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IMG:  Agustín Gomila  

En el pelo no

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En algún momento empecé a creer que los publicitarios de champú piensan que uno es pelotudo. No tonto, no sonso, ni siquiera ignorante. Pelotudo.

Superado el momento inicial de ira y violencia antisistema, donde ‘sistema’ en este caso correspondía a ‘80 variedades de detergente capilar cocreado por expertos’, empecé a pensar en dos cosas: por un lado, en la obsesión del marketing del pelo y, por otro, en que por ALGO debe ser. Digo, en serio. Es pelo.

‘Cuidá la vida de tu pelo’. Dale. Pero primero cuido la de mi abuela, que metió el casting para Six Feet Under hace como 10 años. Porque la cosa es que el pelo no está vivo, ni estuvo vivo, ni va a estar vivo. El pelo es un entretejido básicamente de queratina y, de nuevo, no está vivo.

Ahora, ¿qué le pasa a un entretejido no vivo cuando le frotamos ADN vegetal? Pasemos al experimento: tomamos dos abuelas igualmente muertas, preferentemente el mismo año (es importante recordar la noción de control, que es el sujeto al que no se somete al tratamiento y nos sirve de base para comparar los resultados), y frotamos a una de las dos con un champú común y a la otra con un champú enriquecido con ADN vegetal. Como el tiempo en televisión es tirano, si la cámara me sigue, les traje otro par de abuelas muertas ya frotado para que vieran los resultados.

La abuela, sorpresivamente, sigue muerta. No como el pelo, que no puede morir PORQUE NUNCA ESTUVO VIVO.

¿Qué aprendimos hoy? Que nada se soluciona regando ADN en el pelo de la gente.

Lo increíble es que la obsesión con el pelo nos habla un poco de dónde venimos como homínidos, porque si el pelo llegó hasta acá para algo tiene que servir, y resulta que parece que no tener pelo en el cuerpo es algo que arrancó más o menos hace como 100.000 años, cuando palmó en uno de nuestros antepasados un gen que tiene que ver con la síntesis de queratina; un enorme ejemplo de que a veces, evolución es que algo que en algún momento sirvió, se rompa.

Resulta que el temita de la pérdida de pelo es una escalada armamentista contra la calentura. Calentura que excede el barba sí / barba no, o cualquier chiste en escalada incontrolable que referencia preferencias depilatorias, sino que apunta a un lugar bocha más termodinámico: nuestra capacidad de disipar el calor. Cualquier evento que genera variabilidad va a tener que sufrir ser pulido en términos de Selección Natural a partir de sus pros y los contras (re groupie de Darwin), y el pelo por algo andaba por todo el cuerpo. Resulta que el pelo, aparte de ser bonito, nos protege -entre otras cosas- de los rayos UV, y esa es una ventaja enorme porque esos rayos UV pueden generar mutaciones y de ahí a patologías hay un pasito.

Para que la falta de pelo haya sido seleccionada, tiene que ser más positiva que negativa y, recordando el temita de la calentura, el humano cada vez necesitaba disipar más calor, fruto de un metabolismo cada vez más activo y de una ingesta calórica cada vez mayor. Cualquiera que se haya afeitado en pleno invierno y haya agarrado una bicicleta feroz sabe que el pelo protege del frío de una manera genial, pero esa misma barba se sufre en verano, así que, como para refrigerar la cosa, nos quedamos con el pelo en la cabeza, re copado para andar erguido y proteger la bocha en términos prehistóricos y pregorríticos.

Después de esta primer selección, como siempre, un atropello de cultura y selección sexual hizo que la distribución de pelo entre hombres y mujeres fuera variando, hasta llegar hoy al paradigma del pelado viril que tiene una base científica fuerte, dado que una de las razones más estudiadas para la calvicie es la acción de la dihidrotestosterona, un pariente cercano de quién? RAWR.

‘Fortune favors the bold’, que si bien traducido como corresponde significa otra cosa, a mí me copa mucho más como ‘La suerte favorece a los pelados’.

Pelados favorecidos por la evolución. Pelados disipadores de calor. Pelados Luthor, pelados Statham, pelados Xavier, pelados Wainraich, pelados que no esperan la vida sentados.

La rubia, tarada, bronceada, aburrida, mirando etiquetas de colores, me dijo, ¿por qué te pelaste? Por el asco que da tu abuso de términos científicos, compradora compulsiva de champú con ADN vegetal.

Ilustración:  Agustín Gomila