cuidar a ese humano incompleto que sos cuando nacés, y qué lindo como te parecés a tu papá y a tu mamá y qué ojos más grandes tenés.

Pero lo mejor de todo es cómo la naturaleza nos hizo la cama y nosotros nos acostamos cómodos encima. Porque ese vínculo en algún momento tiene que nacer, tiene que progresar desde algún lado, o si no, te pondrías de una vez de novio con la hija de Estela, la más chica, la que nunca querés conocer. El secreto está en el timing.

La oxitocina no se libera todo el tiempo, sino que lo hace particularmente en determinados momentos. Para sorpresa de NADIE, los picos de liberación de oxitocina son durante el beso, el orgasmo, el abrazo y el coyuntural cuchareo. Es acá donde hace daño la clara diferencia instintiva entre quedarte a dormir y llamar un taxi, la transición entre enamoramiento y apego, y la caída en la trampa evolutiva de la monogamia, la pendiente violenta que va de estamos saliendo a unicoger, y de unicoger, a los tumbos. Tumbos irrespetuosos que se presentan cuando tus amigos te preguntan por ella, y vos te das cuenta de que, además de saber cómo está, sabés cuándo fue la última vez que lloró y qué le pone a la ensalada.

Ilustración:  Juanmiguelisimo