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Die Katze in Lindau E01

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¿Existe el periodismo científico?

Por Nicolás Olszevicki
Desde Lindau, Alemania

Llegué a la ciudad de Lindau, al sur de Alemania, invitado por los organizadores de una reunión increíble que se hace todos los años. Hace un tiempito ya había venido y participado en un programa de tele. ¿En qué consiste esta locura? En el veranito alemán, no tan agobiante como el porteño, en una ciudad que parece salida de un cuento de hadas, aunque con una pirámide poblacional que espantaría al más corajudo de los demógrafos (los buses parecen reuniones de centros de jubilados; dan ganas de tener un dominó, tirarlo en el medio y armar un quilombo bárbaro), muchos laureados con el Nobel se juntan con jóvenes investigadores del mundo entero para discutir sobre, básicamente, todo. Desde los últimos hallazgos de las disciplinas en las que están especializados y su relevancia o irrelevancia para el futuro, hasta temas generales como si existe una ética específica del científico, si la interdisciplinariedad es una necesidad real de la investigación, o si la comunicación pública de la ciencia le hace daño a la ciencia. Este último tópico se va a discutir el jueves y prometo resumir lo que se diga allí.

Este año, el evento tiene asistencia récord, en buena medida porque es interdisciplinario (física, química y biología): más de 70 nóveles y unos 650 jóvenes invaden la ciudad. Y la invaden posta: caminar por la islita de Lindau, de unas 7 cuadras por 4, es más o menos como caminar por Tandil el domingo después del recital del Indio, pero en vez de ricoteros rotos está lleno, lleno de nerds (algunos, rotos).

Lo que voy a tratar de hacer desde acá es contar un poco de qué va esta reunión, de la que prácticamente no se dice nada en Argentina, y qué cosas que se discuten nos pueden resultar interesantes y podemos usar como excusa para charlar entre nosotros (la cada vez más grande y participativa comunidad gatuna) sobre lo que nos interesa.

Para hacerse una idea de la estructura del evento, a la mañana hay conferencias de los laureados (algunas más generales, otras tan específicas que no las entiende nadie, y esto no me lo invento sino que me lo dijo uno de los Nóbel sobre la charla de otro). Por la tarde, paneles de discusión de jóvenes con laureados que no están abiertas a la ‘prensa’, grupo al que yo estaría perteneciendo. La idea me parece genial, porque asume que la ciencia es, fundamentalmente, conversación, intercambio, discusión, y que las grandes ideas surgen, muchas veces, no en el encierro del laboratorio sino en el momento de sacarlas a la calle, de ponerlas a interactuar, de cachetearlas contra las cabezas de otros.

Picture/Credit: Christian Flemming/Lindau Nobel Laureate Meetings

Tras disertar sobre la computación cuántica, Phillips alcanza el éxtasis de felicidad con un choripán. Obtuvo el premio Nobel por la creación de un método para enfriar átomos pero ahora parece más preocupado por que no se le enfríe el morfi. Picture/Credit: Christian Flemming/Lindau Nobel Laureate Meetings.

Por más que parezca todo ideal, tengo que manifestarme preliminarmente en contra de dos presupuestos que parecen gobernar la reunión: uno, que la historia de la ciencia la hacen grandes hombres que, solamente con su coraje y su inteligencia —y el patrocinio económico de una Universidad americana o europea, of course—, empujan la frontera del conocimiento. En este caso, los héroes de la epopeya son los nóveles y ya deberíamos estar advertidos por los casos de Luc Montagnier, Francis Crick, o, más recientemente, Tim “Ni Una Menos” Hunt, que difícilmente haber ganado un premio los convierte en autoridades a las que consultar por cualquier cosa.

Además, creo que para entender mejor la historia de la ciencia deberíamos empezar a asumir que el conocimiento científico es esencialmente social y tiene, por eso, una dinámica que es más o menos tan contradictoria como la de tu vida, la mía y la de Lilita Carrió. Bueno, no tanto como la de Lilita, pero la idea es que no se dirige indefectiblemente hacia el progreso, como nos gustaría creer,  sino que  va y viene, parece avanzar cuando está retrocediendo y avanza realmente cuando pensamos que está estancada. Tratamos de contar una historia de la ciencia de este tipo en el libro que escribimos con Leonardo Moledo en 2014.

El otro presupuesto que me jode, y me parece mucho más preocupante, es que quien escribe sobre ciencia, el así llamado ‘periodista científico’, tiene que aplicar las herramientas y las bases epistemológicas del periodismo a un campo que, a priori, le es ajeno: la ciencia. Ayer, por ejemplo, una de las actividades previstas era una conferencia de prensa sobre el sistema de ‘editado’ del genoma CRISPR/CAS9, que apareció como una gigantesca novedad en ingeniería genética en 2012 y generó una intensa polémica sobre si debería o no ser utilizado para intervenir en embriones humanos (desafío a uno de los biólogos cancheros del Gato a que explique de qué se trata este sistema y cuáles son sus problemas en una nota).

Picture/Credit: Christian Flemming/Lindau Nobel Laureate Meetings

Cronin investiga en el observatorio Pierre Auger de Malargüe y tiene todo lo que quieren las wachas.
Picture/Credit: Christian Flemming/Lindau Nobel Laureate Meetings

Cosas que pensé sobre esta conferencia.

  1. Resulta muy preocupante que cierta gente esté escribiendo sobre ciencia en medios de comunicación, y me refiero puntualmente a una señora suiza o austríaca, con pinta de hippie y discurso hippie, que menospreció repetidamente las intervenciones de los panelistas porque no se daban cuenta de que el así llamado ADN basura es “exactamente lo mismo que la materia y la energía oscura”, sin más evidencia de ello que su propia y exagerada convicción de que existe una suerte de analogía entre macro y microcosmos.
  2. La conferencia de prensa no se centró en la mecánica del funcionamiento de CRISPR/CAS9 y en cuáles son los problemas básicos de su aplicación a la manipulación genética del embrión humano (lo cual hubiera sido ideal, si uno piensa que allí estaba la gente capaz de comunicar esos problemas al público en general), sino que los más persistentes de los periodistas se mostraban desesperados en busca de una noticia, de un título. Y lo que pensé es que va siendo hora de que aceptemos que no hay demasiadas noticias científicas o, mejor, que para que haya noticias científicas tenemos que tener antes una cultura científica (que todavía tenemos que construir). Seguir concibiendo el periodismo científico como periodismo convencional aplicado a la ciencia es sembrar mangos en el desierto de Atacama y sentarse a esperar que crezcan. La noticia del hallazgo del Bosón de Higgs no es noticia si nadie sabe que se está buscando una partícula que puede ayudarnos a entender esa increíble construcción que es el modelo estándar de partículas. Es como anunciar con un título jorgerriálico que finalmente encontraron viva a la desaparecida María Rosa Asunción Flores, sin haber contado nunca que la habían secuestrado ni que la estaban buscando. Si queremos, en algún momento, tener buen periodismo científico, periodismo científico que sirva, que realmente se lea (y no solamente por quienes pertenecen a la comunidad científica o por otros periodistas científicos, sino por todo el mundo), necesitamos dispersar la cultura científica tanto como está dispersa la cultura policial. Para ser periodismo científico de verdad, tiene que buscar su propia metodología, su propia estructura narrativa, sus propias armas. Para eso, tal vez le sirva aprender un poco de aquella rama que demostró ser, en los últimos años, la más efectiva para que la ciencia penetre en la sociedad: la divulgación, y su forma más nueva y horizontal: la comunicación pública de la ciencia.

Ampliaremos.

Picture/Credit: Adrian Schröder/Lindau Nobel Laureate Meetings,

Lindau día.
Picture/Credit: Adrian Schröder/Lindau Nobel Laureate Meetings