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Cruz Verde

Originado en el centro de Asia, el cannabis es una de las sustancias psicoactivas más antiguas conocidas por la humanidad. No sabemos muy bien cuándo empezó esta relación que hoy identificamos por ojos rojos, asaltos a la heladera y sonidos primitivos en forma de risas, pero todo parece indicar que la consumimos desde bastante antes de aprender a escribir.

El primer escrito sobre uso medicinal del cannabis proviene de Oriente, aunque está en discusión si “estar chino” es una expresión sobre su origen histórico o apareció después. Aproximadamente mil setecientos años antes del año 1, el emperador de China Shen Nung probó más de trescientos yuyos y, antes de morir por sobredosis de uno de ellos, escribió un libro de hierbas medicinales que fundó las bases de la medicina china. Entre la lista de plantas que sugería debían estar en el botiquín se encontraban el té, la ephedra (de donde se obtiene la efedrina) y el cannabis. Al parecer, después de esta buena prensa, el cannabis se empezó a cultivar en China no sólo para uso recreacional y medicinal, sino también para utilizar sus semillas como alimentos y su fibra para papel, ropa y cuerdas.

El cultivo del cannabis cruzó la frontera y se expandió a varios países, entre ellos India. Fue ahí donde, a mediados del siglo XIX, un médico inglés se interesó por los efectos de la planta, tanto por su capacidad para calmar el dolor y prevenir el vómito como por la evidente y no siempre deseada inducción al hambre. Don William Brooke O’Shaughnessy publicó estas propiedades en un artículo científico y así el uso medicinal del cannabis revolucionó Occidente, tanto que llegó a prescribirle marihuana a la reina Victoria para sus dolores menstruales (sí, esto es real). El cannabis estaba en todos lados y las farmacias lo vendían libremente en aquel entonces, al igual que la cocaína y la morfina.

 

"No sólo no me duelen más los ovarios, sino que el té de las cinco te lo piso con unas masitas, unos profiteroles, y te pido que te fijes si quedó pizza de anoche, Robert" Queen Victoria, 1896

“No sólo no me duelen más el útero, sino que el té de las cinco te lo pido con unas masitas y unos profiteroles. De paso, fijate por favor si no quedó pizza de anoche, Robert”.
Queen Victoria, 1896.

Con el paso del tiempo y la confluencia de varios factores sociales, políticos y culturales, el cannabis perdió su popularidad y, en 1961, durante la Convención de las Naciones Unidas sobre Estupefacientes, se lo categorizó como una sustancia con gran potencial tóxico y adictivo y sin uso médico demostrado (aunque ya pueden sospechar que esto fue un poquito exagerado). Esta categoría se conoce como “Schedule 1” y cualquier sustancia que caiga bajo tal sombra estará atada a los niveles de control más estrictos por toda la eternidad. El garronazo del Schedule 1 es que la restricción del acceso a la sustancia incluye a los investigadores y, al igual que el LSD, durante los años siguientes a su prohibición, la exploración científica del cannabis se vio limitada. Por lo tanto, todos los beneficios atribuidos anteriormente no podían ser chequeados por las pujantes ciencias biomédicas.

Sin embargo, se hicieron algunas investigaciones que llevaron lento pero seguro a un incremento sostenido de la evidencia sobre la efectividad clínica del cannabis para ciertas condiciones, particularmente algunas bastante difíciles de tratar. El resto fue efecto dominó y siguió la lógica de “si el cannabis tiene potencial medicinal, entonces pongámoslo en Schedule 2, una categoría en la que se lo puede investigar y utilizar medicinalmente en las condiciones en las que se haya evidenciado que funciona”. La presión social, científica y política para que se modificara el nivel de regulación de la marihuana produjo que muchos países legalizaran el uso terapéutico del cannabis, como por ejemplo Chile, Colombia, Canadá, Croacia, República Checa, Alemania, Uruguay, Puerto Rico, Italia, Holanda, Israel, Polonia y hasta veintitrés estados del rey de la guerra contra el narcotráfico, Estados Unidos (N.d.E.: la primera semana de abril del 2017, Argentina se sumó a esta lista).

Por supuesto, todos estos cambios pusieron sobre la mesa debates acalorados sobre los posibles efectos –tanto negativos como positivos– que podría tener la legalización del cannabis medicinal en la sociedad, como por ejemplo una reducción de la visión negativa sobre la marihuana y, por lo tanto, un aumento de su consumo, particularmente en adolescentes.

Pero antes de adentrarnos en estas cuestiones, vayamos al cuore de la cuestión: ¿es cierto que la marihuana es medicinal? ¿Hay evidencias concretas de que la marihuana tenga algún efecto curativo o es un discurso vacío? ¿Vale la pena todo este debate o estamos perdiendo el tiempo? Mucho se habla en los medios, en el Congreso y en la calle, pero pocas veces nos encontramos con argumentos racionales, particular−e irónica−mente en los movimientos que promueven su uso, por lo que es comprensible que haya confusión tanto en el público general como en los ámbitos donde se toman las decisiones políticas.

Cannabis al botiquín

A diferencia de cualquier medicamento convencional que podemos encontrar en las farmacias, la marihuana (la planta) tiene una combinación de más de cuatrocientos químicos, lo que de entrada nos indica que existe una complejidad enorme de sustancias que pueden interactuar de una u otra manera en el organismo y entre ellas mismas, modificando sus efectos (Wilkinson y otros, 2016). Dentro de estos hay un grupo llamado “cannabinoides” (unos ciento cuatro), entre los que se encuentra el delta-9-tetrahidrocannabinol, más conocido como “THC”, y otros que no son psicoactivos pero que resultan interesantes por poseer propiedades medicinales, como el cannabidiol (CBD), el cannabicromeno (CBC), el cannabidivarino (CBDV), el cannabigerol (CBG) y el cannabinol (CBN). Acá tenemos que hacer un parate y aclarar que, debido a que los cannabinoides son las sustancias farmacológicamente activas que tienen un potencial curativo, es preferible y más correcto hablar de “cannabis medicinal” y no de “marihuana medicinal”. Esta definición hace referencia al uso de los cannabinoides como terapia médica para tratar una enfermedad o aliviar los síntomas, mediante su ingesta por vía oral, sublingual, fumada, inhalada o mezclada con comida, ya sea en su forma natural (planta) o sintética.

Debido a la complejidad química que tienen las plantas, lo primero que deben hacer los científicos para investigar sus posibles propiedades medicinales es intentar obtener la sustancia de interés de la forma más pura posible para, posteriormente, dar inicio a los experimentos que comprobarán o descartaran su potencial medicinal. Si el resultado es positivo, quiere decir que ese químico en cuestión y NINGÚN OTRO MÁS (y mucho menos la planta entera), tiene potencial medicinal. Pretender capitalizar y administrar de forma segura y precisa las propiedades antiepilépticas del cannabinol fumando marihuana es tan absurdo como asumir que basta recetar la masticación de la corteza de algún sauce para prevenir el infarto de corazón (aun cuando el principio activo de la aspirina puede obtenerse de ahí). Esto no necesariamente quiere decir que no haya usos que impliquen el consumo seguro de marihuana en forma vegetal, sino que, cuando se receta de ese modo (fumado o vaporizado), se lo hace con gran conocimiento de los perfiles de expresión química de una variedad en particular y se ha ensayado su uso completo. De nuevo, diferentes patologías se abordan con diferentes sustancias o mezclas de sustancias, diferentes vías de administración y diferentes dosis, y cada una de esas condiciones debe ser evaluada, sin asumir que podemos simplemente extrapolar que un uso o estrategia de administración es aplicable a cualquier tipo de dolencia. Sin embargo, algunos estudios sugieren que la clave del potencial medicinal del cannabis son las distintas combinaciones de cannabinoides y terpenos, y no los cannabinoides naturales o sintéticos aislados. Digamos, hay que seguir investigando.

Si bien no se considera a los cannabinoides como medicamentos para utilizar de manera aislada ni como primera opción terapéutica, hay evidencias que indican que estos compuestos tienen propiedades medicinales extremadamente útiles para el tratamiento de varias patologías:

  • El Nabiximol (un spray bucal con igual contenido de THC y CBD) ha demostrado ser efectivo para reducir la espasticidad y el dolor asociados a los espasmos en pacientes con esclerosis múltiple resistente al tratamiento.
  • El uso de cannabinoides para aliviar el dolor crónico ha exhibido muy buenos resultados cuando se lo asocia a otros medicamentos, siendo la marihuana fumada la forma más eficaz (y si es vaporizada se pueden obtener los mismos beneficios pero sin los riesgos de la combustión). Esto es importante porque permite reducir el uso de fármacos analgésicos que presenten reacciones adversas poco deseables, como adicción o sobredosis en el caso de los opioides.
  • Para el tratamiento de las náuseas y los vómitos derivados de la quimioterapia, la utilización de cannabinoides –tanto fumados como ingeridos en forma de cápsulas– es una de las primeras aplicaciones medicinales estudiadas rigurosamente.
  • Algunos estudios han demostrado que fumar marihuana aumenta el apetito, causa ganancia de peso, mejora el estado de ánimo y la calidad de vida en pacientes con HIV. El aumento del apetito también se puede lograr mediante la ingesta de dronabinol por vía oral.
  • Existe evidencia que demuestra cierta efectividad de los cannabioides (como el Nabiximol) en el mejoramiento del sueño en pacientes con trastorno del sueño asociado a la fibromialgia, el dolor crónico y la esclerosis múltiple.
  • No, la marihuana no cura el cáncer. Que se use para tratar algunos síntomas de esta enfermedad o que un experimento en una cápsula de petri dé como resultado que un cannabinoide frenó el crecimiento de un tumor no significa que lo cure. Sí quiere decir que existe una ventana de oportunidad y que hay que seguir tirando de ese piolín.

Además de los usos mencionados, existe una gran diversidad de patologías en las que los cannabinoides tienen un potencial medicinal que debemos explorar en profundidad. Por ejemplo, los pacientes con epilepsia refractaria, al ser tratados con CBD puro o su asociación con THC, mostraron una reducción de la frecuencia de sus convulsiones. También existen indicios de mejora de los síntomas en pacientes con Alzheimer y Parkinson (con reducciones interesantes en el control de los temblores) cuando estos consumen cannabis. Sin embargo, la escasez de estudios no permite emitir conclusiones certeras sobre tal efectividad y aún falta evidencia para realmente decir que “recontra funcionan” o que son más efectivos que los medicamentos utilizados convencionalmente.

Es importante destacar esto para no caer en falsas ilusiones y convertir la ciencia del cannabis en una disciplina plagada de sesgos, unicornios, homeopatía e intereses que pongan en riesgo la vida de los pacientes. Si bien la obtención del aceite de cannabis requiere de una serie de pasos muy sencillos que nos pueden conducir a la aceptación de preparados “naturales” o “artesanales”, debemos entender que este escenario no es del todo deseable. La elaboración de medicamentos sin control (algo que no garantiza, por ejemplo, las dosis adecuadas) es parte de la historia oscura de la medicina y del origen de las agencias regulatorias como consecuencia de muertes o discapacidades sufridas por mucha gente. Obviamente, no aplica a los casos en los que los beneficios se obtienen fumando la marihuana, aunque esta forma de administración también requiere conocer la variedad de planta que se está consumiendo y la dosis del psicoactivo que se puede obtener de una pitada.

No cabe duda de que se necesitan más investigaciones para darles solidez a los hallazgos y para explorar los nuevos caminos terapéuticos, así como un sistema que permita que los usuarios accedan al cannabis medicinal de una forma segura. Pero este es un escenario imposible dentro del actual marco jurídico nacional e internacional.

Recalculando

Como mencionamos antes, una gran preocupación detrás de la legalización del cannabis medicinal es que podría aumentar el consumo de marihuana, particularmente en los adolescentes. Existen dos mecanismos claros por los cuales esto podría ocurrir: (1) por una reducción de la percepción del daño a la salud de la marihuana (‘La marihuana es medicina, hermano’ o ‘Es sólo una planta, re natural’), y (2) por un aumento de la disponibilidad de marihuana debido a la promoción comercial del cannabis medicinal o por el desvío de productos cannábicos hacia el mercado ilegal, llamado comúnmente “mercado gris” (alguien que tiene licencia para comprar “comparte” su marihuana con otros). Sin embargo, bajo este tren de pensamiento también es válido argumentar que la legalización del cannabis medicinal para personas con patologías complejas podría reducir la percepción de la marihuana como una droga recreacional.

En lugar de usar el tan sobrevalorado y definitivamente anticientífico “sentido común”, los encargados de legislar estos temas deberían escuchar a los expertos e interesarse por los estudios que han intentado responder estas preguntas. También hace falta comprender que más necesario aún es que se interesen por las investigaciones de la mejor calidad posible y no sólo por las que están alineadas a sus preconceptos. En este sentido, lo correcto sería evaluar si hubo alguna modificación en el uso y la percepción del riesgo a la salud antes y después de la legalización, y no sólo después, porque así no tendríamos chances de hacer una comparación razonable. La evidencia, nuevamente, muestra algunos matices que es necesario aclarar. Una reciente investigación que estudió el impacto de la legalización del cannabis para uso recreacional en la población adolescente de los estados de Washington y Colorado (Estados Unidos) mostró un leve incremento de tan solo 4% en la prevalencia de consumo en la franja etaria de entre 14 y 16 años con respecto a la etapa previa a la legalización. Otros estudios que analizaron los efectos de la legalización del uso medicinal del cannabis indican que no ocurrió un aumento del consumo en la población general ni en los adolescentes, y tampoco disminuyó la percepción del riesgo a la salud de la marihuana. Para ponerle un poquito más de condimento al asunto, algunas muy buenas investigaciones encontraron que, como impacto colateral, disminuyó el uso de marihuana proveniente del mercado negro –es decir, marihuana asociada a todas las cuestiones turbias del narcotráfico–.

Además, si bien algunos estudios indican que en las regiones donde se legalizó el cannabis medicinal el consumo de marihuana es más elevado que en aquellos donde se mantuvo ilegal, este patrón ya existía antes de la modificación de la ley, por lo que este fenómeno no es un problema derivado de la legislación en sí, sino de la cultura local, y como tal, debe ser abordado y resuelto a través de la educación y las políticas públicas de salud.

Todos estos resultados, lejos de ser concluyentes, indican que hoy más que nunca resulta necesario continuar con las investigaciones para conocer en profundidad y detalle los impactos sociales de estas leyes sobre el consumo en los adolescentes.

El camino es largo y complejo, pero eso no debería ser excusa para no dar el primer paso y sacar la marihuana de su actual categoría completamente desfasada de la evidencia. Debería ser colocada en una posición que permita, por un lado, que los enfermos que la necesitan puedan usarla sin recurrir al mercado negro o a preparados artesanales de calidad dudosa y, por otro lado, que los investigadores tengan vía libre para abrir la cancha a nuevas líneas terapéuticas y, por qué no, para entender mejor el funcionamiento del órgano que nos permite elaborar políticas públicas: el cerebro.

 

N.d.E. (12/04/2017): no tuvimos tiempo de leer con atención las implicancias de la nueva ley, así que no sabemos como va a impactar la nueva legislación en la investigación del cannabis. Si alguien sabe, que nos cuente.

 

National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine (The Academies) (2017). The Health Effect of Cannabis and Cannabinoids: The Current State of Evidence and Recommendations for Research. Washington D.C.: The National Academies Press.
Whiting, P.F. y otros (2015). Cannabinoids for Medical Use: A Systematic Review and Meta-analysis. JAMA 313(24): 2456-2473.
Sznitman, S.R. y Zolotov, Y. (2015). Cannabis for therapeutic purposes and public health and safety: a systematic and critical review. Int J Drug Policy 26(1): 20-29.
Nutt, D.J. y otros (2013). Effects of Schedule I drug laws on neuroscience research and treatment innovation. Nat Rev Neurosci 14(8): 577-585.
Wilkinson, S.T. y otros (2016). Marijuana Legalization: Impact on Physicians and Public Health. Annu Rev Med 67: 453-466.
Lynne-Landsman, S.D. y otros (2013). Effects of state medical marijuana laws on adolescent marijuana use. Am J Public Health 103(8): 1500-1506.
Hasin, D.S. y otros (2015). Medical marijuana laws and adolescent marijuana use in the USA from 1991 to 2014: results from annual, repeated cross-sectional surveys. Lancet Psychiatry 2(7): 601-608.
Choo, E.K. y otros (2014). The impact of state medical marijuana legislation on adolescent marijuana use. J Adolesc Health 55(2): 160-166.
Ammerman, S.D. y otros (2015). The impact of marijuana policies on youth: clinical, research, and legal update. Pediatrics 135(3): 584-587.




Hay 45 comentarios

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  1. Lau

    Excelente nota, lo dije y lo repito, me encanta como escribis Eze, claro, entendible, sin ser condescendiente, con evidencia y preguntas a responder. Adhiero a lo que dicen siempre, mas ciencia es mas libertad.
    Lo unico con lo que no concuerdo es que menstruando lo que duele es el utero, no lo ovarios

    • Aye

      Según con lo que enseñan en la UBA (Facultad de Medicina de Buenos Aires), lo que duele al menstruar son el útero y no lo ovarios, ya que lo que genera el dolor, son las contracciones que se genera en este órgano para facilitar la liberación de la propia menstruación,
      ; por otro lado los ovarios no están intervados (es decir no tienen nervios), por lo cual no sentimos nada que provenga de los ovarios.

  2. Maria Ana

    Me interesaría si pudieran hacer una nota sobre el paco. Me parece que es un tema para trabajar en la escuela secundaria, al tratar Sistema Nervioso, y no tengo bibliografía suficiente…
    Maria Ana

  3. Gabriel

    Muy buen artículo.
    Siempre me llamó la atención que se recete fumar cannabis (o marihuana directamente), acaso fumar no es dañino para el cuerpo? O sólo es dañino si fumás tabaco?
    Al fumar un porro tambien estas fumando el papel (posiblemente insignificante) pero tambien muchos componentes de la planta, carbon vegetal, etc.
    No sería mejor que se separen los componentes y te den una pastilla o jarabe para tomar?
    Incluso si hablamos de marihuana para recreación, no sería mas sano tomarte un jugo de marihuana que fumarla?
    Igual los médicos tienen algo con el humo… te cagan a pedos para que dejes de fumar mientras tienen un aliento a pucho que tumbaría a un caballo.

    • Ezequiel Arrieta

      Bueno, en realidad hay varias indicaciones médicas para fumar cannabis, particularmente aquellas que se benefician del THC (como aumentar el apetito y mejorar el estado de animo en pacientes bajo quimioterapia). Por otro lado, el problema del humo se puede resolver fácil con un vaporizador ;)

      ¡Saludos!

    • Tato

      La cuestión en este caso pasaría por un juicio en función del aspecto fisiológico, ingerir aire a temperaturas elevadas es dañino para el organismo, normalmente inhalamos aire a temperatura ambiente y es ahí donde radica el principal daño al momento de fumar, ya que el tabaco oscila entre los 100° y 120° en función de la calada, y el cannabis suele quemarse arriba de eso, teniendo en cuenta que algún caballo se rola un dedo de momia y termina con aire a más de 180° (donde el THC ya se degradó). Como usuario habitual recomiendo disminuir dosis y leer, ponele: “Marihuana para la Salud” y “Aprendiendo de las Drogas” de Antonio Escohotado..

  4. Fiorella

    Muy pero muy completa la nota, te felicito! me dejó pensando en varios puntos y en otros tantos me aclaró dudas que muchas veces surgen del debate con otras personas. Una cosa que no me quedó muy clara es cuando haces referencia a los trastornos psiquiátricos, a cuales en particular te referís? Tenía entendido que en muchos casos podría llegar a resultar contraproducente sobre todo por los medicamentos psiquiátricos en sí, pero estoy flojita de papers acá.

    • Ezequiel Arrieta

      Si bien se ha asociado al porro con la psicosis, todo parece indicar que el mambo ocurre cuando se consume mucha marihuana con alto contenido de THC o THC sintético. Sin embargo, el cannabidiol (CBD) parece tener propiedades antipsicóticas y protectoras del sistema nervioso central, por lo que si alguien elige consumir marihuana, como estrategia de reducción de daños se aconseja usar variedades que no tengan taaaaaanto THC

      https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22716160

        • Ulise'

          ¿Hay alguna investigación sobre autismo o asperguer y marihuana? Pregunto porque se que mi viejo no tiene rayes (no se como se llama eso, en inglés a veces se le dice”autistic meltdown”) desde que empezó a fumar faso varias veces por semana. Lo mismo yo, y además pude aprender a hacer amigos (no imaginarios) y a comprender el humor. Leí cosas anecdóticas sobre gente de bajo funcionamiento. Perdón que no esté expresándole muy claramente, estoy un poco dormido.

  5. Ramón

    Genial la nota che. Al fin se puede ver algo copado sobre este tema. Seria interesante que hagan una nota sobre las ventajas industriales del cañamo, porque, lo que nunca escuche en las marchas por la despenalizacion es “seria un golpe a las farmaceuticas, las petroleras y las pasteras, si al despenalizarla se empiece a investigar” sino siempre “vamos a poder fumar porro tranquilos en casa y en la yeca”.

  6. andrescass

    Excelentísimas nota. Es un tema muy importante en estos momentos ya que nuevamente estamos ante la posibilidad de que se debata un tema en el congreso sin darle bola a lo que realmente importa, que es la evidencia científica.
    Justamente el otro día escuchaba a una integrante de la agrupación “Madres que cultivan” (o algo así, la verdad es que no recuerdo exactamente el nombre) que contaba como el aceite de cannabis que hacía ella misma había hecho que su hijo, que tenía epilepsia refractaria, saliera de la cama y jugara en el piso con juguetes recién a los 4 años (verle los ojos llenos de lágrimas a la mujer era un tanto movilizador), y pensaba justamente en los riesgos que se corren al cultivar y hacer el aceite en la casa y, como decía ella misma, ir probando con las diferentes especies de cannabis hasta encontrar el que le hace bien a cada chico.

    Una vez más una legislación basada en preconceptos, prejuicios y presiones culturales/políticas produde mayor daño potencial en la sociedad que el que pretende reducir desde la prohibición.

    Me gustó particularmente la diferenciación entre legalización y regulación, y me parece que ese es un punto central en la discusión.

    Una vez más, gracias por darme argumentos para discusiones futuras sobre un tema tan controvercial

    • Ezequiel Arrieta

      Lo que ha hecho este grupo de madres y tantos otros grupos activistas es increíble. Sin embargo, me parece que permitirles cultivar su planta y producir ellas mismas los medicamentos es continuar dándoles la espalda. Más que legalización, se necesita una regulación de la producción para que esos niños obtengan lo que tenga que consumir, porque si le dan sustancias que no corresponden pueden aparecer daños.

      • andrescass

        Exactamente. Fue eso mismo lo que pensaba, es necesario que se produzca ese medicamento aunque sea como receta magistral para que le suministren exactamente lo que cada chico necesita

  7. Iván Espíndola

    Me gusta la seriedad de la nota y quiero mencionar la potencial efectividad del cannabis para prevenir y tratar la enfermedad de Alzheimer ( http://www.alzheimers.net/6-15-15-effects-of-medical-marijuana-on-alzheimers/ ).
    Por otro lado, se encontró que los cannabinoides utilizados de forma aislada no son tan efectivos como cuando se utilizan en forma conjunta, ya sea extraídos de la planta o aplicados por separado en un mismo paciente (el CBD por ejemplo regula la psicoactividad del THC y potencia su efecto terapéutico); se conoce esto como “entourage effect”, al parecer los cannabinoides se autoregulan entre sí y con ayuda de los terpenos. http://www.leafscience.com/2014/09/11/medical-marijuana-entourage-effect/
    Últimamente salieron estudios sobre los efectos medicinales en osteoporosis y cáncer de mama (http://www.marihuana-medicinal.com/category/investigaciones/) aunque como vos dices todavía no son concluyentes.
    Sigan así gatos, siempre un placer leerlos.

    • Ezequiel Arrieta

      ¡Gracias por la data! Hay cosas muy interesantes por explorar, y no sólo con el cannabis, sino con varias sustancias con acceso limitado por la clasificación legal en la que se encuentran (LSD o psilocibina por ejemplo).

      ¡Saludos!

  8. Rodrigo

    Personalmente es la primera vez que leo algo así tan serio, y que no se pone del lado evidente del que lo fuma para pegar viaje. Está todo bien, pero yo no me tomo una Coca Light o un whisky (ponga su adicción favorita aquí) evangelizando, y me molesta que los que fuman porro lo hagan siempre. Flaco, lo fumás porque te pega, si no no lo harías.
    Por otra parte, es sabido que no ha habido un solo muerto de sobredosis de marihuana, y es probablemente una droga que debería ser legalizada sin mucha discusión, pero no he visto nada serio tampoco sobre los efectos secundarios a largo plazo.

    • Marcelo

      Buenas

      Si bien el comentario de RODRIGO es un poco agresivo, coincido con lo que dice.

      Sinceramente a la marihuana siempre lo relacioné con la delincuencia (tener que robar para poder comprar). Tengo muchísimos conocidos que eran amigos con los que jugaba en mi infancia, que destruyeron su vida por fumar porro, y si bien no fue por el porro en sí, todos pasaron a probar drogas que pegaran más.

      De todos modos, es una apreciación personal, cada uno hace de su vida lo que desea, pero, como dice el amigo RODRIGO, también estaría bueno saber cuáles son los efectos secundarios del consumo frecuente a largo plazo (cómo cualquier otra droga, sea legal o no legal)

      Saludos a todos

      PD: Conocí esta web hace poco y me gustó mucho.

  9. Nicolas

    Genio Eze! Me gusta mucho mucho que no se anden con pelotudeces como los demás sitios, ya ni IFLS se puede leer sin que sea para generar plata, acá se nota que hacen una bajada para que la gente común pueda entender las cosas al menos como están hasta el momento.

    Ahora mi consulta va por algo que vos decís muy muy seguro, el vaporizador realmente es menos nocivo que fumarla? Está probado que “causa menos” cancer de lengua, esófago y pulmón? Yo leí muchos fanáticos de la marihuana que así lo afirman, pero nunca pude encontrar un trabajo serio donde esto esté avalado.

  10. Ana Rosa

    Excelente nota!! Me pareció seria, fácil de entender y muy objetiva, señalando los pro y los contra del uso y sobre todo, la producción casera de los derivados a utilizar.
    Me pareció muy interesante la diferenciación entre legalización y regulación, que para mí, es novedosa.
    Gracias, Eze, felicitaciones.

  11. MARIA

    Excelente nota, como siempre Ezequiel, como siempre Gatos. Tengo fibromialgia, lo que implica dolor crónico entre otras cosas fuleras. El alivio de síntomas con el consumo de cannabis es evidente, lo importante es saber CIENTÍFICAMENTE qué componentes te alivian y qué componentes pueden ser incluso perjudiciales. Y, por supuesto, tener la certeza de qué es lo que estás consumiendo. Estas investigaciones son una esperanza. Un abrazo.

  12. Pablo

    Muy interesante nota!
    Entiendo que, como practicamente todas las “cosas” (aguante la ciencia de las “cosas”) que consumimos, un trabajo fuerte en políticas públicas es adentrarse en la discusión sobre los “usos y costumbres”. Como sociedad (soy sociólogo y puedo decir “sociedad” con título legalizado en Uriburu 950 (CABA), loco), más allá de lo legal/ilegal, es importante generar, de la mano de la ciencia, una fuerte carga valorativa (aunque la ciencia aparente buscar lo contrario) sobre cuándo fumar, en qué contextos y en qué cantidades. Algunos le dicen “cultura”, otros “educación”, pero más allá del rótulo, lo importante es que se discuta y se experimente (y esto es mucho más fructífero siendo la marihuana tutu bom, tutu legal). Ojo, la “lucha” no sólo es por esa “¡libertad!” william wallacera, que en última instancia no existe ni va a existir en tanto y en cuanto las leyes se regulen por mercados, que no sólo buscan ganancias, sino que lo hacen a cualquier costo; la lucha es por un crecimiento conjunto sobre lo que nos hace bien y, a la par y bien bien pegadito, nos divierte. También es por un menor uso de las comillas en la sociología. Todo tiene que ver con todo.

  13. Matheus Macambira

    Como siempre, la inusual armonía entre esa redacción desenvuelta y la formidable carga evidencial hacen que siempre vuelva a pasarme por estos antros, peeero respecto a lo segundo, quizás sea bueno que consideren para la próxima poner referencias (1) como para ubicar convenientemente las fuentes de lo que estamos leyendo.

    [1] Este es un ejemplo.

    También pueden mandar los linkazos directamente en el texto, como lo vean mejor.

    Por ejemplo, si yo quisiera saber de cual de las fuentes proviene la afirmación de que: “en los lugares en donde se legalizó el uso medicinal del cannabis no ocurrió un aumento del consumo (…) como impacto colateral, disminuyó el uso de marihuana proveniente del mercado negro”.

    Si hasta ahora no lo encuentro, se puede pensar que haya otros inhábiles como yo en el mismo tipo de predicamento ¿no?

    Saludos!

  14. Matheus

    Como siempre, la inusual armonía entre esa redacción desenvuelta y la formidable carga evidencial hacen que siempre vuelva a pasarme por estos antros, peeero respecto a lo segundo, quizás sea bueno que consideren para la próxima poner referencias (1) como para ubicar convenientemente las fuentes de lo que estamos leyendo.

    [1] Este es un ejemplo.

    También pueden mandar los linkazos directamente en el texto, como lo vean mejor.

    Por ejemplo, si yo quisiera saber de cual de las fuentes proviene la afirmación de que: “en los lugares en donde se legalizó el uso medicinal del cannabis no ocurrió un aumento del consumo (…) como impacto colateral, disminuyó el uso de marihuana proveniente del mercado negro”.

    Si hasta ahora no lo encuentro, se puede pensar que haya otros inhábiles como yo en el mismo tipo de predicamento ¿no?

    Saludos!

  15. Andrés

    ¡Hola!
    Muy buena nota. La vaguedad en la información sobre las propiedades, beneficios, forma de consumo… creo que se extiende a todo tipo de hierbas (para no decir a todo lo que se ingiere), pero obviamente no son tan polémicas como el faso o el tabaco. El facebook de un amigo de hippies recibe mucha data contando sobre los beneficios y propiedades de un montón de plantas, sin ningún rigor.

  16. Marisol

    Hola Eze!
    Muy buena la nota!! quería preguntarte que onda la cosa por EE.UU porque encontré que ya existía una patente de registro sobre el cannabis medicinal, a pesar de que en 27 estados es legal. Tal vez no esté en lo cierto, quería sacarme esa duda
    Gracias!

  17. Gladis

    Me parece Exequiel que Toda tu exposición es mostrar un fundamento con muchas palabras de lo que te mandas de sabio pero tenes toda la intención de hacer apología del consumo y yo digo que lo tuyo es pura mentira mezclada con un poco de asidero científico.
    Gladis
    .

  18. Leonardo

    Me gustó la nota, me pareció muy clara, pero lo que sí me está faltando una sección con las evidencias de los efectos negativos que tiene la marihuana.
    Se nombran los estudios sobre los usos medicinales comprobados, pero no se nombran los resultados de los estudios que muestren como nos puede afectar esto negativamente al cerebro o a lo que sea.
    El argumento que se da a favor sólo dice que la legalización no va a hacer que la cosa empeore, pero esto no indica que la planta en sí haga bien o haga mal.
    Sería muy interesante ver también evidencias de los efectos negativos, como para que sea más justo a la hora de poner en la balanza, y a partir de ahí cada uno pueda tomar su postura con mayor criterio.
    Un saludo, y muy buena la página.

      • Damián

        Hola Pablo, (perdón por tutearte), quise entrar al artículo que sugerís y no me deja, yo soy profe de Biología y he leído bastante acerca de los efectos negativos, para a honor de la verdad obviamente todos estos “textos educativos” tiene un claro sesgo estigmatizador acerca del tema por lo que me gustaría saber en realidad cuales son los efectos negativos posta.
        Es común que en la escuela los pibes te digan que fumar faso no hace nada o que incluso es mas sano que el tabaco y esa es una duda que aun no he podido sacarme ya que no encuentro muchos lugares creíbles, y ustedes me parecen bastante buenos.
        ¿Donde puedo obtener información buena al respecto, ademas del articulo que citas y al que no pude ingresar?

  19. Moni Cres

    Creo que deberíamos seguir atentamente la experiencia Uruguaya, donde liberaron el consumo tanto medicinal como recreativo, pero bajo un registro en manos del estado, donde la marihuana se vende en farmacias autorizadas contra la presentación de la credencial que indica hasta que cantidad le corresponde a cada usuario. El cultivo tambien está regulado. En cuanto al cultivo y produccion personal, me da un poco de miedo que las dosis no sean adecuadas, que sea dificil poder calcular la cantidad, tipo y combinacion de las sustancias cannabinoides, haciendo su uso o inutil por poco o peligroso por mucho. Igual, me compre una crema para la artrosis en la Feria de El Bolsón y va como piña…

    • Pablo A. González

      Gran costumbre mandar updates para las notas. Me pregunto cómo sistematizamos porque estaría buenísimo que pase más.

  20. Maria Eugenia Torres

    Me gustó mucho la nota. Acuerdo con otro comentario que sugiere que incorporen el uso de referencias a la bibliografía listada. Esto permite al lector diferenciar con claridad qué afirmaciones son fruto de trabajos científicos publicados en revistas con referato internacional y cuales son aportes propios del autor/autores. El encontrar al final de su texto un listado de bibliografía me sorprendió gratamente, porque aproxima su aporte a la necesaria divulgación científica, para la cual no siempre se dispone de tiempo en el fragor de publicar que nos demanda el sistema científico nacional e internacional.

    Les paso el link de una nota y entrevista a una investigadora de la Univ. Completense de Madrid, que puede ser de su interés:
    http://www.ecoportal.net/Temas-Especiales/Salud/Cientificamente-probado-la-marihuana-ordena-un-suicidio-programado-a-las-celulas-cancerosas
    Gracias por el aporte.

  21. Federico Racca Palacios

    Buenos Días…

    Excelente nota, aunque como siempre, la brevedad nunca le hará justicia a la complejidad.

    dejo un enlace que puede resultar muy esclarecedor (aunque un poco denso en lo técnico) sobre la evidencia de los cannabinoides (http://w3.icf.uab.es/ficf/es/bin/view/Cannabis/FarmacologiaBasica)

    Es una búsqueda intensiva de 3 años realizada por el Instituto Catalán de Farmacología sobre la evidencia de los cannabinoides “Hasta” 2007, inmensamente detallado y con numerosa (Numerosísima) Biblio al respecto, que no solo aborda sus usos medicinales, si no también sus efectos adversos (Porque, como se sabe, ninguna sustancia está libre de peligro).

    Saludos


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