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IMG:  Lucía Estevez  

Notas > Gato Encerrado

El último refugio de los charlatanes dentro de la ciencia

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Nuestro Director de Investigaciones en Labs, Andrés Rieznik junto con Mariano Sigman, acaban de publicar un artículo bastante tirabomba en la revista científica Frontiers Of Human Neuroscience. Después de un largo proceso de discusión con el editor y los revisores, el artículo salió finalmente a la luz y puede ser leído acá. Se titula “Encandilados por el misterio del mentalismo: la neurociencia cognitiva del atletismo mental” y los autores denuncian varios ejemplos de conclusiones falsas afirmadas por los más prestigiosos investigadores internacionales sobre el tema de los prodigios matemáticos. Dicen que esos investigadores han sido engañados por charlatanes. Andrés asegura que esto recién empieza, que tiene muchos ejemplos más que publicará en breve.

Mientras esperamos ansiosos, renovamos el compromiso permanente de que cada paper que sale de Labs, sale con la voluntad de que lo podamos leer todos, así que le pedimos al mismo Andrés que escribiese un artículo contándonos de qué va la cosa, con alguna reflexión sobre lo ocurrido. Acá está:

 

Esta es una historia sobre científicos que, sorprendentemente, son también personas y que, como personas, fueron, son y serán vulnerables a los charlatanes (y víctimas asimismo de sus propios sesgos).

En la década del ‘80, los magos y mentalistas todavía usaban sus trucos para engañar a científicos. Y los científicos se los creían. Harry Houdini, el gran escapista estadounidense de principios del siglo XX, ya se había encargado de desenmascarar a los médiums que decían hablar con personas muertas. Houdini había mostrado lo fácil que era hablar con los muertos y, al mismo tiempo, que lo realmente difícil era que contestaran.

Houdini no había empezado su proyecto comunicacional entre vencedores (temporales) y vencidos por la entropía (o sea, entre vivos y muertos) como parte de una cruzada escéptica, sino más bien como aquel que sueña con que la magia realmente funcione, porque resulta que Harry lo que quería era hablar con su madre muerta. Con este objetivo entre cejas, buscó a los médiums esperanzado y honestamente y se sometió a cada ritual, cántico y ceremonia habido y por haber pero una, otra y otra vez descubrió las trampas a las que intentaban someterlo y los engaños orquestados por estos farsantes. Lo que convertiría a Houdini en parte de la historia del escepticismo es que no sólo tuvo esas experiencias sino que además las publicó.

Harry no fue el primero en ir contra los mentirosos. Ya antes, en el siglo XIX por ejemplo, el gran físico experimental británico Michael Faraday había demostrado que en el juego de la copa quienes mueven la copa no son espectros o fantasmas, sino las propias personas que apoyan sus dedos sobre ella, a través de movimientos musculares inconscientes. A decir verdad, hasta bien entrado el siglo XX, la historia de la ciencia está plagada de ejemplos de charlatanes.

Uno pensaría que con la verdad expuesta alcanza, pero a pesar de que los médiums y el espiritismo habían sido desenmascarados hacía mucho tiempo, en los ‘70 y ‘80 vimos aparecer al mentalista israelí Uri Geller en los laboratorios universitarios de todo el mundo, y tenía tan buen chamuyo que los científicos le creyeron. Junto a otros charlatanes, recorrieron laboratorios haciendo demostraciones de telepatía, clarividencia, telequinesis, adivinación de pensamiento y cuanto fenómeno paranormal uno pueda imaginar. Sus demostraciones eran publicadas como experimentos en las mejores revistas científicas internacionales (véanse, por ejemplo, las publicaciones de Puthoff en Nature y de Jahn en Proceedings of the IEEE en las referencias al final de este artículo).

Y entonces llegó amazing Randi y dio vuelta la tortilla. Infiltró a dos discípulos en los laboratorios, les hizo creer a los científicos que tenían poderes y después reveló la trampa. Sokal, un poroto. Nunca más los científicos (que ahora querían comerles el hígado a Geller y sus secuaces) les creyeron a estos impostores: sus trampas habían sido reveladas, una por una por amazing Randi.

La ciencia estaba de fiesta. ¡Por fin los charlatanes habían sido erradicados! Ahora somos impolutos.

No contaban con la astucia de los psicópatas.

Los charlatanes mutaron y ahora se disfrazan de atletas mentales. Dicen que hacen cuentas extraordinarias sin esfuerzo, o que tienen una memoria innata con capacidad miles o millones de veces mejor que las de nosotros, simples mortales. Lo atribuyen a una genética especial, o a un cableado especial del cerebro debido a una epilepsia juvenil (sic). Como Funes, pero queriendo ser Borges de sí mismos.

Y lo científicos les creen.

No sólo eso, los laboratorios más importantes del mundo publican sus supuestas proezas con una liviandad que no sigue ninguna otra área de la ciencia que yo conozca. Un artículo en Nature Neuroscience, por ejemplo, citadísimo, afirma que el alemán Rudiger Gamm puede calcular el seno de un ángulo con diez dígitos de precisión en pocos segundos. Podría hacer una larga diatriba sobre esto, pero prefiero la aproximación breve: lo que dice Rudiger Gamm es mentira. Es una mentira tan grande que es casi insultante. Revela no sólo falta de rigor en el chequeo de semejante afirmación, sino también un profundo desconocimiento de la matemática por detrás.

Doy un solo ejemplo más, porque no quiero aquí convencerlos de que realmente estos charlatanes están engañando a los científicos. Para eso pueden ir al artículo que acabamos de publicar, o esperar unos meses a que publiquemos la versión extendida con más y más ejemplos. Quiero compartir una reflexión más profunda, si se quiere. Pero antes, vamos al segundo ejemplo, es muy divertido, por lo menos a mí me causa mucha gracia.

Mi charlatán preferido es Daniel Tammet, que ya hizo millones con sus imposturas. Lo que me gusta de él es que sus afirmaciones, para quien las analice con un poco de rigor, son transparentemente absurdas. Pero tienen tanto glamour que los científicos parecen estar ciegos a sus sarasas. Hasta tiene una charla TED, la posta, full blown Silicon Valley, Al Gore, Bill Gates, todo sin x.

Tanto es así que pasó lo siguiente, tragicómico: Simon-Baron Cohen, de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido (tal vez el mayor especialista mundial en autismo y, si no, sin duda el más conocido) decidió hurgar en las habilidades de Tammet.

Prefiero incluir en este punto la respuesta a la pregunta obvia para que nadie se desvíe con una ventana lateral: sí, ese Baron Cohen y el otro son primos. GREAT SUCCESS.

El charlatán le dijo a Baron Cohen que podía memorizar números fácilmente gracias a su sinestesia, su capacidad de, sin esfuerzo, atribuirles a los números colores y formas raras fáciles de recordar. Cohen hizo lo obvio: lo puso a memorizar números dentro de un resonador magnético para ver qué partes del cerebro se activaban mientras lo hacía.

Para sorpresa de nadie, no se activó ninguna parte generalmente asociadas a la sinestesia. Sí se encendió la corteza prefrontal bilateral, una región que un estudio de un grupo japonés unos años antes había observado que se encendía cuando memoristas profesionales usaban sus técnicas para memorizar números.

En este punto, cualquier bayesiano pensaría que Si da leche y tiene manchas…, pero no. Uno (hasta siendo científico) puede sumirse en sus sesgos y empacarse en generar una narrativa que acomode la evidencia inconveniente. Tammet negó que usase esas técnicas, diciendo que lo suyo sale natural y sin esfuerzo debido a la sinestesia, provocada por su ataque de epilepsia en la infancia. ¿La conclusión de Baron Cohen en su artículo? “Daniel Tammet tiene una rara forma de sinestesia”.

Chupate esa mandarina. Porque, una vez en el baile, es más fácil refugiarse en el problema difícil de la conciencia, asumir que la experiencia subjetiva es única e inexpugnable y creer. ¿Qué es más probable? ¿Que Tammet esté transitando una forma única de sinestesia y que justo justo su cerebro observado desde afuera nos dé pautas de que casualmente son idénticas a una explicación alternativa del proceso que describe y que desafía todo lo que sabemos sobre la mente o que Tammet esté mintiendo para hacerse rico y famoso?

 

ESPACIO VACÍO DESTINADO A LA REFLEXIÓN

 

Casos como estos puedo contar 20, pero no viene al caso (o sí, vienen y están en el paper y en la versión extendida que ya saldrá). Lo que me interesa aquí es la reflexión final.

Pero antes sí es importante hacerle lugar a una aclaración. La reflexión final depende de que el que lee crea lo que dije hasta acá. Yo sé que estoy pidiendo un montón, pero también estoy seguro, muy seguro, de que tengo razón y el tiempo lo irá validando. Tengo esta certeza no por una fe que emane de mí, sino por acumulación de evidencia: porque leí toda la literatura relevante en detalle y charlé con los protagonistas. Es verdad, la estoy troskeando un poco, como en los viejos tiempos: yo, un investigador de un país subdesarrollado, les digo a los laboratorios de los países imperialistas que mandaron mucha fruta, que el Emperador está desnudo, que sus conclusiones están falladas. Pero lo más hermoso de la ciencia (o, mejor dicho, de lo que no es dogma) es que cuando uno tiene razón, tiene razón, y que tener razón no tiene que ver con quién diga algo, sino con qué tan bien pueda argumentar y proveer evidencia sobre esa idea.

Ahora: si es verdad lo que estoy diciendo, ¿no es hermoso como ejemplo de cómo probar la falsedad de una afirmación hegemónicamente aceptada por la comunidad científica usando las premisas más básicas que permiten la construcción de esa misma comunidad? Esa sería la moraleja: cuando decimos que la razón y las evidencias son una gran forma de aproximarnos a la verdad (verdad entendida como una forma de comprimir el Universo y predecir procesos a través de modelos progresivamente cada vez más refinados), estamos abogando por un sistema que, además de hacer las cosas de una manera, se asegura de hacerlas cada vez mejor, examinando sus propias victorias, y derrotas. Tan bien armada está esta arquitectura de lo mejorable que permite que a la ciencia se la critique desde adentro; y lo bello es que en realidad esa arquitectura no está armada por nadie: surge naturalmente cuando rechazamos cualquier explicación basada en la autoridad, la tradición o la revelación: cuando rechazamos, en definitiva, el pensamiento dogmático, mágico, religioso o magufo.

Es una arquitectura que permite enfrentarnos, no ya dos científicos uno contra el otro, sino juntos, uno al lado del otro, tratando de mirar un proceso que no terminamos de entender y viendo cuál es la explicación que mejor lo describe. Todo sin darle lugar a la conspiranoia o a los argumentos falaces.

No decimos que esta arquitectura no tenga fallas o que no sea mejorable, de hecho el artículo que publicamos muestra cuán sesgados pueden ser los resultados de los experimentos de la ciencia de avanzada, mostramos que los razonamientos falaces existen al interior de nuestros laboratorios. Y que cuando allí están tenemos algunas herramientas para desenmascararlos. Además las podemos usar para enfrentar otro tipo de razonamiento falaz, esta vez desde fuera del laboratorio, que no es lo mismo que no criticar el trabajo de laboratorio. Algunos ejemplos, es increíble la cantidad de personas que me cruzo que hacen este tipo de razonamiento: la empresa X es mafiosa y tiene millones invertidos en este medicamento, entonces el medicamento no funciona, es un invento de la mafia. Eso es un a priori. Tengamos en cuenta los intereses de la empresa X, pero vayamos a los laboratorios y a las investigaciones clínicas y veamos. O: los psiquiátricos modernos son una mafia y dicen que la neurociencia probó la efectividad de sus drogas. Entonces la neurociencia es una mentira. Lo mismo, vayamos a los laboratorios de neurociencias, tengamos en cuenta los intereses de las farmacéuticas, pero vayamos a las investigaciones a ver qué tan verdad o mentira son.

Lo que más me gusta de desenmascarar a los charlatanes y la falta de rigor con que fueron analizados por los más respetados científicos del mundo es que ahora puedo dar un ejemplo en primera persona de que no, yo no creo todo lo que leo en una revista científica importante, mantengo mi mirada crítica. No soy un determinista, reduccionista, biologicista, positivista, cientificista, ciego y perfectamente atado a convicciones y decisiones históricas.

Cuando conversemos sobre cómo funciona la mente humana, el único compromiso ineludible a asumir es el de cambiar de idea cuando aparece evidencia nueva; y, si tenemos suerte, no estaremos ni cerca de estar solos en esta actitud.

Esta actitud es el único mástil al que tenemos que atarnos y que nos va a salvar, aun de los problemas que el mismo sistema científico genera. Un sistema que está hecho de y por personas. Personas vulnerables a los sesgos, como todas, y que permanentemente van (vamos) a necesitar un recordatorio: que si llegamos hasta acá es porque en algún momento tomamos una decisión firme de encarar cada pregunta, incluso aquellas sobre nuestra propia mente, expuestos a que la respuesta nos sorprenda y a ajustar lo que entendemos como verdad a la evidencia, y no al revés.

 

EXTRA: Además de poder acceder al original, tradujimos el paper entero al castellano para que el idioma no fuese un impedimento para el acceso. Lo pueden ver acá.

 

Ilustración:  Lucía Estevez