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Elige tu propia aventura

Der Mensch kann zwar tun, was er will, aber er kann nicht wollen, was er will.
El hombre puede hacer lo que desea, pero no puede desear qué es lo que desea hacer.

Arthur Schopenhauer


Espero, pienso qué hacer, doy vueltas y vueltas. Mientras tanto pasa el tiempo. Por cada segundo, por cada instante individual que puedo llamar ‘ahora’, tengo la opción de hacerlo o no hacerlo. Imagino por un momento que soy un robot y que todo se reduce a que alguien apriete un botón en algún tablero imaginario. Finalmente, fantaseo con que yo soy ese alguien apretando su propio botón. Entonces lo aprieto; paso la mano detrás de su pelo, cierro los ojos, ella los entorna, hago el movimiento de aterrizarle un beso y, justo antes de concretar victorioso
mi deseo, ella corre la cara.

Más confundido que sorprendido, lleno por dentro el silencio incómodo con interrogantes como: ¿Por qué mierda no me quedé en mi casa, traqui, jugando a la Play? ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Para intentar perpetuar la especie humana? ¿De verdad soy tan altruista? Pero sobre todo, vuelvo al momento fallido de apretar mi propio botón para besar. Busco responsables. ¿En qué momento pareció una buena idea? ¿Quién dio realmente esa orden? ¿Quién se hace cargo? ¿Quién va a pagar la autoestima rota?

Todas las miradas apuntan a mí. ¿Yo? Es posible. Visto desde afuera, parece ser la opción más parsimoniosa. Pero, ¿por qué? ¿Cómo yo decido hacer algo o no hacerlo? ¿’Yo’ quién? ¿Quién decide realmente? ¿Quién es ese ‘yo’?

Como soy entre otras cosas neurocientífico, no puedo evitar pensar en el grupito de neuronas en mi cerebro que tiene que ponerse a trabajar para que yo haga todos los movimientos requeridos para fallar en besar a una chica. Entonces, una respuesta posible sería que ‘yo’ hice disparar esas neuronas. Pero estoy convencido de que, sea lo que sea ese ‘yo’, también vive dentro de mi cerebro, así que mi decisión se reduce al hecho de que un grupito de neuronas (relacionadas con mi ‘yo’) hicieron activar otro grupito de neuronas (las que se tenían que activar para que yo hiciera el desafortunado movimiento).

Pero entonces surge otra pregunta: esas neuronas relacionadas con mi ‘yo’ ¿se activan porque sí? Las neuronas no se activan porque sí*, así que algo más por ejemplo, otras neuronas las tiene que haber activado, y así sucesivamente. Si comienzo a indagar en las causas últimas de todos mis actos, puedo entender que difícilmente todo se retrotraiga al momento en que decidí implementar el beso. No es posible que mi decisión de dar un beso nazca completamente en el momento en que creo que tomé la decisión, porque entonces las neuronas relacionadas con tomar esa decisión deberían haberse activado a partir de la nada, o por vía de algún ente mágico inmaterial ajeno a las leyes de la física y la causalidad (el alma, por ejemplo) en el que, a priori y basados en toda la evidencia disponible, no tiene mucho sentido creer.

Este es el famoso problema del libre albedrío que nos persigue desde que tenemos conciencia de que tenemos conciencia. ¿Somos libres de tomar nuestras propias decisiones o están determinadas por causas anteriores a nuestras determinaciones, causas sobre las cuales no tenemos ningún control? Si es la primera opción, ¿cómo puede esa decisión emerger por sí misma de la nada en ese momento justo y sin antecedentes? Si es la segunda, ¿por qué tenemos esa sensación tan marcada de ser dueños de nuestras propias decisiones? Este dilema les dio de comer a filósofos durante siglos, pero por el momento vamos a esquivar esa tradición para meternos de lleno en la neurociencia.

En 1983, Benjamin Libet y sus secuaces diseñaron un experimento en el que pedían a personas realizar una acción (apretar un botón) cuando lo creyesen conveniente, mientras medían tres cosas: 1) Cuándo cada persona tomó conciencia de su decisión, 2) Cuándo comenzó la acción y 3) La actividad eléctrica sobre la superficie del cráneo utilizando electrodos (electroencefalografía). Sin entrar en detalles metodológicos, el principal resultado encontrado por Libet es que la actividad eléctrica del cerebro muestra cambios marcados medio segundo antes de que las personas sean conscientes de decidir llevar a cabo la acción. Esos cambios eléctricos se llaman ‘bereitschaftpotential’, o en criollo ‘potencial de preparación’, y están localizados en la corteza motora suplementaria, una zona en el punto más alto del cerebro (no puedo evitar caer en la tentación de responsabilizar a este tal ‘bereitschaftpotential’ por mis fracasos amorosos).

Pero al experimento de Libet le caben algunas críticas, como el hecho de que medio segundo es muy poco tiempo, por lo menos para medir cuándo una persona tomó conciencia de algo, que es complicado (básicamente, la única manera es preguntarle). El conocimiento en el campo avanzó y allá por 2008 ya existían métodos más sofisticados para medir la actividad del cerebro. Uno de ellos es la resonancia magnética funcional (fMRI). En ese año, John Dylan Haynes y su equipo investigaron una variante del experimento de Libet usando esta herramienta y encontraron que un incremento de actividad en la corteza frontal del cerebro (por arriba de los ojos) y en el precuneo (un poco por encima de la nuca) podía predecir si una persona iba a tomar una decisión hasta 8 segundos antes (!) de que la persona sea consciente de tomar esa decisión. Poco tiempo antes de esa conciencia, observaron también un aumento de actividad en la corteza motora suplementaria, reencontrándose con el resultado de Libet.

Listo el pollo determinista, encontramos a los dueños del pabellón de la toma de decisiones.

No tan rápido, porque uno no puede evitar preguntarse qué causó, entonces, la actividad en la corteza frontal y en el precuneo. Probablemente la activación de alguna otra zona del cerebro que todavía no podemos medir con la tecnología actual. Quizás eventualmente podríamos predecir la toma de una decisión minutos o incluso horas antes de que una persona siquiera sepa que va a tomar esa decisión. ¿Acaso no sólo no soy responsable de mi fracaso, sino que incluso estaba destinado a fallar desde hace minutos, horas, años? De poco sirve tu consuelo, neurociencia.

Si de verdad nuestras decisiones son determinadas por factores que van más allá del momento en que somos conscientes de tomarlas, ¿por qué tenemos esa sensación tan vívida de ser dueños de nuestros pensamientos y acciones? De alguna manera, el cerebro nos engaña para hacernos creer que estamos en el asiento delantero y al volante, cuando en realidad vamos sentados atrás, más tirando a maniatados en el baúl.

El problema es que nuestro cerebro es (somos) nosotros, y si nos está cagando, vamos a tener que hablar seriamente con él. ¿O será una cosa más tipo House of Neurons en la que una parte del cerebro engaña a otra parte del cerebro? En realidad, se trata de procesos conscientes y procesos inconscientes, donde algunos procesos inconscientes escapan al escrutinio de los conscientes y terminan determinándolos. Un proceso inconsciente, por ejemplo, podría ser el reflejo de reaccionar ante una araña (o ante un beso que se aproxima). Un proceso consciente podría ser decidir pisar la araña (o dar un beso).

Ahora, si el cerebro no atribuyese al ‘yo’ la toma de decisiones, ¿a qué se lo podría atribuir? Podría asumir que ella no cayó en el dilema del libre albedrío ya que su cerebro posiblemente no atribuyó la decisión de correr la cara a sí misma, sino que reaccionó ante la inminente amenaza de mis labios acercándose como un peligroso asteroide. La suya fue una reacción inmediata a un evento externo a su cerebro (aunque condicionada por innumerables factores internos y externos como su personalidad, mi cara, todas las idioteces que yo pude haber dicho esa noche, etc.).

En cambio, la decisión de besar salió de mí. Es decir, si me retrotraigo en el tiempo, encuentro una serie de cambios dentro de mi propio cerebro que pueden predecir mi acción. Nadie bajó un banderín de largada y me gritó al oído “¡Ya! ¡Ahora! ¡Chapátela!”. El cerebro se atribuye a sí mismo la decisión porque justamente es una decisión que emerge más o menos inmediatamente de su propia actividad. Si retrocedo lo suficiente, seguramente existan incontables antecedentes externos detrás de mi decisión (la primera vez que le hablé, la primera vez que la vi, mis experiencias anteriores, mi crianza). Pero en lo inmediato, la decisión se incuba en mi cerebro y es lógico que mi cerebro se adueñe de ella. Eso, o la sensación de que yo tomo una decisión sin saber por qué. Y al ‘yo’ que el cerebro construye no le gusta hacer cosas y no poder explicar por qué las hace (se trata de un fenómeno conocido como fabulación, en el que el cerebro intenta llenar un vacío explicativo con un argumento que tenga algún sentido).

 

A la izquierda vemos la evolución del potencial de preparación en el tiempo. El comienzo del potencial ocurre aproximadamente medio segundo antes de la consciencia de la decisión. A la derecha tenemos la predicción (% de aciertos) del movimiento en base a datos de fMRI de la corteza cerebral y del precuneo. 8 segundos antes de la consciencia de la decisión se puede predecir la misma con una precisión más alta que el azar.

Tiempo libre: A la izquierda vemos la evolución del potencial de preparación en el tiempo. El comienzo del potencial ocurre aproximadamente medio segundo antes de la consciencia de la decisión. A la derecha tenemos la predicción (% de aciertos) del movimiento en base a datos de fMRI. 8 segundos antes de la consciencia de la decisión, se puede predecir la misma con una precisión más alta que el azar.


La respuesta de la neurociencia
y acá vienen (siguen) las malas noticias para nuestra libertad pero buenas para el ego de mi yo que atinó un beso, parece ser que el libre albedrío no existe.

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Esta noticia puede resultar difícil o incluso angustiante, pero quizás ayude a resolver dilemas morales y personales, y hasta a cambiar nuestra noción de qué significa un fracaso. Una de esas posibles disyuntivas es, por ejemplo, si es justo condenar a prisión a personas por sus actos, cuando en realidad no tienen libre albedrío y, por lo tanto, técnicamente no son dueñas de su decisión. De inmediato nos damos cuenta de que este es una falso dilema, surgido de la concepción errónea de que la prisión es un castigo y no un correctivo; algo que es necesario para modificar la cadena de eventos que conducen a la acción criminal. Es decir, algo necesario para que el criminal esté destinado a no repetir su conducta, justamente en virtud de su falta de libre albedrío.

De la misma manera podemos pensar en nuestros fracasos personales. No nos alivia la falta de libre albedrío después de tomar una decisión errónea o fallida, ni nos quita la sensación de ‘responsabilidad’. Pero aún si no elegimos tomar esa decisión, quizás ese fracaso sea un hecho necesario para que en el futuro estemos destinados a no repetir la misma decisión errónea en virtud, nuevamente, de nuestra falta de libre albedrío. Quien sea que haya tomado la decisión, si aprendiéramos siempre del resultado, podríamos decir que estamos condenados al éxito que, para ser justos, deberíamos también compartir con el yo tomador de decisiones. Contigo (conmigo) en las buenas y en las malas.

Más allá de la eterna angustia de no saber quién o qué comanda nuestras acciones, nos queda el consuelo de esperar que lo haga de manera de aprender tanto de los aciertos como de los pifies.

Por suerte la vida nos da revancha y siempre (o casi siempre) podemos volver a intentarlo. Con un poco de suerte la próxima vez su decisión, tan desprovista de libertad como la mía, caiga del lado del beso.

 

Libet, B., Gleason, C. A., Wright, E. W., & Pearl, D. K. (1983). Time of conscious intention to act in relation to onset of cerebral activity (readiness-potential). Brain, 106(3), 623-642.
Soon, C. S., Brass, M., Heinze, H. J., & Haynes, J. D. (2008). Unconscious determinants of free decisions in the human brain. Nature neuroscience, 11(5), 543-545.

*En realidad sí se puede activar espontáneamente una neurona sin que otra neurona la active (de hecho, hay mucha actividad espontánea en el cerebro), pero digamos que eso tampoco es ‘porque sí’, sino por causas internas/estocásticas. Difícilmente esas activaciones ‘estocásticas’ están decididas o determinadas por el ‘yo’.




Hay 51 comentarios

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  1. Emiliano

    Enzo, es interesante el articulo.
    Vengo debatiendo largo y tendido con gente sobre el fenómeno de fabulación.

    Ahora, llama poderosamente mi atención (y quizás porque estoy sacando conclusiones apresuradas, solo basándome en el articulo) que logres comprender y considerar la falta de albedrío, fundada en los factores que influencian las “decisiones” a lo largo de un tiempo difícil de segmentar. Pero que a la vez, puedas hablar de un “yo” definido. Considerando múltiples factores en función de un tiempo difícil de determinar, incluso el el espacio de igual forma, y a la vez, la misma linea de razonamiento el “yo” se termina volviendo algo completamente fabulado.

    Quiero decir, que con esta linea de pensamiento, tanto el “libre albedrío” como “yo” se vuelven algo difuso, o incluso ilusorio. Una ilusión muy conveniente, pero solo eso.

  2. Juan Carlos Godoy

    Muy buena nota Enzo… y, en particular, muy bien lograda la explicación del experimento de Libet. Lamentablemente, muy poco conocido en la mayoría de las Facultades de Psicología del país. Como lo son otros intentos, desde la misma psicología, de abordar el tema del libre albedrío (o la libertad)… como B. F. Skinner que, para una tapa de la revista Time, decía “We Can’t Afford Freedom”… ;-)

  3. ramiro

    Chapeau !

    de todas maneras a mí me maravilla no saber qué o quién controla nuestras acciones. suelten chicos, nuestro cerebrillo sabe lo que hace je !

  4. Julián

    Extraodinario Enzo, tema super interesante y muy bien encarado. Personalmente, desde lo científico/filosófico, cada vez me convenzo mas del determinismo, y como vos decís, cada vez la ciencia parece mas ir en esa dirección. Sin embargo desde lo político/existencial, creo que la mejor salida es creer en un libre albedrío radicla que nos obligue a direccionar nuestras acciones hacia los valores trascendentes en cada uno de nosotros.
    Me pregunto en que lugar de causalidad caerá este texto en mi memoria y sus implicancias en mi futuro.
    Saludos!

  5. Elio Campitelli

    Uff… Tremendo tema para meterse, obviamente uno que no se agota ni de lejos en un sólo artículo.

    En mi opinión, me parece que es bastante complicado tratar de abordar un tema tan puramente filosófico con las herramientas de la ciencia. En particular, estos experimentos con fMRI no me resultan esclarecedores ya que aún si hubieran mostrado que la actividad cerebral aparece justo en el momento en el que la persona dice tener consciencia de tomar la decisión, el argumento de que hay algo previo que causó que las neuronas se activaran sigue en pie. Ergo, no tenemos libre albedrío igual. Por otro lado, un defensor del libre albedrío contra-causal podría fácilmente defenderse de los resultados obtenidos argumentando que aunque el proceso de “deliberación neuronal” haya empezado antes de que le tires la boca a la chica, vos podías haber decidido no hacerlo.

    En otras palabras cualquier resultado del experimento es interpretable a la luz de cualquier posición en cuanto al libre albedrío.

    Pero bueno, es algo para discutir largo y tendido. De hecho, predigo que la sección de comentarios va a ser bastante movida (y puedo hacer la predicción mucho antes de los 8 segundos reglamentarios y sin acceso a fMRI ni alta neuro-tecnología ;) ).

    • Facundo Alvarez Heduan

      Amo todo, pero no entiendo por qué es un tema puramente filosófico. Si existen herramientas para atacarlo desde la ciencia, deja de ser puramente filosófico. Lo mismo que la muerte. Es filosófico, pero perfectamente podemos ver qué aporta la ciencia al respecto para abordar la discusión/dilema.

  6. Mauro

    Me encantó este párrafo:

    “Esta noticia puede resultar difícil o incluso angustiante, pero quizás ayude a resolver dilemas morales y personales, y hasta a cambiar nuestra noción de qué significa un fracaso. Una de esas posibles disyuntivas es, por ejemplo, si es justo condenar a prisión a personas por sus actos, cuando en realidad no tienen libre albedrío y, por lo tanto, técnicamente no son dueñas de su decisión. De inmediato nos damos cuenta de que este es una falso dilema, surgido de la concepción errónea de que la prisión es un castigo y no un correctivo; algo que es necesario para modificar la cadena de eventos que conducen a la acción criminal. Es decir, algo necesario para que el criminal esté destinado a no repetir su conducta, justamente en virtud de su falta de libre albedrío.”

    Obviamente no se resuelve la ética punitiva en 1 párrafo. Pero es un puntapié (palabra graciosa) inicial para una sociología que no desconozca el funcionamiento individual de cada persona. Si no es como querer hacer biología sin ningún conocimiento de química.

    Me pregunto donde estará el que te calificó de Posmo en la nota de Fusión.

  7. Ivan

    ¿Cómo puede haber un yo cuando, cuando incluso antes de nacer, somos hablados por otros? ¿Qué es entonces ese yo? ¿Es un yo-biológico? ¿Y el yo psiquico que escribe esto dónde está? Está claro que se funda en una base biológica, pero… ¿Puedo identificarme, hablar, hacerme del lenguaje, sin un otro? ¿Qué es tener conciencia de uno mismo? ¿En qué momento podemos ponernos a nosotros mismos como objeto de nuestras reflexiones? ¿Cómo nos duplicamos para pensarnos?

  8. Elio Campitelli

    Bueno, más que nada porque el argumento duro trata de una cuestión conceptual de la naturaleza de la causalidad y el blando es más sobre el significado del libre albedrío en sí (esencialmente los compatibilistas como Daniel Dennett).
    Hacer ciencia, además, casi que presupone el determinismo, que es incompatible con el libre albedrío contra-causal (el libre albedrío mágico que plantea que al menos partes de nuestras acciones son incausadas). No digo que resultados científicos no puedan informar el argumento filosófico, pero no creo que puedan resolverlo, ni de lejos.

    • Julián

      Dos cosas: uno: la prisión debe (o debería) funcionar como un espacio de reeduación social, por lo que las penas tendrían sentido como factorias que cambien los condicionentes que determinen la conducta futura y; dos: muchas veces la determinación de una pena ante tal acto apunta a persuadir a parte de la población (uno espera que a todos) a no hacer tal cosa “porque está penado por la ley” y de esa manera ser uno de los determinantes que condicionen los comportamientos individuales en una sociedad.

  9. Any

    Gracias!!! Hacía mucho que quería leer una gatinota sobre este tema.

    De puro curiosa vengo leyendo sobre este tema (de a ratos y retazos), y sabía que cuando se hiciera gatuna, me sería más digerible… aunque imagino que has tenido que dejar bocha de cosas interesantísimas afuera…

    Me quedé pensando si “ser conscientes de una decisión” es la única forma de ser “dueños” de ella… los actos instintivos o inconscientes ¿son menos “yo”? Si hago algo sin darme cuenta ¿dejo de ser “yo” quien lo hace?

    Por otro lado, también me quedé pensando que, de manera consciente podemos hacer cosas que influyen en nuestro accionar inconsciente. Por ejemplo, si vamos a terapia (con base científica, por supuesto), y ejercitamos otras formas de ver la realidad, regulación de emociones y demás, ante una nueva situación actuaremos diferente que si no fuimos a terapia… Claro que en mi ejemplo no logro salir del loop de que en algún momento tomé la decisión de ir a terapia y entonces ¿quién tomó esa decisión? y así eternamente… pero igual me parece interesante cómo (tal como sugerís) las experiencias conscientes pueden afectar el cableado que, el última instancia, comandará desde nuestra insconsciencia, nuestras acciones…

  10. Pablo Richly

    Interesante artículo pero creo que se confunden conceptos. El planteo del autor es que las personas no somos libre de decidir lo que hacemos porque solo somos conscientes de nuestros actos (reflexividad) tiempo después de que se ya se puedan identifcar las primeras señales mensurables del proceso de toma de decisión a nivel cerebral (este planteo esconde una trampa dualista: la mente (yo) y el cerebro, son dos cosas diferentes). Igualmente, tampoco responde la pregunta del libre albedrío (¿soy yo quién “elije” realizar la acción que realizo?) sino que se limita a discurrir sobre el proceso de la toma de decisión (“elección”) sin mencionar sus causas. En pocas palabra, creo que el núcleo del problema del libre albedrío es si los procesos mentales son eventos determinados o no.

  11. Mariana

    “La suya fue una reacción inmediata a un evento externo a su cerebro (aunque condicionada por innumerables factores internos y externos como su personalidad, mi cara, todas las idioteces que yo pude haber dicho esa noche, etc.).”

    … me quedo con el beso… y cómo algo tan simple, puede ser para otros, algo tan complejo… sos un genio.

  12. Francisco Gómez S.

    Muy buen artículo.
    El tema durante mucho tiempo me comió la cabeza y me llevó a investigar. Cuando lo pensé desde el lado de la neurociancia la idea terminaba de cerrar (aunque en ese momento me seguía pareciendo “perturbadora” la cosa). Pero la pregunta que inició todo en mi caso fue otra. Y creo que vale la pena escribirla porque puede ayudar a entender el tema a muchos de los están comentando.
    La idea es simplemente pregutarse por qué uno elige una opción sobre otra. La respuesta lógica es uno siempre termina eligiendo la opción que cree más conveniente en ese momento. Uno puede arrepentirse, pero en ése momento la que parecía la mejor opción era ésa. ¿Y cómo medimos que esa es la mejor opción? Por varias cosas. Pero son todas cosas que no controlamos al momento de la decisión: valores, creencias, gustos personales, impuslos y las circunstancias. Ninguna de esas son cosas que podamos controlar en ése momento. Ya éstan ahí de antes.

    Tema aparte, una tema que suele surgir es el de que el universo no es determinista y por eso este tema no es tan así. Pero la verdad es que ya sea determinista o indeterminista, da igual. Ninguna de las 2 situaciónes decidimos nada. Simplemente es así. Ya sea pq es determinista o porque en el comportamiento de las neuronas tenga que ver el azar, es igual, no podemos controlar el proceso en ninguno de los 2 casos.

    Me vengo perdiendo algunos artículos de la página pero no podía dejar pasar éste. Muy buen artículo.

    Nota al pie:
    Para apoyar la idea de no deterministmo, incluso se encontró que procesos cuánticos tienen peso suficiente como para modificar procesos biológicos. A partir de eso, un tal Roger Penrose propuso que en las neuronas habían unos microtúbulos donde podrían haber procesos cuánticos que terminarían afectando el comportamiento de las neuronas. Pero como dije, que sea determinista o producto del azar, da igual.

  13. Sebastian

    Hola. Yo no sé nada de filosofía y menos de neurociencia, por lo que hay cosas que no me quedan claras:

    ¿Qué hay de raro en que exista actividad cerebral antes de ser conscientes de la toma de una decisión? O sea, supongo que tomar conciencia de algo no es algo instantáneo y conlleva procesos físico-químicos que podrían explicar ese “delay”.
    Es como si el procesamiento de información y toma de decisiones se llevaran a cabo en segundo plano, y la decisión tomada se hace consciente luego, como la presentación de un resultado. (No estoy seguro de que el ejemplo sea correcto ni que tenga algún sentido :P)

    Por otro lado, ¿por qué insistir en que no es uno mismo el que toma la decisión? ¿Acaso las neuronas o la parte del cerebro que toman la decisión no forman parte de uno? En todo caso, yo diría que las decisiones se toman siempre en forma inconsciente, y que luego el cerebro interpreta como propias, porque lo son. (¡Somos todos unos inconscientes!)

    Los ocho segundos del experimento supongo que dependen del tipo de decisión en cuestión. Si yo toco la guitarra, no puede haber ocho segundos de diferencia entre decidir tocar una nota y realmente hacerlo. ¿Cómo sería en ese caso?

    La radio está re buena.
    Saludos

  14. Sol Minoldo

    Si te hago una pregunta cuya respuesta implique una decisión, y me contestás instantáneamente (o ponele tardas una fracción de segundo), ¿qué hacemos con lo de los 8 segundos? si asumimos que la decisión estaba tomada ya para entonces, ¿eso implica que yo ya sabía lo que me ibas a preguntar?
    La realidad muchas veces nos increpa a tomar decisiones que nos llevan menos de 8 segundos.

  15. Sol Minoldo

    Por oootro lado. Aun si una decisión fue tomada 8 segundo antes de que sepamos que la tomamos, no saber que estábamos tomando una decisión ¿significa que no somos nosotros los que la estamos tomando? El condicionamiento no es contrapuesto a la idea de un yo activo si asumimos que el yo está, desde el vamos, multiplemente super condicionado ;-)

  16. NNNex

    [El problema, a la hora de pensar, está en la palabra ‘decidir’ y ‘yo’] Si ‘yo’ soy mi cerebro, todo él (yo=cerebro y el cuerpo): su parte consiente e inconsciente. Porqué, si sus conexiones ‘deciden’ algo en algún momento, no voy a pensar que soy ‘yo’ decidiendo. Si no, está mal decir que el cerebro ‘decide’ en algún momento. PERO si ‘decidir’ es sinónimo de ‘llegar a una conclusión y ejecutar una acción’, está bien.

    Digo, no dejemos la palabra ‘decidir’ en el bando del libre albedrío porque ahí es donde se confunde todo. Que esa decisión sea consciente o no; no importa, soy yo. Y claro, voy a estar determinado por otros factores externos: contexto mediado por mi cuerpo.

    Mi ignorante concepción por ahora es: yo decidiendo, determinado por los limites materiales, con ‘lo que hay’. Como en una cuenta: el resultado único es la decisión, la formula es mi estructura cerebral, y los valores, son lo que hay en ese momento lugar en el contexto. Las opciones que se nos figuran en el plano consciente (como decidir por donde ir), son solo los últimos pasos que sigue resolviendo mi cerebro, yo, sólo que conscientemente.

    Nada, sigo aprendiendo. Gracias.

  17. Tyraelux

    Entonces yo no entre a este artículo, fueron las Colligatio Causarum las que me trajeron inexorablemente.

    Cada vez me convenzo más de que Yuuko tiene razón al decir: “En este mundo no existen las coincidencias, solo lo inevitable.”

  18. Sole

    Hola! Vengo de abogada del diablo, o pura contrera. No me gustó el artículo. :O (¡No puede haber dicho eso, quemémosla!) En realidad sí me gustó. Pero considero que hay muchos lugares desde los que puede encararse el tema y si vamos a iluminar una parte de un misterio, no está demás decir qué linterna usamos.
    Por otro lado creo que el hecho de que un grupito de neuronas se enfrente a otro, o que nuestros genes o nuestra crianza influyan o que las emociones (no dicen eso, pero yo lo pienso) nos dicten decisiones que luego nos vemos forzados a explicar como que tenían una razón… que todo esto (y más) influya o sea determinante en la decisión… no la hace menos nuestra. Quizás haya que partir por definir qué es uno. Si somos todas nuestras neuronas, nuestras emociones, nuestros genes, nuestros ancestros y crianza… pues, las decisiones también son nuestras.
    Por otro lado más, creo que cualquier sistema cerrado como uno, puede ser influido por el ambiente y desde allí se pueden ver modificadas nuestras decisiones, si elegimos el ambiente, ¿no elegimos también cómo modificar las decisiones?
    Creo que ya me estoy perdiendo yo misma así que sólo los dejo con esta gran frase del Oráculo de Matrix: “esa elección ya la has hecho, ahora tienes que comprenderla”.

  19. Ana

    Hay cosas que no me quedan claras, pero me resulta muy difícil poder formular las múltiples preguntas que me surgen.
    Pero sí puedo decir que me desanima desde mi lugar de madre y docente: ¿negar el libre albedrío no niega, de alguna manera, los beneficios de una buena educación o formación? (no hablo de la instrucción). Espero se pueda entender mi duda, casi existencial.

    Aparte, excelente nota.

    • Elio Campitelli

      Al contrario. La educación modifica la cadena causal, modificando el comportamiento futuro. Si fuera que realmente existe el libre albedrío y nuestros actos fueran totalmente autocusados, entonces ¿de qué serviría la educación si total el comportamiento futuro no sería influenciado por las condiciones previas?

      • Sebastian

        Pero la educación te da herramientas que podés usar después para tomar decisiones, en ese sentido sí influencia el comportamiento, pero después vos sos libre de usar esas herramientas o no. O sea, tenés conocimientos que te ayudan a tomar decisiones, pero no te obligan a tomar ninguna, ni te restringen las opciones, en todo caso eso lo hacés vos en base a los conocimientos que adquiriste, ¿o no? Es una opinión.

  20. Juan Eduardo

    Me parece sumamente interesante la nota y cómo está tratada. Hay un par de autores (filósofos) franceces de mediados del s. XX que hacen un aporte muy interesante al cruce entre ciencia y filosofía: uno es Gilbert Simondon, que se ocupa específicamente de “diseñar” una ontología (esto puede discutirse) que sustente la física cuántica; el otro es Maurice Merleau-Ponty, alumno de Husserl, amigo de Heidegger y muy ducho en el tema de la fenomenología (o cómo es que nuestra mente “construye” lo que puede denominarse “actividad consciente”). También, más acá en el tiempo, el filósofo español Agusttín Serrano de Haro ha hecho importantes aportes a las nociones de la toma parcial de consciencia de lo que se puede denominar “foco atencional” y “percepciones marginales” (que sería dejar de sentir calor, por ejemplo, cuando estás en lo más álgido de un partido del PES 2016)

    Hecha esta breve reseña de desde dónde leo la nota, me parece que el gran aporte de la neurociencia al problema filosófico del libre albedrío puede entenderse en términos de metaestabilidad neuronal: cada cerebro tiene un medio asociado que es el producto de sus recuerdos y vivencias almacenadas en la memoria y en el Inconsciente (después hay que discutir por estas entidades) y algún “germen” externo disparó la actividad neuronal que generó la reacción en cadena de lo que llamamos “nuestra decisión” (en el caso del beso, un perfume, un roce, el parecido con un éxito anterior…)

    Por lo tanto, considerando que cada individuo es una conjunción única de distntos factores puntuales, esa individualidad del “yo” queda asentada en el compendio particular de cadensa causales que nos influyen y el libre albedrío se convierte en la posbilidad (falazmente retroactiva? es, acaso, un condicional contrafáctico?) de haber obrado de otra manera en ese momento puntual.

    Mi única acotación contra el artículo es el problema de la prisión: si bien la prisión IDEALMENTE cumpliría la función de reinsertar al individuo en la sociedad, ni acá (en Argentina) ni en otros países del mundo cumple esa función. Se la entiende, con suerte, como un castigo (y, más comúnmente como una venganza), generando la reacción diametralmente opuesta a la que debería. En otras palabras, es más común la reincidencia que la rehabilitación (pero eso tiene que ver más con las políticas de encierro que con otra cosa, aunque también son producto de una serie de cadenas causales en los cerebros de los políticos que las avalan y de los votantes que eligen a esos políticos ;) )

  21. Antoni

    Vamos a generar un poco de polémica…
    Después de leer el articulo y algunos comentarios, me parece entrever una dicotomía no manifiesta entre lo “científico” y lo “magufo”. Entendiendo que aquellos que piensan que el determinismo siempre esta relacionado con lo que llaman “el destino”, pertenecen a este último grupo, mientras que los partidarios del libre albedrio se alinean más con lo científico.

  22. Laura

    Segundo Guaaaa!!!.. no lo termine de leer pero ya me encantó! Aguante el inconciente de nuevo! (Si me arrepiento lo contra comento)

  23. Mauricio

    Me gustó el articulo pero me dejó pensando en que veo obvio (sin querer pecar de arrogante B) ) que no sea 100% libre albedrío las decisiones que tomamos. Nuestras decisiones son partes de un conjunto de enseñanzas dadas por experiencia de situaciones similares que hace que actúes de x manera, y decir que no tenemos libre albedrío por eso (“Si retrocedo lo suficiente, seguramente existan incontables antecedentes externos detrás de mi decisión (la primera vez que le hablé, la primera vez que la vi, mis experiencias anteriores, mi crianza)”) me parece que es buscar la causa de las causas de la causa (…). Me llamó mucho la atención de que uno podría prever hasta 8 segundos antes un acto o.O
    Saludos gatoh :D

  24. Ingrid B

    Muy interesante.
    Ahora podríamos hacer una mejor versión de«Minority Report» , son los hermanos bizarros en el tanque…
    Pero me quedé con el planteo dicho más arriba sobre si respondo inmediatamente una pregunta y no están los ocho segundos de por medio, cómo sabía lo que me iban a preguntar? Será el inconciente colectivo?

  25. IVE

    «En el primer volumen de ‘Parerga und Paralipomena’ releí que todos los hechos que
    pueden ocurrirle a un hombre, desde el instante de su nacimiento hasta el de su muerte,
    han sido prefijados por él. Así, toda negligencia es deliberada, todo casual encuentro
    una cita, toda humillación una penitencia, todo fracaso una misteriosa victoria, toda
    muerte un suicidio. No hay consuelo más hábil que el pensamiento de que hemos
    elegido nuestras desdichas; esa teleología individual nos revela un orden secreto y
    prodigiosamente nos confunde con la divinidad.» –Deutsches Requiem, JL Borges

  26. Santiago Elizalde

    Me pregunto, esto significa acaso que solo estamos determinados por algo externo a nuestra conciencia? No hay nada en ella que pueda cambiar o ir en contra de tales determinismos? Cómo entra a jugar en este planteo el proceso reflexivo de toma de decisiones y todas las cuestiones neurológicas implicadas? Si estamos determinados, como podríamos hablar de la responsabilidad de las propias acciones? Que posibilidad de una ética o moral o valores habría , si no somos ni siquiera capaces de ser responsables de lo que hacemos.


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