Glifosato_00

IMG:  Paula Monteagudo  

¿Cuáles son los peligros del glifosato? ¿Qué evidencia tenemos y de dónde viene?

Quienes afirman que producir alimentos es una tarea sencilla probablemente nunca lo intentaron. No importa si es en el balcón del departamento en el octavo piso o en el patio de un chalecito, los desafíos son más o menos los mismos: a veces las semillas no brotan, no todas las semillas que brotan continúan su crecimiento porque olvidamos regarlas y no todos los tomates zafan de que los bichos se los coman antes que nosotros.

Si bien comer una ensalada hecha con verduras cosechadas en casa es un privilegio que algunos nos podemos dar (y que, en muchos casos, vemos como un acto político), en un pasado no muy lejano labrar la tierra representaba el trabajo de la mayor parte de la población. Mientras el Rey y su séquito perseguían zorros en el bosque, el campesinado se dedicaba a cuidar de Sol a Sol los cultivos y animales de su parcela de tierra, en una rutina agotadora, arando el suelo para sacar las piedras, quitando los yuyos que competían por los nutrientes o arreando el ganado hacia lugares con más pasto.

Eran tiempos difíciles. Si no tocaba la suerte de vivir en un lugar con estabilidad climática y política, o dirigentes generosos, una variación en las lluvias de ese año podía significar un fracaso de la cosecha y una reducción en las reservas de alimentos (imagen que aún se puede observar en muchos países). Y si encima la mala suerte hacía que en la siguiente temporada apareciera una plaga de langostas, ahí la hambruna era cantada. Esta fue la realidad de muchísimas comunidades alrededor del mundo durante prolongados períodos de tiempo. De hecho, las hambrunas masivas fueron protagonistas de grandes migraciones en la historia. Una de las más conocidas ocurrió en Irlanda entre 1845 y 1849, cuando un hongo azotó los cultivos de papa y generó destrozos en la cosecha, dejando a millones sin alimentos, de los cuales un millón murió en el plazo de cinco años. Fue esta hambruna la que forzó a una parte importante de la población irlandesa a migrar hacia Estados Unidos, marcando para siempre la cultura de ambos países.

Durante la primera mitad del siglo XX, la explosión poblacional, las sucesivas guerras, las primeras crisis financieras y los fenómenos climáticos aún causaban grandes hambrunas. Fue así que en México, en los años ‘40, un agrónomo estadounidense llamado Norman Borlaug se vio desolado ante la pobreza de los campesinos mexicanos y la hambruna causada por una plaga de hongos a los cultivos de trigo y maíz, ambos importantes para las comunidades locales. Al observar esa situación, Norman puso manos a la obra y con mucha ciencia y maña desarrolló —en tan solo 3 años— una variedad de trigo resistente al hongo, logrando así duplicar la producción del cultivo y llevando a México a convertirse en un país exportador de granos por primera vez en su historia. Norman compartió sus conocimientos con varios otros países que andaban con el mismo quilombo (como Pakistán y la India), y así se ganó el apodo de ‘el padre de la Revolución Verde’. Por su contribución, recibió el Premio Nobel de la Paz en 1970.

Así, con el objetivo de reducir las hambrunas masivas a escala global, los científicos concentraron sus esfuerzos en mejorar un montón el rendimiento de unos pocos cultivos (como el maíz, el trigo, el arroz y la papa) para proveer alimentos de manera eficiente a la creciente población. Pero este camino tuvo su lado oscuro: depender de tan poquitos cultivos nos dejó muy vulnerables al ataque de plagas, como hierbas, insectos y hongos. A pesar de que los pesticidas y otras técnicas para el control de las plagas tienen muchísimos años de antigüedad, los viejos métodos no resultaban muy efectivos en el nuevo contexto de la agricultura, y la elevada toxicidad de algunos compuestos utilizados tradicionalmente (como la aplicación de nicotina, cobre, mercurio, arsénico y hasta plomo) empujó a los investigadores a desarrollar nuevos compuestos plaguicidas. Así, se hizo cada vez más claro que la única manera de mantener sin plagas a un campo enorme cultivado con una sola especie (como el maíz), era mediante la aplicación de pesticidas sintéticos.

El gran DDT

Mientras trabajaba en la empresa Geigy en 1939, el químico suizo Paul Hermann Müller descubrió que el compuesto dicloro-difenil-tricloroetano (más conocido como DDT), el cual tenía una inigualable capacidad de matar insectos. Fue así que se lo comenzó a utilizar como insecticida para controlar la malaria, la fiebre amarilla, la fiebre tifoidea y muchas otras infecciones causadas por insectos vectores como el mosquito (una motivación importante para el desarrollo del pesticida fue que durante los conflictos bélicos se morían más soldados yanquis por picadura de mosquitos que por la guerra en sí misma). Los efectos espectaculares que tuvo el DDT en la reducción de esas enfermedades en las poblaciones afectadas hicieron que Paul recibiera el Premio Nobel de Medicina en 1948. Y a pesar de ciertas preocupaciones por parte de algunos científicos, la nueva maravilla de la industria química moderna tuvo el visto bueno para ser comercializada libremente y ser utilizada en la agricultura y en las casas para el cuidado del jardín.

Pero la inquietud de aquellos científicos resultó estar bien fundada, ya que el uso masivo de un insecticida que mataba a todos los bichos podía generar un desequilibrio en los ecosistemas circundantes a las granjas, no sólo por matar a insectos que son beneficiosos para las actividades agrícolas (como los polinizadores), sino también por matar peces, aves y otras formas de vida que se alimentan de los insectos envenenados con DDT (por ejemplo, los huevos de las aves se hicieron más frágiles y se rompían cuando los empollaban).

Fue cuestión de tiempo para que surgiera una nueva generación de mosquitos resistentes al DDT y, con ellos, reaparecieron enfermedades supuestamente erradicadas. Además, tal como se había predicho, la aplicación masiva de DDT en las zonas rurales causó una disminución en la población de pajaritos, se contaminó el agua y se demostraron los efectos negativos a largo plazo sobre la salud humana debido a su amplio repertorio de efectos (carcinogenicidad, neurotoxicidad, disruptor endocrino y toxicidad hepática). A partir de la publicación de un libro escrito por la bióloga Rachel Carson en 1962 (‘La primavera silenciosa’, titulado así en referencia a que no se escuchaba más el canto de los pajaritos), donde denunciaba el desastre ecológico que estaba causando la generosa utilización del DDT, las consecuencias asociadas al uso de plaguicidas se convirtió en un tema de debate público. Al igual que el origen de la resistencia al pesticida, fue cuestión de tiempo para que el reclamo social resonara en la Casa Blanca y se tomaran medidas al respecto. Finalmente, el DDT se prohibió en los Estados Unidos en 1972.

Aaaaah, los viejos ‘40… Nada como una buena ducha con DDT al aire libre. Fuente.

Yerba mala

Pero como mencionamos anteriormente, los insectos y los hongos no son los únicos problemáticos. Quienes tienen la suerte de disfrutar de una huerta o de hacer jardinería en casa habrán notado que si hay muchos yuyos alrededor de las rosas o la lechuga, las plantitas pierden vitalidad. Esto se debe a que en la tierra hay una competencia feroz por los nutrientes, la luz y el agua entre las plantas, y generalmente las plantas que nos interesan tienen menos capacidades de pelear por lo que necesitan que los yuyos silvestres muy bien adaptados a las condiciones locales. Es por esto que las hierbas indeseadas en el jardín, en la huerta o en el campo reciben el nombre demonizante de malezas.

Las técnicas manuales de control de malezas son las más antiguas y prevalentes, como dar vuelta la tierra utilizando un arado o sacar los yuyos con la mano. Pero, aunque no parezca, el control químico tampoco es un fenómeno reciente y tenemos registros de su utilización en la Antigua Grecia hace 1200 años: la aplicación de sal y aceites al suelo fueron los primeros métodos utilizados. Pero el problema de estos era que dejaban inutilizable la tierra y perjudicaban el crecimiento del cultivo de interés tanto como el de la maleza en cuestión. Con el paso del tiempo se avanzó hacia técnicas más selectivas, como la aplicación de sulfatos y nitratos de cobre y plata. Y otra vez nos encontramos con un ‘pero’: había que usar una banda de estas sustancias para que la cosa marchase más o menos bien. Entre hambrunas y plagas, la agricultura se mantuvo más o menos igual hasta mediados del siglo XX, momento en que comenzó la era de los herbicidas sintéticos durante la Segunda Guerra Mundial, y en el plazo de unos 20 años se sintetizaron unos 100 compuestos matayuyos, incluyendo el ampliamente utilizado 2,4-D (que sigue en uso). A diferencia de los sulfatos y nitratos que se aplicaban en una cantidad de 2200 kilogramos por hectárea, los nuevos herbicidas requerían de solo unas decenas de kilos de ingrediente activo para la misma superficie. Pero, como no podía ser de otra manera, con el correr de los años muchos de estos herbicidas fueron prohibidos por ser inseguros desde el punto de vista tanto sanitario como ambiental.

Fue entonces cuando, en el corazón de la compañía Monsanto (en Estados Unidos), el científico John Franz redescubrió un potente herbicida que se patentó bajo la marca comercial Roundup® (ya había sido descubierto en los ‘50 por el investigador Henri Martin, pero como el compuesto no tenía ninguna aplicación farmacéutica de interés, lo dejaron pasar). Y ahora sí, estamos hablando del Glifosato.

A diferencia de otros herbicidas de amplio espectro y con una acción rápida por contacto (como el paraquat), el glifosato tiene la propiedad de ser absorbido a través de las hojas y los tallos de la planta y ser distribuido por todos los tejidos, donde inhibe la acción de una enzima específica de una ruta metabólica encargada de fabricar ciertos aminoácidos esenciales para el crecimiento y vida de esa planta, destruyendo su capacidad de regeneración y dejándola bien, bien muerta. Por este motivo, el glifosato se utilizó para matar las malezas antes de poner las semillas en la tierra y así despejar el camino para los cultivos de todo tipo. Así, el éxito rotundo del glifosato se tradujo en menores dolores de cabeza para los productores, mayor disponibilidad de alimentos y claras ganancias para Monsanto, por lo cual Franz se llenó de un montón de premios y distinciones.

R con R, Roundup Ready

Por supuesto, de inmediato resultó muy tentadora la idea de usar Glifosato para matar las malezas que crecían rápidamente en medio de los cultivos. Pero, debido a su elevada toxicidad para todas las plantas, una dosis pequeñísima no sólo elimina las malezas, sino que también daña los cultivos de interés. Por lo que se hizo necesario desarrollar algunas técnicas para intentar matar las malezas sin tocar los cultivos.

Durante la dorada década de los ‘90, momento en que aplicábamos la biotecnología para producir tabaco transgénico que se bancara las plagas, a alguien se le ocurrió la fantástica idea de desarrollar cultivos tolerantes al glifosato. Eso permitiría aplicar el glifosato en cualquier momento del crecimiento de las plantas y así olvidarse para siempre de las malezas. La estrella de estos cultivos fue sin lugar a dudas la soja RR (por Roundup Ready), desarrollada en colaboración entre Monsanto y Nidera con el fin de proveer proteínas de alta calidad a la pujante industria ganadera mundial que abastecía de carne a una población cada vez más demandante. También se sumó a esta ola exitosa el maíz (utilizado ampliamente para alimentar animales y para producir el jarabe de maíz alto en fructosa, rey de la industria de los alimentos ultraprocesados, también conocido como JMAF en las etiquetas de los alimentos), el algodón (para hacer un montón de ropa), la alfalfa (también para los animales) y la caña de azúcar (como otro ingrediente de la industria alimentaria y en algunos países también como biocombustible).

Así, en lugar de contratar a un experto para controlar las malezas mediante la utilización de múltiples y peligrosos herbicidas, la incorporación de los cultivos transgénicos tolerantes al glifosato hizo que, de repente, renegar con yuyos indeseados fuese cosa del pasado al simplificar todo el asunto a un solo producto. Pero la cosa se puso más interesante cuando al glifosato y a los transgénicos se les sumó una nueva tecnología que conformaría la Santísima Trinidad Agrícola de los productores de países como Estados Unidos, Argentina, Brasil y Canadá: la siembra directa en barbecho químico. Esto quiere decir que, en lugar de pasar el tractor con el arado y los discos varias veces por el campo para eliminar las malezas y dejar lista la tierra para sembrar las semillas (lo que se conocer como ‘barbecho mecánico’), se optó por dejar los residuos de la cosecha en el campo y aplicar herbicidas para matar las malezas un tiempo antes de realizar la siembra con máquinas que inyectan las semillas directamente en el suelo.

Con un timing espectacular, el mismo año que se aprobó el uso comercial en Estados Unidos, la soja resistente al glifosato se introdujo en Argentina en 1996 y su adopción alcanzó la asombrosa cifra del 99% de la soja producida a nivel nacional en tan solo 3 años, porcentaje que mantiene hasta hoy, aunque con una mayor superficie (casi unas 20 millones de hectáreas). Cada puntito representa 5000 hectáreas. Fuente.

En el año 1985, el 80% de los herbicidas aplicados eran clasificados por la Organización Mundial de la Salud como ‘extremadamente tóxicos’ o ‘tóxicos’ (criterio establecido de acuerdo a la dosis letal media en animales de laboratorio, visualizados con una etiqueta roja y amarilla respectivamente). Pero 20 años después, la relación se invirtió y el 80% de los productos utilizados pasaron a ser ‘moderadamente peligrosos’ (de etiqueta azul) o de ‘poca peligrosidad’ (de etiqueta verde, grupo al que pertenece el glifosato). Así, debido a la utilización de la soja RR, el glifosato y la siembra directa con barbecho químico, se redujo la utilización de herbicidas tóxicos y de combustibles en el campo. Muchos se animaron a decir que la era dorada del control de los yuyos estaba asegurada con este paquete simple, económico, rentable, sustentable e increíblemente efectivo.

Pero la utilización del glifosato no se vio limitada a los cultivos transgénicos tolerantes al herbicida, sino que se extendió a todos los cultivos comerciales a gran escala como el trigo, la cebada cervecera, el girasol y el sorgo (aunque con otras técnicas de aplicación), tanto en Argentina como en el mundo. Así, con un volumen anual de producción de 720 mil toneladas, el glifosato se convirtió en el herbicida más utilizado de todo el mundo (actualmente, representa el 72% de todos los pesticidas aplicados a nivel mundial) y es considerado por muchas personas como ‘el herbicida ideal’, y como uno de esos descubrimientos increíbles que pasan una vez cada 100 años (como la penicilina).

Entonces, si el glifosato está tan bueno para matar las plagas a un bajo costo ambiental y sanitario, y encima aumenta el rendimiento y rentabilidad de los cultivos, ¿por qué tanto bardo con el herbicida en cuestión? ¿Hay algo que se nos pasó? ¿Realmente es tan inocuo como reportan las empresas que lo venden? ¿Cómo se hicieron los estudios? ¿Las investigaciones están libres de intereses?

La verdad de la milanesa de soja

La patente del Roundup Ready® expiró en el año 2000 y desde entonces su participación en el mercado internacional de los herbicidas fue disminuyendo a medida que otras empresas fabricaban sus propios plaguicidas basados en el glifosato, por lo que Monsanto −que en 2016 fue comprada por la farmacéutica Bayer− se fue convirtiendo poco a poco en una compañía de desarrollo biotecnológico de punta. Aún así, en Argentina continúa abasteciendo de glifosato al mercado local junto con Atanor y una enorme lista de empresas chinas, por lo cual incluso hoy su nombre no deja de estar atado a la polémica.

Probablemente, desde que se comenzó a comercializar, el glifosato tuvo sus detractores. Pero fue recién durante los últimos 10 años donde surgió una masa creciente de personas preocupadas por los efectos (potenciales o reales) supuestamente causados por la aplicación masiva del glifosato, tanto sobre el ambiente como sobre la Salud Pública. Movilizados por múltiples denuncias a Monsanto, particularmente denuncias por casos de cáncer debido a la exposición al glifosato, los movimientos sociales y políticos aseguran que nos encontramos viviendo en un experimento a gran escala. ¿Lo estamos?

Por un lado, es razonable suponer que es imposible que Monsanto haya podido realizar un estudio previo adecuado que evaluase el impacto ambiental y sanitario asociado a la aplicación de glifosato en millones de hectáreas y en tanta cantidad. Además, los estudios de toxicidad se realizan en laboratorios utilizando modelos animales y en condiciones completamente diferentes de las naturales, lo cual no significa que no sirvan, pero este hecho tiene implicancias para su alcance. Por otro lado, no son pocos los profesionales de la salud que denuncian un incremento en la incidencia de cáncer y malformaciones al nacer en las poblaciones de las zonas rurales, al mismo tiempo que algunas recientes investigaciones sugieren algunos mecanismos por los cuales esto podría ocurrir.

Sin embargo, en el sitio web oficial de Monsanto todo parece indicar que el glifosato es el bueno de la película y que todo es un malentendido o un típico caso de fake news, ya que “más de 40 años de uso seguro y más de 800 estudios demuestran la seguridad e inocuidad del herbicida”. Según el fabricante, el herbicida fue diseñado para inhibir una enzima que se encuentra en las plantas y no en los animales (así que zafamos), por lo que su riesgo para la salud humana es realmente bajo. Luego, argumentan que los exhaustivos estudios toxicológicos en animales demostraron que el glifosato no causa cáncer, ni defectos de nacimiento, ni daños en el ADN y que no tiene efectos sobre los sistemas nervioso e inmunológico, y que tampoco produce trastornos endocrinos o problemas reproductivos. Finalmente, cierran el testimonio asegurando que todos los organismos reguladores de los países, como la SENASA en Argentina o la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, garantizan que los productos que se aprueban tienen una toxicidad aceptable, y que el glifosato fue clasificado en múltiples oportunidades como ‘prácticamente no tóxico’ o ‘de baja toxicidad’.

Entonces, ¿quién tiene la razón?

Para nivelar el debate y que todas las partes se puedan entender, es necesario comprender tres puntos importantísimos. El primero es que el glifosato no puede penetrar a través de las gruesas cutículas de las malezas por sí mismo, por lo que las preparaciones listas para aplicar están compuestas por otras sustancias que le facilitan el ingreso al glifosato al interior de la planta (como surfactantes y coadyuvantes, los cuales pueden tener una toxicidad más alta que el glifosato en sí mismo). Cabe aclarar que las pruebas de toxicidad del glifosato se realizan sólo con el principio activo y no con las formulaciones completas. El segundo es que generalmente el glifosato nunca es administrado a los cultivos de manera aislada, sino que se lo aplica en conjunto con otros herbicidas debido al desarrollo de resistencia por parte de malezas previamente sensibles (sí, otra vez). Además, en el cóctel se agregan insecticidas de conocida toxicidad para los animales. Para darse una idea, en Argentina se utilizan mezclas que a nivel nacional incluyen 34 productos herbicidas y 14 insecticidas en los cultivos que ocupan el 95% de la superficie agrícola del país (soja, maíz, trigo, sorgo, girasol y cebada). Algunos de estos pesticidas están prohibidos, como el endosulfán, pero siempre hay un mercado negro amigo al alcance. Y el tercer punto, aunque no menos importante, es que el glifosato, al ser degradado por los microorganismos del suelo, da lugar a su principal subproducto, el ácido aminometilfosfónico (AMPA), que también es sospechoso en todo este lío porque parece mostrar efectos negativos en los organismos. Así, tenemos un escenario complejo de uso a gran escala de preparados de glifosato (con sus coadyuvantes, surfactantes y compuestos secundarios como el AMPA) en conjunto con otros herbicidas e insecticidas, con efectos difíciles de predecir y que probablemente no sean simplemente la suma de los efectos individuales.

Ante todo este enredo, en el año 2009, el Poder Ejecutivo le pidió al CONICET que hiciera una evaluación exhaustiva de la evidencia científica respecto a los impactos ambientales y sanitarios del glifosato con la intención de aclarar un poco el panorama. Así quedó establecido un grupo interdisciplinario de científicos bajo el nombre de Comisión Nacional de Investigación sobre Agroquímicos, que publicó un informe largo y completo en donde concluyeron que “[…] bajo condiciones de uso responsable (entendiendo por ello la aplicación de dosis recomendadas y de acuerdo con buenas prácticas agrícolas) el glifosato y sus formulados implicarían un bajo riesgo para la salud humana o el ambiente”. Además, aclaraban que no habían encontrado ninguna relación sólida entre la exposición al glifosato y la incidencia de cáncer ni de otras enfermedades, salvo efectos irritativos en la piel de los trabajadores expuestos al producto, reconociendo que “[…] es difícil establecer una relación causa-efecto, debido a interacciones con agentes ambientales (generalmente mezclas de sustancias) y factores genéticos. Este informe suele ser utilizado como fuente para hablar sobre el glifosato y sus conclusiones tienden a cerrar el debate. Sin embargo, desde entonces pasó mucha agua bajo el puente y los años continuaron arrojando luz entre la maleza.

Cancha embarrada

Como todo tema controversial importante, las conclusiones que exponen algunas de las partes involucradas no están motorizadas sólo por los hechos, sino también por intereses económicos e ideológicos, y sería muy inocente de nuestra parte creer que esta es la excepción. Varios de los estudios científicos publicados respecto de la toxicidad del glifosato fueron escritos por personas que representan los intereses de las compañías que venden el glifosato con el fin de facilitar el proceso de aprobación por parte de las agencias regulatorias. En estos estudios, los autores concluyen una y otra vez que el glifosato es seguro en niveles por debajo de los permitidos. Esto lo sabemos muy bien, no sólo por la declaración de conflictos de interés en los trabajos publicados, sino también por la liberación reciente de documentos que demostraban que Monsanto les pagó a científicos para escribir artículos que hablaran a favor de la seguridad del herbicida. Por el contrario, los estudios publicados por científicos independientes cuentan otra historia, incluso cuando es utilizado por debajo de los niveles permitidos, dando lugar a uno de los debates más calientes de la historia moderna. Cabe aclarar que cuando decimos toxicidad, nos referimos tanto a las poblaciones humanas fumigadas, como a los consumidores de los productos fumigados, y a los ecosistemas fumigados.

Según Monsanto, el herbicida producido por Monsanto no produce cáncer ni tiene capacidad genotóxica. Monsanto, en tanto auditor de Monsanto, declara a Monsanto inocente. Fuente.

Tal como decía nuestro querido Carl Sagan, afirmaciones extraordinarias requieren de evidencias extraordinarias, y sobran evidencias para demostrar que las afirmaciones realizadas por los productores del glifosato respecto a su seguridad son, como mínimo, flojas de papeles. Pero hay que ser justos, en todo este lío una cosa es clara: la toxicidad aguda del glifosato (administrado individualmente sin los coadyuvantes) para el ser humano es baja y según este criterio está correcto clasificarlo como un plaguicida de baja peligrosidad, ya que se requieren de dosis de exposición muy altas para generar daños inmediatos o casi inmediatos. Esto coincide con, por ejemplo, la aparición observada de ciertas enfermedades dermatológicas y respiratorias después de las fumigaciones aéreas con el herbicida para eliminar las plantaciones de coca en Colombia, probablemente producto de la irritación causada por el preparado de glifosato y/o sus coadyuvantes. Pero la información respecto a la exposición a largo plazo a dosis bajas (o muy bajas), los daños al ADN y su potencial carcinógeno, la capacidad de causar alteraciones en el desarrollo embrionario, su neurotoxicidad y sus efectos negativos en la reproducción, es menos concluyente y bastante más espinosa.

Separar la paja del trigo siempre es un lío, pero en este caso podríamos comenzar haciendo una pregunta que es central en el debate: ¿el glifosato es específico a las células vegetales y no tiene ninguna capacidad de dañar a las células animales? Si el glifosato realmente afectase exclusivamente a las plantas mediante la intervención de una vía metabólica muy específica (la vía del ácido shikímico), entonces no deberíamos observar ninguna alteración en aquellos organismos que no son el blanco, pero la realidad es bastante diferente y contradice todo lo que lo que reportan sus fabricantes respecto a su seguridad.

Recientemente tuvo lugar una disputa enorme a raíz de un artículo publicado en el 2015 por la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (que depende de la Organización Mundial de la Salud), en donde se clasificó al glifosato como ‘probablemente cancerígeno para humanos’. El organismo dictaminó que, si bien la evidencia sobre la relación entre  glifosato y cáncer en la vida real era algo limitada, los estudios experimentales demostraron que el glifosato puro y sus formulaciones pueden generar daño al ADN y causar cáncer, particularmente un tipo de cáncer que afecta al sistema inmunológico llamado Linfoma no-Hodgkin. Por supuesto, el gigante Monsanto se armó de coraje y respondió al comunicado de la agencia en cuestión, aludiendo que ya se había demostrado que el glifosato era seguro y que no había más nada que hablar. Lo cierto es que los estudios desarrollados por científicos independientes sobre los daños causados al ADN y su capacidad de causar cáncer siguen apareciendo por todos lados, y la evidencia del lobby pagado por Monsanto también, incluso a organismos que supuestamente deberían regular seriamente las sustancias a las que estamos expuestos, como la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (que tuvo sesgos a la hora de elegir la evidencia a analizar).

Uno por uno

Pero esto no queda acá, ya que es posible rastrear artículos científicos que desmontan cada una de las afirmaciones sobre la seguridad del glifosato. Por ejemplo, se publicaron varios estudios que demostraron que las abejas alimentadas con una solución azucarada con glifosato sufren daños en el sistema nervioso central, los cuales se manifiestan a través del deterioro en su capacidad de aprender, memoria, orientación y capacidad de trasladar comida a la colonia, así como de alterar la composición de la flora intestinal, fundamental para el mantenimiento de la salud de las abejas. En mosquitos también se observaron alteraciones en sus capacidades de aprendizaje. Por suerte a nadie le importa que los mosquitos no se acuerden como picar por las noches, pero la exposición al glifosato parece brindarles resistencia a insecticidas, lo cual tiene implicancias epidemiológicas complicadas. 

¿¿¿Cuántos shots de glifo me tomé???

Algunas voces críticas dijeron que algunos estudios habrían sido mal diseñados y que no serían válidos porque la exposición de los animales al glifosato en el laboratorio era mayor que la que se encuentra normalmente en el ambiente. Si bien esta afirmación pudo ser parcialmente cierta para algunos de los trabajos, el hecho de que exista la evidencia de daño en animales es suficiente prueba para contradecir que los “más de 40 años de uso seguro y más de 800 estudios demuestran la seguridad e inocuidad del herbicida” porque, de entrada, el glifosato debería ser inocuo para los animales. Sin embargo, también tenemos evidencia reciente de que la ingesta crónica de glifosato a muy bajas dosis (lo que podría considerarse ‘condiciones reales’) tiene la capacidad de generar alteraciones en la estructura de los riñones y el hígado, incluso se pueden observar efectos en los hijos y los hijos de los hijos (efectos transgeneracionales a través de cambios epigenéticos). Otros también se quejan de que, a diferencia de estos modelos, nadie ingiere glifosato por vía oral, por lo que muchos se sorprenderán al saber que consumimos glifosato a través de los alimentos dada su persistencia y de que se ha detectado en muestras de sangre y orina (incluso en animales de compañía), aunque resulta difícil establecer la cantidad exacta debido a la variabilidad en los hábitos alimenticios.

Además, a diferencia de lo que se reporta, la vía del ácido shikímico también se encuentra en algunos hongos y bacterias, algunos de ellos miembros de la flamante comunidad que reside en las tripas de todos nosotros, la cual parece jugar un rol más importante del que pensábamos en el mantenimiento de nuestra salud (incluso la salud mental) y que se podría ver afectada por la exposición al glifosato que ingresa al tubo digestivo a través de la ingesta de alimentos. Esta nueva propuesta es novedosa y requiere de más estudio, pero ya es sabido que la alteración de la microflora intestinal (la disbiosis) está relacionada con múltiples enfermedades.

Ahora bien, abriendo el plano, si el glifosato es capaz de matar plantas y algunos hongos y bacterias, y además tiene efectos negativos sobre los animales, ¿cuál es el impacto total que tiene el glifosato sobre el ambiente?

Inicialmente se pensaba que el glifosato, al ser un pesticida biodegradable, no causaría  impactos ambientales significativos, pero (¡otra vez!) los científicos independientes observaron ciertos hechos que los hicieron dudar de las afirmaciones de los fabricantes. Porque a pesar de que éstos decían que el tiempo de permanencia del glifosato en el suelo no era mayor a los 7 días y que era imposible que alcance las napas, los estudios demostraron que ese tiempo puede extenderse hasta un año y que, además, es factible que llegue a los cursos de agua a través del viento  y las napas freáticas, particularmente si los suelos donde se aplica son ricos en óxidos de hierro y aluminio (es más, sabemos que en el Acuífero Guaraní hay glifosato). Básicamente, los potenciales problemas ambientales que puede causar el glifosato son varios, pero todos se resumen a lo mismo: la alteración de las redes tróficas (las relaciones entre los organismos, o quién se come a quién) y de los ecosistemas en su totalidad.

A diferencia de lo que estamos acostumbrados a ver y pensar en nuestro urbano cotidiano, en la naturaleza la diversidad es la norma y cada especie tiene un papel en el gran show de la evolución definido por millones de años de selección natural. Al matar las plantas y otros organismos como las algas, el glifosato destruye la fuente de alimento de muchos animales; al reducir las poblaciones de ciertos hongos y bacterias, el glifosato genera un desequilibrio en las poblaciones de descomponedores de la materia orgánica del suelo; y al causar alteraciones reproductivas, genéticas y comportamentales en los animales, el glifosato definitivamente se puede considerar como un actor importante en la desestabilización de cualquier ecosistema natural que se analice.

Pero eso no es todo,  ya que al tener fósforo en su estructura química el glifosato puede sobrecargar los cuerpos de agua con ese nutriente, causando un deterioro general del ecosistema acuático. Si bien es normal que en el agua haya ciertas concentraciones de fósforo, la agricultura y la ganadería realizan aportes extra del nutriente a través de los fertilizantes fosforado y el estiércol de los animales. En este contexto, se ha comprobado que el glifosato es un factor más que acelera enormemente un proceso conocido como eutrofización. La lógica radica en que el exceso de nutrientes en el agua gatilla un aumento de la población de algas que aprovechan los nutrientes como el fósforo, pero cuando este crecimiento se torna muy grande (debido al exceso de nutrientes) el oxígeno disminuye muchísimo, causando la muerte de casi toda la vida acuática. Dadas estas condiciones también pueden proliferar las cianobacterias (por ejemplo, Microcystis aeruginosa), quienes son capaces de producir sustancias tóxicas no sólo para los animales sino también para el ser humano, alterando la calidad del agua.

En la primer imagen, el color verde opaco muestra un ambiente acuático muy eutrofizado y con cianobacterias en el embalse de Salto Grande (Río Uruguay). En la segunda, piletones en los que se ensayaron diferentes concentraciones de glifosato en el agua para analizar el rol del herbicida en el proceso de eutrofización (Instituto Tecnológico de Chascomús). Fotos: Haydée Pizarro.

¿Hacia dónde vamos?

A pesar de que el glifosato continúe siendo utilizado de manera masiva por los productores agrícolas, la era dorada de este herbicida está llegando a su fin y será cuestión de tiempo para que se regule o prohíba su uso de la misma manera que ocurrió con otros pesticidas en el pasado. Pero abandonar ‘uno de los mejores inventos del último siglo’ podría tener sus consecuencias al dejar a cientos de millones de hectáreas de cultivos desprotegidas ante las voraces malezas, por lo que una posibilidad que se baraja es reemplazar la molécula de glifosato por otra. Si ese es el camino que vamos a elegir (o que van a elegir por nosotros), debemos ser conscientes de que implica solamente cambiar de agente tóxico, ya que nadie nos asegura que el próximo pesticida será la posta, por lo que es imperativo que se realicen todas las pruebas necesarias para confirmar su inocuidad sobre el ambiente y la salud antes de que se apruebe su comercialización.

Existe otra alternativa que implica un camino más interesante y enriquecedor, aunque más difícil y desafiante. Aprendimos muchísimo sobre el funcionamiento de los ecosistemas y podemos aplicar los mismos principios ecológicos que gobiernan el equilibrio de la naturaleza para controlar las plagas en los campos, y de esa manera reducir un montón (y hasta eliminar) el uso de pesticidas. A algunas personas les parece descabellado intentar producir comida a gran escala mediante agroecología, pero antes de coincidir con esa afirmación no debemos olvidar la locura sin control en la que nos encontramos ahora. Además, la ciencia agroecológica está sistematizando y compilando prácticas muy efectivas que vienen siendo utilizadas alrededor del mundo desde hace muchísimos años, al mismo tiempo que demuestra que es posible producir suficiente cantidad de comida de buena calidad para todos. Estas prácticas, como la agroecología o la agricultura biológica, permiten la preservación y desarrollo de variedades locales, a la vez que impulsan el desarrollo de las economías regionales. Aún así, también existen otras alternativas que, a pesar de estar alineadas al modelo productivo prevalente, buscan mejorar las prácticas agrícola (incluyendo la aplicación de pesticidas).

Pero si nos animamos a continuar en ese tren de pensamiento, también podemos tomar la decisión de reflexionar sobre el sistema de producción de alimentos que hemos construido desde la Revolución Verde. La agricultura industrial dominante de Sudamérica, basada en cultivos transgénicos tolerantes al glifosato, está orientada a abastecer una industria alimentaria que nos enferma mientras destruye la naturaleza de la cual dependemos, destinando cientos de millones de hectáreas para producir maíz y soja, cuyo único propósito es engordar animales que consumimos en exceso (acá y en otras partes del mundo) y a generar los insumos necesarios para la fabricación de un sinfín de alimentos ultra-procesados (como el jarabe de maíz alto en fructosa o la lecitina de soja). Nos encontramos sumergidos en un sistema alimentario que, en lugar de ofrecernos alimentos saludables y amigables con el ambiente, nos seduce con alimentos insalubres que sabe que nuestros cerebros no pueden resistir (ricos en azúcar, grasa y sal), motorizando una epidemia de obesidad y diabetes que pone en jaque los sistemas de salud de todo los países del mundo, al mismo tiempo que socava los recursos naturales que sostienen la misma producción de alimentos. En ese sentido, con un cambio en la alimentación (aumentando la diversidad de alimentos y disminuyendo la cantidad de productos de origen animal) y una reducción de la pérdida de los alimentos a través de la cadena productiva, la agroecología a gran escala podría convertirse en un método confiable para satisfacer la enorme demanda actual de alimentos.

Un martillo puede ser usado tanto para poner un clavo en la pared y colgar un lindo cuadro, para construir maquinaria productiva o bien para darle en la cabeza a alguien, pero en definitiva está diseñado para golpear y es el humano que lo blande el que decide qué o quién será golpeado con eso. De la misma manera, el glifosato es una tecnología sin moral. El impacto ambiental y sanitario derivado de su utilización (y de su no utilización) depende únicamente de nosotros

La manera turbia con la que se manejó Monsanto respecto a la seguridad del herbicida y la emergente evidencia publicada por científicos independientes que contradice las afirmaciones del fabricante, parecen indicar que la regulación o prohibición del glifosato parezca la medida más racional y prudente. Por supuesto, existen miles de productores que se acostumbraron al dúo dinámico transgénicos-glifosato y abandonar el herbicida implicaría probablemente volver a utilizar antiguas mezclas de pesticidas más tóxicos, por lo que tenemos que ser precavidos con los pasos que demos en el futuro. Por lo pronto, debemos sacar la basura de debajo de la alfombra e informarnos sobre los daños potenciales que puede producir el glifosato, tanto los consumidores como los productores, como parte obligatoria de un debate mucho más grande que implica reconstruir un sistema agroalimentario. Tal vez sea tiempo de una nueva revolución.

 

 

 

Ilustración:  Paula Monteagudo  

    Revisores

  • Roberto Fernández

Hay 56 comentarios

Añadir más
  1. Lucas Moreno

    Interesante, mucho muy. Otro ejemplo de la lucha entre intereses económicos, ideológicos y científicos ( y las sub-especies derivadas de su interacción, porque sabemos que hay científicos pagos, activistas investigadores, y empresarios con guita y principios -¡ja!).
    Como en casi todo, depende a quién le preguntes (como en el capítulo “La defensa de Monsanto”, del libro “Mondo Verde”, de Gabriela Saidón).
    Gracias por este excelente artículo.

  2. Diego Antonio

    Muy lindo, faltó aclarar que la revolución verde nos salvó del hambre mundial pronosticado en los sesenta para los 2000. Otra cosa a tener en cuenta es que nunca se alimentó a tanta gente, con tanta variedad y calidad de alimento como actualmente en el mundo. Si la agroindustria nos envenena, o hay epidemias de obesidad y diabetes, lo está haciendo mal porque la población mundial sigue en aumento al igual que la esperanza de vida. No digo que esté todo ok. Seguro que hay desecilibrios, la pregunta es ¿Podrá la ecoagricultura atender la demanda mundial de alimentos?

  3. Eduardo Romanelli

    Creo que el eje fundamental de la discusión está planteado, la búsqueda de responsables de la promoción, ocultamiento y difusión de argumentaciones parciales a favor de una u otra cosa es una cacería de brujas que nos diluye y detiene en la búsqueda de la solución, comparto totalmente las razones , ideas y propuestas de vuestro artículo, gracias. Debemos explorar todas las posibilidades para resolver el tema en discusión, desde todas las áreas, tengo claro que los cambios radicales, promueven conductas radicales y la militancia embarra la visión clara que hace falta para llegar a una solución.
    Eduardo Romanelli
    Ing Agrónomo.

    • Ezequiel Arrieta

      Hola Eduardo, muchas gracias por tu comentario.
      Sí, estoy re de acuerdo que tenemos un problema complejo entre manos, y como tal, requiere de un abordaje sistémico e integral, y cualquier solución simplista o monocromática no va a ser otra cosa que traernos más problemas.

      Un abrazo.-

    • Oscar Martínez

      Estimado, una afirmación tal como “la militancia embarra la visión clara”, hace suponer que las población, cada vez más numerosa, afectada por el glifosato (y que ve como crece el cáncer y como nacen chicos con deformaciones) no deben pelear por su salud, y que debe dejar su vida en manos de los “expertos”, aunque exista la certeza de que una parte muy importante de dichos expertos están a sueldo de las multinacionales.
      Es una afirmación, a mi entender, elitista y que no reconoce el derecho de la población a decidir sobre su forma de vida. Lo invito humildemente a buscar en la web a grupos como “docentes por la vida”, la historia de Fabián Tomasi, y otros tantos que alejados de los laboratorios de las grandes empresas, buscan preservar la salud pública.
      Saludos

  4. Mauro

    El artículo venía excelente hasta que de repente plantea el bando de los científicamente pobres ( realizados por personas moralmente desdeñable) artículos de Monstanto versus los científicamente correctos (realizados por los guardianes de la humanidad) artículos independientes.

    No digo que esto no pase (de hecho pasó y pasa, aunque cada vez menos) con el cambio climático. Pero el cambio fuerte de tono en el artículo no está para nada sustentado evidencia (más allá de la anecdótica). En cambio climático esa “grieta” tiene sustento en el hecho que el 95%+ de las investigaciones independientes concuerdan en los hechos macro. En el caso del glifosato, ¿es así? Si fuera, tal vez se podría agregar alguna frase que justifique la posterior confrontación de “los buenos” vs. “los malos”.

    Entiendo igual el deseo de hacer un artículo técnico y político a la vez, y que es difícil mantener el mismo nivel de argumentación para afirmaciones de uno y otro tipo. Más allá de la crítica el artículo es bastante bueno como un todo.

    • Ezequiel Arrieta

      Hola Mauro, gracias por tu aporte.

      Estoy de acuerdo con lo que mencionas, pero no nos olvidemos que esta jugarreta de negar los hechos y publicar papers que embarren la cancha ya la vimos: el plomo de la nafta, el tabaco y el azúcar son algunos ejemplos emblemáticos. Los investigadores independientes no aseguran la buena calidad de los estudios, pero sí reducen la probabilidad de conflictos de interés y conclusiones sesgadas. Mal que nos pese, el sistema científico es falible porque depende de la buena fé de sus miembros, y la gente que se vende para publicar artículos que benefician ciertos intereses, son personas que conocen muy bien como funciona el sistema científico por dentro.

      Un abrazo.-

  5. Miguel

    Muy bueno. Una mirada necesaria y un resumen abreviado de como se llegó hasta este herbicida.
    Me hace recordar que las empresas tabacaleras procedieron igual, afirmando durante muchos años que el cigarrillo no producia los daños que se mostraban y que demostraban lo que ocasionaba.
    Felicito al grupo autor de la investigación.
    Agregaria que casi todos, sino todos, los pesticidas hoy prohibidos, lo han sido por ocasionar daños a la salud y/o al ambiente. Quizas no fue tan evidente su baja como con el glifosato, pero sus bajas ocurrieron por esas razones.

  6. Ignacio

    Interesante nota, aunque medio sesgada a favor de las investigadores libres. También se omite de cierta información básica en cuanto a producción. En el desarrollo de esta nota, se consulto a Ingeniero Agrónomos?

    • Ezequiel Arrieta

      Hola Ignacio, gracias por la observación. Sí, el revisor de la nota fue Roberto Fernández, es Ingeniero Agrónomo, investigador del CONICET y profesor en la UBA. De todas maneras, sería interesante que nos señales lo que te hace ruido.

      Un abrazo.-

  7. Uliseo

    Cambiar de un día para otro de un modelo a otro no suena a una buena idea, porque si sale mal hay hambruna (aunque sea en China y no acá, sería trágica una hambruna sea donde fuere). ¿Gradualmente expandir la agroecología, modificar los hábitos de consumo alimentario y buscar de modo no tan gradual pero si con más certeza nuevos herbicidas y etc para el tipo de agricultura actual no tendría más sentido que plantear hacer un cambio brusco?

    Saludos.

    • Ezequiel Arrieta

      Hola Uliseo,
      Creo que nadie acá está planteando un cambio brusco. Las personas que se dedican a investigar los sistemas alimentarios y que hacen propuestas para mejorarlos, reconocen que los cambios no solo deben ser paulatinos, sino que lo son, ya que la producción de alimentos están en manos de muchísimas personas y eso le otorga una complejidad adicional al asunto. Las personas tardan en cambiar, y el sistema también.

      Un abrazo.-

  8. Sergio Torrego

    Hacía tiempo esperaba este giro gatos!! El enfoque ecológico y político de la Agroecología!! La ciencia sin política no es moral!! Tiemblan los lacayos del modelo agroindustrial. Ustedes entendieron todo.

  9. Miguel

    En general la formación de los ing agr no incluye analisis toxicologicos necesarios para la aprobacion de pesticidas y sus opiniones sobre los agroquimicos parecen casi siempre provenir de la bajada de línea de las empresas que los producen y/o comercializan.
    Al margen, los estudios sobre toxicologia corresponden y deberian estar a cargo de Salud y los restantes si bajo las incumbencias Agronómicas.
    Esta opinión la escribe un ingeniero agrónomo que ha lidiado con reclamos por presencia de residuos en agroalimentos.

    • Ezequiel Arrieta

      Hola Miguel, gracias por tu valioso aporte. Sí, estoy de acuerdo, algo similar ocurre en medicina, donde la mayor parte de la educación de posgrado viene de la mano de los visitadores médicos o de los laboratorios (a través de puestos en congresos o seminarios de formación financiados).

      Un abrazo.-

  10. Ing. Leonel Esteban Bracco

    Hola, en general muy bien el artículo aunque les falta mencionar algunas cosas, y otras están de mas. Lo de la memoria y aprendizaje de los insectos sobra gente. Es muy lindo como investigación, he leído cosas así, pero esta muy verde como para que lo pongan en el marco de esta discusión. Pierden seriedad para todo el resto, disculpen. Si quieren, lo de las lagunas eutrofizadas me parece que es mucho mas pertinente, pero de todas formas creo que no esta tan maduro como para llegar a este debate que es uno de los mas profundizados que hay.
    Les faltó aclarar, haciendo mucho énfasis, en que transgénicos y glifosato son dos cosas distintas (mucha gente no conoce la diferencia y creen que es lo mismo) y que incluso hay OGM de probado positivo impacto ambiental, como los Bt….porque como usan varias veces la palabra transgénico pero después discurren sobre la evidencia a favor y en contra del glifosato, pero no aclaran nada con respecto a lo otro, a mi parecer, pueden contribuir a reforzar un error de concepto importante.
    Es mas, en el cierre hablaron de la agroecología, muy linda pero muy teórica, y ni mencionan que hay transgénicos que se pueden usar para aminorar el impacto ecológico…muy sesgado (ni hablar de transgénicos para mejorar calidad de alimentos).
    Esto último que menciono me dejo un sabor amargo sobre la nota, creo que deberían haber consultado un poco mas antes de escribir sobre un tema tan importante, ¿hablaron con alguien de la CONABIA? Les puedo asegurar que algunas personas de ahí son muy accesibles y que NO TIENEN conflictos de intereses…y claro, saben mucho.
    Saludos! (va todo con la mejor onda eh!)

    • Miguel

      Hay algunas aseveraciones, varias, que no son dificiles de refutar, pero me parece mejor aporte hacer notar algo del artículo de Bob Reiter citado en el artículo:

      “Quizás lo más divertido del artículo del Jefe de Investigación correspondió a la pregunta (a la que Bob Reiter responde): “Hablemos del glifosato, que ustedes también producen y comercializan bajo la marca Roundup. Una de las principales preocupaciones acerca de este es su posible relación con el cáncer. En Colombia, esta discusión tiene una dimensión diferente, por la utilización del glifosato mediante aspersión aérea. ¿Qué tienen que decir al respecto?”

      “Respuesta: El glifosato es el agroquímico más estudiado y posiblemente la molécula más estudiada que tenemos, incluyendo los productos farmacéuticos. Cuenta con 40 años de uso seguro; tenemos cientos de estudios, incluyendo todos aquellos relacionados con los diferentes usos, como la aplicación aérea o a nivel del suelo. La ciencia es contundente detrás de todos los usos etiquetados del glifosato. No hay ninguna evidencia o estudio que sugiera algo, excepto que el GLIFOSATO ES EXTREMADAMENTE SEGURO Y NO CAUSA CANCER, SIEMPRE Y CUANDO SEA UTILIZADO APROPIADAMENTE en sus usos disponibles en el mercado.” (el destacado en mayúsculas es mío).

      Es decir que según el Jefe de Investigación de la propia Monsanto reconoce que SI puede producir cáncer. ja ja

      Se puede leer en:
      https://www.eltiempo.com/vida/ciencia/glifosato-bob-reiter-jefe-de-investigacion-y-desarrollo-de-bayer-defiende-al-polemico-herbicida-428982?fbclid=IwAR3aJ5ydaCMVyO_zEdAu-JLv2kIzJuKHCY0rYHS07jfs9GRW1ZIaOex-w1U

  11. Carlos

    Es más probable que al glifosato lo reemplacen robots usando computer vision que erradican malezas de manera mecánica o con microaplicaciones de herbicidas específicos.

  12. PabloK

    Buenas.
    Gracias por el artículo. Hacía falta.
    Sólo una observación.
    Entender la gran hambruna de Irlanda como sólo la existencia de una plaga que mermó la producción de papa, es quedarse con la mitad de la historia. Ese país también producía otros cultivos en esa misma época, pero como eran de mayor valor económico, se los exportaba. La plaga de la papa no derivó en una intervención que redujera las exportaciones para mitigar la hambruna local. Asique sería relevante incluir que la hambruna también fue causada por una falla en la redistribución de la producción [1].

    Ref:
    1.- https://www.britannica.com/event/Great-Famine-Irish-history

  13. javier

    Excelente! quizás por momento partidario hacia científicos independientes, pero en general muy completo.
    Indudablemente la presión social llevará mejorar técnicas o en el peor de los casos prohibir el producto en cuestión, y digo en el peor de los casos porque lo considero lo suficientemente inocuo para ser un “veneno” para las malezas, como siempre se dice la dosis hace al veneno, y la idea no es prohibir sino regular y controlar.
    Mas arriba leí que alguien comento sobre la probabilidad de que el glifosato sea sustituido por robots para eliminar malezas de forma mecánica, imaginé sobre la marcha que el mismo robot podría aplicar el herbicida de forma puntual sobre la maleza, de esta forma se disminuiría notablemente el uso del producto.

  14. Tomás Brignole

    Muy buena nota!
    Me gusto sobre todo el cierre. Es importante entender (o por lo menos comenzar a cuestionar) que el sistema productivo y alimenticio del que somos parte hace agua por muchos lugares (por ejemplo el exceso de consumo de carne por persona, como dice la nota), y la gran mayoría de los problemas son a causa de intéreses financieros de las grandes empresas que con tal de reducir costos y maximizar ganancias hacen lo que sea, mientras que los entes reguladores son sumamente ineficientes en detectar estas cosas o miran para otro lado. POR ESO SIGO BANCANDO LA INVESTIGACIÓN INDEPENDIENTE COMO USTEDES.

    Saludos!

  15. Juan Miranda

    Está claro que existen comprobados efectos adversos asociados a exposiciones a largo plazo. Pero esos mismos efectos, y muchos más, también se observan como resultado de la exposición a otras tantas sustancias con las que convivimos a diario, y a las que estamos aún más expuestos. De esto surge que la discusión debiera pasar por la regulación del uso responsable, tanto del glifosato como de otros tantos fitosanitarios mucho más peligrosos, y sobre los que pocos hablan, como el clorpirifos o el paraquat. Porque como bien refiere el artículo, la prohibición del glifosato redundaría en su reemplazo por un conjunto aún mayor de herbicidas, en un volúmen mayor, con toxicidades individuales probablemente mayores, y con efectos sinérgicos que hoy nadie considera. Creo que es tiempo de dejar de enfocarse en la estigmatización de una sustancia, y hablar con seriedad acerca de como el estado va a regular la producción agropecuaria responsable.

  16. Pablo

    Plantear Glifosato o Paraquat es una falsa dicotomía para sostener el modelo químico de producción.

    El camino es la prohibición gradual de los agrotóxicos junto a una transición hacia la agroecología. Sobran los casos de éxito en el país, de agroecología intensiva, de agroecología extensiva, de sistemas mixtos ganaderos y extensivos, de pastroreo racional Voisin. Muchos de éstos productores hoy ya obtienen retorno económico similar al que les plantea el agronegocio (monocultiuvo con paquete tecnológico), pero sin riesgos para su salud ni la de sus vecinos, ni poniendo en juego el ecosistema. Las respuestas ya están. Las pruebas a campo ya están. Falta extender la aplicación.
    Para investigar más hay que mirar a:
    -la agencia INTA de Barrow, en pcia. de Bs. As . con los técnicos Barbera y Zamora que tiene experiencia en trigo agroecológico
    -la agencia INTA de Villa Dolores, en pcia. de Cba. con su reciente experiencia de papa agroecológica,
    -La UTT con su experiencia intensiva en cordón productivo de la Plata y alrededores
    -Establecimineto La Aurora, en Benito Juarez, Pcia. de Bs. As. Establecimiento reconocido por la FAO entre los 52 productores de referencia en agroecología a nivel mundial, asesorado pro el Ing. Cerdá, de Renama.
    -Renama. Red Nacional de Municipios y comunidades por la Agroecología.
    -Ovis21 con su propuesta de manejo holístico.
    -El establecimiento “El remanso del Salado”, en Castelli, pcia. de Bs. As.
    Y mucho más.

  17. Juan Miranda

    No tengo nada en contra de la agroecología, de hecho estoy convencido de que hay que fomentarla. Pero de ahi a reemplazar por completo el sistema, no es realista. Una cosa es demostrar factibilidad técnica en alguna que otra experiencia piloto, y otra muy distinta es asegurar los mismos rindes, cosa que no sucede. Yo creo que ambos sistemas pueden coexistir y complementarse. Pero para eso hace falta regulación y control estatal, que garantice el cumplimiento de las buenas prácticas. Si desde el ambientalismo insistimos con posturas extremistas, lo único que vamos a lograr es que el estado no nos tome en serio y no nos participe en la toma de decisiones.

    • Leonel Esteban Bracco

      ¡Totalmente de acuerdo!
      Me decepciona que desde el Gato y la Caja, que en general siempre toman posturas con mucha cautela y con conciencia de lo que implica, en este tema hayan hecho un artículo tan sesgado, que incluso si miras el perfil de los que escriben, es aún mas evidente.

      • Miguel

        Estimados:
        Creo que los comentarios que corresponden deben hacerse sobre el trabajo, con argumentos y bibliografia que los respalde. No incluir sentimientos ni descalificaciones, sobre el/los autores o personas que haga comentarios. Entiendo que la idea es contribuir y avanzar en el conocimiento y su aplicación.
        Y yendo al tema específico, respecto a la agroecología, a la agroindustria y al glifosato y otros químicos utilizados en la producción agropecuaria asi como a las buenas prácticas ( las Buenas Prácticas Agrícolas referidas a los agroquímicos son NO APLICARLOS y no CÓMO aplicarlos, a menos que no haya otro método – que lo hay – y sino hacerse cargo de los costos sociales y ambientales), repetiré una frase de Vladímir Vladímirovich Nabókov (1899 – 1977): lean muchachos, lean.
        Feliz Navidad y un 2020 próspero.

        • Juan Miranda

          Estás equivocado, las buenas prácticas incluyen el como aplicarlos. Te dejo el Buenas Prácticas Agropecuarias del INTA.
          inta.gob.ar/sites/default/files/script-tmp-inta_voces_y_ecos_nro28_dossier_buenas_prcticas_agrop.pdf

  18. Miguel

    Dentro de Sistemas de Gestión de Inocuidad de los Alimentos (Código Alimentario Argentino):

    Art. 20 – Resolución GMC N° 80/96 Reglamento técnico Mercosur sobre las condiciones higiénico sanitarias y de buenas prácticas de elaboración para establecimientos elaboradores/ industrializadores de alimentos, incorporada al Código Alimentario Argentino (CAA) por Res. MSyAS N° 587/97, se trata de la primera norma oficial sobre Buenas Prácticas de elaboración.

    Anexo 1 –
    Punto 2.- Definiciones: 2.6. Buenas prácticas de elaboración: Son los procedimientos necesarios para lograr alimentos inocuos, saludables y sanos.
    Artículo 154 tris: (Resolución Conjunta RESFC-2018-5-APN-SRYGS#MSYDSNº5/2018): [Otórgase plazo a los productores del sector frutícola hasta el 2 de enero de 2020 y del sector hortícola hasta el 4 de enero de 2021, para implementar lo establecido]. Toda persona física o jurídica responsable de la producción de frutas y hortalizas deberá cumplir con las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), cuando se realicen una o más de las actividades siguientes: producción primaria (cultivo-cosecha), almacenamiento hasta lacomercialización dentro del establecimiento productivo, a excepción de aquellos registrados como empaques.

    1. DEFINICIÓN: Las BPA son prácticas orientadas a la sostenibilidad ambiental, económica y social para los procesos productivos de la explotación agrícola que garantizan la calidad e inocuidad de los alimentos y de los productos no alimenticios.

    Asimismo existen 3 Guias de BP oficiales que son las
    Res. 71/1999 para productos hortícolas
    Res. 530/2001 para producción aromáticas
    Res. 510/2002 para productos frutícolas.

    Hay también Guias y Protocolos provinciales.

    Más todos deben obtener productos de acuerdo a la definición anterior.

    Porque las BP se evalúan por los resultados, no por el cumplimiento de reglas generales. Son propias y específicas de cada establecimiento.

  19. Miguel Masllorens

    Hola, muy interesante y completo el enfoque de un tema altamente complejo.
    Me llamo la atención que en ninguna parte del artículo se mencione el famoso paper del 2009 del Dr. Carrasco (ex director del CONICET y Jefe del Laboratorio de Embriología de la UBA) que en su momento fue pionero y revelador (y causo bastante revuelo en la comunidad científica) respecto al tema. O figura en alguna parte y se me pasó?
    Dejo link del mismo:
    https://pubs.acs.org/doi/abs/10.1021/tx1001749

    Saludos!

  20. Lia

    Ley de Soberanía alimentaria, Yá.
    Una detalle para agregar, es sobre el uso de esos queridos químicos salvadores de la humanidad en su desarrollo bélico para enfermar las poblaciones enemigas. Un caso sepultado al respecto y que involucra a Bayer es el caso del “aceite de colza”, de donde se supo que en realidad resultó de una fumigación en una plantación de tomates de manera experimental(tolerancia a los efectos comaterales).
    Un modus operandi conercial conocido es la implantación de un agente que perjudique la producción para poder vender la solución predefinida. En la cadena química, la industria farmacéutica se empodera del uso correcto de los efectos colaterales de sus reacciones, la idea no pareciera curar sino mantener esos efectos en el tiempo, los beneficios se multiplican y dan trabajo y recaudaciones de tributos que protegen la estrategia comercial. Quizá descubrir las causa de los problemas sea una amenaza para el Dios Mercado al que le sacrificamos diariamente nuestro tiempo y sangre. El delito de lesa humanidad oculto en la legalización y aplicado en la mecánica estatal serían esas antiguas lluvias pedidas por nuestros ancestros.
    El gran filósofo Rodrigo Ratto resumió en su manifiesto antes de ser encerrado para seguir reflexionanado “es el mercado amigo”, en un intento de decir “es la civilización amigo”.
    Ahora vemos en donde se encuentra el verdadero laboratorio.

    De todas maneras el bueno de la película siempre se corresponde con el salvador con el imprescindible, porque no hay otra manera, no existe otra posibilidad, lo otro es utopía, una palabra que encaja perfectamente con un sentido ajeno al nuestro.

  21. Miguel

    Muy bueno el enfoque del artículo sobre un tema altamente complejo. Lo que me llama la atención es que en ningún momento se mencione el paper del 2010 pionero y revelador que causo revuelo en su momento del Dr. Carrasco (ex presidente del CONICET y jefe del Laboratorio de Embriología de la UBA) sobre las malformaciones en embriones de renacuajos expuestos al glifosato.
    O se me paso?
    Adjunto link: https://pubs.acs.org/doi/abs/10.1021/tx1001749

    https://pubs.acs.org/doi/abs/10.1021/tx1001749

  22. Marcos

    Un poco de historia; Los estudios científicos publicados respecto de la baja toxicidad de la NICOTINA fueron escritos por personas que representan los intereses de las compañías que venden el NICOTINA (es decir las TABACALERAS).

    Desde 1902 lo fueron negando hasta el 14 de octubre 1999 .

    Los fondos para las investigaciones se necesitan fondos y los fondos suelen ser aportados por las empresas privadas, las que no van a publicar los resultados que las perjudican.

  23. Alejandro

    Bueno, no quiero repetir comentarios ya hechos con anterioridad sobre el sesgo que tiene la nota “anti-monsanto” , ni tampoco sobre esto de “investigador independiente” tiene mas valor por que me suena a compañero , que investigador de ambito privado. Hoy volvi a leer una publicacion de ustedes despues de mucho tiempo de abandono, pensando que quizas el cambio de escenario politico, o realidad del pais habia generado algun cambio en la esencia de la pagina (la cual valoro y respeto mucho) , y veo que nada cambio, ojala que se abra una rama de El gato y la caja disidente, no tan socialista y que la puedan publicitar por este medio asi un grupo (creo yo no menor) podemos leer esta clase de publicaciones sin el agregado politico. slds.

    • Antonio

      5. Conclusión

      Esta investigación detectó un entorno urbano severamente contaminado por “glifosato y otros pesticidas” e identificó altas frecuencias de cáncer, lo que sugiere un vínculo entre la exposición ambiental al glifosato y el cáncer, aunque este fue un diseño exploratorio y de observación incapaz de hacer afirmaciones causales directas. Sin embargo, es necesario reconocer las asociaciones basadas en el análisis de las diferencias entre las variables de exposición y la alta prevalencia, incidencia y mortalidad del cáncer que deben verificarse con estudios diseñados específicamente para este propósito; Se necesita más investigación para revelar la relación exacta entre el cáncer y el glifosato.

      Ergo: NADA CONCLUYENTE Y NO SOLO GLIFOSATO

  24. Diego Antonio

    Alguien pudo repetir el estudio hecho por Carrasco consiguiendo los mismos resultados??: NO
    No se aconseja utilizar glifosato de la siguiente forma : ” Los embriones inyectados con glifosato puro ” (eso dice el estudio de Carrasco) , el mismo resultado lo conseguiría con aceite de motor o limpia vidrios, nadie repitió el estudio de Carrasco por que el método utilizado dista mucho de ser realista.

  25. Mariano Lois

    Hola Comunidad. Soy un ávido lector de sus publicaciones, desde sus libros a entradas blogueras. Celebro que se hayan atrevido a escribir sobre el “glifosanto” dado que es un conflicto ambiental que despierta más y más intereés, no sólo a nivel local, si no también mundial. Informar sobre los agrotóxicos, los OMGS es fundamental para las futuras generaciones y una necesaria educación ambiental que hoy día falta en nuestro sistema educativo y medios de comunicación hegemónicos. Estuve leyendo Pensar con Otros de Guadalupe Nogués y realmente esta nota me planteó muchas dudas en cuanto a la consistencia que ustedes mismxs siempre quieren resaltar: la necesidad de elaboración de evidencia científica para la construcción/generación del conocimiento científico con reglas coherentes, provistas por el método científico. Ésto implica que le dato científico es una construcción social como muchas otras acciones sociales que dependen de los grupos sociales, en este caso, la comunidad científica.

    Teniendo en cuenta ésto último, la aseveración que realizan en su conclusión me pareció errada: “Un martillo puede ser usado tanto para poner un clavo en la pared y colgar un lindo cuadro, para construir maquinaria productiva o bien para darle en la cabeza a alguien, pero en definitiva está diseñado para golpear y es el humano que lo blande el que decide qué o quién será golpeado con eso. De la misma manera, el glifosato es una tecnología sin moral. El impacto ambiental y sanitario derivado de su utilización (y de su no utilización) depende únicamente de nosotros”. No muchcachxs, hay tecnología sumamente peligrosa que jamás se debería haber inventado, entre ellas, el gas dicloro desarrollado por Fritz Haber como arma química durante la Primer Guerra Mundial que más tarde daría el origen a distintos agroquímicos para la industria agropecuaria, tanto herbicidas, como pesticidas. Hoy día, si ésto no fuese así, no habría 42.000 procesos judiciales contra Monsanto-Bayer por los riesgos del RoundUp, su pesticida más famoso. Por hacer una nota para informar a la población sobre la peligrosidad de un agroquímico de amplio uso no estamos “pecando” de sostener una postura “anticientifica” que alimente la Posverdad sobre el asunto. Evidencia científica sobre la toxicidad del glifosato sobra, ustedes mismxs citan al catálogo de la OMS. Es un tema de largo debate, pero para una correcta genealogía de Monsanto, su historia y devenir, no hay mejores libros que los de Marie Monique Robin o sus documentales.
    Les comparto una nota de otro medio que lleva años informando, entrevistando y comunicando sobre el tema, Mu lavaca, sobre los falsos informes científicos elaborados por la empresa Monsanto para elaborar los manuales de Buenas Prácticas Agrícolas que esconden los peligros de toxicidad del uso de agrotóxicos: https://www.lavaca.org/mu142/ciencia-fantasma-entrevista-a-leemon-mchenry-investigador-en-etica-medica/

    Si no cambiamos nuestra relación socioambiental y empezamos a ver los conflictos ambientales por lo que son, con todos sus actores sociales involucrados, las empresas seguirán facturando millones y nosotrxs, tanto productores como consumidores seguiremos envenenadxs y envenando a nuestro planeta. Afortunadamente en Argentina hay muchas personas organizadas planteando ésto y trabajando por el bien común. Sólo por mencionar a algunxs pocxs, el Grupo de Ciencia Digna, el médico Damián Verzeñassi, La Red Federal de Docentes por la Vida, Las Madres de Ituzaingó, la Asociación Argentina de Periodistas Ambientales (AAPA), la Unión de Asambleas de Comunidades.

    Como desde la comunidad luchamos contra el “negacionismo”, me despido recordando a Fabian Tomassi y Ana Zabaloy PRESENTES.

    Saludos.

  26. Rodrigo

    Recuerdo hace como 6 años un debate q tuve en el muro de Facebook de Ezequiel Arrieta con varios pibes q usaban el informe del conicet para asegurar q el glifosato era inocuo, mientras la gente se moría de cancer, las malformaciones abundaban y ya había decenas de estudios que alertaban sobre el peligro del mismo. Con esta nota siento q tan errado no estaba.
    No aprendimos (me refiero a la humanidad) con el DDT, no aprendemos ahora con el glifosato. Seguramente nos sigan envenenando con uno nuevo en el futuro cercano.
    Cuando se supo q el estudio q permitió el ingreso del herbicida al país fue hecho por la misma empresa q lo vendía, y q ni siquiera fue traducido al español (todo gracias a la invaluable colaboración de Felipe Solá), deberíamos haber empezado a sospechar q algo raro había. Y el principio precautorio debería ser primordial. Hacemos todo al revés. Dejamos que circulen estos venenos durante décadas antes de saber si pueden generar daños o no. Ante la duda, que no se usen. Demostrame con certeza q no va a causar daño a gran escala y ahí vemos. Pero el negocio, las ganancias siderales en el corto plazo, son más fuertes.

  27. Evangelina

    Por qué no hidroponia como alternativa en vez de otro químico que va a seguir afectando, por lo menos, la biodiversidad?
    Hidroponia: las plnatas crecen en agua donde se le coloca su alimento. El sistema es cerrado, por lo tanto, esta aislado de plagas y no se necesita ningún plaguicida, , no depende del buen clima, se puede cultivar en altura (es decir, hacer un edificio y en cada piso tener plantas con las condiciones optimas a su clima y simbiosis) disminuyendo la base necesaria para producir, el agua se recicla, las plantas crecen más rápido que en tierra, no compite con otras plantas… saludos!

    • Federico

      Seguramente no tenés idea de las escalas de producción que se necesitan para alimentar a 7.000 millones de bocas y de lo que costaría hacerlo con hidroponia, huertas orgánicas, etc

  28. Guido

    Muy interesante el artículo, me interesa sobre todo como pone el foco en la realidad de la práctica productiva: el glifo es una molécula más en todo el paquete. Siempre que hablo con alguien de eso le remarco ese punto… el glifo es la molécula estrella (para ambos lados) pero es sólo una parte, después viene el Endosulfán, el 2,4-D, el Clorpirifós y otros tantos legales e ilegales.

    Después hay otra realidad. El ingeniero / vendedor recomienda una cosa (por efecto, economía, conveniencia, y el argumento de venta válido que tengan), pero algunos productores hacen otra. Como el de al lado tiró 10 lt/ha, yo le echo 12. Así con toda la batería. Dicho por un familiar ingeniero que vende (y ensaya en cultivos de prueba al pedo).

  29. Javier

    Muy buena nota aunque, y no soy el único por lo que veo en otros comentarios, me asombra la manera en que cambia el tono de la nota planteando una especie de disputa entre científicos “independientes y buenos” y científicos “malos y pagos por las empresas”.
    Siendo lector de “Pensar con otros” entre varias de sus publicaciones me surge la duda de cuán valedera es esta dicotomía que se plantea en la nota.
    Pareciera que se analiza quién financia a un investigador en lugar de hacer foco en los resultados y la manera en que se hacen esos estudios (recordemos el caso de Carrasco inyectando embriones con glifosato puro, casi como tirar personas de un piso 20 y querer demostrar que los edificios son inseguros).
    Me gustó encontrar una nota sobre glifosato, pero, acostumbrado a otras notas de la página, esperaba más datos y evidencia científica.
    Abrazo!
    PD: Incluso me asombró la parte dedicada a la industria alimenticia, me sentí como cuando viene un vegano a hablarme de lo mala persona que soy por alimentarme de carne animal.

  30. Paula Pereyra

    Súper completo y con una conclusión sublime, mejor explicado imposible!!! gracias por divulgar esto gratuitamente, de corazón!!!!

  31. Federico

    Si el glifosato y los transgénicos no hubieran aparecido seguramente estaríamos peor. Los herbicidas que usábamos y fueron reemplazados por el glifosato eran mil veces mas tóxicos y desconocidos sus efectos. Con los años que lleva usándose y habiendo revolucionado las producción de alimentos éso solo lo exime de las románticas críticas. Las regulaciones actuales para la aprobación de cualquier producto hacen inviables muchos desarrollos y los dejan solo en manos de enormes corporaciones. De cualquier forma nada es absolutamente inocuo, ni acciones, ni químicos, ni tecnologías… la evaluación siempre debe tener presente el bien mayor! ! …y para éso el glifosato ha demostrado un enorme beneficio


Publicar un nuevo comentario