Andrea_Jen

Awwwwwwww

Bartolo es horrendo. Pero horrendo en serio. Es retacón, tiene la cara arrugada, los ojos saltones, la trompa aplastada y se mueve de una manera sorprendentemente ágil para lo que son sus patas cortas. Así y todo, Bartolo genera ternura. Lo mirás y te da ganas de cuidarlo, porque a pesar de su desorden y su desproporción, terminás queriendo que esté bien.

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Bartolo.

Todo humano presa de una red social está expuesto a las innumerables fotos que sube Mirta, esa amiga de mamá que te agregó a Facebook y que acaba de tener su primer nietito: una masa alargada y manchada aún de placenta que todos deberíamos ver PORQUE ES HERMOSO, y es difícil negar que el pitufo baboso tiene un extraño atractivo, una belleza exótica muy distinta de la de esa amiga de tu hermana que resultó ser un 2 indefendible.

La interacción entre las proporciones físicas de los sujetos y las emociones que evocan en el observador han sido motivo de estudio durante años, siendo uno de los protagonistas en los estudios en este campo es el orgullo argentino, el salteño Dr. Richard Wonder con sus trabajos pioneros sobre nociones antropomórficas y modificación de la conducta.

vavader

Darth Vavader.

Cuando alguien dice que ‘todos los bebés son lindos’, medio que un se pasa un montón. ¿Alguien miró objetivamente al nieto nuevo de Mirta? Es una cosa babosa, escatológica, impotente, llorona y bizca. No querés salir con los pibes, llegar a un bar y que alguno te pregunte ‘Che, ¿qué tal la flaca?’ ‘Uh, re bien, es re linda. Es una cosa babosa, escatológica, impotente, llorona y bizca’.

Pero, babosos y todo, los bebés sí son lindos. Lindos en serio. Lindos de esa manera que te arruga el alma y que le vas a negar a los pibes. Lindos kawaii, término que puede sorprender a los que no pasaron la mitad de su adolescencia viendo anime, pero que los fundamentalistas del manga van a entender. Claro que por manga digo hentai, y ya la búsqueda de google de los que no entendían se puso re extraña, pero, consejo, evitar material que incluya tentáculos. Cuestión que los japoneses la megapegaron con esos dibujitos ojones, cabezones y desquiciadamente tiernos, y su secreto tiene que ver con que lo adorable no nos deja ver el bosque.

Estamos encerados y pulidos por el más brutal de los Miyagis, la selección natural. Es ella, madre firme pero justa, que hace que nos gusten las cosas ojonas e indefensas, no por casualidad, sino más bien consistencia. Hace bocha de años, Juan Carlos Mono Antepasado encontró requetetierna a su cría. Esa cría era ocularmente inflamada, con una frente desproporcionadamente grande y, más allá de todo juicio subjetivo, cabezona, y encima, venía media cruda. Porque los bebés humanos nacen requetecrudos y dependen muchísimo de sus padres.

A pesar de todo, a Juan Carlos la cría le resultaba hermosa, y algo adentro le urgía a cuidarla. Como le tiraba paternizarla fuerte, el chiquitito creció fuerte, sano, mimado y, adentro de esta cría, los genes de su papá. Los mismos genes que algún día iban a establecer a sus propios hijos como una prioridad. Es ahí mismo, en ese abuelo gentil, que podemos encontrar una cara más bien oculta y suave de la evolución. Porque, mal y pronto, la evolución es eso: una tirada de cartas donde pegaste una buena mano que, por buena suerte y teniendo el visto bueno del ambiente, se perpetúa a sí misma.

Lo increíble es ver cómo lo que empezó en Juan Carlos, se fue enquistando en nosotros generación tras generación al punto en que hoy vemos trabajos en los que se agarran bebés y se los enbeba y se los adulta (y digo enbeba y no embebe, porque no es lo mismo hacer que un bebé tenga los ojos más grandes, que sumergirlo en una solución de otros bebés, que es bastante cruel, porque licuar bebés para embeber un bebé en bebés es totalmente reprobable).

Cuando se observa la reacción de voluntarios a las fotos de bebés bebísimos (photoshopeados para tener ojos más ojones, frentes más frentonas y cachetes más WAIT FOR IT cachetones, hasta ser convertidos en odas vivientes al Gatito de Shrek), la glándula de la ternura se nos deshace. Por otro lado, consistentemente, cuando vemos un bebé adultado, medio que nos pasa a importar un huevo, algo así como ‘es un adulto chiquito, ya fue’. O sea que lo que importa es lo de afuera y lo que hace al bebé es la carita complicada. Parece que esos cachetes que de chiquito tanto te pellizcaron en algún momento te salvaron de ser abandonado en la sabana africana sin un mísero sanguchito de cebra.

bebes

Lo que descoloca en serio es haber podido ver y medir que experimentamos cambios fisiológicos cuando estamos cerca de bebés al punto de poder ver cosas que se prenden y se apagan especialmente en el cerebro cuando tenemos al nene alzado.

Hasta el simio más torpe (no simio simio, simio yo, que voy por la casa pegándome contra las mesas y no puedo lavar dos platos seguidos sin escuchar que uno se rompe) se pone más apto para la realización de tareas delicadas cuando tiene cerca un pibito. Literalmente. Tener un bebé cerca nos cambia la forma de SER, de MOVERNOS, y nos ayuda a oficiar sobre esa urgencia de manipular hábilmente a bola de mocos portadora de genes, o a ganar el mundial de Jenga con tu sobrino Nacho cargado en la kangurera, lo que pase primero.

Cuidamos cosas ojonas e indefensas, porque fuimos cosas ojonas e indefensas, cuidadas por alguien que nos pasó los genes de cuidar cosas ojonas e indefensas. Círculo que empieza en un accidente, una mutación que es tan positiva que insiste en perpetuarse a sí misma.

Bartolos retacones y arrugados. Desproporcionados, dependientes, frágiles, horribles y hermosos que no podemos dejar de proteger como si llevaran adentro de ellos un pedacito de nosotros mismos.

 

Sprengelmeyer R, Lewis J, Hahn A, Perrett DI (2013) Aesthetic and Incentive Salience of Cute Infant Faces: Studies of Observer Sex, Oral Contraception and Menstrual Cycle. PLoS ONE 8(5): e65844. doi:10.1371/journal.pone.0065844
Miesler, L., Leder, H., & Herrmann, A. (2011). Isn’t it cute: An evolutionary perspective of baby-schema effects in visual product designs. International Journal of Design, 5(3), 17-30. 

http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0376635713000880
http://www.pnas.org/content/106/22/9115.full
http://www.plosone.org/article/info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0046362
http://psycnet.apa.org/?&fa=main.doiLanding&doi=10.1037/a0014904



Hay 34 comentarios

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  1. Mandolina

    Buenísimo el artículo. Y además: “y digo enbeba y no embebe, porque no es lo mismo hacer que un bebé tenga los ojos más grandes, que sumergirlo en una solución de otros bebés, que es bastante cruel, porque licuar bebés para embeber un bebé en bebés es totalmente reprobable” JAJAJAJAJAJAJA

  2. Enrique Alfonso

    Con este artículo te reivindicaste. El de Sabella te quedó flojón, un poco encriptado como te decía. Es una humilde opinión…

  3. Herno

    Venía muy bien el artículo hasta que llegaste a esa odiosa conclusión reduccionista: “Círculo que empieza en un accidente, una mutación que es tan positiva que insiste en perpetuarse a sí misma”. No somos “una bolsa de genes” Pablo. Y si bien entiendo que para explicar ciertos conceptos uno tiene que simplificarlos, hay que tener cuidado de no llegar a conclusiones con esas ideas simplificadas.

    • Pablo A. González

      Estoy de acuerdo en que hay que tener cuidado de no llegar a conclusiones con ideas simplificadas, pero, al mismo tiempo ‘No somos una bolsa de genes’, como afirmación, es exactamente eso, una idea simplificada que no termino de entender.
      Sí somos ‘Una bolsa de genes’. No somos solamente eso, pero sí somos también eso, y me parece importante no olvidarnos.

      El reduccionismo es un mal necesario que tratamos de surfear con la mayor elegancia posible. =)

  4. Carolina

    Hola! hace algunos años vi un documental en el que abordaban las diferencias que hacían a la hora de juzgar a distintos presos y resulta que a los que tenían facciones aniñadas (justamente, ojos grandes, cara regordeta y redonda) solían darle las penas mas leves, era algo bastante sistemático jejeje

  5. Lucía

    ¡Ahora entiendo todo! Cuando alguien me dice “sos tierna” es por mis ojos extrañamente grandes y por mi cara desproporcionada, ¡me cambiaron la vida! Ahora sé que esas personas no son buenas conmigo (?)

  6. estebaneitor

    Pablo me encanto como esta redactado y coincido en todo lo que expresas tu nota ,a mis cortos 18 años soy un fervente anti-maquinas de baba y llantos ,pero cuando estoy con mis sobrinos no me importan si tienen 12 años le hago upa , a costa de sufrir dolores de espalda .Es muy similar a lo que me pasa con Racing ,es decir después de Boca (de quien soy fervente hincha y fanático,al punto de llorar de forma muy “varonil” cuando perdió contra Corintias la final de la Libertadores) el segundo equipo que quiero que gane sus partidos es Racing, por que estos muertos no gana desde el 2001 apesar de armar equipo bastantes buenos nunca llegan a ganar la tan ansiada copa nacional


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