157.-Cientificismo-mágico

Cientificismo mágico

El problema comenzó cuando le dijeron que ‘los fondos sólo pueden usarse para equipamiento científico, muebles no se pueden comprar’, a pesar de que la Facultad acababa de instalarse en un edificio nuevo (¡y vacío!). No logró convencer a la burocracia de que los científicos necesitaban también apoyar el equipamiento en algún lado y mecanografiar¹ los informes. Entonces pidió que le autorizaran la compra de soportes antigravitacionales y transcriptores de fonemas. Sonaba a equipamiento de punta y, por ende, la burocracia accedió. Así fue como un tipo llamado Rolando García consiguió, a principios de la década del ‘60, equipar el nuevo edificio de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales en la Ciudad Universitaria porteña de mesas (que soportan cosas en contra de la gravedad) y de máquinas de escribir² (que transcriben a papel los fonemas de los idiomas humanos).

Rolando no habrá descubierto una partícula elemental, pero se burló de los burócratas, cosa que constituye, para mí, un gran punto para él. Si así, sólo con eso, se hubiera presentado ante la Academia de Hollywood (o de Suecia, ya no tengo claro cuál es cuál) y les pedía el Nobel, yo lo hubiese bancado. Sucede que a Rolando García y a muchos otros científicos de su época no les interesaba el Nobel. Más aún, empezaron a cuestionar esa idea del Nobel como objetivo último de la investigación científica y a preguntarse para qué sirve la ciencia, para quién sirve y para quién debe servir, en particular en un país latinoamericano como el nuestro. Claro que ahí se armó alto bardo y una discusión que sobrevive hasta nuestros días.

Advertencia: lo que sigue no es el tradicional artículo sobre ciencia del tipo ‘mamá, mamá, los pelirrojos son mutantes‘. Es más bien un artículo de metaciencia, que es una forma de denominar los estudios sobre la ciencia. Es decir, donde la ciencia es el objeto de estudio, porque, si introspectiva, dos veces ciencia. Pero hablemos de Rolando y sus amigos.

Resulta que Rolando y sus amigos no eran ninguna de las siguientes cosas:

  1. una banda de rock,
  2. unos giles,
  3. unos conformistas,
  4. tan amigos entre sí.

Más bien formaban parte de lo que podríamos llamar una corriente de pensamiento: un grupo de personas de alto calibre intelectual que debate sobre temas específicos y va planteando ideas a partir de acuerdos y diferencias. En este caso conformaron la corriente de Pensamiento Latinoamericano en Ciencia, Tecnología y Desarrollo. Porque sucede que la reflexión fundamental que los unía podría formularse así: ‘Argentina es un país subdesarrollado y es una obligación de los científicos contribuir a su desarrollo’.

Pará pará pará… ¿vos me estás diciendo que no puedo investigar sobre lo que yo quiera, sea sobre los dinosaurios o sobre los misterios del mondongo?³

Yo no. Y ellos tampoco. O más o menos. En realidad, depende a quién le preguntaras.

Rolando, que fue Decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA durante ese periodo que se llamó ‘época de oro’ y va de 1955 hasta ese momento terrible para la ciencia argentina y para la Argentina en general que fue la Noche de los Bastones Largos en 1966, te hubiese dicho que sí, que no podías, que si él no hubiese perdido esa discusión contra Houssay en el año ‘58, el CONICET no sería lo que es ahora y se parecería más a un organismo que fija pautas de investigación según las necesidades nacionales, en lugar de ser uno a donde muchos científicos van a mostrar que son grosos porque tienen papers grosos, a comentar que se les ocurrió tal tema que está buenísimo; y a pedir que se les dé platita para investigar eso.

Si le consultabas a Oscar Varsavsky, él te hubiese preguntado si te considerabas un científico rebelde, entendido como aquel que piensa que ‘el sistema social reinante en América Latina es irracional, suicida e injusto de forma y fondo’. Si le decías que sí, te hubiese dicho que tu misión entonces era hacer ciencia para la liberación: estudiar el problema de cómo es que se produce el cambio social y qué hay que hacer para lograrlo. Si le decías que no, probablemente te hubiese acusado de cientificista, es decir de ser ‘[…] el investigador que se ha adaptado a este mercado científico, que renuncia a preocuparse por el significado social de su actividad, desvinculándola de los problemas políticos, y se entrega de lleno a su “carrera”, aceptando para ella las normas y valores de los grandes centros internacionales, concretados en un escalafón’. Dato curioso: 2 de cada 3 cientificistas niegan serlo, el otro se hace el boludo y finge no haber escuchado.

Rolando no estaba de acuerdo con esa máxima varsavskiana de ‘investigarás para la revolución o nada’, pero supongo que sí estaría en buena parte de acuerdo con una idea muy potente de Varsavsky sobre la verdad científica:

Lo que ocurre es que la verdad no es la única dimensión que cuenta: hay verdades que son triviales, hay verdades que son tontas, hay verdades que no interesan a nadie. ‘Una frase significa algo sí y sólo sí puede ser declarada verdadera o falsa‘, afirma una escuela filosófica muy en boga entre los científicos norteamericanos. Yo no creo eso: hay otra dimensión del significado que no puede ignorarse la importancia. Es cierto que un teorema demostrado en cualquier parte del mundo es válido en todas las demás, pero a lo mejor a nadie le importa. Eso me ha pasado a mí con muchos teoremas que yo he demostrado. Son verdaderos pero creo que el tiempo que gasté en demostrarlos lo pude haber aprovechado mejor. No significan nada. Para eso hay una respuesta habitual: ‘no se sabe nunca; tal vez dentro de diez años ese teorema va a ser la piedra fundamental de una teoría más importante que la relatividad o la evolución‘. Bueno, sí, como posibilidad lógica no se puede descartar, pero ¿cuál es su probabilidad? Porque si es muy cercana a cero no vale la pena molestarse. Además, seamos realistas: si un teorema que yo descubro hoy y que nadie lee ni le importa, dentro de diez años resulta importante, es seguro que el científico que lo necesite para su teoría lo va a redescubrir por su cuenta, y recién mucho después algún historiador de la ciencia dirá ‘ya diez años antes un señor allá en Sudamérica había demostrado ese mismo teorema’. No tiene mucha importancia eso para la ciencia universal. Ese valor potencial que tiene cualquier descubrimiento científico es el que tendría un ladrillo arrojado en cualquier lugar del país, si a alguno se le ocurriera construir allí una casa, por casualidad. Es posible, pero no se puede organizar una sociedad, ni la ciencia de un país con ese tipo de criterio. Hay que planificar las cosas. No todas las investigaciones tienen la misma prioridad; ellas no pueden elegirse al azar ni por criterios ajenos.

Si le preguntabas a Jorge Sábato, físico y prócer de la CNEA, te hubiese dicho ‘Sobre Héroes y Tumbas es de mi tío, flojo que nos confundas’ y hubiese agregado algo así como ‘no te puedo creer que hablaste primero con el cabrón de Oscar’⁴. Una vez pasado el enojo te hubiese contado que para él era fundamental que un país desarrollara su capacidad de decidir autónomamente sobre tecnología, y que no era un prerrequisito hacer la revolución socialista para buscar la soberanía tecnológica.

Eso sí, estaba de acuerdo en que la soberanía tecnológica era indispensable y para eso propuso su ‘triángulo de yo-Botana‘ (que si no sos él se llama ‘triángulo de Sábato-Botana’ y tiene como vértices Estado, Empresas e Investigadores) como una forma de pensar las relaciones necesarias para que el sistema científico funcione. La idea es que el Estado, además de financiar la investigación científica, tiene que acercarle demandas concretas al sistema científico y articular vínculos con el sector productivo. Sábato decía que una característica típica de un país dependiente es que cada uno de esos actores tiene más relaciones con sus contrapartes de los países centrales que con los otros actores del propio país. Dime quiénes son tus contactos en Facebook y te diré quién eres.

Y si todavía tenés dudas sobre qué pensaba el resto de la banda, le podrías preguntar a Manuel Sadosky, que no sólo trajo la primera computadora a Argentina sino que además procuró que la investigación que con ella se hiciera estuviese siempre relacionada con las necesidades del país; o a Gregorio Klimovsky, que conceptualizaba al proceso científico como una parte en donde se hacía el descubrimiento y otra en la que se lo justificaba, y opinaba que la primera podía estar influenciada por el contexto pero la segunda debía ser aséptica; o a Celso Furtado y Amílcar Herrera, que contribuyendo a la Tesis de Prebisch-Singer pensaban que para alcanzar el desarrollo había que hacer cambios estructurales (y no sólo pequeñas modificaciones) en varios aspectos del funcionamiento de un país, y que si seguíamos exportando materias primas y dejando que la tecnología la desarrollen los países centrales para luego importarla, nunca lo íbamos a lograr; o a mí tía, que del tema mucho no sabe pero le encanta hablar al pedo.

Lo que sí es claro es que conformaban todo un cuerpo heterogéneo y amplio de intelectuales y compartían la idea de que la ciencia y la tecnología son herramientas clave para superar los problemas de subdesarrollo de países como el nuestro. Entendiendo desarrollo no sólo como crecimiento económico sino también como una sociedad más justa, más equitativa, con menos asimetría. Esa discusión se interrumpió cuando el neoliberalismo económico accedió al poder por la fuerza (también conocido como Dictadura Cívico-Militar), apenas volvió a asomarse con el restablecimiento de la democracia y sufrió nuevos cachetazos cuando el neoliberalismo accedió al poder por vía de la patilla.

Fue recién en los últimos años, de la mano de una mirada de la sociedad que confiere al Estado más responsabilidades, que se pudo volver a retomar esta discusión. Lo malo es que sigue siendo una discusión de intelectuales, en el sentido de tipo con boina y pipa que mete cita en francés cada cuatro párrafos (habrase visto, mon dieux) y no terminó de penetrar clara y consistentemente en los laboratorios, los institutos, y los centros de investigación.

Si me preguntás a mí, te voy a responder que el debate no se acaba acá, y que no te pierdas el inmenso placer de leer a unos pensadores de grueso calibre, que no sólo hicieron ciencia sino que además reflexionaron sobre ella desde la visión de países subdesarrollados que quieren dejar de serlo y entienden que ese proceso no se da automáticamente. No te pierdas Ensayos en campera (1979), no te pierdas Ciencia e ideología (1975). No sé si vas a estar de acuerdo con ellos, pero no hace falta que estés de acuerdo. Lo que hace falta es saber que hay ahí un tema a debatir.

A Rolando muchas veces le hacían comentarios muy positivos sobre la ‘época de oro’ y todos los cambios que había generado en la universidad. Con frecuencia esos comentarios concluían con un juicio muy generalizado del estilo ‘claro que en aquellos tiempos sí se podían hacer cosas, pero ahora ya no se puede’. Él respondía con una de mis frases favoritas, que me sirve de guía cuando parece que todo está perdido: ‘Lo posible no es algo que ya está dado […], lo posible se construye’.

 

  1. Mecanografiar es eso que hacía Clark Kent en el Daily Globe mientras fingía trabajar de ‘reportero’. Reportero es periodista dicho en castellano neutro. Castellano neutro es la forma de decir ‘para mí que soy un gringo todos los latinos no hablan igual pero deberían’.
  2. Máquina de escribir es lo que sale de encerrar una computadora y una impresora, darles barra libre, música y esperar.
  3. ¿Por qué tiene esa forma? ¿A quién le puede gustar? ¿En qué momento de la evolución está el último ancestro común entre él y la toalla?
  4. Esta afirmación podría, desde un punto de vista estrictísimamente científico, no ser literal y ser más bien inventada.

 

BONUS (?): En Octubre de 2016, tuvimos la suerte de compartir un rato con Alberto para charlar de las cosas que nos interesan, incluída la relación entre la ciencia y la política. Este es el resultado.

ALBORNOZ, Mario; KREIMER, Pablo; GLAVICH, Eduardo. Ciencia y sociedad en América Latina. Universidad Nacional de Quilmes, 1996.
CARNOTA, Raúl y BORCHES, Carlos. Manuel Sadosky, el sabio de la tribu. Libros del Zorzal, 2014.
CARNOTA, Raúl y BORCHES, Carlos. Sadosky x Sadosky, vida y pensamiento del pionero de la computación argentina. Fundación Sadosky, 2011. Disponible aquí.
FURTADO, Celso. Desarrollo y estancamiento en América latina: un enfoque estructuralista. Investigación económica, 1969, vol. 29, no 113, p. 43-73. Disponible aquí.
GARCIA, Rolando. La construcción de lo posible: la Universidad de Buenos Aires de 1955 a 1966. Libros del Zorzal, 2003.
HERRERA, Amílcar Oscar. Ciencia y política en América Latina. 1981. Reeditado en 2015 por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. Disponible aquí.
KLIMOVSKY, G., VARSAVSKY, O., SCHVARZER, J., SADOSKY, M., EGGERS LAN, C., MORO SIMPSON, T., & GARCÍA, R. Ciencia e ideología. CIENCIA NUEVA, 1975. Disponible aquí.
SÁBATO, Jorge A. El pensamiento latinoamericano en la problemática ciencia tecnología desarrollo dependencia. 1982. Reeditado en 2011 por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. Disponible aquí.
SABATO, Jorge A. Ensayos en campera. Juárez, 1979.
VARSAVSKY, Oscar. Estilos Tecnológicos, Propuesta para la Selección de Tecnologías bajo Racionalidad Socialista. TECNOLOGÍA & SOCIEDAD, 1974. Reeditado en 2013 por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. Disponible aquí.
VARSAVSKY, Oscar. Ciencia, política y cientificismo. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1969. Algunos extractos aquí. Versión completa aquí.




Hay 62 comentarios

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  1. Nahuel

    Muy buena nota Fernando! Me alegra ver que este debate se reavive en tiempos donde hacen tanta falta las ideas.
    Lo peor de la discusión que dieron esos super-amigos es que nunca se saldó, o más bien como decís en la nota, se saldó por la fuerza (el lado oscuro de la fuerza), pero en estos últimos años donde tuvimos la posibilidad de cambiar el rumbo sólo ¿fue posible? hacer pequeños cambios que no mueven el amperímetro en las posibilidades que tenemos con nuestro quehacer diario. La paradoja más grande de esos pequeños cambios fue el ministerio de ciencia, reeditando estilos técnologicos de Varsavsky con una idea fuerza que mal resumida dice algo así como que no es cuestión de hacer ciencia nomás, sino de poner énfasis en el estilo de desarrollo del país. El ministro de CyT firmante en la reedición sigue siendo ministro a pesar del cambio. Cosa de locos, un Varsavskyano neoliberal.

  2. Ceci

    “por vía de la patilla”
    sutil

    Los quiero tanto cuando hacen tambalear el pedestal autoconstruido de la ciencia (y los científicos).

    Autocriticarse es la única manera de crecer. Aunque, claro, para eso es necesario aceptar que siempre, siempre se puede mejorar (lo cual es a forma positiva de decir que siempre estamos mandandonos cagadas, aceptemoslon (?))

    Ya bookmarkeé los libros para futuras visitas a la librería.
    Gracias por esto.

  3. Ewan

    Una de las mejores notas que he leído, Siempre es necesario alguien que te chifle y te diga: ”che,¿te pusiste a reflexionar sobre esto que tenés frente a tu nariz?”

  4. Jofi

    Tema arduo de debate interno en mi tesis, me hago la misma pregunta todas las mañanas: a quién le importa? Y otro gran debate: quién decide lo que importa para la ciencia en el país. Si son los burócratas de siempre, el gobierno de turno, los grosos autodesignados, una votación gremial… Caramba, qué sesgo.
    Gran nota para comenzar el lunes con pilas ehhhh (hoy sí que no duermo).

  5. Juan Godoy

    Muy buen “artículo de metaciencia” Fernando!!! Además de los trabajos más recientes sobre estos temas que, por ejemplo, ha desarrollado Pablo Kreimer… te sugiero a vos y a l@s demás el siguiente libro de Adriana Feld, editado por la Universidad Nacional de Quilmes:

    Ciencia y política(s) en la Argentina, 1943-1983
    http://www.unq.edu.ar/catalogo/361-ciencia-y-pol%C3%ADticas-en-la-argentina-1943-1983.php

    Una cosa más: sería muy bueno que en otra gati-nota ampliaras la discusión Rolando García/Bernardo Houssay sobre la concepción del CONICET. Tendemos a dar por sentada su actual “estructura” y quizá sería muy bueno revisar/discutir otras alternativas…

    ;-)

  6. Elio Campitelli

    Bueno, voy a ser la voz del pequeño disenso con la posición que domina en el artículo.
    El científico no es un ser especial, es una persona como cualquier otra. Y así como cualquier otra persona, lo ideal es que pueda trabajar en lo que más le guste. Cuando leo a los científicos que quieren obligar a otros a trabajar en temas que a ellos les parece importantes para la sociedad, entonces, leo más a científicos que están trabando en algo que les gusta y que además pueden argumentar fácilmente que tiene un impacto directo en la sociedad buscando que otros científicos tengan que hacer lo mismo que ellos. Los que no tenemos la suerte de estar apasionados por una disciplina con aplicaciones directas, ¿qué hacemos? ¿Nos jodemos?

    • Javi

      Me parece que lo que plantea el artículo no es que no puedas trabajar en lo que te gusta (de manera individual, por ej.), o que solo puedas trabaja en en cosas “útilies”. Sino que un estado debe dedicar sus recursos PRINCIPALMENTE, a cosas que fomenten un desarrollo real que pueda redudndar en un beneficio para la sociedad, lo que no quita que pueda destinar recursos (en menor medidas) para investigar otro tipo de cosas con menos aplicaciones directas.

      te mando un saludo

    • Pablo A. González

      Alguna vez le pregunté lo mismo a alguien que sabe un millón más que yo y me dijo que Argentina no podía permitirse ciencia ni desinteresada ni repetitiva. Creo que la respuesta viene por ahí, o hacés algo que impacte en las vidas de las personas, o hacés una básica creativa, distinta, que no se base en repetir cosas de otros con ligeras modificaciones, publicar y cumplir sino en tomar riesgos y atacar preguntas diferentes de forma diferente.

      • maria

        Me gusta ese concepto de ciencia basica creativa… pero c’omo saberlo? y a parte, c’omo arriesgarse a hacerlo siendo parte de este sistema que pone ciertas condiciones para seguir siendo parte de el.
        Soy f’isica e intento hacer ciencia b’asica… creo hacerlo creativamente, pero c’omo estar seguro de eso? Qui’en estar’ia capacitado para juzgar el trabajo de cada uno de nosotros?
        Igualmente me doctoro y me pongo un chiringo en la playa… no aguanto m’as tanto trabajo. As’i que que se arreglen los otros.

      • Cecilia

        Ok, pero ¿a qué se refería exactamente esa persona que sabe más que vos cuando decía ciencia “desinteresada”? Es que creo que los atributos de interés en la ciencia y repetición en la producción de conocimientos son dos cosas muy diferentes, que requieren discusiones diferenciadas. Que haya un buen control de calidad en los resultados que se publican me parece que es una demanda razonable que hacerle al sistema científico, reconociendo aún así que el propio sistema es el que exige producción a granel y se hace de la vista gorda ante el asunto de la calidad y se cae en la “publicatitis” heredada de otros sistemas científicos. Pero creo que el tema de la ciencia “desinteresada” es muuucho más complejo: ¿cómo medimos/cuantificamos/observamos ese “impacto en la vida de las personas” que supuestamente lograría el privilegiar el desarrollo de ciencia “interesada” (otros días “orientada”)? ¿vale lo mismo el placer estético del “saber por saber” que podría implicar la resolución de un teorema, que la aplicación médica que conlleva el desarrollo de una vacuna? ¿Quién lo define? Además creo que debemos cuestionarnos o al menos discutir qué entendemos por “beneficios para la sociedad” (como pone JAVI); dudo que alguien cuestione esto como objetivo deseable para una ciencia financiada por el Estado, pero, de nuevo, ¿de qué estamos hablando específicamente? Una forma de ver esto es que en todas esas decisiones se juegan los valores implicados en la propia actividad científica (políticos, económicos, estéticos, culturales, etc.) y a su vez las distintas concepciones/representaciones sociales que tenemos acerca de la ciencia. Hay muchos estudios que muestran que los distintos sectores de la sociedad (y los propios científicos) mantienen representaciones/imágenes sociales de la ciencia que están muy alejadas de las prácticas contemporáneas, lo cual por cierto no es casual, como dicen varios aquí y en otros artículos, es la propia ciencia la que busca mantener ese estatus de autoridad moral y epistémica…los estudios CTS nos dicen una y otra vez, por otro lado, que es inútil seguir pensando en ciencia Y sociedad como dos entes separados.

    • Fernando

      El grueso de la gente en los países subdesarrollados trabaja más de lo que puede que de lo quiere. Incluso los que trabajan de la profesión que eligieron para formarse, tienen dos opciones: o se ponen por su cuenta, o trabajan en una estructura en la que un/a jefe/a les dice lo que tienen que hacer. Eso no tiene por qué ser tiránico, e incluso puede ser muy democrático, pero realmente no conozco otros casos más allá de los científicos de gente que recibe un sueldo público (ie, pagado por el grueso del pueblo) y puede decidir a qué destina sus horas.

      No me preocuparía si fuésemos Suecia, pero un país con tantos problemas en los que la ciencia y la tecnología tienen mucho para aportar, el escenario es otro. La relevancia (democrática, participativa, inclusiva) en el uso de la capacidad científica de nuestro país es indispensable para el desarrollo.

    • laura

      Al país siempre le va a resultar ‘útil’ tener una masa critica de gente trabajando en problemas que pueden parecer lejanos a las necesidades actuales, porque seria ingenuo creer que las necesidades actuales son tan especificas que a cada una la puede ‘abarcar’ una especialidad existente. Pero no le resulta útil que toda la masa científica se mantenga afuera de la resolución de problemas específicos, o que nadie piense en que ayuda la investigación que hace a las problemáticas actuales, que por cierto existen. El equilibrio lo logramos entre todos, y algo hay que ceder, siempre, si del bien común se trata, no?

    • Christian

      Bueno no necesariamente te vas a joder a lo mucho en algunos momentos vas a recibir menos fondos. En realidad es bien complicado hacer ciencia sin incidir en la sociedad aunque aquello parezca que es así. La razón por la que la cosmología a tomado auge en los últimos años es porque el avance tecnológico que trae detrás todos los experimentos observatorios que se hacen al final repercuten en la sociedad. Sin embargo, los cosmologos no son muy de pensar en la sociedad a la hora de investigar. Finalmente, el articulo cumple su objetivo a tenernos debatiendo sobre el tema.

      *Por favor, no salgan con que un amigo de uds es cosmologo y si piensa en la socieda.

      • Elio Campitelli

        Entiendo que hay dos temas. Por un lado está cuál tiene que ser la distribución de financiamiento del presupuesto estatal destinado a ciencia y tecnología y, por el otro, está la cuestión moral de qué debe hacer el científico y qué responsabilidades tiene. No son la misma cosa y yo principalmente me estaba refiriendo a la segunda. Este en este sentido que cobra sentido el insulto de “cientificista” definido por Oscar Varsavsky y que yo rechazo fuertemente.

        Según yo lo veo, todos creemos que lo que investigamos tiene valor y la diferencia primordial está entre quienes pueden “darse el lujo” de justificarlo de manera más directa y los que tenemos que apelar a cuestiones más abstractas. Para mí, el conocimiento en sí es valioso aún cuando no tenga ninguna aplicación concreta en este momento. Esta cuestión de insultar como “cientificista” me parece un intento de ponerse en una situación de superioridad moral.
        Para mí, la “obligación con la sociedad” en la labor científica es como las anchoas en un pebete de jamón y queso. Está fuera de lugar, si te gusta, ponele, pero no te creas es la forma correcta de hacerlo.

        Por el lado de las prioridades en el financiamiento, la cosa va por otro lado. Me parece iluso y miope pensar que sólo hay que hacer ciencia aplicada porque la básica no tiene utilidad. La realidad es que la ciencia aplicada se basa, en su mayor parte, en la ciencia básica. Es muy difícil tener de la primera si no tenés de la segunda. En ese sentido, el planteo de que los países “subdesarrollados” deben concentrarse sólo en ciencia aplicada y el lujo de financiar ciencia básica sólo se lo deben tomar los países “desarrollados” me parece peligroso. Creo que se corre el riesgo de no hacer otra cosa que perpetuar la relación de dependencia, con la ciencia de unos países dependiendo de los resultados novedosos de otros.
        La solución (mas fácil de decir que de hacer) es un balance entre ciencia básica y aplicada. Y no sólo un balance, sino reconocer que esa es una separación discreta de algo que en realidad es un continuo. Hay proyectos de investigación con aplicaciones más directas que otros en un gradiente. Quizás la cosa es, al igual que en las inversiones en la bolsa, tener una cartera diversificada.

        • Fernando

          El punto no es básica o aplicada. Se trata de libre o direccionada.

          Hay un país donde si te contratan para policía, vos después tenés que presentar un proyecto diciendo si vas a investigar delitos o patrullar las calles,. Proponés cuáles, cómo, dónde. Hay un comité que decide y si les gusta te dan la plata para comprar los materiales, y si no, no. Pero tampoco te echan. Seguís siendo policía pero arreglátelas como puedas, a probar suerte el año que viene.

          A todos nos hace ruido, no? Pero con la ciencia no pasa lo mismo, porque *se naturalizó* que las cosas son así. Por qué hay que manejarse con subsidios? Por qué no puede haber un sistema donde te contratan para hacer X (básico o aplicado, no es el punto, un poco de cada cosa como bien decís vos), te dan los recursos necesarios, y semestralmente, anualmente, lo que sea, te evalúan a ver cómo venís (como a cualquier empleado de una empresa), y que esa evaluación no sea sólo mostrar éxito: si probaste 20 formas razonables de hacer X y no funcionó ninguna, bárbaro también! Y por ahí resulta que en un par de años se vuelve más urgente para el país que un tipo/a con conocimientos sobre X se dedique a Y. Entonces te dedicás a Y, porque ahora Y es importante para la sociedad, y a nadie le importa que durante 2 años no publiques nada, porque tu laburo no se mide en publicaciones.

          Ése, o cualquier otro sistema. El punto es que el actual es sólo uno de tantos posibles, pero jamás el único, sólo el naturalizado.

          • laura

            Tampoco es ese el punto, para mi. No es libre o direccionada, eso se puede hacer las 2, con sistemas mixtos ya que son necesidades diferentes en plazos y cosas. La definicion de los criterios de ‘importante para la sociedad’ y de los criterios de calidad, o sea en funcion de que parametros se piensa la ciencia basica o aplicada, si son locales o de una ‘ciencia universal’ inciden en la importancia de lo que se hace hoy hacia la sociedad (local) de hoy-mañana. Varsavsky intenta una decolonialización de un pensamiento cientifico local, pero el tema es que para mi, ese mismo cuerpo de gente se siente parte de la humanidad sin fronteras, y eso es bueno. Pero hay un punto donde la obligacion con la sociedad en la labor cientifica existe porque la labor cientifica se paga con el erario publico en este pais, y devuelve muy aleatoriamente las inversiones, no es un sistema de retorno fiable. Entonces como que en epocas de vacas flacas, hay que pensarla un poco, debe estar un poco mas y mejor objetivado que es devolver. Y Elio seguramente podras, de ser necesario, maneras de resolver el conflicto moral al que te tiran estos queridos pensadores. Por ejemplo, escribir en EGYLC de vez en cuando?

  7. Christian

    Muy buen articulo. En especial, porque planeta toda una serie de cosas olvidadas y que parece que poco importan aunque esta generación este disfrutando de ellas. Es decir, la mayoría de los científicos jóvenes piensan/creen que merecen tener un lugar de trabajo y presupuesto para lleva a cabo su investigación por el solo hecho de existir sin preguntarse nunca como se llego a ese estado y de que manera se puede potenciar el mismo.

    Te dejo mi blog por si le quieres echar un vistazo: cienciasiniestra.blogspot.com

    Saludos!

  8. mauro

    Es verdad que nunca se sabe o que probabilidad tendra lo que se investiga en una aplicacion real, quizas nunca la tenga, sin embargo hay dos tipos de ciencia, la ciencia aplicada con tantas necesidades no resueltas en paises en vias de desarrollo como el nuestro, y tambien que su nombre quede en la historia buscando algun reconocimiento que lo lleve a uno a la inmortalidad. Esta demas decir que buscar solucionar un problema cotidiano tendra mas aplicacion real y mayor probabilidad de satisfacer una necesidad. El tema pasara ¿Por que? tipo de cientificos queremos desarrollar en la educacion publica que se financia con el Estado. Y evitar la confrontacion entre Ciencia Aplicada vs Ciencia Teorica.

    • Elio Campitelli

      Una cuestión interesante, que me hizo notar mi novia, es que los países “desarrollados” no lo son por haber ignorado sistemáticamente la financiación de ciencia básica; más bien lo contrario.

      • Fernando

        Ojo con eso. Los países desarrollados lo son por muchos motivos: oportunidad histórica, dominación sobre otros, temas relacionados con cómo manejaron su comercio con países periféricos (ver la tesis de Prebisch-Singer y las discusiones alrededor de ese tema), etc. De hecho, los países centrales lo son desde antes de que la ciencia fuera relevante (para decirlo de forma rápida), y algunos que fueron muy importantes en otras épocas tuvieron grandes aplicaciones tecnológicas y no necesariamente generaron conocimiento básico en la misma medida. Es decir, no es claro que ambas cosas estén relacionadas de forma tan sencilla, y menos en ese orden causal.

  9. Facu M

    La verdad que excelente nota, si no es la mejor que leí en el Gato pega en el palo. Como (espero) futuro sociólogo me dejo bien en claro cual debe ser mi función y cuales mis obligaciones para con el mundo y sobretodo con el país… Y no me tuve que comer un monólogo de media hora de la profesora!

  10. mauro

    La mayoria de los avances cientificos se lo debemos a la guerra o a carreras armamentistas incluido esta red donde se sostiene el articulo, por lo tanto se puede decir que la ciencia aplicada ha tenido mucho mas financiamiento que la rama de la ciencia libertaria en donde cada uno hace y estudia lo que quiere.

    • Fernando

      Creo que es más complejo que eso (pensemos en vacunas, la industria de consumo, cuestiones teóricas de lo más diversas, etc), pero aún si fuera así, eso que describís es en los países centrales, no en la periferia (donde estamos nosotros).

  11. Elvio

    1° Excelente artículo, gracias gente. 2° Un reflexión sobre el comentario de Elio Campitelli: si bien no son “ciencias duras” como las que se discuten en la nota, creo que tanto las escuelas de negocios como la timba nos pueden ayudar a optimizar la gestión de la ciencia y tecnología. Me parece que lo más razonable y justo es que se invierta en investigaciones con una mayor probabilidad de obtención de resultados “importantes para la sociedad”, que guarden coherencia entre ellas y con potencialidades prácticas y económicas para el país, pero dejando un porcentaje (¿ 20% ? ¿10%? no lo se, lo decidirán los que saben) para líneas de investigación “libres” o de aplicación no directa. Del mismo modo que lo haría un inversor que diseña un portfolio de inversiones, con una parte conservadora, otra de riesgo medio y un porcentaje de alto riesgo, o un jugador empedernido de ruleta que juega a plenos pero también a color o a par/impar. Hay suficiente historia y teoría sobre estas cuestiones de análisis de riesgo de inversiones, matemática teórica mediante.

    • Julieta

      Y aprovecho para felicitar al capo que escribió. Muy interesante toda la información y me alegra encontrar gente que piensa parecido.
      Además me reí mucho con lo del mondongo y el ancestro común con la toalla. Así que gracias totales!!

  12. Francisco

    Compañero muchas gracias por dejar otro presedente de que existe en nuestro país otros tipos de cientificos/investigadores/mentudos. Aquellos que no se quedan encerrados en una torre de marfil y tratan de ayudar a gestar el país que nuestro pueblo merece.

  13. Sebastian

    Me gusta muchísimo la astronomía, pero cada vez que leo sobre nuevos proyectos, planes de poner gente en la loma del ocote y cosas así de megalómanas y ambiciosas, no puedo dejar de preguntarme “¿pa qué mierda, si no podemos solucionar los problemas que ya tenemos acá?”, o “¿qué otras cosas se podrían haber hecho con tanta guita, en lugar de quemarla en el aire?”.
    Esta nota, y en particular la distinción entre la cienciaporquesí vs. cienciaparaeldesarrollo me da un pie hermoso y local para empezar a encontrar algunas de esas respuestas.

    GRACIAS

    Seba

  14. andrescass

    Excelente nota. De las mejores que he leído. De esas que te dejan pensando incómodo y hasta en desacuerdo con algunas ideas propias.

    Creo, desde mi humilde experiencia en ingeniería pero pegadito a la ciencia, que la solución depende mucho del triángulo de Sábato-Botana y principalmente de como articula el Estado con las empresas sus roles respectivos respecto a la ciencia. Si se consiguiera mejor inversión y participación de empresas en el desarrollo de ciencia de impacto directo se podrían destinar más recursos del estado a investigaciones menos directas y no se descuidarían ninguno de los aspectos. Pero ante la dificultad de lograr algo de este estilo, y siendo el Estado el principal y casi único promotor de la investigación científica del país, hay que buscar un esquema que incentive a los científicos a investigar en determinadas líneas de interés pero sin obligarlos a hacerlo.

    Por otro lado, también hace falta una autocrítica de parte de la comunidad científica. De esa parte que piensa que (o que actúa como si) el producto último de su labor es un paper y un poco de reconocimiento personal, y no que su labor podría traer beneficios para los demás. Soy un férreo defensor de que cada uno debiera poder laburar en lo que le gusta, y que el conocimiento es valioso, pero a veces veo científicos que no buscan ni siquiera esto último y solo apuntan a firmar una demostración sin importar demasiado su utilidad.

  15. Alguien

    Siento muchísima admiración cuando leo estos artículos. Quisiera encaminarme hacia un futuro con la mente tan abierta y clara como la de ustedes.
    Me encanta cuando la ciencia se mezcla con el humor y la informalidad, y logra llegar a mas personas. Basta de ciencia para unos pocos snobs intelectuales! Aquellos como yo, que todavía estamos en plena formacion académica y con menos cancha, tambien queremos entender sin tener que recurrir al desestimante “Cience for dummies”. Que accesibles y buena onda son…
    Felicitaciones.

  16. Silvia

    Como cada nota de esta página, vale más que el 99% del contenido de la interné. Preocupante pensar qué nos depara el futuro ahora que el neoliberalismo accedió al poder por vía del globo amarillo…

  17. Quenia

    Me hubiese encantado presenciar alguna de las charlas de esos (no tan) Superamigos en su Salón de la Justicia (científica). Excelente nota, ¡gracias!

  18. Marisel

    ¿Qué significa que sea “útil”? ¿Útil para quién? ¿o que tenga “significado”? Estos temas, que siempre resurgen cuando las papas queman, se suelen interpretar por el lado de “útil para la sociedad”. Si no nos salva del hambre o cura el cáncer, no sirve.

    Entonces, básicamente la cosmología, la astronomía o para ir a un extremo, la búsqueda de vida inteligente fuera de la Tierra son supérfluas… aunque… acaso no tratan de responder la pregunta más fundamental del ser humano? “¿Quiénes somos y de dónde venimos?” Tal vez la relevancia va más allá de las urgencias sociales. Tal vez la relevancia y el significado son contextuales…

    Me parece que hay que tener cuidado en estos tiempos de recorte, en el que todos queremos quedar del lado bueno de la tijera, de no redireccionar esta discusión hacia el “lo que yo hago sí es útil, a mi no me saquen!” y que sí vaya por el lado de hacer ciencia consciente, en la cual lo que investigo es relevante en mi contexto y se elimine la costumbre de publicar cual maquinita cualquier cosa que ni a los de mi propio grupo de investigación les serviría, sólo para cumplir y ya…

  19. jorge lopez

    Resumen: El artículo pretende reabrir un debate, que si bien es muy vigente en cierto sentido, usa categorías que no son las mismas que hace 50 años. Al final advierto: Ojo cuando la derecha usa argumentos de la izquierda…te critican tus cosas malas para liquidar tus cosas buenas.
    Objeción 1: Las ciencia no es una sola, desde la Sociología a la Matemática hay realidades muy diferentes.
    Acierto 1: Es cierto que la evaluación por kilo de papel publicado en revistas de alto impacto solo impacta en la revista, la sociedad ni se entera y eso debemos discutirlo. Pero ojo, esos estándares de calidad no son naturales!!! Son autoimpuestos!!!.
    Objeción 2: El dilema sobre dedicarse más a lo “básico” o más a lo “aplicado”, también hay que ajustarlo a la realidad actual. En Conicet, dicen, hay más patente de provenientes de las básicas que de las tecnologías. ¿Estudiar un bicho pensando en crear una vacuna contra él, es ciencia básica o aplicada?
    Observación 1: MM dijo que la ciencia era prioridad y recorto como loco. Ahora dice que hay que apostar a la tecnología… pero congela el Arsat3!!! ¿Qué sigue? ¿va a decir que la ciencia que vale es la que se vincula con las empresas extranjeras y terminará convirtiendo el Conicet en una fundación?
    Conclusión: Las críticas del artículo al sistema científico argentino tienen cierto sentido pero fueren impulsadas por la izquierda. Cuando la derecha usa los mismos argumentos lo que quiere es dejarnos mal parados ante la sociedad para luego extínguirnos. Es una vieja táctica (ver: Menem y el sindicalismo). No nos subamos a este carro, la lucha ahora es otra.

    • Fernando

      Estoy de acuerdo con el planteo de Jorge, y lo quiero aclarar para que no queden dudas: el debate sobre qué ciencia es relevante para un país subdesarrollado (notar que la pregunta no es “útil” o “inútil” ni mucho menos básica vs aplicada) es muy rico, es difícil y es necesario. Y hay que darlo, pero en el momento apropiado y en el contexto apropiado.

      Efectivamente es una vieja táctica de la derecha utilizar planteos de la izquierda para arrasar con conquistas sociales (por ejemplo “la educación pública tiene problemas”, “ah, tiene problemas? ves, hay que cerrar la educación pública porque no sirve”).

      Para que no queden dudas: no al recorte en ciencia y tecnología.

  20. pepe grillo

    Genio Fernando!! tuve esta charla hace unos meses con unos cientificos amigos y me tildaron de facho, parece no soy el primero que piensa asi, gracias por sacar este tema tan espinoso para la ciencia argentina

  21. gabriel fernández

    Muy buen artículo. Faltaría alguna vez desarrollar el tema de “El populismo como falsa opción o camino ciego para alcanzar la soberanía tecnológica”, citando, cómo no, la anécdota de Ronald Richter y el Presidente Perón.

    • Fernando

      Los gobiernos de corte anti-neoliberales (que la derecha intenta descalificar llamándolos populismos) son los que más hicieron por propender hacia la soberanía tecnológica. Es cierto que lo de Richter fue un fiasco, pero está el Pulqui, etc. En tiempos más recientes, en toda latinoamérica, las inversiones CyT siempre se vieron favorecidas por este tipo de gobierno, y consecuentemente, cuando estuvieron en el poder los gobiernos de corte neoliberal o promercado, bajaron.

      La soberanía tecnológica es un problema muy complejo ligado más bien con la discusión centro-periferia, que recomiendo como referencia para empezar a abordar el tema.


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