343.Parte_del_aire

IMG:  Lucía Reynoso  

Corazón delator

TXT:

¿Qué tan saludable es el aire que respiramos en las ciudades? ¿Hasta dónde llegan sus efectos sobre la salud de la población?

Niebla por todas partes. Niebla río arriba donde mana entre verdes islotes y praderas; niebla río abajo donde ondula viciada entre las hileras de embarcaciones y por la contaminada ciudad, grande y sucia, que se extiende al borde del agua.

Bleak House – Charles Dickens

 

El 5 de diciembre de 1952 Londres amaneció húmeda y gris, casi como cualquier otra mañana. Para combatir el frío, los londinenses hicieron lo de siempre: pedir perdón unas 4 o 5 veces antes de levantarse de la cama, desayunar como si no hubiera un mañana y quemar toneladas y toneladas de carbón para calentar las casas. Mientras tanto, afuera arrancaba el día y se empezaba a formar esa famosa niebla. Nadie le prestó demasiada atención en ese momento. Era una situación tan frecuente que, en una expresión más del particular sentido del humor británico, la llamaban cariñosamente pea soup fog (niebla de sopa de arvejas), o simplemente pea souper, por el tono amarillo verdoso que tomaba a veces. Si, riquísimo, sólo que esta vez lejos estaba de ser la niebla cuasi romántica sobre la que ya escribía Dickens cien años antes.

Upside down

En un día común y corriente, el Sol calienta la superficie de la Tierra (y el aire que está en contacto con ella), de forma tal que si subiéramos a un globo aerostático, sentiríamos la temperatura de la atmósfera disminuir a medida que ascendiéramos y nos separásemos del suelo. Cuando este aire de la superficie se calienta lo suficiente, su densidad disminuye, sube como ventosidad de buzo, hasta encontrarse con la capa de aire que tiene arriba, más fría y densa que funciona como tapa. Cuando esta nueva capa de aire frío llega al suelo, rápidamente se calienta, vuelve a subir, y es reemplazada por otra, que eventualmente se va a volver a calentar, para subir otra vez y ser reemplazada por una nueva. Convección atmosférica ascendente, que le dicen. Todo muy lindo hasta acá, pero puede fallar.

Durante la noche el suelo se enfría y enfría el aire que hay por encima formando una capa de aire frío y pesado. Normalmente al amanecer el sol empieza a calentar el suelo y pone en marcha al aire. Pero resulta que el Sol tímido de invierno que amaneció en Londres ese día estaba en otra, tardó un poco en calentar el suelo, y este aire frío de la superficie, en vez de calentarse, ascender y dispersarse, la quedó ahí nomás, quietito abajo. Londres quedó adentro de una burbuja que impedía la circulación normal del aire. Encima, el de aquel año venía siendo un invierno particularmente frío, lo que obligó a la gente a quemar más carbón que de costumbre. Las emisiones quedaron peligrosamente retenidas cerca del suelo y el aire se empezó a cargar de partículas de hollín. Para rematarla, eran unos días muy poco ventosos, con lo cual el aire no se renovaba para nada. Estaba todo dado para una versión británica de La Tormenta Perfecta, con menos George Clooney y más gente de galera tosiendo por ahí.

En realidad, que una capa de aire frío se ubique por debajo de una de aire caliente es un proceso natural bastante frecuente conocido como ‘inversión térmica de la atmósfera’, que ocurre especialmente en invierno y en zonas de valles con baja circulación de aire. Por lo general, esta inversión se ‘rompe’ cuando el aire que está en contacto con el suelo se calienta lo suficiente como para hacerse menos denso respecto del que tiene por encima, por lo que empieza a subir y se restablece la circulación normal. Esto puede darse en cuestión de horas, o durar varios días si el clima (en realidad el tiempo) no acompaña.

Si este fenómeno nos agarra en Siberia, solos y en el medio de la nada, no es tan grave y quizá la contamos (o al menos no es más grave que estar en Siberia, solos, en el medio de la nada). Pero el Londres de esa época era una de las ciudades más densamente pobladas del mundo. Y como en plena posguerra se complicaba conseguir carbón de buena calidad, el carbón que llegaba para consumo interno estaba cargado de compuestos tóxicos que, al arder toda la noche en los hogares, se liberaban silenciosamente.

Para la mañana siguiente, el 6 de diciembre, ya no se veía absolutamente nada. Los faroles de luz incandescente que intentaban alumbrar las calles terminaban dándole un aspecto todavía más lúgubre. Muy Ciudad Gótica todo. Los diarios que cubrían la noticia hablaban de la reducción de la visibilidad, que llegó al punto de forzar momentáneamente la interrupción de la red de transportes y el cierre de los aeropuertos. No fue algo menor para la vida de la ciudad. La gente andaba un poco indignada, pero no había pánico (Spoiler Alert) aún.

No estaba como para salir a pasear por el Thames por esos días. Atrás, la niebla apenas nos permite visibilizar el Tower Bridge. Nada logra verse del famoso London Eye, un poco por la niebla, otro poco porque queda para el otro lado, pero sobre todo porque se construyó en el año 2000.

Tercer día. El transporte público se suspendió completamente por el alto número de accidentes de tránsito causados por la baja visibilidad. Londres quedó paralizada y empezó a generarse un poco de caos. Sin embargo, los diarios estaban más preocupados por los millones de libras esterlinas que podía llegar a costarle al gobierno toda la jodita, por cómo los delincuentes habían copado un poco las calles, y por alguna que otra bizarreada como la suspensión de funciones en cines porque ‘la visibilidad de la pantalla no pasaba de la cuarta fila’ o la cancelación de conciertos porque ‘los coros no alcanzaban a ver la batuta del maestro’.

Cuarto día. Los coristas seguían perdidos y aumentaba la preocupación por la creciente inseguridad y por la cantidad de gente que se acumulaba en los hospitales. El aire que se respiraba en Londres ya era asfixiante; algo no andaba bien, pero la vida seguía. Netflix exageró un poco (The Crown S01E04), aunque representó muy bien en el personaje de Winston Churchill lo que los londinenses pensaban y sentían en ese momento: era niebla, simplemente niebla, eventualmente iba a irse sin más y ya. Y así fue. Bueno, o no tanto. La Gran Niebla de Londres de 1952 tardó cinco días en dispersarse, y en ningún momento hubo desesperación. Sin embargo, no fue hasta la semana siguiente que la gente se dio cuenta de lo que verdaderamente había sucedido. Justo antes de que empezara el incidente, el 4 de diciembre, morían en la ciudad unas 300 personas por día. Cuatro días más tarde del inicio de la niebla esa cifra ya se había triplicado, resultando en un exceso de unas 4.000 muertes en total respecto de la semana anterior. Esto es unas cinco veces más que durante la peor semana de los brotes de cólera que sufría esta ciudad un siglo antes, los cuales dieran lugar al nacimiento de la epidemiología moderna de la mano del célebre Dr. John Snow. No el bastardo de Game of Thrones, otro.

Lo bueno es que ahora tenemos epidemiología, lo malo es que la necesitamos un montón.

Bomba de humo

Los londinenses eran conscientes de que la calidad de su aire en general no era la mejor. Eventos similares a este, aunque mucho más breves, habían sido reportados durante todo el siglo XIX. Entrado el siglo XX, las condiciones climáticas de la zona cambiaron y estos fenómenos se hicieron bastante menos frecuentes. Recién durante el invierno de 1946 reapareció la niebla, pero duró poco y arrastró ‘solamente’ la muerte de unos cuantos cientos de personas. En ese momento se creía que los desechos provenientes de la utilización de combustibles fósiles se diluían inofensivamente en el aire (por qué pensar otra cosa, ¿no?), y que las muertes que se registraban durante estas condiciones climáticas eran consecuencia de las bajas temperaturas. Como la gente moría principalmente de enfermedades respiratorias, quizás por eso se pensó inicialmente que la causa detrás de toda esta historia era una epidemia de gripe. O quizá fue porque era más fácil culpar al clima o a un pobre virus que ver más allá del ego de la humanidad y culparnos a nosotros mismos. O tal vez, quizás, pongamos, porque al país que supo ser cuna de la Revolución Industrial no le convenía aceptar que su crecimiento fue a costas del deterioro del ambiente y de la salud de las personas que vivían en él. Como sea, nunca se encontró evidencia sólida que asocie tal virus con el exceso de muertes que se registró en este incidente, y la hipótesis de la gripe quedó tan floja de papeles que fue rápidamente desestimada. La magnitud que alcanzó La Gran Niebla de Londres de 1952, en cuanto a la cantidad de gente afectada, confirmó finalmente que la contaminación del aire provocada por la actividad del hombre puede ser mortal. Fue un antes y después, un hito de la toxicología ambiental. Por primera vez en la historia, el humano tomó conciencia de que debe tener una relación con el medio ambiente que logre, además de su propio desarrollo, su supervivencia.

Por suerte no quedó ahí el tema. Las consecuencias de esta niebla mortal hicieron que el Parlamento Británico aprobara la Ley de Aire Limpio en 1956, y que Estados Unidos hiciera lo propio unos cuantos años más tarde. Se empezaron a buscar alternativas de combustibles más seguros, delimitar zonas propensas a altos niveles de contaminación y a impulsar muchísima investigación sobre el tema. Y ahí se entendió el verdadero problema: la situación era bastante peor de lo que se pensaba.

Incluyendo datos correspondientes a los dos meses siguientes al incidente de Londres, se encontró que los efectos tóxicos de la niebla produjeron la muerte de unas 12.000 personas en total, y que más de 100.000 se enfermaron. Luego, analizando poblaciones de distintas ciudades alrededor del mundo, banda de estudios epidemiológicos retrospectivos a gran escala confirmaron esta observación. Resulta que unos pocos días respirando altos niveles de contaminación ambiental son letales de forma aguda, pero son tanto o más peligrosos de forma crónica. En realidad el debate sobre este aspecto está lejos de haber terminado. Aún no queda del todo claro si los efectos nocivos encontrados en estudios a largo plazo no son, en realidad, una consecuencia de alguna exposición aguda a altos niveles de contaminación ambiental que haya ocurrido durante el período estudiado. La epidemiología tiene algunas explicaciones que darnos acá todavía. Por otro lado, parecería que no hace falta una atmósfera cargada de toneladas de carbón, como la de Londres de aquel año, para sufrir sus consecuencias negativas. Respirar un tiempo algo de aire no tan contaminado, como el de la mayoría de las zonas urbanas de la actualidad en condiciones climáticas normales, ya es suficientemente perjudicial para la salud. Es más, algunos creen que no existe tal cosa como un umbral de calidad de aire por debajo del cual una persona se encuentra completamente a salvo, y luchan porque la contaminación del aire sea considerada un factor de riesgo más (como el colesterol alto, la hipertensión o los grupos de WhatsApp de la secundaria) para el desarrollo de enfermedades.

Parecería, además, que los efectos tóxicos de los contaminantes varían de manera tal que a niveles relativamente bajos de contaminación, como los que se respiran hoy en día en la mayoría de los ambientes urbanos, la mortalidad se incrementa rápidamente con un leve aumento de estos contaminantes, esto hace que se pueda expresar como una relación logarítmica. Luego, cuando los niveles de contaminación son más elevados, como durante aquella niebla de Londres o en ciudades altamente contaminadas de la actualidad (como Beijing, Delhi o Ciudad de México, entre muchas otras), se llega a una meseta, se satura el sistema, y ese mismo aumento ya no incrementa demasiado las tasas de mortalidad. Justo en esta meseta también se encuentran los trabajadores especialmente expuestos a contaminantes del aire y los fumadores. Esto explicaría por qué si uno se la pasa largando humo como una chimenea (o si trabajamos dentro de una) no existe un riesgo adicional por respirar el aire contaminado de la ciudad. El problema es que, de última, fumar es una decisión personal, un acto activo y consciente del que participa sólo una parte de la población. En cambio, absolutamente toda la gente que vive en una ciudad está expuesta al efecto tóxico de su aire, por lo general sin darse demasiada cuenta y pudiendo hacer muy poco al respecto.

Parte del aire

Volvamos a Londres. Como siempre hay que encontrar a alguien para echarle la culpa de todo, y el primer candidato suele ser el más pequeño e indefenso, esta vez le tocó el turno al material particulado (MP). A pesar del gran número de compuestos tóxicos presentes en el aire, muchos epidemiólogos coinciden en que las partículas menores a 2,5 micrómetros (MP2,5) son las principales responsables de los efectos perjudiciales sobre la salud. Estas partículas son muchísimo más chicas que el diámetro de un pelo, totalmente invisibles para el ojo humano y lo suficientemente pequeñas como para penetrar profundo en el pulmón y hacer un despelote tremendo. Y ahí entran en escena los macrófagos alveolares, unas células del sistema inmune que se encargan de fagocitar (lastrar) cualquier elemento extraño que le pongamos delante y que parecerían jugar un rol importante en controlar la toxicidad de estas partículas.

Si bien se ven zonas urbanizadas con niveles altísimos de partículas finas, hay otras regiones con concentraciones altas que no tienen que ver con el uso de combustibles fósiles.

Los buenos de los epidemiólogos aportaron un hallazgo más, tan importante como antiintuitivo: a pesar de que el pulmón es el primer órgano en contacto con los contaminantes del aire una vez inhalados, hoy en día sólo una de cada cinco personas expuestas a la contaminación ambiental muere por enfermedades respiratorias; el resto en realidad muere por infarto agudo de miocardio o accidente cerebrovascular. Parece que, cuando los macrófagos alveolares fagocitan las partículas que llegan al pulmón, se produce tal desbalance en el sistema inmune que otros órganos la ligan de rebote. El resultado, según la Organización Mundial de la Salud, es que se producen unas 7 millones de muertes prematuras por año (más del 10% de la mortalidad mundial total) a causa de la inhalación de aire contaminado, de las cuales casi 5 millones son por enfermedades cardiovasculares. A pesar de que no seamos del todo conscientes de esto, de que no la veamos, de que no la sintamos, la contaminación del aire está ahí todo el tiempo, existe, y al final, como en el tango, el que más sufre es el corazón.

Al mundo

Para hacerle frente a esta situación, se están llevando a cabo diversas políticas alrededor del planeta con el objetivo de alertar a la población y reducir las emisiones de compuestos contaminantes. Un ejemplo es la campaña de concientización global integral BreatheLife, que espera alcanzar los estándares de calidad de aire en todas las ciudades del mundo para el año 2030. Otro ejemplo es el mismo Reino Unido, cuando a fines de abril de 2017 cubrió su demanda energética durante 24 horas sin la necesidad de usar carbón. Esto ocurrió por primera vez desde la Revolución Industrial, y 65 años después de la niebla mortal de 1952.

A pesar de estos salpicados esfuerzos bien intencionados, tanto o más se hace para que la situación empeore. En los últimos años, se ha observado que los niveles globales de contaminación ambiental siguen en aumento y se calcula que al menos el 80% de las personas que viven en zonas urbanas respiran niveles excesivos de estos contaminantes. Grandes automotrices multinacionales manipulan sus autos para que pasen las pruebas de emisiones en los laboratorios, cuando en realidad producen muchos más gases contaminantes que los permitidos por los convenios internacionales. Líderes mundiales amenazan con retirarse del Acuerdo de París porque ‘no creen’ en el cambio climático. Como ciudadanos, además de reclamar a los políticos que tomen estos problemas seriamente (y, mucho mejor, no votarlos si no lo hacen) también podemos colaborar directamente, por ejemplo usando menos el auto y más la bici, no poniendo el aire acondicionado a 17 grados, disminuyendo un poco la ingesta de carne, moderando el consumo de electricidad o separando los residuos, todo suma. Volviendo a las políticas de estado, si seguimos así, sin regular adecuadamente las emisiones de los contaminantes, sin cumplir y hacer cumplir las leyes vigentes, sin penalizar a quienes no las cumplan y bancando gobernantes carentes de conciencia por el medio ambiente, la cosa se puede poner cada vez peor.

Por un lado, hay esperanzas. Londres parece haber aprendido de sus errores. El incidente de la niebla de aquel año le cambió la cabeza a un mundo que subestimaba los tremendos efectos que la contaminación puede tener sobre la salud y el medio ambiente, y la investigación científica que se impulsó en ese momento aportó la evidencia necesaria para la elaboración de políticas públicas que eviten catástrofes similares. Por otro lado, hoy la situación es diferente: ahora las principales emisiones de contaminantes ambientales ya no provienen mayoritariamente de la quema de carbón para calefaccionar hogares, sino del uso de nafta para movernos de acá para allá lo más rápido posible. Y la evidencia científica es consistente: la contaminación ambiental mata. Si queremos seguir disfrutando de nuestras ciudades (y del planeta en general) es momento de desarrollar más y mejores políticas públicas bien orientadas, a gran escala, que nos permitan hacerle frente a este invisible pero efectivo asesino del aire.

 

Navidad

Ilustración:  Lucía Reynoso  

Hay 22 comentarios

Añadir más
  1. Jofi

    La paradoja que me planteo ahora es si por ir en bici me fumo aún más el humo de los caños de escape. No sé si es casualidad, pero antes de elegir el transporte autopropulsado no era tan alérgica como lo soy ahora. Tendremos que andar con barbijo
    all day?? BTW, Me encantó el personaje de Churchill en The Crown.

    • Timoteo Marchini

      Es muy válido lo que planteas, y un poco cierto… algo similar ocurre con salir a correr y casi cualquier actividad física al aire libre. De hecho, en ciudades que sufren con frecuencia altos niveles de contaminación, la primera recomendación frente a estos episodios es salir lo menos posible de los hogares, cerrar momentáneamente las escuelas, y demás acciones de este estilo para evitar exposiciones innecesarias, principalmente en niños. Por eso el abordaje de esta problemática no es individual sino colectivo, impulsado por políticas públicas un poco más agresivas que se adapten a esta realidad, y penalizando a quienes no las cumplan.
      ¿Un ejemplo? Durante los Juegos Olímpicos de Beijing en el año 2008, el gobierno Chino restringió el uso de vehículos privados, impulsó el transporte público, retiró fábricas del área metropolitana y cerró momentáneamente muchas otras. En consecuencia, disminuyeron a la mitad la mayoría de los contaminantes del aire, junto con una reducción significativa del riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares durante este período (Environ Res. 2015 Oct;142:112-22).
      Los barbijos comunes lamentablemente no nos protegen demasiado, las partículas de contaminación ambiental responsables de los principales efectos adversos sobre la salud (MP2.5) los atraviesan fácilmente. Este tipo de políticas, pero a mayor escala y a largo plazo, es lo que se necesitamos. Y a nosotros para cumplirlas y hacerlas cumplir!
      Gracias por tu comentario, saludos!!!

  2. Juani

    Muy buen artículo, disfruté aprendí y me puso a pensar! Gracias. ¿ Lo de bajar el consumo de carne es por la producción de gases en la ganadería?

    • Timoteo Marchini

      Exacto! La actividad ganadera es una de las principales fuentes de gas metano, un gas de efecto invernadero que afecta en gran medida al calentamiento global, además de contribuir indirectamente con la liberación de otros gases (como el dióxido de carbono y óxidos del nitrógeno) por la deforestación y demás prácticas agrícolas inadecuadas para la producción de los alimentos que consumen los animales.
      Si bien estos gases no son los principales responsables de la contaminación del aire en zonas urbanas, contribuyen, al menos de forma indirecta. Y no quería dejar pasar la oportunidad de sumar algo a ese debate…
      Saludos!

    • Sol Minoldo

      Hola Juani. De hecho, además de la emisión de gases, la ganadería se asocia con una expansión de la frontera agrícola, por la demanda de cereales para su alimentación (cuando se produce mediante feedlot). Te recomiendo mucho los aportes de Ezequiel Arrieta sobre el tema!

  3. Carlos Cattaneo

    Lo de comer menos carne me parece que no debe mezclarse con la mitigación de la emisión de contaminantes criterio. Igualmente los felicito por el muy buen artículo!

    • Timoteo Marchini

      Hola Carlos, me alegro que te haya gustado la nota! Es un hecho que las actividades que se desprenden de la producción de la carne que consumimos contribuyen en buena medida a la contaminación ambiental, directa e indirectamente. Además de la emisión de gases de efecto invernadero y su efecto sobre el calentamiento global, su transporte, por ejemplo, o la gran cantidad de energía que se utiliza para mantener la cadena de frío, aportan significativamente a la contaminación del aire de la ciudad. En ese sentido, disminuir el consumo tendría cierto impacto en la reducción de emisiones, y consecuentemente en la calidad del aire que respiramos. La intensión era aportar un argumento más a favor de, al menos, moderar un poco el consumo. Como dice Sol, la nota de Ezequiel Arrieta y el debate del final en los comentarios sobre el tema no tiene desperdicio. Saludos!!!

  4. Brunito_ub

    Excelente articulo! Saliendo del etnocentrismo, ¿Hay estudios sobre el impacto de la contaminacion atmosferica en otros animales, vegetales, bacterias y/o hongos?
    Flasheandola un poco, ¿Puede ser la causa del fin de la vida sobre la tierra?

    • Timoteo Marchini

      Por un lado, mucho de lo que sabemos a cerca de los mecanismos a través de los cuales los contaminantes del aire afectan la progresión de distintas enfermedades fue gracias a experimentos en modelos animales. Por el otro, te recomiendo pasar por el proyecto Tierra de Todos, en esta misma página, para ver más sobre el impacto que pueden tener las actividades del hombre sobre los ecosistemas. Definitivamente la contaminación los afecta en gran medida. Quizás plantear el fin de la vida sobre la tierra es un poco prematuro. Hay mucho que podemos hacer al respecto todavía. Sin embargo, que hoy en día que mueran 7 millones de personas innecesariamente por año en el mundo a causa de respirar aire contaminado ya es bastante grave.

    • Timoteo Marchini

      En mi opinión, es preferible invertir esos recursos en generar un circuito un poco más eficiente de gestión de residuos: implementar una mayor separación inicial, promover el reciclaje y la reutilización, implementar algún sistema de multas e incentivos, campañas de educación ambiental… La ‘valoración energética de los residuos’ debería ser no mas que un complemento a este sistema. ¿Para que echarle mas leña al fuego?

  5. Carla

    Genial el artículo! Soy docente en la facu de medicina de la UNR, me pasarías bibliografía sobre los estudios de contaminación como factor de riesgo cardiovascular? Gracias!

    • Timoteo Marchini

      Hola Carla, me alegro que te haya gustado la nota!
      Acá van algunos:
      – Zanobetti A, Schwartz J. The effect of particulate air pollution on emergency admissions for myocardial infarction: a multicity case-crossover analysis. Environ Health Perspect. 2005 Aug;113(8):978-82.
      – Koulova A, Frishman WH. Air pollution exposure as a risk factor for cardiovascular disease morbidity and mortality. Cardiol Rev. 2014 Jan-Feb;22(1):30-6.
      – Chen H, Goldberg MS, y col. Long-term exposure to traffic-related air pollution and cardiovascular mortality. Epidemiology. 2013 Jan;24(1):35-43.
      – Luo C, Zhu X, y col. Short-term exposure to particulate air pollution and risk of myocardial infarction: a systematic review and meta-analysis. Environ Sci Pollut Res Int. 2015 Oct;22(19):14651-62.
      Y un muy buen review que me gusta sobre el tema:
      – Brook RD, Rajagopalan S, y col. Particulate matter air pollution and cardiovascular disease: An update to the scientific statement from the American Heart Association. Circulation. 2010 Jun 1;121(21):2331-78.
      Saludos!!!

      • Rosana

        Hola Timo, ¡excelente nota!
        Acuerdo con la necesidad de contribuir con nuestras conductas individuales, aunque me parece que lo primordial es reclamar y construir políticas que a nivel macro accionen para mejorar la situación.
        Permítanme agregar un estudio epidemiológico local, que hicimos hace unos años con la UNSAM y la CNEA para la ciudad de Buenos Aires, en el cual encontramos también este impacto más fuerte de la contaminación atmosférica sobre el sistema cardiovascular que sobre el respiratorio:
        Abrutzky R., Dawidowski L., Matus P.; Romero Lankao P. Health Effects of Climate and Air Pollution in Buenos Aires: A First Time Series Analysis. Journal of Environmental Protection, 2012, 3, 262-271
        Espero ver más artículos tuyos : )

  6. Martin

    Fantástico articulo! Muchas gracias Timoteo por compartir un poco de tu conocimiento, y en el proceso iluminarnos un poco a todos.

  7. Pablo R

    Muy buen articulo, Timo! Me atrapó la forma de contar el cuento. Excelente sistema de difusión para poder generar conciencia del problema de la contaminación ambiental.

    Que estudios inmunológicos habías hecho?

    Abrazo grande!

    • Timoteo Marchini

      Hola Pablo,
      Me alegro que te haya gustado la nota! =)
      Inicialmente hicimos un estudio básico de los mediadores inflamatorios que podrían estar involucrados en los efectos tóxicos de respirar aire contaminado. En este primer acercamiento, identificamos al factor de necrosis tumoral alfa (TNFα) como uno de ellos, ya que administrando Infliximab (una droga que inhibe la acción del TNFα y que actualmente es utilizada para el tratamiento de la artritis reumatoide), vimos que mejoraba la función cardíaca en ratones expuestos a la contaminación (Am J Physiol Heart Circ Physiol. 2015 Nov 15;309(10):H1621-8). En una segunda etapa, identificamos a los macrófagos alveolares como la principal fuente de este TNFα y vimos que su acción afectaba la recuperación luego de haber sufrido un infarto agudo de miocardio (Basic Res Cardiol. 2016 Jul;111(4):44), lo que podría explicar el mayor número de muertes que se registran por esta enfermedad en la grandes ciudades contaminadas. Ahora nos queda encontrar la manera de bloquear la acción de este TNFα de alguna forma más ´terapéutica´… en eso estamos trabajando!
      Saludos,
      Timo

  8. Emiliano

    Como no encontré este articulo un mes antes??????. Preparando un exprés trabajo de investigación para la materia Problemática Ambiental de de la carrera Ciencias Biológicas de la UNC, con 2 compañeros, evaluamos la concentración de MP 2,5 en sitios recreativos del centro de córdoba y hubo concentraciones llamativas para un sitio tan concurrido y destinado al deporte con una predicción a empeorar en muy pocos años, lamentablemente. Muy buen articulo, felicitaciones!!!

    • Timoteo Marchini

      Hola Emiliano,
      Más vale tarde que nunca (a veces…). Me alegro que te haya gustado la nota!
      Lamentablemente, Córdoba es una de las ciudades más pobladas y con peor calidad de aire de nuestro país, por lo que es especialmente importante estudiar su realidad y tomar acciones cuanto antes para disminuir sus niveles de contaminación.
      Respecto de la concentración de MP2,5, ¿la midieron ustedes de alguna manera o usaron los datos de la Municipalidad? Si lo hicieron ustedes, ¿qué método utilizaron?
      Saludos,
      Timo

  9. Pedro Gonzalez Baum

    Muy interesante tu artículo, falta mucha concienciacion sobre este grave problema.
    Me empezó a interesar este asunto a raiz de respirar aire tóxico en el interior de los aviones, hay unos olores muy característicos que indican que el aire está contaminado aunq no siempre se pueda oler.

    El aire utilizado para la presurizacion y climatizacion del interior del avion es proporcionado por los motores, como bien habeis percibido en inumerables ocasiones se detectan olores que nos indican que el aire que estamos respirando esta contaminado con metales pesados (hasta los pasajeros se quejan en la puesta en marcha de los motores de la calidad del aire).
    Es altamente llamativo que un avion con la tecnologia que tiene no tenga un instrumento en cabina que mida la calidad del aire que es proporcionado por los motores que trabajan a altas temperaturas y que estan lubricados con aceites que contienen aditivos para lograr mejor rendimiento.
    Uno de los aditivos es el FOSFATO DE TRI CRESILO (TCP) es un compuesto ORGANOFOSFORADO pero no es el unico ya que hay unos cuantos mas lo que hace que sea aun mas toxica esta combinacion, a la que se añaden sustancias organicas que provienen de la combustion de sustancias petroquimicas retardantes del fuego, bencenos y fenolicos.

    ¿Como se que estoy siendo contaminado?
    Los olores que se producen en el interior de la cabina son los siguientes:
    –OLOR A QUEROSENO facilmente detectable en la puesta en marcha de los motores.
    –OLOR A PIES, calcetines sucios a ropa sucia mojada,olor como a perro mojado son indicios claros de la filtracion de gases toxicos en cabina que vienen del sangrado de aire de los motores al producirse vapores toxicos por la quema de ACEITE.
    –OLOR A VOMITO, BASURA mucho mas intenso que el anterior y mucho mas toxico, el motor esta quemando LIQUIDO HIDRAULICO, y los vapores toxicos contienen sustancias nocivas que son introducidas mediante la presurizacion y climatizacion al interior de la cabina.
    Durante el vuelo las personas mas sensibles por la exposicion de las sustancias quimicas podrian tener las siguientes reacciones:
    MAREOS, VAHIDOS, VOMITOS, NAUSEAS, DOLORES MUSCULARES , DOLOR DE CABEZA, IRRITACION DE LAS VIAS RESPIRATORIAS,DIFICULTAD AL PENSAR,AFONIA SIN CAUSA APARENTE.

    SINTOMAS A LARGO PLAZO:
    •FATIGA CRONICA
    •DAÑADA LA MEMORIA A CORTO PLAZO
    •LENGUAJE POBRE EN PALABRAS
    •DOLORES MUSCULARES
    •DIFICULTAD EN LA ESCRITURA
    •INTOLERANCIA A LAS DROGAS ALCOHOL ANTIDEPRESIVOS
    •DIFICULTAD PARA CONCILIAR EL SUEÑO

    Las personas que han estado y continuan estando en contacto con los ORGANOFOSFORADOS cada vez se vuelven mas sensibles ante su exposicion, cada vez sufren de mayores reaciones ante menores dosis.
    Desarrollan sensibilidad ante otras sustancias(humo del tabaco, perfumes, alcohol) a la vez que un exquisito sentido del olfato.

    La presencia de estas sustancias tambien provocan cambios en la personalidad :

    •CAMBIOS DE ESTADOS DE ANIMO MUY LLAMATIVOS
    •IRRITABILIDAD
    •AGRESIVIDAD
    •PENSAMIENTOS SUICIDAS
    •RABIA

    Otros sintomas:

    PERDIDA DE EQUILIBRIO
    MAREOS
    ESCLEROSIS MULTIPLE
    PARKINSON
    OSTEOPOROSIS
    ALERGIAS
    CANCER
    Enfermedad neuro motora
    Enfermedades DEL CORAZON

    SÍNDROME AEROTOXICO


Publicar un nuevo comentario