Embarrar la Magia

Embarrar la magia

Estamos rodeados de cosas increíbles. En un instante podemos armar una larga lista de elementos y sucesos cotidianos fascinantes. Arranquemos por los lugares comunes, bien a lo Woody. Tenemos al sol. Amanecer, atardecer. Divino. Eso nos lleva a la playa. Nos encanta la playa. Los médanos, la arena, el castillito, las bikinis y los guardavidas. Llegamos hasta el mar. Las olas, la masa de agua infinita y el horizonte, esa linita del fondo que siempre te pone reflexivo. Tanto que colgás y te agarra la noche. Ahí aparece el que quizás sea el lugar más común de los lugares comunes: la luna, el astro preferido para todas las canciones, novelas y películas. Qué cosa hermosa pero empalagosa la luna. Cuanto más luna, más cursi. Así y todo, nuestro satélite natural debe hipnotizar hasta al escéptico emocional más fundamentalista en alguna que otra noche subversiva. Porque nadie le escapa a la luna. Y, cuanto más grande, más difícil escaparle. Así funciona la gravedad. Desde donde estamos, la luna no nos hace nada, salvo ponernos hipermelosos. Pero al océano, un cacho de masa de agua enorme, lo menea de acá para allá, hasta apoderarse de tus ojotas.

En la ley de gravedad, Isaac Newton ‒sí, el de la manzana‒ dice que la atracción entre dos cuerpos es directamente proporcional a su masa e inversamente proporcional a la distancia entre ellos. Por eso caminamos raro sobre la luna, porque tiene menos masa que la tierra y entonces nos atrae con menos fuerza. Y por eso el Principito habría durado medio segundo en B612, perdiéndose en el espacio hasta caer quizás en algún planeta mala onda.

Entonces ese momento clásico y maravilloso de mirar la luna desde la playa mientras escuchamos el mar, ahora está todo apestado de conocimiento sobre por qué tengo los pies clavados en la arena y por qué escucho el agua cada vez más cerca. Lo rompí. Perdón, mala mía.

Volvamos al día, que también tiene cosas copadas. El arcoíris, por ejemplo. No existe corazón de telgopor que pueda negar la belleza de un arcoíris. Por supuesto que tampoco faltó erudito con exceso de tiempo libre que buscara explicación a este fenómeno. Para sorpresa de nadie fue el mismísimo Newton, Grinch de la magia de la naturaleza, el que terminó de describir casi por completo los fundamentos de lo que ocurre durante la formación de un arcoíris. Newton vio que cuando un rayo de luz natural atraviesa un prisma de vidrio, la luz se descompone en distintos colores. Así demostró que la luz natural, también llamada luz blanca, está compuesta en realidad por muchas longitudes de onda, que es lo que nosotros percibimos como diferentes colores.

Cuando se genera una llovizna, cada gota funciona como un pequeño prisma que separa la luz natural en todas las longitudes de onda que la componen. A pesar de que el espectro es continuo, por lo que la luz se descompone en infinidad de longitudes de onda, Newton las agrupó arbitrariamente en siete colores, porque superstición mata ciencia. En su época, el número 7 tenía un atractivo particular. Se conocían siete planetas, siete notas musicales, siete todo. El 7 es también el número que se tatuaría cualquier fanático cristiano, como lo era Newton. En la Biblia, solamente en el libro del Apocalipsis, San Juan menciona cincuenta y cinco veces al número 7. Todo muy normal.

Bien. Junto con la ayuda de Isaac ya arruinamos la noche mágica en la playa y el misterio del arcoíris.

La lista de lo que nos fascina es interminable y sus componentes generan ese sentimiento encontrado de querer saber pero de no querer dinamitar la maravilla. La cuestión se vuelve todavía más compleja si nos ponemos antropocéntricos. ¿Qué pasa cuando le buscamos explicación no sólo a los fenómenos que nos rodean, sino también al efecto que provocan en nosotros? Acá es cuando la cosa se pone filosóficamente picante. Porque todo bien con la belleza del universo, pero si no fuese por nosotros, que damos carga semántica y emocional a todas esas maravillas que nos rodean, las auroras boreales sólo serían un par de manchitas insignificantes en el cielo. Intentar entender los mecanismos por los cuales la naturaleza nos afecta implica entendernos a nosotros mismos que somos, básicamente, nuestro cerebro. Amor, odio, miedo, tristeza, alegría. Vivimos de nuestras emociones y hoy contamos con la tecnología para estudiar los procesos neurofisiológicos que las originan. ¿Acaso entender qué pasa en nuestro sistema nervioso cuando estamos alegres o cuando estamos tristes cambia la naturaleza de los sentimientos?

Lo cierto es que necesitamos saber. Necesitamos conocer. Tenemos dudas sobre todo lo que nos rodea y sobre nosotros mismos. Desnudar la naturaleza, ver el backstage, tiene esa cosa de embarrar la magia. Pero la magia también nos angustia, no nos termina de cerrar. Histeriqueamos con lo místico, pero no podemos dejar de buscar ‘la verdad’, o al menos alguna explicación probable para lo que pasa afuera y adentro.

Quizás no deberíamos entender entender como un mecanismo destructor de lo maravilloso. Quizás, entender sea, justamente, un elemento más en nuestra lista de cosas fascinantes.




Hay 55 comentarios

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  1. Ana

    genial esta frase de embarrar la Magia, pero acuerdo con:

    “Quizás no deberíamos entender entender como un mecanismo destructor de lo maravilloso. Quizás, entender sea, justamente, un elemento más en nuestra lista de cosas fascinantes.”
    ¡Buenísimo el artículo!

  2. Mario

    No se como llegue a leer tu articulo, o si y los golpes que me di en la cabeza me hicieron olvidar, no se. A mi me maravilla el mundo, el mecanismo de las mareas y el efecto de la luna sobre ellas, como un hecho estetico y como un principio practico, despues de todo soy ingeniero.
    La busqueda del conocimiento es tambien una suerte de hecho estetico, durrell dijo que la ciencia era la poesia del intelecto.
    A lo que voy es, si entender, por ejemplo que es una aurora boreal destruye “lo maravilloso” de la misma, es porque sos un imbecil, y en tu caso, un cursi.

    • Facundo Alvarez Heduan

      Lo que remarcás, Mario, es exactamente lo que discuto en la nota. No queda claro qué disparó tanta indignación, siendo que estamos de alguna manera en la misma página. Me parece que no terminaste de entender. Avisanos cualquier cosa qué puentes conviene no frecuentar.

      • Eluá

        Me parece que lo que dice Mario es que no a todos encontrarle la explicación nos hace que se pierda la magia. Para algunos, la magia está en la explicación, y el misterio nos atrae porque huele a esa magia, a descubrir algo nuevo.

      • Coperfield

        Mario, y el ultimo individuo ( no me acuerdo el nombre y tendría que cerrar esto para leerlo con lo que perdería la magia.. ). Básicamente algo mágico se define como aquello que posee o se le atribuyen cualidades sobrenaturales, “entender” claramente implica que la magia desaparezca, porque ya todos vimos al mago enmascarado y podemos deducir que no existe. La magia se pierde al entender, lo fascinante no y eso es lo que interpreto de este articulo. Nos vemos en el puente la noria.

  3. jorge

    mario mario infiero que los golpes que te diste en la cabeza son producto de tu simpatìa con Racing. no leas estos artìculos pedorros,
    vos “sin duda” estàs a otro nivel

  4. Mariana

    Totalmente cierto y mejor aun: bien contado.
    La magia se arruina con la verdad, pero siempre ante un “truco de magia” no podemos soportar no preguntarnos “COMO?”. Y una vez resulto, buscamos desesperadamente mas magias por embarrar. Por suerte la naturaleza es tan extensa, compleja y mágica, que nunca se nos va a acabar las verdades por descubrir.

  5. Diego

    Genial! Simplemente quería aclarar que la atracción gravitatoria es inversamente proporcional AL CUADRADO de la distancia entre los cuerpos.
    Me encantó “Newton, Grinch de la magia de la naturaleza”
    Sigan así, gracias por los momentos.

  6. colo

    Ya si alguien pone la palabra “imbécil” en un artículo de esta naturaleza sin duda está un poco quemado. Me encantó el artículo, tiene belleza e inteligencia. Salud!

  7. Valentín

    Atribuir un fenómeno a la magia es “entenderlo”, no menos que atribuirlo a una fuerza incomprensible que llamamos gravedad. O al flogisto o al horror vacui. No creo que Newton sea un aguafiestas. Los modelos científicos son más pobres que el mundo real, y los mundos de fantasía son más pobres que los modelos científicos.

  8. GUILLE

    CADA PERSONA APRECIA LAS MARAVILLAS NATURALES CITADAS DE LA FORMA EN QUE ESTA COMPUESTO CADA INDIVIDUO ….. LA TABLA PERIÓDICA DE LOS SENTIMIENTOS Y LAS EMOCIONES HUMANAS AÚN NO ESTÁN A LA VENTA EN LIBRERÍAS…ESO SI QUE ES MAGIA !!!

  9. Horacio

    Me gusta mucho la forma que tienen de relatar la ciencia, me divierte aprender asi (suena re nerd) pero es la realidad, simpre me intereso aprender pero me dio fiaca comerme tremendo libro de fisica. graciah x esistir.
    PD: me quedo pendiente la explicacion del arco perfecto del arcoiris!

  10. Cristian

    “¿Acaso la ciencia, ese peculiar modo de entender el mundo, priva al universo de todo sentido poético?” Es una pregunta que Richard Dawkins formuló y respondió en su libro “Destejiendo el Arco Iris” (Que deduzco que ya habrás leido, si no, lo recomiendo muchísimo). La respuesta es absolutamente NO. Descubrir como funcionan estas maravillas para los sentidos no le sacan espectacularidad, sino que nos asombra todavìa mas y de maneras que sólo desde este punto de vista curioso podríamos percibir.

  11. Guadalupe

    Hermoso artículo, que enseguida me recordó lo de Feynman que comentaban más arriba.
    Hay belleza para descubrir en el universo, y la ciencia es una herramienta para entenderla y así poder disfrutarla más.
    Lo de Newton y el arcoiris muchos lo consideran ese primer momento en el que se “separaron” las dos culturas: lo científico y racional por un lado, y lo social y artístico por el otro. Un cisma ridículo con consecuencias que seguimos pagando. Este artículo me encanta porque ayuda a acercar estas dos posturas falsamente antagónicas. ¡Grande, Facu!

    PS. “Y por eso el Principito habría durado medio segundo en B612!” To-tal-men-te.

  12. Lilen

    ¡Cómo me gusta este blog! Cada vez más
    Siempre poniéndole palabras precisas a lo que pienso y muchas veces no sé como transmitir.

    Siempre insisto con eso, para mí entender, conocer, es una manera de aumentar la maravilla, nunca de destruirla.

  13. Javier

    Es verdad!, lo dice alguien con 40 primaveras encima y que a los 4 años descubrió el final del cuento de la pipa, y que por obvia razón, dejó de ser convidado a participar de ese juego perverso pero inclusivo. (malditos ignorantes).
    El conocer el “porqué” quita ese nosequequeseyo que nos rodea, pero en el fondo “está bueno”.
    Sigan así, o mejoren, o empeoren, pero SIGAN!

  14. Mariana

    Excelente artículo, felicitaciones.
    Y muy bueno “Destejiendo el arco iris”, de Dawkins, donde en su página 58 recuerda a Feynman: “No veo que el hecho de estudiar una flor le reste nada de su belleza. Sólo le añade.”

  15. Ari

    El planeta del principito era extremadamente denso, por eso generaba la gravedad suficiente para que las cosas no se cayeran al espacio. Eso lo deduce cualquiera. A mi tambien tu entrada me hizo recordar lo que dijo Feynman sobre las flores, la apreciación de la forma y su representación… es una forma mas de expandir el goce de la intereaccion con el mundo.

  16. Neon_Knight

    Lo decía Tim Minchin: “La vida está llena de misterios, si, pero también hay respuestas allá afuera (…) porque cada misterio que ha sido resuelto en la vida ha resultado ser… no-magia.”

  17. Eluá

    “Y por eso el Principito habría durado medio segundo en B612”. No necesariamente:
    B612 era chico en dimensiones, pero quizás era súper-denso.

    No queda muy en claro el tamaño tampoco, lo compara con una casa, pero ¿de qué tamaño la casa? ¿la superficie o el volumen es como el de una casa?. Para unos 9 m de diámetro nos da casi 32 m × 32 m de superficie (un área razonable, para una casa con jardín), o 16 m × 16 m × 16 m de volumen (si fuese un cubo, tamaño también razonable para una casa sin jardín).

    Con esos datos, tendría que tener una densidad de unos 3 900 000 g/cm³ para tener una gravedad como la de la Tierra. Sí, cientos de miles de veces más denso que el elemento más denso conocido (osmio). Pero me parece que es algo que podemos concederle ;)

    Ayer hice un test que pedía que evalúe la veracidad de la siguiente frase: “You often spend time exploring unrealistic and impractical yet intriguing ideas.” Claramente, la frase era muy cierta.

  18. La Prima Lejana | El Gato & La Caja

    […] O, por lo menos, eso es lo que mi viejo quería que yo pensara. La cuestión es que en 2002 se publicó un estudio sobre hijos de primos (porque hay subsidios para eso), y descubrieron que los hijos de primos tienen entre 1,7 y 2,8 % más de riesgo de tener algún defecto de nacimiento que los hijos de no primos. 2,8. DOS COMA OCHO, o puesto en términos más interesantes, aproximádamente el mismo incremento de riesgo que trae un embarazo después de los 40. Pero, ¿quién piensa en un embarazo a los 40 cuando tenés 12 y lo único que querés es acercarte a la chica de vestidito blanco, mayor que vos, y decirle que querés tener sobrinosprimoshijos? ¿Cómo argumentás (acá le agregaría algo estilo “el temita de la promiscuidad”) contra una sociedad y una figura paterna cuando no tenés los datos? Porque la ciencia a veces sirve para cambiar el mundo, sí, pero otras veces, algunas de las más maravillosas, sirve solamente para ganar pequeñas discusiones cotidianas. No es el momento ni el lugar de empezar a hablar de pan lactal adentro o afuera de la heladera, pero podríamos, y es la ciencia la que trae también revanchas, porque la Tierra no es plana, el fuego no es mágico y la Luna no está hecha de queso, mal que nos pese. […]

  19. Umbrella

    No sé qué palabras usar para describir lo que me encantó el artículo. Sin duda las mejores ya las pusiste en él. Muy lindo, muy posta, muy bueno.
    Inspira a disfrutar de lo emocionante de la vida, a aprender sobre lo fascinante de ella.
    Pienso que entender las cosas es un ARTE más.
    Felicitaciones.


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