69. En-la-escama-no

En la escama, no

Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura.

J.C.

En la actualidad, los peces conforman el grupo de vertebrados con mayor número de especies, excediendo las 31 mil. Podríamos decir, con certeza, que les pasan el trapo a todas las especies de anfibios, aves, reptiles y mamíferos sumadas (al punto que hay un rumor de que Pablo Lescano en realidad es un taxonomista ictícola subliminal y que empezó su carrera con ‘Y las palmas de todos los Nemos y arriba y arriba’).

La mayoría de los peces se reproducen a través de fecundación externa, que implica liberación de huevos y esperma directamente al agua (evento que explica que tu mamá te dijese que cerraras la boca cuando te metías al mar). Visto así nomás, parecería tratarse de un proceso aburrido y carente de conflictos y pasiones. En general es así en los peces que viven en el mar abierto o en el río, donde hay recursos abundantes y escasa conflictividad social. En esos casos, machos y hembras sincronizan su ciclo reproductivo usando pistas ambientales como el fotoperíodo, la temperatura y el panorama social. Cuando sus testículos y sus ovarios están a punto caramelo liberan sus gametas, ocurre la fecundación y los huevos fecundados son liberados a su suerte y encomendados a Neptuno en caso de las especies marinas o a Aqueloo en el caso de las especies de río. Es decir, no presentan cuidado parental.

Pero también hay un gran número de especies de peces que viven en ambientes mucho más inestables, ya sea por cambios en el caudal de agua —a causa de inundaciones alternadas con sequías— o por escasez de alimentos y refugios. Estas especies, que se observan en arrecifes de coral, en lagos, charcos o lagunas, adoptan entonces comportamientos territoriales, de dominancia y de subordinación y se observan conductas como agresividad y violencia entre individuos de la misma especie (charco chico, infierno grande). Esto muchas veces no es tenido en cuenta por los acuaristas novatos que hacinan individuos en una misma pecera e incluso en ocasiones mezclan especies que no coexisten en la naturaleza y se arman tremendos bardos. Los vendedores de peces tampoco saben mucho de eso, o sea que para armarnos una buena pecera, siempre es bueno asomarse al asombroso mundo de los acuaristas expertos y fanáticos que llenan la web de foros con información súper relevante, a veces mucho más relevante que la que se puede encontrar en libros y papers.

Pero volvamos a las estrategias reproductivas, las conflictividades sociales y detengámonos en un grupo de peces que se llaman cíclidos. Hablaremos de una especie en particular que se llama Astatotilapia burtoni, que vive en el Lago Tanganika de África y que es la especie de cíclidos más estudiada por el grupo del Dr. Russell Fernald de la Universidad de Stanford.  Esta especie vive en lugares complicados: con cambios en el caudal de agua, con hipopótamos que atraviesan a cada rato el living desarmando la estructura poblacional y montones de otros peces y aves acuáticas dispuestas a comer a la especie en cuestión. Los machos son muy territoriales y luego de demostrar su fuerza a otros machos, logrando de paso que las hembras se interesen por ellos, adquieren un territorio que tiene dos grandes valores: un refugio y un buen acceso a la alimentación. Eso los convierte en un buen partido para las hembras que patrullan por ahí. Las interacciones visuales a través de cambios de color, la emisión de sonidos y la comunicación química a través de la orina dejan muy en claro quién manda a quién (porque que seas un pez no quiere decir que no quieras ver quién hace pis más lejos).

Junto a esto tienen lugar intensos combates en los que los machos se muerden, se agarran de las bocas, se dan golpes con la cabeza y las aletas, mientras emiten constantemente señales químicas por su orina. Una vez establecidos los machos dominantes en sus territorios, los subordinados quedan junto con las hembras que ni los registran, muchas veces sosteniéndoles las carteras o el trago. Ellas se van desplazando y eligen a aquel macho que fue más agresivo y se quedó con el mejor territorio. Llegan a él cuando ya están que explotan de huevos, o sea listas para reproducirse. Acá es cuando la cosa se pone rara,por si la orina no era suficiente. El cortejo es muy curioso: la hembra llega hacia su elegido, el macho la invita a su refugio y hace muchos despliegues visuales, sonoros y químicos mostrando su alta testosterona. Luego de recibir tantos estímulos, la hembra comienza a liberar muchos huevos desde su gonoporo (sexy). Posteriormente, la hembra toma esos huevos con su boca y el macho la engaña vilmente mostrándole unas manchas de su cuerpo que son idénticas a los huevos que ella tiene en la boca y ella, creyendo que son parte de su puesta, va a buscarlos desesperadamente en una especie de versión adulta y zoofílica de Hansel y Gretel que, por las dudas, no vamos a googlear. Él tiene, casualmente (‘CASUALMENTE’, guiño, Selección Natural, guiño), esas manchas en una parte de su aleta muy próxima a la desembocadura de sus testículos. Es así que, cuando ella va a buscar esos supuestos huevos faltantes, el macho aprovecha y, sin aviso, cortesía o consideración alguna, fecunda los verdaderos huevos que estaban en la boca de la hembra que lo había elegido en una muestra de que la realidad supera a YouPorn.

La hembra se va así, con todos los huevos fecundados en su boca, los retiene varios días y ahí mismo eclosionan las larvas que después se quedan protegidas en la boca de su madre por un par de semanas más. Mientras todo esto pasa, los machos dominantes —coloridos y frenéticos— se pasan de vistosos y son comidos por otros peces y por aves acuáticas. Pero todavía la cosa se puede poner más Pasióndegaviláncea. Sucedido esto, los subordinados detectan una oportunidad de ascenso social y se preparan para ocupar el poder, y en más o menos una semana pasan del fenotipo (el aspecto externo) subordinado al fenotipo dominante. O sea que el que se fue a Sevilla, perdió una boca de hembra en la que depositar esperma para fecundar óvulos maduros.

Es así que empezamos a conocer a una especie con gran conflictividad social y apasionantes estrategias reproductivas que nos obligan a entender que, a veces, el pez, por la boca vive.

 

http://web.stanford.edu/group/fernaldlab/recentPress.shtml



Hay 12 comentarios

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  1. Ana

    Gracias por tanta información. Maravilloso saber tanto de este mundo, casi desconocido para el resto de los mortales (no biólogos, no científicos).
    Buenísima la ilustración.
    Adelante Gatos!!

  2. Hernan

    La cita de Cortazar acaba de hacer de esta mi web favorita definitivamente. Es excelente el trabajo que hacen y como combinan, la ciencia, la pedagogía, el arte y el humor entre otros campos. Genios.

  3. Verónica

    Pero, entonces, ¿el círculo se repite al infinito? ¿los galantes machos dominantes logran la fecundación, son morfados luego por ahí, y aquellos olvidados que se vuelven fenotípicamente dominantes, vuelven a hacer todo el cortejo, logran la fecundación y son morfados y así? Nunca escupas para arriba, pez Astatotilapia burtoni!

    Pandolfi, decíme si entendí bien! Besos desde Montevideo!!!

    • Matias Pandolfi

      (In the Circle, the Circle of Life) Si, así hay oportunidad de ascenso social para todos. De todos maneras los que van adquiriendo experiencia o tienen un vecino mas grande que les disputa el territorio pueden volverse subordinados y así prolongar sus días. La dominancia en peces a diferencia de en primates o hienas es mucho menos despótica e incluso más relativa y plástica.

  4. ORLANDO

    Atento al excelente artículo Matías Pandolfi y al casi inagotable catálogo de variantes amatorias vinculadas con la sexualidad humana (asociadas la mayoría de la veces a la activación del circuito de recompensas, más que a la preservación de la especie) me pregunto si la práctica sexual conocida felación o fellatio (plus “felix finis intra os”) no estará relacionada con cierto resabio neuronal de los Astatotilapia burtoni enquistado en nuestro “cerebro reptiliano”, como le decimos en el barrio.

    Les dejo la inquietud y les ruego que transmitan mi inquietud a popes de la talla de Fabricio Ballarini y Diego Golombeck. Mientras tanto yo haré lo propio a través de fuentes de divulgación científica tales como la citada Youporn, Porhub, Redtube y otras similares, además de iniciar una investigación propia a través del método experimental.

    Los saludo fenotipicamente.

    P.D.: Si en otro lugar hubiese leido “J.C.” como referencia al autor del epígrafe del artículo, lo hubiese insultado de todas las formas posibles. Sin embargo, en el caso de ustedes, queridos Gatos, me suena a un guiño cómplice con vuestros lectores, el cual agradezco. Sigan así: por el mal camino.


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